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MÁS VIOLETA QUE NUNCA, O MÁS NUNCA QUE VIOLETA, O YO QUÉ COÑO SÉ...
¡No me miréis con esa cara! No han pasado ni nueve meses.
¿Verdad que dabais este blog por perdido?
Yo también.
Así que... hasta dentro de otros nueve meses...
... supongo.
Por si os sirve de consuelo, casi nada ha cambiado en estos nueve meses. Cualquier mujer es capaz de fabricar un niño en ese plazo. Yo ni siquiera puedo hacer evolucionar mi vida.
Es todo un laberinto de espejismos y promesas incumplidas.
- Doctor, creo que estoy perdiendo la fe. ¿Es grave?
- No se preocupe. Casi nadie tiene fe, y mire cómo sobreviven a pesar de ello. Mire cómo caminan...
- Eso es lo que más miedo me da, doctor. Sobrevivir a pesar de ello... Convertirme yo también en “casi nadie”.
- No tenga miedo. Usted no sobrevivirá. Usted ya está muerto. Se le ve tras los ojos. Está usted relleno de hojas secas y ratas podridas.
- Si estoy muerto, doctor, ¿por qué cojones lloro?
- Porque alguien tiene que llorar su muerte. Y nadie más ha venido a su entierro.
No os preocupéis. Al día siguiente despedí a ese doctor. Ahora tengo uno que me hace la pelota y me inyecta ilusiones.
UN ADIÓS QUE MAQUILLA UN “HASTA LUEGO”
Quizá algunos no habéis sido informados todavía, pero en los últimos días mi vida ha cambiado de forma drástica.
No se trata de nada malo. No existe nada malo en este mundo, que es algo así como decir que dos nunca pelean si uno no quiere.
Pero el Destino, siempre aficionado a las sorpresas y a las bromas, me manda a vivir a Madrid.
No es nada definitivo. Entre otras cosas, porque definitivo es una palabra incompatible con la vida.
No sé cuánto tiempo me quedaré en la capital. ¿Un mes? ¿Dos meses? ¿Tres? El tiempo necesario para terminar de una maldita vez la peli.
Porque a eso es a lo que voy: A iniciar ¡por fin! el proceso de pos-producción de Gritos en el Pasillo.
Prácticamente he terminado con mi trabajo en la serie y ya hay poca cosa que pueda hacer aquí. Por eso Alby y yo hemos decidido dividirnos las tareas. Mientras él se queda aquí, lidiando con Érase Perdices, yo aprovecharé un pasaje a Madrid que ya tenía sacado para, desdeñando el billete de vuelta, permanecer en la metrópolis ocupándome de que la película se monte, se sonorice, se musique, se vuelvan a grabar los diálogos, etc.
Otra ventaja de estar allí es que podré supervisar la realización del making of de Gritos, tarea que hemos delegado en mi estimadísimo Raúl, y podré también seguir dando caña en las cuestiones de promoción, donde no moveré un dedo sin consultarlo con mi también estimadísimo Alberto.
Y si la película me deja tiempo para más cosas... ¿quién sabe? Tal vez intente encontrar algún trabajo allí... o tal vez aproveche para intentar mover de una vez por todas esas novelas que se me acumulan en el currículum.
De un modo u otro, la peli es lo primero, y si las cosas marchan como tienen que marchar, no tendré apenas tiempo para invertir en otra cosa.
No niego que a una parte de mí le da pereza irse. Dejo aquí muchas cosas y personas que me importan. Pero, por otra parte, confío en poder regresar dentro de poco... y a pesar de los molestos incordios inherentes a la jungla urbana, me espera allí muchísima gente a la que quiero, y muchísimos cines, y una película que terminar, y mil aventuras que vivir... y si algún día el ruido, el humo y el asfalto comienzan a pesar más de lo recomendable, me escaparé un ratito a mi adorado Parque del Oeste
Voy a Madrid un poco “a la aventura”. Llevo dos días “atando cabos” aquí en Fuerteventura, para poder irme tranquilo, dejándolo todo solucionado, y sin embargo los cabos en Madrid no están atados todavía. Los próximos días son un misterio para mí.
No sé si podré tener acceso a internet cuando y como yo quiera, pero es muy probable que no. Así pues, a partir de ahora este blog se actualizará (de nuevo) a un ritmo muchísimo más lento.
De todos modos, trataré de pasearme por aquí siempre que pueda, para leer las palabras que quien las quiera dejar... y a veces, todas las veces que pueda, para añadir unas palabras yo también.
SUERTE Y ABRAZOS PARA TODOS.
LA MICROFIESTA DE MICROCURSO DE LOS MICROCUENTOS DE FANTASMAS
Si mis deducciones son acertadas, hoy debería ser día 18.
Y si mi memoria es igualmente acertada, era hoy el día en que se celebra la microfiesta de microfin de microcurso de los microcuentos de fantasmas.
A continuación pondré aquí, todos juntitos, y en el orden en que fueron recibidos, los microcuentos de los valientes que aportaron su granito de arena a esta propuesta.
No son muchos granitos, pero creo que la calidad compensa la cantidad.
Así pues... ¡empecemos!
EL MICROCUENTO DE JAIME
“Creo que ha ido por ahí” dijo Teté. Lolo sabía que Teté tenía razón. Había cruzado la esquina rápidamente. Sabía que los dos lo habían visto. Pero no quería dar la razón a su hermana. “¿Ves? Te lo dije”. El pasillo estaba oscuro. Sólo el haz débil de la linterna de promoción de pilas alcalinas de Teté rompía un poco la negrura. “Vamos a decírselo a papá y mamá” respondió Lolo finalmente. Teté le miró con esa cara de pero-qué-dices tan suya. Lolo encogió los hombros. “Esto es para nosotros” dijo sonriendo Teté. Lolo sonrió también. Ambos cruzaron la esquina.
EL PRIMER MICROCUENTO DE RUBÉN
Han pasado ya varios meses desde la muerte de mama, ahora estoy aqui, en mi cuarto, me han despertado gemidos en el cuarto de mi padre, como cuando ella vivia. Los sonidos se apagan, escucho a mi padre decir Te quiero, como se lo decia a ella, oigo sus paso descalzos acercandose a la puerta, las lagrimas nublan mis ojos, me asomo a la cerradura y tras las lagrimas la veo caminar hacia la cocina con su bata blanca. Es ella.
EL MICROCUENTO DEL NESTORIANO
¿Entonces crees que es lo mejor para mama? Sin ninguna duda. Respondió con una clara determinación en la voz: Aquí tendrá todo lo que necesita. Es un caserón de los primeros y lo hemos conseguido por una ganga además la casa es de su época y seguro que le gusta. Miro a la anciana decrépita en la silla de ruedas, inexpresiva y muda, tenia una terquedad por vivir inaguantable y por un momento la odio por eso, sus deudas de juego no podían esperar mas, ojalá viese lo que él vio y su debilitado corazón no lo aguante tan bien.
EL MICROCUENTO DE VARDITA
POSESIÓN
Dando un portazo me encierro en el cuarto de baño, me observo en el espejo y veo mi rostro tal y como lo conozco, la piel muy clara, el pelo muy oscuro y enmarañado, los ojos profundos… soy yo, la misma de ayer y de esta mañana, y de esta tarde…respiro profundamente y comienzo a lavarme las manos sin dejar de mirar el cristal. De repente aparece tras de mí, a mi espalda, sigiloso, silencioso, comienzo a temblar y, aunque no quiero, se funde conmigo frunciéndome el ceño, agitando mi cuerpo, avivando de ira los ojos… mi monstruo.
EL SEGUNDO MICROCUENTO DE RUBÉN
Tenía 76 años y desde los 12 tocaba las campanas de la iglesia. Cuando enfermó todos en la parroquia empezarón a preocuparse, ¿Quien tocaría las campanas cuando el muriese?. Ningún joven quiere aprender desde hace años, había que poner un costoso sistema automático. Justo en el segundo de su muerte en el hospital de la ciudad, las campanas tocaron a difunto y desde ese mismo día ya no cuelgan cuerdas del campanario. Los visitantes dicen que el sistema automático es mas comodo pero resta encanto. En el pueblo cuando las campanas suenan nos santiguamos y rezamos por su alma.
El microcuento del anfitrion del blog
“Pii, piiii”, dijo el teléfono, anunciando la llegada de un mensaje de texto.
Era su número.
Ella pulsó el botón y leyó aquellas letras imposibles:
ESTOYBIENPEROTENGOFRIOPERDONAMEGRACIASPORLASFLORES
Dejó caer el móvil con un temblor de dedos. El mundo era borroso.
Le costó leer el mensaje, porque no había ningún espacio entre las letras. Y sin embargo eso era lo único en todo aquello que conseguía entender:
Que la tecla de los espacios tampoco había sobrevivido al accidente.
Y eso ha sido todo.
Espero que todos los que hayáis participado en esta iniciativa hayáis disfrutado con la experiencia.
Es muy instructivo eso de tener que contar una historia con un máximo de 100 palabras.
Tiene algo Zen.
Te obliga a sintetizar; a examinar la historia que quieres contar y desentrañar su esencia. Descubrir qué es lo que de verdad importa y qué es prescindible...
Recemos por que no se convierta en una norma general. La gente que, como yo (o algunos de los lectores de este blog), tiene tendencia a la profusión/enrollarse-como-una-persiana, se sentiría como un árgel con las alas lastradas por anzuelos de plomo.
Pero de vez en cuando sí es conveniente practicar poniendo límites. Y éste de la brevedad es un límite bastante constructivo. Le enseña a uno a valorar las riquezas del lenguaje, y a potenciar al máximo los recursos disponibles. Cuando uno sólo tiene tres o cuatro ingredientes para hacer su poción mágica, aprende a sacarles el mejor partido.
Así pues, quiero proponerles otro reto.
Ya han hecho (algunos) un microcuento.
Ahora animo a todo el que lo desee a escribir una micronovela.
¿Cómo definiremos la micronovela? Pues será también algo muy zen.
Se trata de contar la clase de historia que se contaría en una novela normal y corriente, de 100, 200 o 400 páginas, pero con la siguiente condición:
Cada capítulo tendrá un máximo de 100 palabras.
Ése es el reto. Arreglar el asunto para que en 100 palabras o menos, podáis contar lo que normalmente se cuenta en un capítulo normal de una novela.
Vamos a ser buenos: No habrá límite en el número de capítulos. Porque tampoco los hay en las novelas "normales". Cada cuál sabrá la clase de historia que quiera contar. Del mismo modo en que hay novelas más grandes que otras, habrá micronovelas más grandes que otras.
Así pues, una historia que en una novela normal contaríais con 20 capítulos, tendríais que componéroslas para contarla con un máximo de 2.000 palabras. Una novela de 40 capítulos, en versión micronovela tendría un máximo de 4.000.
El tema, el género y todas esas cosas se dejan al libre albedrío de cada uno.
¿Qué? ¿Alguien se anima?
UN FLOR QUE BROTA
Creo que esta entrada se va a convertir en un apéndice o corolario de la anterior.
Escribiendo la entrada anterior, con tanto recordar la filmografía de Burton, me entraron ganas de volver a ver Ed Wood.
En mis buenos tiempos me la vi como cinco o seis veces seguidas, pero no había vuelto a visitarla desde entonces.
Por eso me dio el puntazo, me hice con ella... y por fin la pude ver de nuevo.
Antes que nada, el nuevo visionado de la sexta película de Burton me obliga a introducir aquí una FE DE ERRATAS con respecto al artículo anterior.
En primer lugar, el fallo más importante. Mi caótica memoria me había traicionado.
Ya en la entrada anterior, cuando colgué la foto de Patricia Arquette entregándole el jersey a Johnny, me dio la impresión de que aquélla no era en realidad la Arquett, sino la otra gran protagonista de la película: Sarah Jessica Parker.
Anoche, viendo la peli, comprobé que, en efecto, era Sarah la que entregaba el jersey a Ed Wood.
Por otra parte, merece la pena dedicar unas palabras a esa fabulosa actriz, que de hecho tiene en la película bastante más peso dramático que Patricia o Lisa Marie.
No sé si Sarah Jessika Parker es o no una chica burton, pero su papel en Ed Wood es memorable, y el que tuvo en la siguiente producción de Burton (Mars Attacks) igualmente encantador y muy tronchante.
Además: Solamente hay que mirar la cara que pone Sarah en las entrevistas cuando habla de Burton para darse cuenta de que la actriz está enamorada del excéntrico cineasta.
El otro gran error:
Creo recordar que dije en la entrada anterior que el jersey entregado era de franela.
¡No! ¡¡Error! ¡¡Control Z!! ¡¡Control Z!!
El tejido con el que estaba obsesionado Ed Wood era la angora.
Una vez confesados esos imperdonables fallos, ya puedo decir lo que me pareció el visionado de Ed Wood
¡Fue toda una experiencia!
Para empezar, las veces anteriores me había tenido que conformar con un ejemplar de VHS defectuoso que, además de no conservar el formato original de la película, tenía una molesta raya de interferencia durante toda la película que partía por la mitad las caras de los actores.
Ahora, por fin, he podido disfrutar de una versión mucho más fiel a lo que debió ser verla en el cine. Con el formato panorámico original, sin esa mierda de raya en medio, y con una copia que me permite apreciar, por fin, la magia de esa increíble fotografía en blanco y negro de Stefan Czapsky, que ya había trabajado para Burton en esas dos maravillas que fueron Eduardo Manostijeras y Batman Vuelve.
Y... si ya en aquellos tiempos me encantaba la película y conectaba tanto con la historia en mi calidad de cortometrajista amateur... ahora, después de tantos años, ahora que estoy mucho más metido en ese mundo... ahora que conozco mejor sus recovecos... conecto mil veces más.
A mí mismo me sorprendió la manera en que la película me emocionaba cuando había que emocionarse y me hacía reír a carcajada limpia en momentos que años atrás simplemente me evocaban una sonrisa de simpatía.
Ed Wood es posiblemente la película más tierna y humana de Tim Burton.
La gente que se dedica a hacer películas quizá la comprenda mejor, pero no hace falta estar en el mundo del cine para conmoverse con esa obra maestra.
No me explico por qué demonios no se llevó más oscars. Yo la veo y, del mismo modo en que no puedo reprimir las carcajadas en los momentos graciosos, tampoco puedo reprimir la emoción en la garganta en los momentos emotivos.
Los actores están todos geniales. Ese Bill Murray, ese Jefrey Jones, tan habitual en la filmografía de Burton. Y un sin fin de actores encarnando a personajes inadaptados, extraños, que hacen gala de un compañerismo conmovedor.
Luego están las actrices antes mencionadas... ese Johnny Depp que (sigo en mis trece) hizo en esa peli el mejor papel que le he visto en mi vida.
Y ese merecidísimo oscar para Martin Landau. Ya quisieran muchos de los actores más prestigiosos de Hollywood hacer una interpretación así. Y ya quisieran los guionistas más sesudos escribir un personaje tan inolvidable.
No es un secreto para nadie que los dos oscars que se llevó la peli (mejor actor secundario y mejor maquillaje) hay que agradecérselos a esa inigualable encarnación del actor Bela Lugosi.
Yo sigo pensando que Ed Wood merecía tambíen el oscar al mejor guión, al mejor director, a la mejor película, mejor fotografía... Y si por algún papel merece Johnny el oscar más que por cualquier otro, es por este.
Pero Ed Wood tuvo la mala suerte de coincidir en los oscars con Forrest Gump... Y Forrest es mucho Forrest... Zemeckis es mucho Zemeckis...
Aunque eso no es una excusa, porque ni siquiera nominaron la película a esas categorías. Lo que ocurre es que Burton no cae muy bien en la academia, y punto.
Pero el tiempo deja a cada uno en su lugar, muchachos... El tiempo deja a cada uno en su lugar...
Y esa última frase tiene también una vertiente fatalista que nos lleva al otro tema de esta entrada:
Me acabo de enterar hace unas horas de que hoy ha fallecido Agustín González, uno de los actores más entrañables de la historia del cine español.
Es natural que dé pena que alguien muera. Es algo muy humano. Pero con Agustín González la pérdida que sufrimos es muy grande.
Curiosamente, lo último que hizo Agustín Gonzáles en cine fue un cortometraje de mis amigos Raúl López Serrano y Luis Jiménez, producido por Alberto, el mismo productor que se ocupa de nuestra peli de manises.
Espero que le dediquen el corto a ese gran actor, que no ha podido verlo terminado... y ya tenemos otra razón más para desear que ese corto sea visto por el mayor número de personas posible.
Si el Destino ha querido que ésa sea la carta de despedida de Agustín González, espero que tenga el éxito que se merece.
Yo, por mi parte, como conozco el talento de Raúl, Luis y compañía, estoy seguro de que será una carta de despedida más que digna.
ABRAZOS PARA TODOS
CHICAS BURTON
¡Klatus Varada Nictum para todos!
Hoy, tal y como había anunciado hace un par de entradas, dedicaré unas cuantas palabras a las chicas burton.
La idea me surgió el otro día durante el visionado de Big Fish. Mi querida Ariadna (que perfectamente podría pasar por “chica Burton”), comentó, sensible también ella a la belleza femenina de la peli, que ahora entendía por qué se había acuñado ese concepto de “CHICAS BURTON”.
Estuvimos un rato hablando del tema, y eso, unos pocos días después, inoculó en mi frikienta mente la idea de dedicar un articulito a esas féminas de culto.
Para empezar, hay que decir que ese término de CHICA BURTON ya tiene en el mundillo cinematográfico el mismo carácter oficial que ha conseguido el CHICA BOND que ostentan cual medalla todas las elementas que se han tirado a 007.
Y es que Burton se lo ha ganado a pulso. Tiene muy buen gusto para elegir a las actrices. Siempre son sobrecogedoramente hermosas, y a menudo esa belleza es lo suficientemente exótica para no dejar indiferente a nadie.
Pero no es sólo una cuestión de elegir bien. Estamos acostumbrados a ver cómo las chicas burton rara vez alcanzan la misma sublimidad en producciones de otros directores. Así pues, hay algo más. No se trata sólo de elegir a la adecuada, sino de saber explotar su potencial al máximo.
Burton y su equipo siempre piensan mucho cómo maquillar a las actrices, cómo peinarlas, cómo vestirlas... incluso cómo iluminarlas... En un director como Burton (y a pesar de ser virgo), todo eso se hace con la víscera. Y lo que se hace así, de manera tan intuitiva, emocional... siempre conmueve.
Por otro lado, un personaje en un guión de una peli de Burton será siempre un personaje interesante, y Burton ayudará a la actriz a que la interpretación sea igualmente interesante.
Normalmente pensamos en Burton como en un tipo creativo que sólo sabe poner árboles retorcidos y espirales, y que no se preocupa de nada más. Pero eso no es cierto. Aunque no sea el director más capaz de la historia del cine, Burton se preocupa mucho de entender sus guiones y sus personajes, y si tantos actores bajo sus órdenes han sido nominados al oscar e incluso oscarizados, es porque el siniestro hombrecillo de los pelos revueltos sabe lo que hace.
Pero bueno... No nos demoremos y vayamos directamente al grano.
La gran aventura de Pee Wee, primer film de Burton, no es precisamente de mis preferidos. Tiene muy buenas ideas, pero tiene también un problema de raíz: El propio Pee Wee.
Sólo la vi una vez, hace bastante tiempo... y no recuerdo a ninguna actriz que tuviese el peso y la gracia suficiente para considerarla “chica burton”.
Opino (y legiones de freaks estarán de acuerdo conmigo) que la primera auténtica chica Burton es:
¡Sí! ¡Winona! A menudo olvidamos que entre las cosas que le tenemos que agradecer a Burton, una de las más importantes fue descubrir a la actriz Winona Ryder. ¿Quién lo iba a decir? Ahí estaba una jovencísima Winona de unos 13 o 14 años, anónima, totalmente desconocida e impopular. Hija de una familia hippy. Las chicas más populares de su clase solían tenerla como objeto de sus burlas. Una adolescencia difícil, que tal vez nos ayude a comprender e incluso a disculpar las excentricidades actuales de Winona.
Si vosotros hubiéseis crecido en una comuna hippy y todo el mundo se hubiese burlado de vosotros en clase, también seríais cleptómanos, bisexuales y adictos a ciertos productos farmacológicos.
El caso es que Tim, que también fue en su tiempo un bicho raro de instituto, la descubrió y le dio un papel en su segunda película: Bitelchús. Un papel que convertiría en mito y objeto de adoración tanto a la propia Winona como al personaje que interpretaba: Lidia
La oscura y deliciosa Lidia... El propio Bitelchús la definía en la película como “la hija de Allan Poe”.
Lidia es todo un estandarte. Toda una declaración de intenciones. El denominador de origen de todo lo burtoniano, y de todo lo que burton ha heredado del cine y la literatura anteriores.
Lidia viste de negro. Odia a su madrastra. Es incapaz de comunicarse adecuadamente con cualquier persona. Se encuentra más a gusto con los muertos que con los vivos. Le gusta hacer fotos de cosas extrañas, escribir cartas de suicidio, abrir las puertas prohibidas de la casa...
Su aspecto siniestro recoge el testigo de una tradición romántica que ya tiene un par de siglos de solera. Es pálida, pelo de color negro sepulcral, ojeras, velos de crespón que cubren su rostro cual sudario...
No me extraña que el propio Bitelchús decida casarse con ella.
Una novia roja para una boda macabra.
E igual de adorable que la Lidia de imagen real, es la Lidia de la serie de dibujos animados que apareció en televisión posteriormente.
Creo que la ponían en “La 2”. Recuerdo haber visto un par de capítulos. Era, para mi gusto, un poco tonta. Bitelchús era un personaje bueno, y amigo íntimo de la necrófila muchacha. Pero la estética de la serie era bastante interesante, muy en la línea de Burton. Y dentro de esa estética, el diseño de Lidia brillaba con luz propia.
Otra de las grandes bazas de la serie fue que el compositor habitual de Burton, el gran Danny Elfman, compuso para ella una versión del tema principal de la película que resultó incluso más atractivo que el original.
Inspirada en mil heroínas siniestras del pasado, Lidia ha sido a su vez fuente de inspiración para mil artistas posteriores. Yo mismo reconozco haberme inspirado mucho en ella (a medias conscientemente y a medias de forma subconsciente) en una de mis obras más personales y sentidas: Violeta
Y, hablando de Violeta. ¿No se han dado ustedes cuenta de que el personaje llamado también Violeta que aparece en Los Increíbles le debe mucho a nuestra amiga Lidia?
Así pues, aunque encontremos en Bitelchús a una espléndida Geena David, creo que la auténtica chica burton de esa película, y merecedora del título de chica burton number one, es Lidia/Winona.
El único inconveniente que le podemos poner a Lidia aquí en España, fue la forma en que la doblaron. A alguien se le ocurrió la idea de doblar a Winona con una voz de machorra que estropeaba un poquitín el personaje.
A pesar de ello, Lidia es uno de los personajes emblemáticos del universo burtoniano. Es esa combinación de elementos siniestros y ternura lo que hacen de ella una digna burton girl. Su esencia made in Poe se puede resumir en aquellas frases que ella misma garrapateaba en su inconclusa carta de suicidio: “Estoy sola... completamente... sola...”
Un gran personaje para una gran película. Bitelchús es posiblemente, aun a estas alturas, una de los mejores films de Burton. Algo así como “Los Otros” , solo que con personalidad, sentido del humor y ubicando la “gran sorpresa” en el sitio en el que debe de ir: A los quince minutos de película.
Pero sigamos con nuestra excursión.
La baratísima Bitelchús tiene un éxito enorme, y contratan a Burton para rodar su primera gran superproducción:
BATMAN
En Batman nos encontramos a la segunda chica burton: La intrépida fotógrafa Vicky Vale, interpretada por Kim Bassinger.
Es quizá una de las chicas burton más olvidadas. Y se trata de un olvido inmerecido. Kim Bassinger es, en mi opinión, una excelente actriz. Uno tiende a menospreciarla porque títulos como Nadine o Nueve semanas y media le granjearon una imagen de rubia explosiva fabricada para enseñar las tetas.
Pero la señorita Bassinger es mucho más que eso. Si hubiese dependido de mí, también le habría dado el oscar por L.A Confidential.
Y aunque no le reportase ninguna estatuilla, su papel en Batmanes algo de lo que puede estar muy orgullosa.
Una vez más, Burton y su equipo de estetas consiguieron sacarle el mejor partido con esos labios rojos, ese pelo rubio ondulado estilo años treinta o cincuenta, esos vestiditos... Nunca a nadie se le pegó al cuerpo un vestido azul de forma tan sexy, cálida, acogedora... Tiene mérito aparecer tan atractiva sin enseñar prácticamente nada.
Pero no todo el mérito es de la parafernalia de vestuario y maquillaje. La actuación de la Bassinger es tremenda. Increíblemente expresiva. Roza la sobreactuación, pero sin caer en ella. Desprende una energía electrizante; enamora a la cámara y deja por los suelos a casi todas las musas del cine de terror cada vez que grita, se enfada, se desmaya o intenta seducir al Jocker para salvar su vida.
Desde aquí rompo una lanza a favor de Kim Bassinger. Batman es probablemente la peli de Burton que más veces he visto desde que era pequeño. Así que se puede decir que he crecido con Vicky Vale. Me resulta más familiar que cualquier otra chica burton.
Y no debemos olvidar que Kim Bassinger, además de chica burton, ha sido chica bond.
Cualquier freakie que se precie recordará a la mítica Dominó Petacchi de la apócrifa, Nunca digas nunca jamás que, por cierto, fue dirigida por Irvin Keshner, el director de El imperio contraataca.
La bailarina Domino Petacchi en el baile más peligroso de su vida
Sigamos paseando por la filmografía de Burton.
Batman se convierte en la película más taquillera de la historia. Es el año 1989. Todos vamos al cine Marga o a algún otro sitio a ver la esperadísima entrega del hombre murciélago, sin saber que su creador está hasta los cojones de la superproducción.
A Timmy le apetece hacer algo más personal, y comienza a sacar adelante una historia muchísimo más barata y más sencilla, inspirada en un personaje que había creado el propio Burton en sus tiempos de instituto.
Ese proyecto se transformaría en la peli más emblemática del universo Burton, y su título es:
Eduardo Manostijeras
En esta película, que lanzó al estrellato a Johnny Depp, Burton volvió a recurrir a su musa de piel pálida y ojos oscuros. ¡Winona de nuevo!
En esta ocasión, el personaje es diametralmente opuesto a la Lidia de Bitelchús. Burton dejó crecer el pelo de Winona, la tiñó de rubio y la transformó en el prototipo de chica superficial-más-popular-del-instituto-animadora-reina-del-baile.
Tanto Winona como Burton encontraban aquello tremendamente divertido, porque era una oportunidad que tenía la Ryder de parodiar al tipo de chicas que se metían con ella en clase cuando estaba en el instituto.
Esa personalidad superficial con síndrome “reina del baile”, al actuar como contrapunto de su enamoramiento hacia Eduardo, cristaliza en un personaje bastante interesante, con una evolución hermosa a lo largo de la trama.
La gracia de Kim, el personaje que interpreta nuestra querida Winona, está en su bipolaridad, en su dualidad... en el violento contraste entre los dos estereotipos que encarna en la película: La típica animadora adolescente de la cultura americana, y la princesita de cuento de hadas.
Es difícil olvidar la poética imagen de Winona ataviada con su vestido blanco, bailando bajo la nieve que provoca Eduardo al esculpir su estatua de hielo.
Aunque el personaje de Lidia fuese más explícitamente burtoniano, este nuevo personaje trae consigo un importante aliciente: Que Winona ya está bastante crecidita. Su cuerpo se ha empezado a desarrollar, y sólo hay que mirarla para convencerse de que el desarrollo va por buen camino.
Mucha gente se quejaba de que no parecía natural con el pelo rubio. Lo que pocos saben es que en realidad el rubio es el verdadero color del cabello de Winona. Lo que ocurre es que la actriz, siempre rebelde, se lo lleva tiñendo de oscuro desde los once o doce años.
A estas alturas todos hemos podido ver a Winona con los pelos de todos los colores habidos y por haber. Y yo, personalmente, sigo pensando que el rubio, a pesar de ser su color original, es el que menos le va.
Para mí sus apariciones más bellas siempre han sido con el pelo negro (como en Drácula o Celebrity) o de pelirroja (como en Poseídos).
Si yo fuera Drácula también la mordería.
La Winona pelirroja de poseídos.
Durante el rodaje de Eduardo Manostijeras Winona se convirtió en la novia de Johnny Depp. En esos tiempos todos odiamos a Depp, y todas odiaron a Winona.
Parecían la pareja ideal. Johnny incluso se hizo una tatuaje que decía: WINONA FOREVER.
Parece ser que no sospechaba que en breve el asunto se iba a convertir en winona for-never. La pálida musa le iba a dar más calabazas que las que salen en la primera canción de Pesadilla Antes de Navidad. Y es que, por mucho que las adore, creo que uno no se puede fiar de las chicas escorpio...
A pesar de la aparición de algunas críticas hostiles, Eddie Manostijeras fue, y sigue siendo, un enorme éxito.
Y como es bien sabido eso de que primero una de cal y luego otra de arena, tocaba meterse en otra gran superproducción.
A Burton le apetecía rodar una secuela de Batman, pero llevándola más a su terreno. Alejarse un poco del Batman estilo Miller para hacer un Batman más poético, casi de cuento de hadas.
Así nació ese oscuro cuento de hadas disfrazado de historia de superhéroes llamado:
Batman Vuelve
Como la primera entrega de Batman fue en su día la película más taquillera de la Historia, los ejecutivos de la Warner decidieron que la segunda parte sería la película más cara de la Historia. Más tarde se arrepentirían de ello, pero gracias a eso tenemos una de las obras más vistosas y espectaculares de Tim Burton.
No hace falta ser un genio para deducir cuál es la chica burton de Batman Vuelve:
Catwoman. ¿Quién si no?
Se trata de un papel que rechazaron las sex-symbol más de moda en aquella época. Creo recordar que tanto Sharon Stone como Madonna dijeron que no. Debido a ello, el papel recayó en una Michelle Pfeiffer que en aquellos tiempos no era tan famosa como ahora.
Miles o millones de fans nos alegramos de que fuera así.
No se puede hablar de la Pfeiffer en Batman Returns sin mencionar ese ajustado traje de cuero fabricado con remiendos, o los movimientos lascivos de la mujer gato, capaces de seducir a cualquier felino que se precie. Seguro que todos guardamos en la memoria esa escena en la que catwoman “se siente sucia” y comienza a lamerse el cuerpo.
También os diré, para los que aspiréis a convertir a Michelle Pfeiffer en vuestra pareja o amor platónico, que sus entrenadores en la peli estaban sorprendidos por lo bien que se le daba manejar el látigo.
Pero todo el mundo piensa en Catwoman y pasa por alto los encantos de su alter-ego; el personaje en el que se convierte la mujer gato cuando tiene que llevar una vida normal: Selina Kyle.
Es uno de los personajes femeninos más divertidos y entrañables de Burton. Yo personalmente la adoro. Sería incluso capaz de sacrificar el traje de cuero y el látigo con tal de disfrutar de esta tímida e inadaptada secretaria de gafas torcidas y mechones de pelo colgando de la frente.
La traumática escena en la que Selina se transforma en catwoman es de las más sobrecogedoras que Burton ha rodado. Con esa oscura música de Danny Elfman, en la que el violín imita los maullidos de un gato...
Lo bueno de Selina es que tiene un “antes” y un “después”. Antes de la transformación, y después de la transformación. Primero la fracasada secretaria, y luego la mujer lasciva, atractiva, exquisitamente irónica... pero vulnerable en lo más hondo de su ser.
Quizá la relación de amor entre Batman y Catwoman sea la más hermosa que ha dirigido Burton. Y quizá el personaje de Selina tenga los diálogos más desternillantes de toda la historia de las chicas burton.
Uno de los diálogos más míticos es ése de: “Hola cariño, ya estoy en casa. ¡Siempre se me olvida! ¡No estoy casada!”
Y mientras Burton se sumergía en el infierno que significaría rodar Batman Vuelve, y al par que pasaba a su vez por un auténtico infierno personal, se dedicó también a idear, producir y supervisar ese largometraje que se convirtió por méritos propios en el “ciudadano Kane” del cine de animación fotograma a fotograma:
Pesadilla antes de navidad.
No vamos a entrar aquí en si el autor de la película es Burton o Henry Sellick.
Lo que nos importa en esta ocasión es que Pesadilla antes de Navidad contiene otra de las chicas burton más amadas:
Shally: La muñeca que se cose a sí misma. Una curiosa similitud con el personaje de Catwoman.
El propio Burton ha comentado que le atraía muchísimo esa poderosa imagen de una persona que se recompone a sí misma con jirones y retazos. Es algo que, en alguna medida, todos hacemos. No sé si Burton será consciente de las reminiscencias que tienen esas afirmaciones suyas con la milenaria tradición alquimista.
Shally es una muñeca dentro de una muñeca. El personaje es una muñeca, y en la pantalla lo interpreta también una muñeca, animada fotograma a fotograma. Resulta admirable que a pesar de eso, la protagonista de Pesadilla... sea uno de los personajes más humanos y tiernos del mundo de Tim.
Sólo hay que echar un vistazo al cuerpo y a la cara de esa muñeca para descubrir que, al igual que todos los demás personajes de la peli, está basada en un dibujo del propio Tim Burton.
Y otra cosa en Shally que enamora a todo el mundo es... su voz. Pocas voces habrá más bonitas que la de esa muñeca remendada. Cuando se pone a cantar, uno piensa que jamás unos labios le han hecho un favor tan grande a las melodías de Danny Elfman.
Y lo que no todo el mundo sabe es que la autora de esa voz no es otra de Catherine O`Hara, una fabulosa actriz simpatiquísima, versátil y acostumbrada a la improvisación, que ya mereció algunas palabras nuestras hace un par de entradas, cuando hablábamos de Catastróficas desdichas.
Nuestra adorada Cathy O`Hara.
Burton ya había trabajado con Catherine en Bitelchús. Allí la notable actriz interpretaba de manera inolvidable e hilarante a la madrastra de Lidia.
Tampoco suele ser de dominio público que Catherine O`Hara también prestaba su voz a la niña traviesa de Pesadilla. Y los otros dos niños no eran otros que Pee Wee Hermann y el propio Danny Elfman que es además la voz del protagonista, Jack Skelleton, en todas las canciones.
El caso es que entre el laborioso trabajo de los animadores, el diseño de Burton y la magia de Catherine O`Hara, una muñeca rellena de hojas muertas consigue tener más personalidad que muchos seres humanos.
Después del declive, Burton se refugia en otro de sus proyectos baratos y personales:
Ed Wood.
Da igual lo que digan. Para mí la interpretación de Johnny Depp en Ed Wood. Es probablemente la mejor de toda su carrera. Ni Piratas del Caribe ni ostias. Y mira que me encanta la interpretación de Depp en Piratas del Caribe...
Hay unas cuantas féminas en Ed Wood. Las que tienen más peso dramático son Sarah Jessica Parker y Patricia Arquette, tan despampanante como siempre, y que nos viene a la mente con su escena más mítica, en la que se quita el jersey de franela para entregárselo a Depp.
Y sin embargo, la auténtica chica burton de Ed Wood es...
¡¡Vampira!!
Es demasiado buena para ser real, ¡pero es real! El personaje de Vampira existía de verdad en la televisión de los años cincuenta, y Ed Wood la cogió de actriz fetiche.
Y en la peli de Tim, el personaje está interpretado por la que en aquel entonces era su novia: la despampanante Lisa Marie.
La bella y la bestia. “Claro que si es otro el que me llama bestia, le arranco los pulmones...”
El propio Bela Lugosi, interpretado magistralmente en la película por Martín Landau, sienta cátedra cuando define a la perfección la primera impresión que produce esta mujer utilizando la siguiente frase: “Tiene un buen par de melones” .
Sí... Esos son los dos atributos más llamativos de Lisa Marie, pero no todo queda ahí. El cuerpo de la actriz y modelo es tan increíble que parece irreal.
Bien es cierto que en Ed Wood, para poder encarnar a su personaje de forma fiel a la realidad, está caracterizada para parecer más fea de lo que es en realidad. Pero a cambio nos ofrecen piel pálida, vestidos negros, pelo vampírico, caderas voluptuosas, actitud borde... y todas esas cosas que tanto nos entusiasman a los goticófilos.
En el año 1994 miles de espectadores en todo el mundo sintieron hacia Burton la más insana de las envidias al enterarse de que el tipo estaba saliendo con (y entrando en) semejante monumento.
Y por último, teniendo un poco de mala leche, podríamos considerar como chica burton en Ed Wood al propio Johnny Depp
La afición al travestismo del verdadero Wood llevó a Depp a robar los jerseys de su novia. Resulta hilarante ver a Johnny Depp gritando en los rodajes o teniendo conversaciones con el propio Orson Welles, siempre ataviado con su vestido de mujer. Sin duda alguna es la mejor forma de dialogar con el creador de Ciudadano Kane.
Ed Wood le trajo a Burton mucho prestigio a nivel de crítica y de público. Tuvo dos o tres nominaciones a los oscars, Martín Landau ganó el suyo... y Tim se dedicó a otro proyecto personal que no tuvo mucho éxito en los Estados Unidos, pero que aquí en Europa acogimos con inmenso regocijo:
Mars Attacks
En esta simpatiquísima historia de marcianos que atacan la tierra hay varias actrices.
A pesar de que Anette Benning sale guapísima y adorable... y a pesar de rescatar a Pam Grier (si mal no recuerdo Burton la rescató antes que Tarantino, aunque nadie parezca acordarse de ello), a pesar de una jovencísima Natalie Portman interpretando a la hija del presidente... a pesar de todas ellas... en Marte Ataca la verdadera chica burton es, una vez más, su novia de aquellos tiempos, Lisa Marie.
En esta ocasión el papel es divertidísimo. Lisa interpreta a un marciano disfrazado de bellísima y despampanante mujer que seduce al relaciones públicas de la Casa Blanca para poder infiltrarse en la misma y secuestrar al presidente.
El resultado es tan gracioso como excitante. Describimos el modelito: Vestido hiper-ceñido al cuerpo, lleno de espirales burtonianas que decoran y potencian unos senos aún más exagerados que los de la verdadera Lisa Marie. Una piel extremadamente pálida, un peinado con vocación de torre de Babel, que pretende disimular el enorme cerebro del marciano que hay bajo la máscara. Un bolsito de lo más psicodélico, con una pistola marciana a juego...
Y lo que le da el toque fantasmagórico: Bajo el vestido, le colocaron unos patines para que andase deslizándose por el suelo, mientras no deja de mascar un chicle (en la película se trata de un chicle de nitrógeno para sobrevivir a la atmósfera terrestre. ¡Delicioso!).
Se lo pasaron de vicio rodando esa película, y no me extraña.
Tras Mars Attacks nos llega Sleepy Hollow. Una peli basada en el mítico relato de Washington Irvin, que consagró a Burton de cara al gran público. Hasta ese entonces, todo el mundo conocía las pelis de Burton, pero había que ser un poco friki, o un poco cinéfilo, o las dos cosas, para conocer al hombre que había detrás de todo eso.
Sleepy Hollow es quizá una de las películas más logradas estéticamente en la filmografía de Tim Burton. Y esos logros estéticos también pueden apreciarse en las chicas burton del film.
La reina de esta película es sin duda Christina Ricci.
Eso de que Burton y la Ricci terminaran trabajando juntos parecía inevitable. Creo que todos lo sabíamos desde que vimos a la pequeña Christina interpretando a Miércoles Addams en La familia ídem.
Christina Ricci es una de las bellezas más exóticas y morbosas del panorama cinematográfico actual, y en Sleepy Hollow está tan bella como nunca. Burton, que tiene una predilección confesa por las rubias, le encasquetó una melena rubia ondulada y uno de esos vestidos de época con corsé y escote atrevidísimo que tanto daño hacen en las hormonas de cualquier varón.
No es precisamente una de las interpretaciones más magistrales de la Ricci pero, ¿a quién le importa? Si alguien puede prestar atención a lo que dice, entre esos ojos, ese pelo, esos labios y ese escote... pues tiene un problema con su líbido.
Christina se ha ganado un puesto de honor entre las chicas burton. No olvidemos que fue la propia Winona la que la corrompió en su roulotte cuando la Ricci era todavía una niña, durante el rodaje de Sirenas.
Por lo visto a Johnny Depp le daba bastante corte besarla y manosearla en la película, porque la conocía desde que era una niña de poco más de diez añitos.
Pero hay otra chica burton memorable en la película del jinete sin cabeza, y es nuevamente la apetecible Lisa Marie.
En esta ocasión sale más guapa que nunca. Interpreta a Lady Crane, la madre del protagonista, y sólo aparece en los flash-backs de Johnny Depp recordando su infancia.
Interpreta a una bruja que realiza conjuros, vuela por los aires... Embutida también en uno de esos vestidos de época que quitan el hipo a los espectadores varones y el aliento a las mujeres que los llevan puestos, porque... ¡menuda forma de apretar la cintura!
Ellas son las dos reinas de la peli, aunque salen muchas otras, luciendo también trajecitos dignos de pueblerina de La bella y la bestia. Entre ellas, merece como mínimo una mención la fabulosa Miranda Richardson.
Y ahora, amigos míos, perdónenme un momento. Voy a interrumpir esto para tomarme un té blanco y tomar aliento, porque estamos a punto de entrar en la mancha negra del expediente burtoniano.
¡Ya he vuelto! Y tengo en el cuerpo la dosis de teína suficiente para mencionar ese despropósito llamado:
El planeta de los simios.
En mi humilde opinión, la peor película de Burton.
Si esta entrada tratase sobre cinematografía y no sobre diosas, gritaría aquí hasta hacerle sangre a la web, pero ahora, por el bien de Burton (o por el mal menor) hablaremos solo de mujeres.
En principio se supone que la actriz destinada a ser chica burton de este film es la canadiense Estella Warren. Pero todos discrepamos. Que sí... que la señorita Warren es preciosa y está como un tren, pero eso no es ninguna garantía para convertirse en chica burton.
El personaje de Estella Warren no es nada burtoniano, pero no se lo podemos reprochar, porque en realidad la peli entera no es nada burtoniana.
Y eso que la modelo canadiense demostró que podía ser más burtoniana que nadie interpretando aquél anuncio de Channel nº5, disfrazada de caperucita roja y, para más INRI, con la música de Eduardo Manostijeras como banda sonora. El spot lo dirigía Luc Besson, que en aquellos tiempos se estaba tirando a la modelo.
Pero volvamos al planeta de los putos simios:
No sé lo que estaría pasando por la cabeza de Tim Burton cuando hizo esa película, pero no es temerario suponer que se trataba de asuntos de corazón y faldas.
Ésa sería una forma de explicar por qué durante esos días el señor Burton abandonó su relación con Lisa Marie e inició una relación con la también bellísima Helena Bonham Carter.
Ambas salen en la película, disfrazadas de simias. Y las dos salen preciosas, y muy “monas”, a pesar de tener encima más pelo que una actriz porno setentera.
Lisa Marie se simia
Helenita de simia.
En serio. Los maquillajes de Rick Baker y compañía están tan estudiados que a pesar de ser simias llegan incluso a resultar guapas. Sobre todo Helena Bonham Carter.
El comportamiento simiesco de Helena está también muy logrado, pero aquí no nos detendremos demasiado tiempo. Lo más importante es saber que Tim y Helena empezaron a vivir felices, a comer perdices (y tal vez otras cosas) e incluso tuvieron un hijo.
A mí, por otra parte me hace ilusión que el personaje de Bonham Carter en la película se llame Ari, igual que mi adoradísima “ex”.
Pero bueno, la historia de Tim y Helena nos trae una recomendación para todos los hombres que lean esto:
Si queréis conquistar a una chica, sometedla diariamente a la tortura de varias horas de maquillaje intensivo con muuuucho latex. OOOOOOOOOMMMMM
¿Era el planeta de los simios el inicio del declive de Tim Burton? Unos añitos más tarde demostró que no. Y esa demostración se llamaba Big Fish.
Quien quiera leer mi opinión sobre Big Fish, sólo tiene que mirar dos entradas más abajo.
La protagonista femenina de ese cuento es Sandra Templeton, interpretada en su edad madura por una espléndida Jessica Lange y en sus tiempos juveniles por una actriz bellísima llamada Alison Lohman.
Jessica Lange, jugando a la leyenda artúrica.
Alison Lohman rompiéndonos el corazón.
Sandra Templeton no me parece la más interesante de las chicas burton, pero no podemos negar que es guapísima. Y una vez más, la diseñadora de vestuario Colleen Atwood y los peluqueros y maquilladores saben potenciar a las mil maravillas una belleza que ya estaba ahí.
Hay otra chica burton importante en la película y es, de nuevo, la actual esposa del director: Helena Bonham Carter.
Lo curioso de su papel en esta película es que le lleva a aparecer con tres aspectos diferentes: De joven, de vieja y de bruja tuerta.
También sale preciosa, y el personaje es muy bonito. No quiero destripar demasiado, por si alguien no ha visto la película a estas alturas.
Y también quiero mencionar a una actriz muy secundaria de la peli: Missi Pyle. Quiero hablar de ella simplemente porque cada vez que la veo, me recuerda a mi amiga Sofi, que también es actriz, y con la que he tenido el gustazo de trabajar personalmente.
Missi Pyle
"
Mi querida Sofi.
¿Hay de verdad un parecido, o son cosas mías? ¡Como Tim Burton la conozca nos la quita!
Con respecto a su última película (Charlie y la fábrica de chocolate) aún no he visto lo suficiente para comentar, aunque por lo pronto sé que aparecen también Missi Pyle y Helena Bonham Carter.
Quiero despedirme con un canto al futuro.
Más concretamente, al futuro proyecto de Tim Burton, que ya se está rodando.
Se trata de una nueva incursión en el cine de animación stop motion. En esta ocasión codirige con un tipo llamado Mike Johnson.
Se trata de una historia basada en un cuento tradicional ruso sobre un tipo obligado a casarse con un cadáver.
La película se llama Corpse Bride (La novia muerta), y las primeras imágenes anuncian que será parecidísima a Pesadilla....
Johnny Depp doblará al muñeco protagonista. También habrá voces de Albert Finney, Christopher Lee... y con respecto a chicas Burton, aparece de nuevo Helena Bonham Carter interpretando a la novia muerta y la otra actriz será nada más y nada menos que...
¡¡Emily Watson!!
¡Por fin se alinean los planetas! Ya era hora de que Burton se diese cuenta de que Emily Watson... la adorable Emily Watson... tiene que ser por fuerza una chica burton perfecta.
Como curiosidad os diré que Emily Watson iba a ser en principio la protagonista de Amélie. Jean Pierre Jeunet escribió el guión para ella, y de hecho en principio la peli transcurría en Inglaterra y se titulaba Emily, en honor a la señorita Watson.
Pero luego Emily Watson no pudo participar por motivos personales, y Jeunet tuvo que cambiarlo todo para ambientarlo en Francia y se buscó a la adorable Audrey Toutou.
Así nació Amélie
Y con esto terminamos nuestro repaso de las chicas burton. Espero que todavía quede alguien despierto por ahí.
Como veis, son todas ellas divinas.
Ahora decidme: ¿Cuál es vuestra favorita?
MICROCUENTOS... MICROCUENTOS... MICROCUENTOS...
¡Aquí volvemos a la carga! En esta ocasión para colgar más microcuentos de fantasmas.
Son material de primera calidad de personas de primera calidad.
Para que no haya disputas ni favoritismos, colocaré los cuentos en el orden en que los he ido recibiendo.
Así pues, comenzaremos por el inigualable Nestor el Nestoriano, artífice y señor del gran plan de dominación mundial. Y Néstor nos dice:
El microcuento de Néstor:
¿Entonces crees que es lo mejor para mama? Sin ninguna duda. Respondió con una clara determinación en la voz: Aquí tendrá todo lo que necesita. Es un caserón de los primeros y lo hemos conseguido por una ganga además la casa es de su época y seguro que le gusta. Miro a la anciana decrépita en la silla de ruedas, inexpresiva y muda, tenia una terquedad por vivir inaguantable y por un momento la odio por eso, sus deudas de juego no podían esperar mas, ojalá viese lo que él vio y su debilitado corazón no lo aguante tan bien.
¡Cien palabras justas, igual que Jaime! Como de costumbre, el nestoriano nos aporta un enfoque de los que no se le ocurren a cualquiera.
El segundo microcuento pertenece a mi querida vardita. Se trata, nuevamente, de un enfoque original. Tanto, que ella ni siquiera estaba segura de que perteneciese al género. Yo creo que sí, y además de forma bella. Pero aquí lo tenéis para que juzguéis (o no juzguéis) por vosotros mismos:
El microcuento de Carmen:
POSESIÓN
Dando un portazo me encierro en el cuarto de baño, me observo en el espejo y veo mi rostro tal y como lo conozco, la piel muy clara, el pelo muy oscuro y enmarañado, los ojos profundos… soy yo, la misma de ayer y de esta mañana, y de esta tarde…respiro profundamente y comienzo a lavarme las manos sin dejar de mirar el cristal. De repente aparece tras de mí, a mi espalda, sigiloso, silencioso, comienzo a temblar y, aunque no quiero, se funde conmigo frunciéndome el ceño, agitando mi cuerpo, avivando de ira los ojos… mi monstruo.
99 palabras contando con el título. Seguro que en ti hasta el monstruo es agradable, vardita.
A continuación, presentamos a nuestro colaborador más asiduo: ¡Rubén!
No contento con haber sido el primero en mandarme su relato, y con tener otros dos inéditos, me acaba de mandar un cuarto microcuento que vino a su cabeza en el tren de vuelta de Lisboa, mientras veía campanarios. Aquí lo tenéis:
El segundo microcuento de Rubén:
Tenía 76 años y desde los 12 tocaba las campanas de la iglesia. Cuando
enfermó todos en la parroquia empezarón a preocuparse, ¿Quien tocaría
las campanas cuando el muriese?. Ningún joven quiere aprender desde hace
años, había que poner un costoso sistema automático. Justo en el
segundo de su muerte en el hospital de la ciudad, las campanas tocaron
a difunto y desde ese mismo día ya no cuelgan cuerdas del campanario.
Los visitantes dicen que el sistema automático es mas comodo pero
resta encanto. En el pueblo cuando las campanas suenan nos santiguamos
y rezamos por su alma.
Con Rubén, incluso las segundas partes fueron buenas.
Y, por último, voy a colgar un microcuento que acabo de escribir. No tengo remedio. Se supone que soy el anfitrión, pero no he podido resistirme a escribir también un microcuento de fantasmas. Me vino la idea y... bueno, es una chorrada. 86 palabras con olor a serie-B.
El microcuento de un servidor:
“Pii, piiii”, dijo el teléfono, anunciando la llegada de un mensaje de texto.
Era su número.
Ella pulsó el botón y leyó aquellas letras imposibles:
ESTOYBIENPEROTENGOFRIOPERDONAMEGRACIASPORLASFLORES
Dejó caer el móvil con un temblor de dedos. El mundo era borroso.
Le costó leer el mensaje, porque no había ningún espacio entre las letras. Y sin embargo eso era lo único en todo aquello que conseguía entender:
Que la tecla de los espacios tampoco había sobrevivido al accidente.
fin
Os animo a que sigáis escribiendo y mandándome microcuentos de fantasmas. El día 18 ó 19 de este mes, antes de irme a Madrid, colgaré una entrada con todos los cuentos juntos. Será como la fiesta de fin de curso de los microcuentos, o la microfiesta de microfin de microcurso.
DESDICHAS CATASTRÓFICAS Y ABURRIMIENTO MAGNO
Ayer decidí tomarme un día libre y lo dediqué a una de mis pasiones predilectas: Ver películas.
Cogí una guagua hasta el centro comercial y acampé allí para ver dos títulos que me llevaban apeteciendo desde hace dos o tres semanas.
La primera de las pelis fue Catastróficas desdichas.
Me gustó mucho. Un cuento infantil surrealista y oscuro, como a mí me gustan. No sabía nada acerca de Lemony Snickets, el autor de los libros en los que se inspira la película, pero me ha sorprendido gratamente.
La gente que espere ver un segundo Harry Potter solamente se quedará satisfecha a medias. Esa historia está más bien en algún punto intermedio entre Dickens y Roal Dahl.
Mucha gente ha calificado la película de extremadamente Burtoniana. Eso rara vez ha sido malo, aunque en esta ocasión es también perfectamente explicable. Porque gran parte del equipo técnico de Tim Burton está metido en el proyecto.
Cuando vi los créditos finales (animados en dos dimensiones y hermosísimos) me di cuenta de que estaban todos allí. La dirección artística corre a cargo de Rich Heinrich, el diseñador de producción habitual de Burton desde los tiempos de Vincent. El diseño de vestuario también ha sido obra de la diseñadora habitual de Burton: Colleen Atwood y el director de fotografía no es otro que Emmanuel Lubeszki, que ya nos hizo la boca agua cuando iluminó (u oscureció) Sleepy Hollow para Burton.
A todo ello hay que añadirle el montaje de Michael Kahn, el montador habitual de Steven Spielberg, y la música de un Thomas Newman que se porta bastante bien, sin caer en la melosidad autoplagiada de otras bandas sonoras suyas como American Beauty y Camino a Perdición.
Así pues, al margen del director (del que hablaremos luego), la peli estaba ya sentenciada a una factura técnica y estética más que decente y, desde luego, interesante.
Con respecto a Jim Carrey, a mí personalmente me ha dejado muy contento. Mi opinión hacia Carrey está muy dividida. Hay personajes en los que me encanta y otros en los que me carga demasiado. Cuando vi la presentación de su personaje en Catastróficas Desdichas temí lo peor. Parecía una de sus actuaciones más excesivas y cargantes. Sin embargo, conforme la trama fue avanzando, le fui cogiendo bastante “cariño” al personaje. Su carácter esperpéntico y grotesco encaja muy bien en el tono de la historia.
Por otra parte, he de advertir a mis compañeros del género masculino que la actriz protagonista, Emily Browning, lo convierte a uno en pedrasta de una forma desdichada y catastrófica.
Con sus catorce añitos de edad (al menos ésa es la edad del personaje que interpreta en la película) lamento confesar que la nínfula revolucionaba mi sentido de la poesía femenina y incluso mis hormonas. Grrrrrrrr!! ¡¡Y encima el personaje se llama Violet!!
¡Quién fuera hermanito, ¿verdad?
¡Y quién fuera bebé!
De un modo u otro, parece ser que la chica está ya crecidita, así que con un poco de suerte cualquier tentación en la que uno pueda caer es ya legar (al menos en alguna provincia de Tailandia).
¿A que promete crecer igual que Kirsten Dunst?
Y es que el director de la película es Brad Silverling, que ya demostró en Casper, con una jovencísima Cristina Ricci, que sabía fichar a las diosas desde que eran pequeñitas.
¡Quién fuera Bill Pullman!
En todo caso, creo que podemos decir que Silverling ha hecho un buen trabajo. La peli no es la obra maestra más impresionante del mundo, pero cumple con su cometido, resulta entrañable, entretenida, todo lo original que puede ser una peliculilla a estas alturas, y muy cuidada en todos los aspectos.
Nos ofrece, además, un conjunto de interpretaciones realmente interesante que da vida a un conjunto de personajes difíciles de olvidar. Y compitiendo muy dignamente con el talento de Jim Carrey tenemos a una Maryl Streep que demuestra una vez más su capacidad de brillar con luz propia en cualquier género.
Destacaremos también la presencia de Catherine O`Hara, espléndida actriz, que también nos remite a dos títulos de Burton: Bitelchús y Pesadilla antes de navidad
¡Bueno! Termina la película. Disfruto de esos deliciosos y burtonianos créditos finales animados en dos dimensiones que mencionaba más arriba, salí, me tomé una pizza con tomate, orégano, jamón y queso philadelphia y me volví a zambullir en las salas oscuras para ver la segunda película del domingo:
Alejandro Magno.
¡¡CRASO ERROR!!
Oliver Stone es un director capaz de conseguir cualquier cosa. Incluso decepcionar al mundo entero.
Alejandro Magno me parece un gigantesco despropósito. Creo que el señor Stone, al contar con tantos medios, tanto presupuesto, tantas expectativas y tanta gloria personal... simplemente perdió el norte.
La película combina momentos de realización infantilmente explícita con momentos de absoluta torpeza e ineficacia narrativa.
Pero de entre todas las cosas que se le pueden reprochar a la película, sin duda la más importante es la más obvia; la que está al alcance del público más profano: ¡¡Dios santo!! ¡¡Qué aburrida!! ¡¡Me pareció infumable! Y me temo que no fui el único.
Coincido con mi amigo Jaime y con la mayor parte de los espectadores en que la película se hace monótona y terriblemente claustrofóbica; en que Oliver Stone se salta a la torera las partes más interesantes de la historia, colocando unas inexplicables elipsis en los lugares más inoportunos.
La trama está cargada de personajes, pero la mitad de ellos dan la sensación de estar ahí simplemente porque existieron en la historia verdadera y resultaba feo suprimirlos. El resultado es una decena de caras y nombres que un espectador mediocre como yo no logra diferenciar ni definir. La mitad de las veces en que Alejandro hablaba con alguien yo no sabía con quién coño estaba hablando. Creo que tardé más de media hora de película en identificar de forma clara al efébico amante del conquistador macedonio. Pero la trama era tan mala (en mi opinión) que no importaba que no supieses quién era cada cuál.
Hay una serie de síntomas que, en cuanto aparecen durante el visionado de una película, me hacen llegar a la conclusión de que hay algo que esa peli que no funciona como debiera.
Así pues, supe que la película no funcionaba cuando de pronto descubrí que mientras Alejandro se divertía en sus orgías, yo estaba pensando en lo jodida que anda mi “vida profesional”. Supe que algo no funcionaba cuando escuché por trigésima vez los chirridos que hacía la butaca cada vez que me movía intentando adoptar una posición más cómoda. Supe que algo no funcionaba cuando sonó un par de veces el teléfono móvil de algún ineducado que descolgó el teléfono, se puso a hablar... y sólo me produjo la mitad de indignación de la que me habría producido en una película decente.
Y también supe que algo no estaba funcionando cuando un servidor, al igual que los restantes habitantes de la sala, descubrió en su fuero interno (o incluso en el externo) que estaba deseando que Alejandro se muriese.
¡En serio! En esa sala estábamos unas doscientas o trescientas personas deseando la muerte del conquistador como agua de mayo. Creo que posiblemente nosotros, público del año 2005, somos los verdaderos responsables de la muerte de Alejandro. Esas tres horas de metraje han conseguido que millones de personas en todo el mundo odien al unísono a una misma persona. No sé si esa persona es Alejandro u Oliver Stone. Lo que sí está claro es que millones de personas en el planeta, rezumando de impaciencia por que Alejandro la palmase y los dejase escapar de la butaca... posiblemente eso se transforme en un conglomerado de malas vibraciones que bien pueden haber viajado hacia el pasado por cauces misteriosos, provocando en una especie de efecto mariposa invertido la muerte del macedonio de los cojones.
Me remito a los hechos científicos: Cuando todo el mundo piensa que Alejandro va a morir y de repente sale vivo, todos en la película comienzan a aplaudir y, sin embargo, en la sala de cine, más de doscientas personas emitimos al unísono un suspiro de exasperación. ¡Os lo aseguro! Si algún masoquista se descarga de internet alguna copia pirata grabada directamente en el cine, que preste atención. Seguro que cuando reaparece Alejandrito se escucha una queja tácita y unánime que satura la señal de audio.
Yo, por mi parte, ayudado por mis escasas nociones de Historia, rezaba continuamente para que el apolíneo monarca llegase hasta la India, porque sabía que eso significaba acercarse al final de su periplo. Recordaba haber visto en el trailer una imagen de Alejandro montado en su Bucéfalo, encarándose a dos partas con un enorme elefante. Me pasé toda la peli deseando que llegase ese plano, porque sabía que la tortura no podría acabar hasta haber aparecido el susodicho.
En definitiva: Me parece indignante que la gente se queje y polemice sobre cuestiones de la peli como la homosexualidad (más que demostrada) de Alejandro y pase por alto el auténtico problema: ¡¡Que no se puede gastar tanto dinero en una peli para hacer algo infumable! Para eso están el video digital y las películas de Erich Rommer que, mira tú por dónde, me parecen más bonitas e interesantes que este capricho de Stone.
Supongo que en todo caso la película interesará a los psicoanalistas freudianos. Ya saben... Alejandro se morrea con su madre, mata a un tío porque lo confunde con su padre, a un elefante le cortan la trompa y... esas lanzas... Dios mío... ¡esas lanzas!
Ahora, después de esa catártica disertación, supongamos que la vida continúa, y que se puede llevar una existencia normal después de esas tres horas.
Respiramos hondo, y nos esforzamos en pensar en algo bello, como Peter Pan cuando volaba (inciso: J.M Barrie era enano y ni de lejos tan atractivo como Johnny Depp) o Harry Potter cuando lidia con dementores para hacer su Expecto Patronum.
¿Qué me pasa, doctor?
Dirigida por el siempre interesante Peter Bogdanovich (pupilo de Orson Welles y de John Ford), esta comedia americana tiene posiblemente uno de los guiones con mejores diálogos de toda la historia del cine.
Desternillante, ingeniosa, mordaz, con un surrealismo moderado y muy bien conseguido.
La pareja protagonista, interpretada por un magnífico Ryan O`Neal y una Barbara Streisand que posiblemente borda aquí el papel más interesante de toda su carrera, es un concierto de chispas. Hay una química tremenda. Los dos personajes son tremendos, juntos y por separado.
Disfrazada de comedia de enredo, es en realidad esa combinación de personajes atractivos y diálogos brillantes lo que hace de esta peli un aperitivo imprescindible en la cultura cinematográfica de cualquiera.
Volviendo a disfrutarla el otro día, me di cuenta de que tal vez el hecho de haber visto tantas veces esta peli cuando era pequeño ha influido mucho en mi manera de escribir guiones. Creo que cada vez que escribo diálogos es ésta una de mis referencias principales, junto a Woody Allen, Billy Wilder y las pelis de los hermanos Marx.
También he de decir que en esta racha de revisitar pelis de Spielberg por la que estoy pasando pude ver nuevamente Atrápame si puedes.
Cuanto más la veo, más me parece una de las mejores películas que ha hecho Spielberg. ¡Es impecable! En guión, en personajes, en fotografía... Es una película que, bajo su apariencia de sencillez extrema, está cargada de sutilezas por todas partes. La fotografía además de hermosa es altamente expresiva. La trama muy coherente. Los personajes creíbles y conmovedores. La música patológicamente pegadiza. El equilibrio entre lo cómico y lo dramático es perfecto... Creo que en la segunda etapa de Spielberg (la que empieza después de la Lista de Schindler) Atrápame si puedes es mi película favorita junto con Inteligencia Artificial y El mundo perdido.
Y otra película que cuanto más la veo más me gusta es:
El otro día le regalé BIG FISH a mi querida Ariadna y la estuvimos viendo. Me funcionó muchísimo mejor que cuando la vi en el cine. También es cierto que las condiciones de aquel primer visionado fueron más bien lamentables.
Big Fish es una forma muy digna de redimir a un Burton que había tocado fondo con el planeta de los simios. Creo que si la fotografía hubiese estado más cuidada y más lejos de las garras de Philip Roussenlot, sería una de las mejores películas de Burton. Lo tiene todo: Ternura, un personaje interesante, imágenes poderosas, situaciones muy variopintas, romanticismo, magia... y ese tono de cuento de hadas que se le da tan bien a Burton.
Al día siguiente me dediqué a ver de nuevo la película comentada por Tim Burton. Uno se quita el sombrero al descubrir que una película de semejante calibre se hizo con tan pocos medios y tan rápido. Tardaron dos meses en rodarla. No está mal para una producción de esas características. Y uno nota e incluso agradece el hecho de que casi todo era real. Sólo en cinco ocasiones recurrieron a la artimaña de rodar con la pantalla azul para insertar cosas por ordenador.
Todos sabemos que la filmografía de Burton se suele dividir en dos grandes grupos: Superproducciones de encargo y películas más personales. Ésta es de las personales, en la línea de Bitelchús, Ed Wood o Eduardo Manostijetas.
De las actrices no voy a hablar ahora porque tengo pensado colgar en breve un “reportaje” sobre las chicas Burton.
Con respecto a los actores, ¿qué decir? Magníficos todos ellos. Quizá el Billy Culdrup, en su papel de hijo, me parece el más sosete, pero supongo que tiene que estar ahí, contenido, dando el tipo como contrapunto de ese magnífico Albert Finney nominado al oscar por su entrañable actuación.
También produce alegría volver a encontrar a Danny de Vito en una producción de Tim Burton (ya sabemos que se adoran mutuamente) y Steve Buscemi ha resultado encajar a la perfección en el universo Burton. Timmy dice que le gustaría tenerlo en todas sus películas.
Y, ¿qué decir de Ewan McGregor?
¡Está tremendo! Borda el papel. Es perfecto y entrañable. Y su personaje de Edward Bloom pasará a la historia. Romántico, aventurero, carismático, inocentón...
Creo que Edward Bloom sería el novio ideal para Amélie. Igual de soñador pero lo suficientemente atrevido para conquistar el corazón de la tímida muchacha.
Edward Bloom encontraría a Amélie, averiguaría cuáles son sus gustos y sus flores favoritas, se acostaría con ella, y el pobre Nino Kinkampoix descubriría el pastel, los celos lo quemarían por dentro, destrozaría su colección de fotos de fotomatón, se revolcaría desnudo entre retortijones y entre los penes de goma del sex-shop en el que trabaja, teñido de luces rojas, mientras escucha en su grabadora su colección de risas extrañas... y las risas irían diciendo poco a poco: “Asesina a esa zorra... Asesina a esa zorra...” Y la palabra zorra evocaría una imagen en la memoria de Nino: La foto rota de Amélie vestida de el zorro. Abriría el armario, cogería la espada y marcharía hacia la casa de Amélie para romperla en tantos pedacitos como en la foto. Así la encontraría el comisario (interpretado por Jean Reno) horas más tarde, junto al cadáver de Edward Bloom, que tendría un gnomo de jardín empotrado en el trasero y toda la carne perforada con un cutter para grabar en ella todos los refranes que la madre de Nino recitaba a su querubín cuando era pequeño, para consolarlo de los maltratos a los que era sometido por sus compañeros de clase y posiblemente también por su padre. En las paredes, escrita con sangre de los dos amantes, entre el cuadro de la oca y la lámpara del cerdito, una única frase: Sin ti las emociones de hoy serían la piel muerta de las de ayer. Una hora más tarde, el escritor Hipólito sería encarcelado como principal sospechoso. El detenido sonreiría, porque las sospechas que recaían sobre él eran la prueba de que alguien se había molestado en leer su libro.
Y eso ha sido todo de momento. Ahora procederé a colgar los nuevos microcuentos que he recibido. Son tan buenos que merecen una entrada aparte.
Podréis observar que he archivado todo el material anterior. Ya se empezaba a acumular demasiado texto, y no creo que eso sea bueno. Sobre todo ahora, que me estoy acostumbrando a invocar imágenes en las entradas. El que se haya perdido algo, o quiera rememorar algo de lo anterior, ya sabe que puede encontrarlo en los ARCHIVOS VIOLETAS .
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