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CRISIS DE FE
Se supone que ni siquiera tengo tiempo para actualizar esto. O no debería tenerlo.
Se supone que ni siquiera tengo ganas.
¿Por qué lo hago?
Tal vez para demostrarme a mí mismo que todavía tengo algo que contar. Aunque no debería tener nada que contar.
Sigo en crisis de fe.
He perdido la fe en mí mismo, y en que de verdad tenga yo algo que contar.
He perdido la fe en el mundo.
He perdido la fe en la Justicia.
Desde hace algún tiempo (no sé cuándo, pues hace ¿tiempo? que perdí mi fe en los calendarios) vivo más por inercia que por impulsos.
Todo lo que alguna vez me insufló el aliento para luchar por esta vida se ha convertido en una sarta de idioteces. Idioteces que hacen que me ría amargamente de cualquier idiota que las proclame a voz en grito.
Me veo cada vez más inmerso en un mundo en el que sólo se sobrevive siendo mala persona, pero sigo sin tener estómago para ser mala persona.
Y las pocas veces que consigo ser mala persona, el logro no me sirve para nada. Salvo para retorcerme el epicentro del estómago y dejarme un mal de boca muy jodido.
Antes me salvaba el cine, la escritura, el Arte en general. Pero cada vez que me interno en los mecanismos que hacen que ese arte sobreviva en nuestro puto mundo, me doy cuenta de que, las musas (como dije en otra entrada) son unas jodidas prostitutas, y tienen los vestidos manchados de fango, para que el peso les impida bailar, y las obligue a ir arrastrándose a los sitios.
Antes me salvaba creer en las mujeres. Pero cada vez que me interno en los mecanismos que rigen a las mujeres, me doy cuenta de que las musas pueden sentirse afortunadas de no estar tan sucias como ellas.
Sigo creyendo en la magia, y en los dioses. Pero mi magia es como la de la varita mágica de Ron Whistley, cuyos hechizos se vuelven siempre contra él. Y los dioses parecen haberme cogido manía.
Me hacen sentir lo suficientemente afortunado para arrebatarme todo derecho a quejarme. Pero más allá de esa aparente fortuna, se encargan de dejar un centenar de matices para provocarme una infelicidad tan leve, tan injustificada, que ningún juez del espíritu consideraría suficiente para abrir un expediente.
Como cuando Michael Keaton se convierte en pesadillesco inquilino de Mathew Modine sin que nadie encuentre mecanismos legales para impedirlo. Solo que en mi caso ni siquiera tengo a una Melanie Griffith que me ayude a luchar contra el puto enemigo.
Veo esos leves detalles colocados por una garra perversa en los rincones más insospechados de mi vida y me acuerdo de esos policías corruptos de las películas, que colocan pruebas falsas en el lugar del crimen.
Que sí. Que soy una de las personas más afortunadas de este mundo. Pero es que este mundo es una mierda, y si se me permite un segundo de inconformismo, lo invertiré en proclamar que eso no basta. Que el hecho de tener más suerte que el 90% del planeta no nos obliga a dejar de admitir que estamos todos jodidos, que este mundo es una mierda, y que en los momentos oscuros como éste, sólo nos quedan dos soluciones medianamente cuerdas:
a) Devorarnos los unos a los otros hasta que sólo quede un solo ser, un ser enorme, a punto de reventar tras haberse comido al penúltimo superviviente, que a su vez se hubo comido al antepenúltimo...
b) Que llegue de una maldita vez un meteorito a jugar con nosotros al billar. A darle el golpe de gracia a esta puta bola negra en que nos hemos convertido, y mandarnos a tomar por culo de una maldita vez.
¿Quién sabe? Tal vez mañana o pasado todo sea distinto, y el mundo sepa mentirme de una manera convincente, y me haga creer que de verdad sigue mereciendo la pena luchar por algo. Entonces volveré a escribir aquí, y todo será distinto, y la energía positiva rebosará a borbotones, como la sangre del cuello de la media decena de personas que me encantaría degollar en estos momentos (gente que no lo merece más que ninguno de nosotros y que, por tanto, lo merece con creces).
Tal vez en pocos días volveré a pensar que todo va sobre ruedas.
Sólo me queda la esperanza de que el puto meteorito llegue antes de que eso ocurra.
Fuerteventura. 17 de marzo del puto 2007
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