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DESTINO: 1 - JUANJO: 1

Llevo en Corralejo desde ayer viernes. Mis padres están en Inglaterra visitando a mi hermana, así que subí antes a mi guarida para poder cuidar de la casa y de los perros.

Pensaba aprovechar estos días para avanzar en mi novela, pero parece ser que el Destino tenía otros planes para mí, y se las agenció para joder (ua vez más) mi ordenador.

Llegué, lo encendí, y no sucedió nada. Solamente un molesto pitido, un teclado bloqueado y un monitor que me mostraba una negrura de muerte y ojos de calavera.

Tenía a mi disposición el ordenador de mi madre, pero no es lo mismo. No me siento igual de inspirado en una habitación que no es la mía, con un ordenador que no es el mío, un teclado que no es el mío... y un feng-shui que no me satisface.

Esa novela es bastante importante para mí, así que no quiero escribirla "de cualquier manera" y "en cualquier lugar". Así que, a falta de ordenador, me dediqué a hacer el vago.

He visto buenas películas ("Hasta que llegó su hora", "El ojo público" y otra que ahora mismo no recuerdo).

Hoy, no obstante, me levanté con ganas de escribir algo, lo que sea. Por no tener no tenía ni conexión a internet para actualizar el blog. PEro me dije a mí mismo que si no quería escribir algo que me importase demasiado, al menos escribiría algo que no me importase en absoluto. Y empecé a escribir un casposo guión de largometraje de aventuras. Una especie de mezcla entre "Fu-manchu" y "Tras el corazón verde". Escribí 20 páginas y me cansé del tema, pero a lo mejor mañana me levanto con ganas de continuarlo.

Si me sale algo decente, mi idea es cedérselo a mi estimado Jaime por si algún día lo quiere dirigir. Y si no me sale decente,al menso sé que me desternillaré de risa cuando lo vuelva a leer dentro de cinco años.

Hoy vi alguns trozos de aquella monumental casposidad llamada "El guerrero americano". Es difícil hacer algo tan cutre, pero teniendo el sentido del humor adecuado, uno puede encontrar algo sublime en esa clase de cutradas.

Todavía me quedan un par de días de guardián de la casa y de los perros. Seguiré informando.

PD: Si pinchan en el link de "Gritos en el pasillo" (abajo a la izquierda) encontrarán una pequeña actualización de nuestra página web aunque, como bien dijo el artesano, es una actualización de mierda. Sigue sin haber prácticamente nada.

VOLVIENDO A ESCRIBIR

No sólo volviendo a escribir en el blog, sino volviendo a escribir novelas!!

Hoy, contra todo pronóstico, de una forma más bien espontánea, he empezado a escribir mi próxima novela, titulada LOS VIENTOS QUE TE NOMBRAN.

Tenía en la cabeza la idea de escribir esa novela durante mucho tiempo, y estaba esperando a tener un momento de paz, un remanso de tiempo libre lo suficientemente grande para hacerlo.

Y como he llegado a la conclusión de que no sé cuándo demonios volveré a tener tanto tiempo libre junto, o si volveré a tenerlo alguna vez. Así que escribiré la novela poquito a poco, en los escasos ratos libres que pueda encontrar para ello, rapiñando todas las horas posibles en los fines de semana o, mejor dicho, todas las horas posibles que me salga de las narices (también llamadas cojones). Y así, poquito a poquito, tal vez Los vientos que te nombran esté terminada antes que Gritos en el Pasillo. Esta tarde he escrito unas 5.500 palabras, y no creo que la novela vaya a ser demasiado larga.

Está mal que yo lo diga, pero de momento estoy contentísimo con cómo está quedando la novela. Me encuentro en plena forma. Creía que después de tanto tiempo sin escribir EN SERIO se habrían oxidado las cosas aquí dentro, pero tengo la sensación de que la máquina de escribir del interior de mi cerebro está más engrasada que nunca. Así que, por mala suerte que tenga la novela, tendrá, como mínimo (si sigue como hasta ahora) un admirador, uséase, yo mismo.

Tengo muy buenas vibraciones con respecto a esta novela. Además: Hace algunos meses, mi querida Ariadna, conocedora y cómplice de mis paranoias a la hora de buscar señales del Destino por todos lados, me dijo dos números, por si significaban algo para mí. Eran el 11 y el 5: Los números de la fila y el asiento de la entrada de cine del día que empezamos a salir (la película en cuestión fue Gosford Park). En su momento no me dijeron gran cosa pero hoy, cuando ya llevaba escritos unos cuantos miles de palabras, me di cuenta de que esta será mi novela número 11, y de que he empezado a escribirla justo a finales del mes número 5.

DÍAS DE CANARIAS Y LIBROS DE DESTINO

Llevo bastante tiempo sin pasar por aquí. No por falta de ganas, lo aseguro.

Han pasado cosas desde la última vez que escribí aquí. Relatarlas todas sería confiar excesivamente en mi capacidad de escritor y confiar más todavía en vuestra paciencia de lectores.

Comentemos, pues, sólo lo más importante. ¿Y qué es lo más importante? Aquello que sea capaz de recordar mientras escribo, digo yo...

Así que empecemos, para romper el hielo con un cincel de buenos recuerdos, con mi peregrinación a la isla canariona para visitar a mi querida Ariadna.

Fue muy poquito tiempo, pero muy bien aprovechado. A mi princesa y a mí nos supo a poquito pero al mismo tiempo nos supo a mil delicias.

Y aunque no tuve la suerte de ver a todos los canariones que me habría gustado conocer, he de reconocer que el Destino tuvo un gusto exquisito al hacerme coincidir en una sesión de cine con una buena parte de la creme de la creme de “Laspalmápolis”. En otras palabras, pude ver la obra de arte de los Coen “Ladykiller” (Exquisita, y con un Tom Hanks inigualable) con una compañía digna de la factura de la peli: Mis estimadísimos Pablo y Marisa, Rubén (¡¡por fin Rubén!! ¡Ganas tenía ya de reencontrarme con ese entrañable ser!) y también el señor Balrog, Urbano, hermano de Marisa, con su novia. Tras conocer en persona a Urbano y haber visto fotos de Javi D, puedo emitir mi veredicto: Los Dorta me recuerdan a Andy García, ¡y son todos clavaditos entre sí!

No contento el Destino con ese trato preferencial, dispuso los elementos para que al día siguiente Ari y yo pudiésemos pasar un agradable rato de nuevo con Rubén, y al día siguiente a ese siguiente día, un vibrante binter nos trajo a la condesa Mayweda a Fuerteventura a hacer un reportaje sobre la isla de lobos, que tiene poca isla y menos lobos, pero es un islote adorable al fin y al cabo, sobre todo cuando se convierte en excusa para que la Condesa se venga a Fuerteventura a comer créppes y gofres con nosotros.

Y no terminan ahí los encuentros, me temo... porque, a menos que equivoque, y a juzgar por las pocas fotos que he visto de él, juraría que me crucé por triana con el único, el inconfundible, el inigualable... Néstor el nestoriano.

El nestoriano vigila el mundo, pero demasiado violeta vigila al nestoriano...

Y ahora, antes de continuar con la presente entrada, vamos a dar paso a la publicidad. Que todos los que necesiten ir a echar una meada o a tomarse un yogourt aprovechen la oportunidad:

Restaurante vegetariano Hipócrates. Si quiere usted deleitarse con todas las posibilidades nutritivas y gustativas de la cocina herbívora (y champiñónica), acuda a Hipócrates. Productos Biológicos, ecológicos, y sabrosísimos. El sitio en cuestión está en Vegueta, en la calle Colón (“antes de los Portugueses” o algo así). Mi querida Ariadna y yo tomamos allí una rica ensalada, unos spaguettis gratinados con bechamel, aceitunas, champiñón y pimientos, un tofú riquísimo, una lasaña de verduras... y de postre un yogur con bienmesabe, un flan de leche condensada y unas cañitas de limón. No es barato, pero tampoco es caro. Y todo te lo sirve una señora ya mayor que, cual si fuera tu madre, te quiere traer más cosas pa embostarte y si te dejas algo de comida te dice: “Rebañen ese plato cómanselo entero, que no tenga ni que limpiar el plato”. El sitio merece la pena. Inviertan en salud, inviertan en sabor...

Fin del primer bloque publicitario Hablaremos ahora de libros. Le comentaba a mi querida Ariadna que últimamente tengo la sensación de que los libros que leo describen las circunstancias por las que está pasando mi vida y la de los amigos que trabajan, hombro con hombro, junto a mí.

Todo empezó con la hermosa (aunque fatigosa e interminable) lectura de “IT”, de Stephen King. Cierto día, allá por la página mil y algo, me di cuenta de que “IT” cuenta la misma historia que nos está sucediendo a nosotros: Un grupo de niños que hace algo importante en su pueblecito natal. Luego, cada uno crece y se va por su lado... pero años después, cuando ya son adultos, cuando han cambiado tanto que ya ni se reconocen los unos a los otros, tienen que regresar al pueblo natal, unirse de nuevo y volver a hacer aquello que hicieron en su día, cuando eran aún tiernos infantes... Y descubren que para hacerlo tienen que volver a descubrir lo que significaba ser niños.

En nuestro caso, lo que hacían los niñatos en su pueblo natal era cortometrajes. Fue la época de Lulú, del Intruso, de los Burgaos Asesinos... Cortometrajes cutres pero que siempre han tenido más éxito, más encanto y más poder para provocar carcajadas que los productos “adultos” y elaborados que los han seguido. Así que aquí estamos con nuestra peli, tratando de hacer d enuevo un “Su nombre era Lulú” de grandes dimensiones, e intentando de una manera casi subconsciente retornar a la niñez, viendo pelis de los años 80, recordando las canciones de Alaska y los electroduendes, buscando a los aurones, asomándonos por las ventanas de la aldea del Arce, gritando de exquisito horror al recordar a Turbotín: aquél adolescente que se convertía en ferrari rojo cuando se mojaba...

Cuando “IT” estaba ya a punto de terminarse, paseé por Las Palmas buscando entre los laberintos de las librerías algún postre que me quitase el atracón del suculento tocho de King.

Llevaba en mi mochila “El viejo y el mar”, de Ernst Hemingway, pero no me apetecía leerlo. El cuerpo me pedía algo de Bradbury.

Estuve en la librería Altair. Encontré allí un regalo para mi querida Ariadna, pero nada para mí. Yo seguía resuelto a seguir buscando un pedazo de Bradbury para el avión de regreso, y entonces, mientras pagaba el regalo de mi princesa, una dependienta a mi derecha le preguntaba a otro señor el nombre del autor que estaba buscando. Y el señor respondió:

- Ernst.

Escucharlo y pensar en Hemingway fue todo uno, aunque en ese momento no me paré a pensar en la relevancia trascendental de esa revelación.

Fue minutos más tarde, ya paseando fuera de la librería, cuando caí en la cuenta de que aquello era una posible señal. Me dio la impresión de que el Destino me dijo a través de la boca inocente de aquél comprador: No es el momento de Bradbury. Ahora te tienes que leer al ERNST Hemingway que tienes en la mochila.

E iba yo pensando en eso cuando, de repente, mi vista repara en el cartel que hay encima de la puerta de una de las tiendas de Triana. En ese cartel, en medio de otras dos palabras, estaba escrito un ERNST como la copa de un pino.

Parecía puesto allí a propósito. El tipo que lo colgase hace años o décadas no tenía ni idea de que era un simple peón en las jugadas del Destino, colocando cinco letras mágicas que se convertirían en una señal significativa para mí y para otros mil peones quizá.

Seguía sin apetecerme empezar la novela de Hemingway, pero después de lo sucedido sólo podía ignorar a medias los gritos del Destino.

Pero el Destino no se conformaba con la mitad de mi atención, así que de repente, un par de minutos después, doble una esquina y me encontré con otra tienda. Y en esa tienda, sobre la puerta, había una cartel más grande que el anterior. Y ese segundo cartel decía: ERNEST.

Ernest Hemingway... Como lo conocen aquellos que se empeñan en españolizar los nombres extranjeros.

Acabé comprándome en Moebius “Cementerio para lunáticos”, de Ray Bradbury, pero tenía ya clarísimo que no me empezaría el libro de Bradbury hasta haber devorado primero “El viejo y el mar”.

Nunca me ha gustado la forma de escribir de Hemingway, pero he de reconocer que la historia del viejo y el mar es preciosa.

Y si con Stephen King vi reflejado en la historia el momento presente, mientras leía “El viejo y el mar” tuve la sensación de que el relato de Hemmingway hablaba del futuro de la película.

Empecé a preguntarme si no seremos como el viejo de la novela. Si no estaremos pescando con todos nuestros esfuerzos un pez demasiado grande para una barquita tan pequeña como la nuestra.

Puede que, al igual que el viejo, consigamos finalmente pescar el pez, pero el pez será tan grande que no podremos subirlo a nuestra barca y ponerlo a buen recaudo. Tendremos que conformarnos con remolcarlo y arrastrarlo hasta tierra firme.

Y no tendremos el material necesario para espantar a los tiburones, y los tiburones acecharán, se acercarán sin ningún temor y empezarán a mordisquear la carne de nuestro pez recién pescado.

Imagínense al pobre viejo, asistiendo al espectáculo impotente. Viendo cómo los tiburones se llevan la carne que el pensaba vender en el mercado para poder ganarse la vida y salvar el invierno...

Es probable que cuando los tiburones de las productoras y las distribuidoras comiencen a atacar a nuestro pez, se lleven toda la carne y no nos dejen ninguna carne que vender. Puede que nos toque pasar frío este invierno, porque tenemos el poder de pescar un gran pez, pero no estamos capacitados para subirlo a bordo de nuestro barco.

Pero os recuerdo una cosa: Cuando el viejo llegó a la costa, sin fuerzas, al borde del desmayo, ya no quedaba carne que vender, pero la barca todavía remolcaba el enorme esqueleto del pez, y todo el mundo vio ese esqueleto y se dio cuenta de la proeza que había protagonizado el viejo.

A nosotros nos pasará lo mismo: Podrán quitarnos el material vendible, pero siempre quedará ahí el esqueleto para demostrar que “nosotros hicimos eso”. Y con eso nos basta. Las espinas del esqueleto no sirven para comérselas, pero con ellas podremos fabricar agujas de primera calidad que nos permitirán pescar otros peces.

Leí “El viejo y el mar” de un tirón, en unas pocas horas. Así pues, a la noche siguiente ya estaba en condiciones de empezar con “Cementerio para lunáticos” de Bradbury. Lógicamente, tras haber visto el presente en el libro de King, el futuro inmediato en el de Hemingway... a una parte de mí le dio por pensar que a lo mejor el libro de Bradbury describía el futuro que vendría detrás del inmediato.

No me disgustaría que así fuese, porque “Cementerio para lunáticos” habla de dos jóvenes promesas del mundo del cine que están empezando a abrirse camino y que son llamados a Hollywood para hacer una película de monstruos. Allí empiezan a codearse con las grandes figuras del cine.

Todavía sigo leyendo ese libro. No es lo mejor que recuerdo haber leído de mi adorado Bradbury, pero sigue siendo lo suficientemente magistral para ser del viejo Ray. En un principio, el libro me enganchó porque, a pesar de que encontraba el estilo literario menos cuidado que otras veces, la trama me parecía muy interesante. A estas alturas de la lectura, me sucede al revés: La trama me parece un poco chapucera, pero el estilo y la prosa han mejorado tanto que le entra a uno tan bien como una clara de verano.

Y eso que no está demasiado bien traducido. La traducción es obra de una tal Laura Mahler, que debe de ser más extranjera que un esquimal, porque, para empezar, suele traducir el “My God” como “Mi Dios”, en vez de cómo “Dios mío”.

Pero es hora de dejar de hablar de libros para dar paso al segundo bloque publicitario: No se pierdan, mañana domingo, en el informativo de las 14:30 de la televisión autonómica la fabulosa noticia en la que los miembros de Gritos en el pasillo nos hablan del ambicioso proyecto que los tiene encadenados a la arcilla y la plastilina desde hace casi un año. Habrá posible repetición en el telediario de las 21:00 (obviamente, también en la autonómica). Los peninsulares que tengáis la televisión canaria en vuestra plataforma de satélite a lo mejor también podéis verlo).

Para terminar, hablaré un poquito de las celebraciones del día de Canarias que empezaron ayer noche en la avenida de Puerto del Rosario, y que continúan siendo hasta Dios sabe cuándo.

El Ayuntamiento ha decidido inaugurar los actos con la puesta en marcha de una hermosa fuente con esculturas que (típico de Puerto) adorna una glorieta. Nosotros pensábamos que no podría sorprendernos demasiado la inauguración de una fuente que llevamos viendo en obras desde hace meses y que ya nos conocemos tan bien como las texturas de los frutos secos.

Pero del mismo modo en que los frutos secos, después de tantos meses, nos sorprenden cuando cobran vida delante de la cámara y los focos, también la fuente de las estatuas luce otra cara gracias a los chorritos cantarines de agua, las iluminaciones efectistas y los despliegues de pirotecnia.

No obstante, lo más bonito de este día de Canarias ha sido ver cómo las culturas de los nuevos inmigrantes también tenían su voz en las celebraciones. Si bien (cosa lógica) el folclore canario era el tono dominante en los eventos, la avenida estaba salpicada de puestitos en los que hindúes, moros, colombianos, cubanos, gallegos y un precioso etcétera daban a conocer sus culturas, sus gastronomías, sus riquezas en definitiva...

El equipo de Gritos en el Pasillo, gracias a ello, ha podido comer hoy de gratis, entre las empanadas africanas y las exquisiteces hindúes.

Y podemos decir con sumo orgullo que el pueblo majorero no sólo no ha entrado en agresivas polémicas debido a ello, sino que... ¡¡le ha encantado!! ¡Están diciendo que quieren que se haga todas las semanas! ¡Sería maravilloso algo así! Un mercadillo multicultural en el que las distintas etnias y formas de ver el mundo que empiezan a habitar la isla se puedan conocer mutuamente.

Meter puestos de “extranjeros” y grupos musicales de “extranjeros” en el día de Canarias es un gran símbolo, pues equivale a aceptar el hecho de que esa gente ya empieza formar parte de nuestra cultura Canaria.

Se respiraba la tolerancia y el compadreo. ¡Cielo Santo! ¡Si había chiringuitos adornados con la imagen corporativa de DORADA en la que se servía cerveza TROPICAL! Si tal cosa es posible, soñar no volverá a ser ningún esfuerzo vano.

Otra de las escenas enternecedoras vino de Las Palmas con la casa de Galicia de dicha capital. Tras un agotador viaje, los gaiteros gallegos llegaron a Puerto, subieron al escenario y nos sorprendieron tocando con sus gaitas, entre sus canciones tradicionales, melodías típicas de las tierras canarias que los han acogido, como “Vegueta”, “Palmero sube a la Palma”, “El Sorondongo”, “Las Isas”, la farola del mar que esta noche no alumbra...

Escuchar esas piezas en las gaitas gallegas también era toda una declaración de intenciones: Una demostración de hasta qué punto se pueden fusionar dos culturas para fabricar, juntas, codo con codo, algo nuevo.

Podría seguir contando cosas, pero creo que esta entrada merece terminar con el sabor de una anécdota tan esperanzadora.

Paladéenla...

Enrique: Cuando aprendas a tener sueños, a lo mejor eres capaz de coger el nombre de mi novia e inventar con él un personaje distinto. Apelo a mi derecho a quejarme de que mi novia salga malparada en una obra que podría adquirir algún día relevancia mundial.

PICNIC GRIS EN DESOLATION ROW

Acabo de leer de un tirón los doce primeros capítulos de El canto de Ariadna Dédalus, del señor Light Artisan. Tengo varias cosas que decir acerca de esa obra. La mayor parte de ellas, buenas. Una pequeña parte, regulares.

Creo que se podrán contar con los dedos de una mano los lectores que puedan apreciar el canto de Ariadna Dédalus como lo he apreciado yo.

Esos “dedos de la mano” somos los escritores que llevamos en esto con el artesano desde el principio. Yo fui uno de los que compartieron con él aquellos años de instituto, cuando estábamos todos pasando ese ineludible sarampión de querer escribir con tomándole la voz prestada a Edgar Allan Poe o a Howard Philip Lovecraft.

En aquella época no éramos más que adolescentes rebeldes, un tanto exóticos en nuestra rebeldía, relativamente maduros y clarividentes... pero chiquillajes al fin y al cabo.

Todos nuestros relatos y poemas eran un escaparate de asesinatos en la calle Morgue, enterramientos primitivos, adjetivos que quedaron fosilizados en los atardeceres del siglo XIX, y que nosotros resucitábamos como ranas galvánicas, creyendo que estábamos haciendo lo más original del mundo. Y cuando Poe callaba, hablaban el manga, o Quentin Tarantino...

Era una época adorable, al fin y al cabo. Y gracias a Dios, es también una época que nunca se marcha sin dejar un sedimento tras de sí.

El canto de Ariadna Dédalus nos muestra a un Enrique mucho más maduro que el de aquellos años. Un Enrique que está encontrando su voz propia, su propia forma de moldear el magma de las palabras... No es tarea fácil. No todo el mundo lo consigue...

En esta nueva época Enriqueña, que en realidad comenzó muchísimo antes del canto de Ariadna, en algún momento indefinido, en alguna curva del pasado demasiado suave para poder ser abarcada con un solo golpe de vista... en esta vieja nueva época de Enrique sigue siendo muy fácil determinar las influencias y referentes del autor, pero uno percibe que (más o menos) sabe lo que está haciendo con ellas. No se trata de un niño jugando con dinamita. La época del niño ya pasó, para dar lugar a la figura de un dinamitero jugando con dinamita.

Hablo con plena conciencia de que existe una posibilidad (tremendamente tangible y elevada) de que la obra que estoy criticando aparezca comentada en los libros de literatura del futuro. El material promete. Promete mucho. Posiblemente en un futuro más o menos lejano llegarán críticos más importantes que yo y harán críticas mucho más importantes que la mía. Pero esta crítica (si no me equivoco) seguirá siendo la primera.

No puede ser una crítica completa, porque tampoco la obra está completa. De hecho, el Artesano sólo nos ha dejado acceso a estos primeros doce capítulos. El peligro de que todo se vaya al garete acecha tras cada punto, tras cada coma, en el negro vacío que separa cada párrafo... La trama es todavía un embrión, una entidad amorfa, indefinida... La trama es, hoy por hoy, un imán para todos esos adjetivos lovecraftnianos que se adosaban cual garrapatas a todos nuestros escritos adolescentes. Cuesta muchísimo trabajo percibirla. Todavía no marca direcciones claras... A estas alturas de la historia, soy incapaz de adivinar si será o no una buena trama.

Pero lo bueno del Canto de Ariadna Dédalus es que uno acaba concluyendo que la trama le importa una mierda mientras cada capítulo esté tan endemoniadamente bien escrito. El Artesano cuenta con un envidiable repertorio léxico y, por si fuera poco, parece ser que sabe cómo usarlo. Crea hermosísimas combinaciones de palabras que definen bastante bien a los personajes y que, sobre todo, generan un ambiente sólido, consistente y hasta cierto punto original (cosa que, a estas alturas del siglo XXI, constituye una proeza). Y todo ello sin necesidad de paralizar la trama con enfarragosas descripciones y e incomestibles crónicas como las que, en mi humilde opinión, asesinan libros como “La estación de la calle perdido”. El Artesano, con dos o tres comentarios sutiles en los lugares adecuados, consigue que percibamos, como por el rabillo del ojo, un mundo igual de creíble que el de esas otras novelas/reportaje, igual de steam punk, igual de kafkiano u orwelliano... pero mucho, mucho, mucho más digerible. Porque para las indigestiones literarias no se remedian con bicarbonatos lingüísticos, sino con economía de palabras, entendiendo por “economía de la palabra” la ciencia de saber en qué momentos hay que racionar las palabras y en qué momentos podemos permitirnos una orgía.

Especialmente destacable y elogiable es el hecho de que ese ambiente está más descrito por omisión que por adición. Curiosamente, la ciudad, el entorno, los propios ciudadanos adquieren credibilidad no porque se nos explique hasta la talla de calzoncillos que visten, sino porque el Artesano, como quien no quiere la cosa, va dibujando una serie de vagos contornos... y esos contornos acaban formando un hueco... y en ese hueco solamente pueden caber esa persona determinada,, esa determinada ciudad. El señor Light Artisan juega con todos nuestros referentes culturales y con todas nuestras ideas pre-concebidas para que nosotros mismos, con la ayuda de una pocas palabras, podamos verter las imágenes en los huecos habilitados para ellos, como si fueran un baño de plomo fundido.

Paralelamente a eso, o tal vez como resultado de eso, el mundo que sugiere esta novela (o proyecto de novela) se cimenta en el caos, la incongruencia, el sinsentido... y esos materiales resultan ser más sólidos que los densos hormigones habituales.

Si hay algo que me haga de sentir una pizca de rechazo (por pequeña que sea) hacia El canto de Ariadna Dédalus se trata de una cuestión estrictamente personal.

Los que conocemos bien al Artesano de la luz sabemos que a veces se comporta como una especie de “urraca literaria”. Cada vez que divisa algo que resulta brillante para sus ojos, lo coge con su pico y alza el vuelo, para a continuación depositarlo en el nido de sus escritos. En ciertas ocasiones la urraca enriqueña aprecia un destello, un tenue brillito en una frase dicha o escrita por otra persona, en un personaje de una obra ajena, en una subtrama... Y normalmente cuando la urraca enriqueña le coge a uno algo suyo, es todo un honor. Pocas veces me he sentido tan halagado desde el punto de vista literario como cuando el Artesano se ha llevado a su nido algún retazo de alguna de mis obras.

Pero, ¿qué ocurre cuando el tesoro brillante que atrae la mirada de la urraca es tu propia novia? Curiosamente, me afecta más el vuelo de la urraca cuando lleva entre su pico una cosa que no me pertenece: Mi querida Ariadna.

Es una cuestión escabrosa. ¿Tiene derecho un escritor a apropiarse de la vida de la gente, a vulnerar la intimidad de otras personas, a coger la mitad de la vida o la forma de ser de una persona y mezclarla con otra mitad que él mismo se ha inventado?

Creo que no hay reglas establecidas para esa clase de cosas. A mí, personalmente, cuando una chica (o un chico) me inspira, intento tratar el asunto con la mayor delicadeza posible. Para empezar, nunca utilizo el nombre original de la persona que me ha inspirado, y siempre distorsiono los personajes para que en ningún momento sea posible la identificación clara. Y si alguna vez me da por utilizar el nombre de una persona que conozco (como que pasó con mi querida Ariadna bastante antes de empezar a salir con ella) me aseguro de crear con ese nombre un personaje totalmente distinto a la persona que conozco con ese nombre. Es, a mi juicio, una cuestión de respeto a la intimidad. Da igual si el personaje resultante coincide o no totalmente con la forma de ser de la persona que lo ha inspirado. Da igual si se comporta igual o no. Da igual si tiene o no el mismo pasado. En cuanto uno le pone al personaje el mismo nombre y el número estricto de claves para que la persona inspiradora pueda ser identificada de forma explícita, el daño ya está hecho.

Es como cuando uno suelta un falso rumor sobre una persona famosa. Da igual si el rumor es o no cierto. Desde ese momento, ya no dejarán a esa persona en paz.

En El canto de Ariadna no sólo se llama Ariadna el personaje, sino que dicho personaje es descrito con el número suficiente de referencias comunes para que todo el mundo sepa de dónde está sacado.

Y, por poner un ejemplo exagerado: Supongamos que la vida me llevase a tener hijos con mi querida Ariadna y, al mismo tiempo, el canto de Ariadna se convierte en uno de los libros más leídos de la literatura española. ¿Qué le diría yo a mis hijos si un buen día me viniesen diciendo:

- Papá, papá, ¿por qué en este libro dicen que mamá es una puta a la que todo el mundo tortura y hace sangre en los barrios bajos?

Pero bueno. Lo cierto es que, por mucho que a mí pueda chocarme y afectarme esa licencia del Artesano, es mi querida Ariadna quien tiene en todo caso el derecho a decidir si esas licencias son o no ofensivas para ella.

Así que yo, después de un necesario desahogo, intentaré limitarme a partir de ahora a apreciar la obra estrictamente desde el punto de vista literario, que es donde residen todos los grandísimos valores que veo en ella.

YO NO SOY TU ÁNGEL

El título de la entrada de hoy, también plagiado de una canción de Cristina Rosenvinge, va dedicado a Valsay, que al parecer siente hacia la canante pálida más aprecio todavía que yo.

Ciertamente es una alegría encontrar en los comentarios palabras de amigos a los que hace tiempo que no leía, como Valsay (confieso que tienes razón... Van Helsing tiene cierta tendencia a provocar aburrimiento...) y a mi estimadísimo y lejano (más estimado que lejano) Kino.

Finalmente he encontrado el hueco (y la necesidad) de visitar mi ordenador antes de mi viaje de mañana a Laspalmápolis,como la suele denominar mi amigo el artesano de la luz que, por cierto, está agonizando actualmente en su cama con la garganta en carne viva.

Aunque mi prioridad absoluta y deseadísima es pasar este fin de semana junto a mi queridísima princesa, no descarto la posibilidad de que el Destino se marque el puntazo de hacerme coincidir con algunos de los entrañables y canariones lectores de este blog.

El asunto Gritos en el Pasillo sigue yendo genial. Seguimos en fase de pre-rodaje, acosados por los medios de comunicación y obteniendo imágenes que nos animan más y más. De hecho, ya tenemos un par de trailers montados que podrán ustedes disfrutar en cuanto tengamos tiempo para actualizar la web.

Suerte a todos, y que el mundo siga girando como una graciosa bailarina de ballet. La linterna tuberculosa y agonizante

EL PRÍNCIPE VUELA HACIA EL TORREÓN DE LA PRINCESA

¡Tengo billete! ¡Tengo billete!

Todo ha sido muy rápido. Una decisión sobre la marcha. Mi querida Ariadna y yo necesitamos compartir un par de días juntos antes de que empiece mi tempestad de rodaje y su tempestad de exámenes.

El sábado que viene, día 22, mientras unos príncipes anodinos se casan, el verdadero príncipe, el verdadero rey, volará hacia los verdaderos brazos de la verdadera princesa.

Estaré en Las Palmas de sábado a lunes. Espero encontrar tiempo para poder ver a los amigos canariones.

EL DÍA QUE MOZART REGRESÓ

Adoro a esa moneda. Aparece muy pocas veces en mi vida, pero su sabor metálico es el sabor del Destino. Me refiero a ese euro austriaco que tiene tatuada la cara de Mozart. Desde aquella racha que tuve hace tiempo en que me lo encontraba cada dos por tres en momentos clave, terminé asociando el significado simbólico de esa moneda a la banda sonora de nuestra película, Gritos en el pasillo.

Llevaba meses sin encontrarme al euro de Mozart. Casi me había olvidado de él. Y de pronto, un día de esta semana, el euro austriaco llegó a mi monedero, se limpió los pies en el felpudo que hay justo delante del bolsillo de las monedas y le dijo a mi mayordomo: He regresado.

Había regresado.

“Hoy va a llegarme una noticia relacionada con la banda sonora de la película”, pensé.

Unas cuantas horas más tarde, yo estaba en la cocina preparando un revuelto de huevos, queso y salchichas de pavo. Las rodajitas de salchicha hacían el amor con los taquitos de queso entre sábanas amarillentas de huevo batido. Y de repente... el teléfono móvil de Alby comenzó a sonar.

Alby lo cogió.

- ¿Diga?

La voz del otro lado de la línea comenzó a hablar:

- Hola, ¿eres Alby? Yo soy Arístides.

- ¿Arístides? – entonó Albynubio, desconcertado.

- Moreno – respondió la voz del otro lado de la línea.

- ¡Ah! ¡Moreno! – exclamó Alby, más desconcertado todavía.

Arístides Moreno empezó a descojonarse de risa. Lo primero que Enrique y yo pensamos es que se trataba de una broma. Pero no... Era real. Era el verdadero Arístides Moreno. Un par de meses atrás le habíamos hecho llegar una copia del guión de Gritos en el Pasillo, junto a un dossier, una copia de nuestro cortometraje del bardino y una carta bastante freak y confiansúa. Le preguntábamos en la carta si estaba interesado en hacernos una canción para la película.

Pasaron los días, pasaron las semanas... las semanas empezaron a coagularse en meses... y nos olvidamos del asunto. Y de repente, ese día, Arístides Moreno nos da señales de vida para decirnos que está muy liado, pero que quería que supiésemos que está muy interesado en participar en el proyecto, que ya tiene algunas cosas pensadas y en cuanto pueda intentará grabar una maquetilla y mandárnosla. Nos dijo también que no podía ver el corto del bardino, porque no se reproducía en su playstation. Esa parte hizo que Enrique y yo nos desternilláramos de risa.

Así que esa ha sido nuestra última incorporación al proyecto: Arístides Moreno. El gran Arístides. Nos dio sus números de teléfono y ya estamos en contacto con él. De momento no hay nada formalizado. Sólo buenas intenciones y parece ser que ilusión por ambas partes, pero tener a Arístides interesado en el proyecto es una poderosa arma de promoción en el ámbito canario.

Podríamos decir, en términos generales, que desde que hemos “acabado” con las manualidades y hemos empezado con el trabajo de pegaplanos y cuentacuentos están lloviendo las oportunidades de conseguir fama y prestigio para el proyecto. Lo de Arístides es un hecho notable, pero no es, ni mucho menos, un hecho aislado. Ya hemos salido en el programa de Mar Chacón (el de mayor audiencia en las teles locales de nuestra isla), y la próxima semana nos espera un maratón: la televisión autonómica, la Provincia, crónica 100, radio archipiélago... La gente empieza a oír hablar de la película más aún que antes. En las calles de Puerto uno casi puede percibir cómo flota la conciencia de que esos tres locos están haciendo una película... y la gente comienza a tomarse el proyecto en serio. Muy en serio...

Todo eso es bueno, porque significará más facilidad para conseguir financiación a nivel insular, nos pondrá en contacto con más gente dispuesta a ayudar (ya se han ofrecido a ayudarnos algunos de nuestros antiguos alumnos) y lo más importante para mí: Nos garantizará aún con más fuerza la permanencia en la sala. Si las cosas crecen al ritmo en que están creciendo, nadie tendrá valor ni interés en expulsarnos de esa sala.

Quiero rodar la película en ese taller. No sólo por lo traumático que sería tener que trasladar todo el material a otro lugar. Eso pesa muchísimo, pero hay algo más: La carga simbólica, emotiva, mágica en cierto sentido... que sigo apreciando en el hecho de que el edificio en el que estamos era anteriormente el Cine Marga... el cine en el que vimos nuestras primeras películas... El hecho de que la sala en la que estamos coincide concretamente con el lugar en el que estaba el proyector de dicho cine.

Sí... Esa sala huele a Destino... A Destino y a plastilina.

Las pruebas de cámara que estamos realizando con los decorados de la película están dando resultados realmente satisfactorios. Esas pruebas están ahí para decirnos que el rodaje va a ser muy puto y muy largo, pero que va a merecer la pena. Vamos a hacer algo grande con esto. Se trata de algo grande muy pequeñito y humilde. Pero algo grande al fin y al cabo... Algo grande porque nos estamos dejando en ello tiempo, sudor, años de vida, el poco dinero que encontramos en nuestros bolsillos, horas de sueño, neuronas, dioctrías... e incluso algo de sangre. Da igual si tiene éxito o no. Da igual si la gente lo comprende o lo abomina. Si conseguimos terminarlo... si llegamos a ese fin... si la peli llega a ese fin sana y salva, y nosotros también... entonces habremos hecho algo grande, habremos cerrado una etapa de nuestra vida y habremos comenzado otra, habremos llegado a la cima de la montaña y nos dará igual el paisaje que hallemos en lo alto. Nos parecerá endiabladamente cojonudo. Nos habremos demostrado muchas cosas a nosotros mismos, y habremos demostrado también un par de cosas al mundo, aunque el mundo grite tanto y vaya tan deprisa que no se dé cuenta de ello.

Da igual si la película alcanza el enorme éxito que pronostican algunos o si desemboca en el fracaso que acaso auguran otros entre líneas. Da igual si el resultado es un gris término medio entre los dos extremos. Para nosotros será un éxito, porque si conseguimos llevar esta empresa a buen fin, sabremos que seremos capaces de afrontar lo que se nos ponga por delante. Miraremos con indiferencia a los nuevos cineastillas que surjan pavoneándose, con esa indiferencia que percibimos en la mirada del excombatiente lisiado que mira a los presumidos guardas de seguridad de la puerta de la discoteca y podremos decir, al igual que el excombatiente: ”Aficionados...”

Y eso será tan sólo el peor de los casos. Dudo mucho que tengamos que llegar a eso. Este proyecto no puede fracasar. Hay demasiadas energías positivas de la gente que nos apoya, hay demasiadas señales del Destino, hay una inexplicable benevolencia en la forma de proceder del Cosmos; nos obsequia con problemillas diminutos, para poder permitirse el lujo de no jodernos con ningún problema de los gordos, hay demasiadas expectativas para ser defraudadas, hay demasiada gente que se ha quedado enganchada, o intrigada o maravillada al oír hablar del proyecto, o al leer el guión, o al ojear el dossier, o al ver las maquetas, o las fotografías... Y... ¡qué cojones! Sabemos lo que estamos haciendo, y eso es algo que no podrán decir muchos directores en este maldito país. Sabemos lo que hacemos, sabemos cómo lo estamos haciendo... y estamos siendo honestos y humildes con nosotros mismos. De alguna manera misteriosa, estamos encontrando nuestro propio lenguaje, nuestra propia estética... Tal vez el estilo, el verdadero estilo, no venga determinado por esas ideas e imágenes que tenemos en mente (esa ensalada de influencias e ídolos que se combinan para generar monstruos de frankenstein nunca vistos; un brazo de Burton, un pie de la Hammer, un tornillo de Lynch (el que le falta a Lynch), un ojo de Hitchcok, el otro de De Palma, un hombro de la Corman, las orejas de Poe...). Todo eso ayuda, por supuesto... todo eso es el sustrato... pero creo que lo que termina de cincelar el acabado final es la forma, totalmente personal y propia que tenemos los artistas de afrontar los obstáculos que se presentan en el camino. Sí... creo que esa es la guinda del pastel del estilo: Cuando la idea se enfrenta al mundo real, no puede adaptarse bien a él, y empieza a deformarse... los artistas se esfuerzan a toda prisa en moldear la ensalada que acaban de vomitar, para que se amolde mejor a los páramos del mundo tangible... y el resultado es el ESTILO con letras mayúsculas en times new roman doce.

Creo que eso nos está sucediendo en Gritos en el Pasillo. Da igual que hayamos crecido y/o madurado con Burton, Hitchcock, Lovecraft o Poe. El mundo real va erosionando poco a poco nuestros corsés platónicos. Va echándole un poco de sal a la ensalada... y entonces uno se detiene, mira hacia atrás y se da cuenta de que en algún lugar del proceso uno ha dejado de hablar con la voz de sus ídolos y ha empezado a hablar con su propia voz. Porque uno se encuentra con esos problemas imprevistos, con las despiadadas aristas de la praxis... y piensa, ¿qué harían Burton, Spielberg y Poe en una situación como esta? Y es entonces cuando uno, casi inconscientemente, responde: “no tengo ni puta idea”. Y es entonces cuando no queda más remedio que acudir a la propia voz, las propias ideas, las propias ilusiones...

Y si eso sucede cuando uno pinta o escribe, imaginaros el resultado en un largometraje, en el que siempre, por cojones, tiene que trabajar más de una persona.

Pero bueno... que los admiradores de Burton, Poe o la Hammer no se alarmen. Creo que estamos haciendo nuestra la historia, pero todavía queda mucho de Burton, Poe o la Hammer en nuestra peli. Las ventanas rezuman gabinete del doctor Caligari, los cementerios acogerían con una sonrisa a Christopher Lee o Peter Cushing, los árboles lindan con Sleepy Hollow por un lado y con Miyazaki por el otro. Y juraría haber divisado la silueta de Vincent Price a través de la cerradura de una puerta...

Otro curioso punto de inflexión en mi vida: Ayer me llegó el primer contrato de guionista de mi vida. Tengo que imprimirlo por triplicado, firmarlo y enviarlo a Madrid. Parece ser que una televisión chilena se ha interesado en aquella teleserie que escribí por encargo hace ya unos cuantos meses. No sé a dónde me llevará eso, pero tampoco me importa demasiado. Me dejo llevar, como en las cintas transportadoras de los aeropuertos.

Me despido prometiéndole a Rubén que si el Destino me lleva un día de estos hasta “Un verano tenebroso” recordaré su recomendación.

Y me re-despido con una cita de Ray Bradbury, extirpada de "Zen en el arte de escribir". Una cita sobre la forma de Bradbury de enfocar la vida del escritor:

"Todas las mañanas salto de la cama y piso una mina. La mina soy yo. Después de la explosión, me paso el resto del día juntando los pedazos."

MUERTOS O ALGO MEJOR

No os asustéis. Es sólo el título de la canción de Christina Rosenvinge que estoy escuchando en estos momentos.

En realidad mi vida en el momento actual podría calificarse de GUAY. Mañana (como estaba previsto) meteremos en la sala la cámara, los focos... es decir, las cosas que ya empiezan a “oler a rodaje”.

Pasaremos toda la semana haciendo las pruebas de cámara y movimientos que estaban previstas y rematando algunas cosas que quedan de las cuestiones de decorados y similares. Muchas de esas cosas nos iremos dando cuenta de que faltan conforme las vayamos necesitando. Así que es mejor ir necesitándolas para las pruebas de esta semana que ya en pleno rodaje.

Todo va tan bien como cabría esperar. Así que espero que al señor Cabría Esperar le vayan las cosas de miedo. Si es así, es muy posible que la semana que viene la empecemos ya con el plan de rodaje en la mano, y tachando planos... Empezando a tachar los más de 700 planos que tenemos que rodar...

Aún no sé cómo nos las vamos a arreglar para hacerlo. No sé cómo nos las vamos a arreglar para poder contar cada día con el número de personas necesario. No sé si cualquier día, de buenas a primeras, nos quitarán la sala y nos pondrán de patitas en la calle. No sé una mierda. Pero, ¿a quién demonios le importa? Como diría Dustin Hoffmann en la cortina de humo, “¡Esto no es nada!” Es pan comido para nosotros.

El pasado viernes fuimos a ver Van Helsing. Encontré en ella grandes fallos del guión, una trama con agujeros del tamaño del lago ness, serios problemas de ritmo, un poco de torpeza en los diálogos, excepto en dos o tres frases... Pero a pesar de todo ello, pasamos un muy buen rato. La peli fue entretenida, divertida, palomitera... y retoma un género que merece ser retomado. Creo que si hubiese tenido un ritmo más logrado, todos los demás defectos los habría acogido con muchísimo más cariño.

Y hablando de ritmos plomizos: Una vez más me he dejado llevar y he caído en las garras de un libro de Stephen King. Pero esta vez he sido un poco más listo y no he abierto una de sus novelas más desapercibidas, sino una de las más ensalzadas.

Sí... Me estoy leyendo IT de Stephen King,, y me está gustando mucho. El ritmo con que King cuenta las cosas sigue siendo desesperantemente lento, pero en esta novela, curiosamente, es un ritmo que entra bien, con mucha vaselina. Quizás porque, a pesar de ser una historia de monstruos, lo que más le interesa a uno no son los monstruos, sino los propios personajes y los ambientes en que viven. Veo en esta novela lo mismo que deducía de los otros textos que he leído de King: En realidad es un autor un poco torpe para la acción y el terror, y debería dedicarse a escribir novelas psicológicas de personajes. Se le dan mejor.

De un modo u otro, con este libro estoy aprendiendo a valorar y admirar a Stephen King. No sólo es un libro inteligente, sino que está muy bien escrito. Con una prosa sencilla pero elegante, sin la sobriedad y desaliño de gran parte de la prosa actual, pero sin llegar tampoco a las retorcidas y anacrónicas florituras de la literatura gótica. Una prosa con claras reminiscencias a Ray Bradbury (más que confesadas de forma explícita a lo largo de la obra) y, yo diría más: Con una gran influencia de “El vino del estío” de Bradbury. Le contaba anoche a mi querida Ariadna que estoy descubriendo que esa novela de Bradbury ha influido a los nuevos escritores mucho más de lo que yo pensaba. En un intervalo de cuatro o cinco libros he encontrado tres libros que apostaría mi... nariz a que están en deuda con esa novela de Bradbury. Yo también pertenezco al club. No sé hasta qué punto estuve influido por ese libro cuando escribí La isla de las gaviotas, pero una cosa sí es clara: Fue leer el vino del estío y Zen en el arte de escribir, también de Bradbury, lo que me animó a escribir la isla de las gaviotas. La historia de esa novela se me había ocurrido el año anterior, pero la dejé aparcada en algún cajón de mi mente. Puede que si Bradbury no hubiese aparecido con esa novela, la isla de las gaviotas nunca habría salido al exterior y se habría quedado dentro de mi cabeza cogiendo polvo.

Pero no fue así. Decidí encerrarme a escribirla durante el otoño tardío del año 2002, y dos semanas y media más tarde la había terminado. Creo que es una novela muy Bradbury, y no en vano el señor Bradbury aparece en los agradecimientos.

Pues lo dicho: Con IT estoy descubriendo un nuevo Stephen King. Recuerdo que la última vez que leí algo suyo (La Niebla) me entraron ganas de escribir alguna novela de terror, porque era consciente de que yo podría hacerla mejor. Ahora llevo más de 600 páginas de IT, y mientras la leo me entran ganas de escribir alguna novela de terror para ver si yo alguna vez sería capaz de escribir algo tan bueno.

También me he dado cuenta de una cosa que me hace reflexionar. Todos los días leo un buen trozo de libro y, al contrario que en las restantes obras que he leído de King, no me entran ganas de dejarlo abandonado para siempre. Y sin embargo, tampoco lo estoy devorando. Por fin llegó mi fin de semana, y apenas he leído el libro. Solamente la cantidad habitual. No me entran las ganas de leer sin parar, de forma compulsiva, que me pueden llegar con un libro de Harry Potter o de Orson Scott Card.

Para ser exactos, me he dado cuenta de que normalmente los libros que me parecen mejor escritos no son los que más me enganchan, ni los que más adicción me generan.

Posiblemente se deba a que para pulir el estilo y explayarse de veras en las descripciones, los personajes, los ambientes... hay que sacrificar la fluidez de la trama, que a fin de cuentas es lo que suele enganchar al lector.

Por lo tanto, es como si uno tuviera que decidir entre engancharse y querer siempre correr a continuar con el libro o a deleitarse en el momento de la lectura no por la historia, sino por el propio estilo de la escritura.

A veces miro hacia mí mismo y me doy cuenta de que mi principal búsqueda, mi principal reto a la hora de escribir consiste en intentar unificar esas dos cosas, intentar encontrar un término medio entre la poesía de la palabra, la ambientación, los personajes... y la fluidez y el dinamismo de la trama.

Y no sé si será como mezclar agua y aceite, como ponerle una vela a Dios y otra al Demonio... Tal vez no se pueda conseguir con eso un híbrido que no llega a destacar en ninguna de las dos vertientes. No sé si me llevará a algo medianamente grande ese camino, pero es mi camino, y me alegra haberlo encontrado. CORRECCIÓN: Me alegra que ese camino me haya encontrado a mí.

Sí... Estoy reflexionando sobre el “Juanjo Escritor”. Los que hayan leído IT saben que aparece un personaje escritor, y siempre que eso ocurre en una novela, suelen hablarte de cómo se abrió camino en el mundo de la escritura, cómo empezó, cómo le nació la vocación... Y siempre que yo leo esas cosas en las novelas ajenas acabo planteándome esas preguntas en mi propia vida, e incluso cayendo en la conciencia de cosas sobre mí que ignoraba conscientemente, o recordando cosas que no suelo recordar, como en esta ocasión...

Hoy recordé, de pronto, que llevo más tiempo con mi vocación de escritor de la que yo creía. Normalmente tiendo a pensar que todo empezó sobre el año 1995, cuando escribía mis primeras poesías; esas que el adolescente tímido en que uno se ha convertido no se atreve a enseñar a nadie. Esas que uno guarda en una carpeta que está cerrada bajo siete candados imaginarios... y dos endebles gomas elásticas. En el año 1996 empecé a escribir con más asiduidad, al igual que mis compañeros de El clan de los cadáveres poéticos. Eran cosas pequeñitas e inocentonas, pero ya era un comienzo. Los años 1997 y 1998 fueron muy productivos. Hubo tres cosas que supongo incidieron en mis cambios de estilo: Ir a vivir a Madrid, un entorno urbano. El ambiente universitario (con todo lo bueno y todo lo malo) y el poder disponer de un ordenador para mí solo para escribir todo lo que me viniera en gana. Desde entonces nunca he dejado de tener un ordenador para mí solo, y creo que ya no podría vivir sin él. Forma parte de mi propio cuerpo :P

Y en el año 1999 llegó la explosión. Fue el año en que decidí de forma consciente que quería ser escritor. Y me consagré a ello con todas mis fuerzas. Ese año escribí mis dos primeras novelas, el primer recopilatorio de cuentos que “iba en serio”... y en los cuatro años siguientes fui escribiendo las otras ocho novelas, los restantes recopilatorios de cuentos, más poesías, guiones de largo, de medio, de corto... fue el período más productivo de mi vida, y lo echo de menos. En aquellos años el tiempo era distinto. Los días parecían tener más horas...

Todo eso es lo que uno siempre recuerda. Pero el otro día recordé que mi gusanillo por la escritura venía de mucho antes. El colegio fue mi primera escuela de escritura. Cuando todavía me comía los mocos, recién abandonado el preescolar, cuando eso de haber aprendido a leer era aún una novedad, ya nos mandaban en el colegio escribir poemas. Yo estaba muy contento con los poemas que escribía. No sé si estarán en algún sitio, pero vistos ahora deben ser mierda. A mi madre le encantaban, pero por eso mismo ella se llama “mi madre”. *:P

Los recuerdos más definidos los empiezo a tener a partir de cuarto y quinto de EGB. En aquellos tiempos era normal que cada día nos mandasen escribir un relatito. Recuerdo que había dos personas que todos los días o casi todos leían el suyo. Ya era una costumbre. Una de esas personas era mi antigua compañera Irene. Una de las personas más brillantes e inteligentes que he conocido. Y ya en aquellos tiempos de los nueve o diez años de edad era una de las mejores escritoras que he conocido. La segunda persona era yo. En aquella época ambos cosechábamos nuestros primeros aplausos como escritores. Claro que eran aplausos de otros niños de nueve o diez años que probablemente aplaudían muchas veces por aplaudir, más como costumbre que como respuesta realmente meditada hacia el estímulo literario que acababan de recibir.

Ya en aquellos tiempos mi destino como escritor estaba definido. Recuerdo que Irene leía sus relatos y eran preciosos. Con un repertorio de vocabulario que nadie tenía en aquella época, con una sensibilidad especial para describir paisajes, elementos cotidianos. Muchos alumnos decían que en realidad eran sus padres quienes le escribían los relatos, pero yo estoy seguro de que los escribía ella. Terminaba de leer sus relatos, y allí estábamos todos admirados hasta la médula.

Creo que yo en aquel entonces ya sabía que no era capaz de hacer nada así. No tenía tanto vocabulario, ni tenía tanta capacidad para comprender y describir el mundo que me rodeaba. Ya por aquél entonces prefería inventarme mis mundos.

Así que yo entregaba a aquel auditorio infantil lo único de lo que era capaz: Aventuras, momias, monstruos, dinosaurios, grutas misteriosas, islas del tesoro. Y funcionaba... Sé que mi prosa era basura, pero captaba la atención de los demás mocosos. Les estaba dando lo que querían: fantasías, imaginaciones, sueños, pura serie B sin conservantes, pero con muuuuchos colorantes. Evasión pura y dura, cosas que no se iban a encontrar en sus vidas reales.

Si llegaba la típica redacción de hacer un cuento sobre cómo habíamos pasado las vacaciones, pues, bueno... todos agradecían bastante que en mis vacaciones hubiese algún que otro vampiro, o que el Lago Ness estuviese a un par de manzanas de la casa de mi abuela. No recuerdo exactamente los contenidos de las historias. Solamente recuerdo esos retazos: Momias, fantasmas, lago Ness, piratas... Imaginación pura y dura sin procesar, sin riendas, sin domesticar... ya habría tiempo para eso. En aquellos tiempos sólo contaba lo único que tal vez debe contar: Sorprender al público. Recuerdo que cuando ya no quedaba nada nuevo que decir, me marqué la chulería de hacer la redacción de aquel día en verso. Recuerdo que fue un éxito. No sé qué clase de ripios puse en el papel, pero a aquellas edades todo se consiente. El profesor y los alumnos acogieron con gran voracidad aquella historia melodramática que, recuerdo, trataba de un niñito ciego que para recuperar la vista tenía que viajar solo hacia una laguna donde un dragón o un dinosaurio le podía devolver la vista. Todo narrado con versos cutres y rápidos.

Era una época bonita. Llegué a acostumbrarme a escribir los relatos, a leerlos en público... y a los aplausos. Mentiría si dijese que los aplausos me daban igual. En esas edades todavía era un poco autista, pero no tanto. Me gustaba sentirme aceptado, y no era fácil cuando uno era uno de los “empollones de la clase”, un blanquito flacucho y debilucho que no sabía jugar al futbol. Leyendo IT de King me he dado cuenta de que yo podría haber sido uno de los niños inadaptados que protagonizan la historia. Yo solamente me podía defender con los pocos dones que encontraba en mí mismo en aquellos tiempos. Era el que más rápido corría, el que más saltaba pero, sobre todo, sabía sobornar a los demás niños con mis locas fantasías. Sólo duraba unos minutos, pero quizá en aquellos tiempos ya sabía yo, durante aquellos pocos minutos de cada día, que tal vez esa fuese la única forma en que iba a saber ayudar (mejor o peor) a los demás.

Ese fue el primer curso de mi escuela de escritura particular. Aprendí que los niños no quieren comer kaviar. Prefieren tarta de chocolate, gominolas y carne de cualquier tipo o calidad, pero ¡empanada, por favor! Y... bueno... en algunos aspectos creo que todos seguimos siendo niños...

Aunque haya escrito más sobre mí, en un alarde de egocentrismo, he de dejar constancia de que los escritos de Irene eran muchísimo mejores que los míos. Y si hoy en día todavía sigue escribiendo, estoy seguro de que seguirán siendo mejores.

El segundo ciclo de ese curso de escritura particular llegó en octavo de EGB, y lo compartí con Alby. Creo que a ambos nos impactó demasiado encontrarnos cara a cara con la muerte el año anterior, en séptimo, cuando una de nuestras compañeras, Clara, murió repentinamente. Era una criatura frágil y pálida, una especie de versión infantil de las infortunadas amantes de Poe. Y empezó a morirse delante mía, junto a mis propios pies. Afortunadamente, no terminó de morirse allí, sino en el hospital, aquella misma tarde, si mal no recuerdo. Aquello pasó, pero creo que plantó en nosotros una semilla curiosa. Fue el primer contacto real con la muerte, ¿y cómo reaccionamos nosotros? Burlándonos de la muerte. Provocando a la muerte, haciendo chistes de ella y diciéndole a la cara, no puedes hacernos nada, no nos importas miiiira cómo no reímos de tiiii!!!

Fue una época maravillosa. Del mismo modo que en 4º o 5º escribía para escuchar las risas y los aplausos (oh, soberbio de mí!) en octavo Alby y yo teníamos una motivación todavía más deliciosa: Escandalizar a nuestra profesora de lengua, la que nos mandaba escribir los relatos.

Escribíamos relatos macabros, con un humor negrísimo. No sólo eran macabros. Llegaban a ser gore...

Todavía recuerdo cuando leí el relato que empezó todo. Lo leí sentado en un pupitre junto a la ventana, y el escándalo fue tal y como habíamos previsto. No recuerdo exactamente la historia. Sé que había muerte, muuuuuuuuuucha muerte... y que transcurría en el propio colegio. Lo que único que recuerdo era una sola frase. El protagonista de la historia estaba aburrido, en la misma mesa donde yo estaba leyendo el relato, miraba por la ventana hacia el jardín trasero del colegio. Y la frase decía: “En el jardín no había nada raro, salvo el cadáver de don Atanasio, que seguía pudriéndose al aire libre, ya que la funeraria se retrasaba como el reloj de la iglesia”.

Don Atanasio era el portero real del colegio, y aquello causó alguna interjección en los oyentes. Creo que fue uno de mis primeros símiles macabros, ¡y además había crítica social! Me quejaba de que el reloj de la iglesia nunca estaba en hora. Eso era ser un escritor comprometido con mi propia sociedad, era compromiso social, era costumbrismo... Para que luego digan que en una sola frase no puede ser uno subversivo en más de un sentido, asesinando al símbolo del orden y la limpieza y quejándose de un reloj público.

Aquella chispa encendió una costumbre endemoniadamente divertida. Alby y yo comenzamos a escribir relatos de ese tipo, y se inició una guerra con la señorita Nena, la profesora que nos mandaba esos relatos. Intentando ser más lista que nosotros, cada día escogía para el relato el tema más inocente que se le ocurría, para evitar que pudiésemos encontrar en ese tema la forma de hacer cuentos macabros. Daba igual. Lo conseguíamos de todos modos. Otras veces nos obligaba a escribir los relatos teniendo que usar determinadas palabras que ella nos imponía. Obviamente, aquello no significaba ningún inconveniente. Lo hacía más divertido.

Daría casi lo que fuera por recuperar esos relatos y volverlos a leer. No recuerdo casi ninguno. Sí recuerdo, por ejemplo, que cierto día me piqué con un compañero de clase. Bueno... nos picamos mutuamente. Así que lo convertí en el protagonista de la historia del día siguiente. Ese compañero, llamémosle “X”, por no llamarle Jose Antonio, iba a la peluquería en mi relato, y el peluquero lo ataba a la silla y le hacía todo tipo de animaladas. Pobre J.A. Precisamente antes de ayer me lo encontré en una parada de guaguas. Ha crecido, y me alegré de comprobar de que hasta ahora los peluqueros por los que ha pasado deben de haber sido más benevolentes que el que le presenté en mi relatito.

Creo que nuestra profesora en el fondo también se divertía. Tenía que escandalizarse, por supuesto. ¡Era su deber! Pero tampoco hacía demasiado por impedir nuestros excesos. Simplemente, interpretaba su papel en el juego.

Pero creo que un día llegué demasiado lejos. Escribí una historia ambientada en el circo. Los niños acudían ilusionadísimos a ver al gran payaso Fofó. Y allí estaba Fofó, moviéndose junto a los demás payasos, pero se movía de un modo extraño, porque en realidad Fofó ya estaba muerto. Lo que ocurría era que los empresarios del circo no lo querían aceptar, y habían hecho lo mismo que antaño se hizo con el Cid: Sacaron su cadáver al escenario, movido desde arriba con hilos, como una marioneta. Y, claro... obviamente los hilos se rompían, y el cadáver de Fofó se venía abajo... y como ya estaba medio podrido, al chocar contra el suelo reventaba y dejaba a la vista sus entrañas putrefactas, su estómago, sus vísceras, las moscas que se comían todo eso... Y cada una de esas cosas primorosamente descritas. ¡Creo que hasta llegué a hacer algunos dibujos al lado del texto!

Aquello fue demasiado. La profesora me amenazó con ponerme un negativo la próxima vez que escribiese una historia violenta.

Al día siguiente leí también en alto mi relato. Para más recochineo, transcurría también en el circo. También era una función de payasos. Pero era todo muy alegre, con muchos colorines, con muchas risas de niños... Pero cuando uno de los payasos le daba a otro una bofetada, el que recibía el bofetón ponía cara de enfado... se metía una mano en la solapa... sacaba una pistola...

Y mientras el payaso sacaba la pistola, la señorita sacaba el bolígrafo para ponerme el negativo... Y el payaso apuntaba con la pistola al otro payaso... y la señorita apuntaba con su bolígrafo al papel de los negativos...

Y entonces el payaso apretaba el gatillo... y de la pistola salían... ¡¡miles y miles de serpentinas de colores!!

Ahí terminaba la historia. Nunca supe si la nena se sintió aliviada porque la historia no era violenta, o frustrada por no poder ponerme ese negativo. Tal vez me lo habría querido poner de todas formas. Como un castigo merecido por todo lo anterior. Es como darle el oscar a Russel Crowe por Gladiator, cuando en realidad se lo merecía por L.A Confidencial y El Dilema.

Como ven, ya estábamos abocados a Poe, a Lovecraft, a Bradbury... desde bastante antes de saber quiénes eran esas personas.

Transcurrieron otros seis o siete años de macabrismo inmaduro hasta que poco a poco fui asimilando las cosas, fui viviendo, creciendo... y me di cuenta de que la muerte no sólo podía ser graciosa. También podía ser hermosa.

Perdonen que hoy haya escrito una entrada tan centrada en mi propio YO. Simplemente me ha nacido así. Me dejo llevar mientras escribo... y supongo que hoy tocaba revisión de algunos de los armarios cerrados del pasado. Al fin y al cabo, parece que el colegio no fue una época tan mala al fin y al cabo. También tenía sus cosas bonitas...

Pido también perdón por otra cosa: Me he dado cuenta de que he escrito más palabras malsonantes que en otras ocasiones. Puede que mi estilo de escritura en general haya sido hoy un poco más crucero. Es que estoy escribiendo por encargo unas voces en off para un guión de cine negro, y a veces con la forma de escribir me pasa un poco como a Daniel Day Lewis con sus personajes: Me cuesta un tiempo desprenderme de ellos...

PARA MIS MEMORIAS

El otro día mi madre me contó una anécdota de cuando era pequeño que resulta perfecta para meterla en mis memorias, si es que alguna vez puedo escribirlas.

En aquellos tiempos en los que la edad no se contaba por años sino por meses, yo era uno de los niños más difíciles de dormir que han existido. Mi madre intentaba dormirme y era yo quien la dormía a ella.

El caso es que normalmente el lugar en el que solían intentar dormirme era la biblioteca de la casa. Mi madre me mecía, pero yo no cerraba los ojos. Los tenía siempre muy abiertos, mirando con gran curiosidad todos los libros de las estanterías.

Cuando mi madre apagaba la luz, los libros se iban de allí y yo empezaba a llorar. Así que ella, muy a su pesar, se veía obligada a encender la luz de nuevo y el noctámbulo niño que era yo se calmaba en cuanto podía volver a fijar su vista en esos libros.

No sé si será totalmente cierta la anécdota. No sé si lo que motivaba mis berridos era el amor a los libros o el miedo a la oscuridad. Ni siquiera sé si alguna vez escribiré mis memorias. Porque creo que solamente me dignaría a escribirlas si no llegase a nada en este mundo. ¿Qué gracia tendría escribir mis memorias si llegase a ser famoso y toda esa mierda? Eso lo hace todo el mundo...

No voy a contar mucho más. No por falta de cosas que contar, sino por falta de fuerzas. La semana pasada resultó realmente agotadora. Los días de la semana susodicha consistieron en levantarse más bien pronto tras haberse acostado a las tantas la noche anterior... Enrique y yo nos íbamos a la sala a trabajar con la película; Alby se quedaba en su casa editando el cortometraje del taller que hemos estado impartiendo.

A la hora de comer, comíamos (era nuestro mayor privilegio) y una vez comidos, nos subíamos a casa de Alby para seguir montando con él el corto. Y ha sido un verdadero curro. Un día estuvimos montando 10 horas seguidas, y al día siguiente 15 horas. Y eso sin contar las mañanas que estuvo trabajando Alby solo, mientras el Artesano y yo pintábamos, cortábamos, encolábamos, moldeábamos...

Finalmente el trabajo se vio recompensado. El cortometraje fue un éxito. Encantó a profesores y alumnos, e incluso a mi padre, que es mi crítico y censor más implacable. Estaba rodado en clave de falso documental, y a pesar de lo disparatado de la historia, parece ser que una gran mayoría de alumnos se lo han tragado. Somos unos manipuladores de la ostia, y lo peor es que estamos enseñando a serlo a una manada de chiquillos de entre 15 y 17 años que, por cierto, se han comportado de una manera durante el proyecto que ya la quisieran algunos de los que se autodenominan profesionales. En fin... creo que a estas alturas seríamos capaces de hacer que el Dioni ganara las elecciones.

Y el trabajo en Gritos en el Pasillo también ha merecido la pena. Ya sí que está todo avanzadísimo. No exagero si digo que mañana mismo nos podríamos a poner a rodar si quisiéramos. Pero no es la mejor manera. Todavía queda rematar una serie de detallitos que harán el rodaje más fluido. Mis cálculos (y ya sí me parecen más certeros) son que en esta semana que entra terminaremos de rematar esas cosillas y empezaremos a despejar la sala para prepararla para el rodaje; meteremos la cámara, los focos, los trípodes, la pseudo-grúa y el pseudo-travelling que nos está fabricando el padre de Alby... En la semana siguiente a la que empieza ahora empezaremos a sacar fotografías y simulaciones que enviaremos a Madrid para que se vayan encargando de promocionar, buscar financiación y terminar la página web. Eso a nosotros nos servirá para ir entrando en calor. Para probar cómo funciona el montaje de los decorados, los suelos falsos... acostumbrarnos al manejo de las marionetas cacahuetiles. Para ir haciendo pruebas de iluminación, pruebas con inciensos y similares... Es decir, que esa segunda semana, al igual que la anterior, ha de redundar en la agilidad del verdadero rodaje que si todo sale bien empezaría justo a la semana siguiente, aprovechando el calentamiento.

La presencia del artesano de la luz por estos lares no sólo está resultando traidora, sino también útil. Todos debemos agradecer el hecho de que la televisión pública sea una mierda y el artesano no disponga de canal satélite. Gracias a eso, Enrique se acogió a la única alternativa: Tragarse los programas de bricolaje. Su asiduidad a esa clase de programas está resultando realmente conveniente en estos últimos coletazos de la preparación de Gritos en el Pasillo.

También nos ha brindado generosa ayuda el artesano en la elaboración del corto del taller.

En lo que a mí respecta, estoy dedicando estos tres días de “merecidas” vacaciones para hacer lo mismo que espero estén haciendo Enrique y Alby: El vago.

Creo que no sólo nos hemos ganado estos tres días de reposo, sino que los necesitamos para ahora, cuando llegue el martes, volvernos a meter a saco con los cacahuetes, mañanas y tardes, sin demoras, sin contemplaciones...

El navío Gritos en el Pasillo se acerca a mar abierto. Si algún corsario pretende sabotear nuestra navegación advertimos que nosotros no negociamos. Nuestros cañones lo hacen por nosotros.

CUADERNO DE BITÁCORA

Cuaderno de bitácora del navío Gritos en el Pasillo:

Domingo veintitantos de abril. Año 2004 de nuestro señor.

Dentro de poco llevaremos un año navegando por estos mares inciertos. La moral de la tripulación ha pasado por momentos mejores.

Llevamos demasiados meses encerrados en este barco. Sólo podemos comer cacahuetes. No hay ningún otro alimento en la bodega, y la tripulación empieza a estar un poco harta. Cada vez que alguien menciona cualquiera de los restantes eslabones de la cadena alimenticia, nuestras bocas babean con nostalgia. Incluso algunos alimentos que en otros tiempos habríamos situado por debajo del cacahuete en nuestras preferencias se aparecen ahora en nuestros sueños como tentaciones paradisíacas, como anhelados frutos prohibidos, como rocío de Ávalon...

En ningún momento he creído que la dieta de frutos secos nos esté matando. Nos aporta todo lo que necesitamos para vivir. Es la monotonía lo que nos hace enloquecer. Es el hecho de encontrarnos todos los días con el mismo sabor, la misma textura, el mismo crujido de la cáscara.

Procuro mirar las cosas desde una perspectiva más positivas. Intento apreciar todos los encantos de nuestra dieta rica en magnesio, evoco todas las razones y sentimientos que nos indujeron a cargar de frutos secos las despensas de provisiones de nuestro barco. En ocasiones consigo inundarme de esa positividad. Pero los sentimientos positivos se desvanecen cuando veo la cara de los restantes marineros. Porque en sus caras veo los reflejos de lo que, por el bien de nuestro viaje, yo trato de pasar por alto: Que llevamos más de diez meses comiendo cacahuetes, y que eso son muchos meses para una tripulación tan pequeña como la nuestra.

Seguimos encontrándonos con algunos obstáculos en los senderos del océano. Algún que otro iceberg, un arrecife, el traicionero banco de coral... o esas dichosas tempestades que nos obligan a replegar las velas. Normalmente son obstáculos bastante predecibles, y no nos pillan en absoluto por sorpresa. Pero somos demasiado pocos en este barco. Tres marineros encuentran demasiadas dificultades para gobernar un barco de semejante tamaño. Para salvar los obstáculos hay que estar al mismo tiempo en el timón, en el mástil, en la torre de vigilancia, frente a los mapas apergaminados de la mesa del camarote, tras la mirilla del astrolabio, reparando las goteras del techo, para que la pólvora no se moje...

Si todo eso lo tienen que hacer solamente tres marinos (en ocasiones dos) una misma persona tiene que correr continuamente del timón a las maromas, confiando en que la otra persona corra del mástil a la bodega y luego se pase por el astrolabio... y uno acaba bastante agotado. Más agotado psicológica y moralmente que de una forma física. Y, obviamente, los obstáculos no se superan todo lo bien que se debiera.

Últimamente mis compañeros de bote no trabajan con la misma ilusión y el mismo empuje. Estos diez meses de navegación incierta están haciendo estragos en su moral. Yo sigo diciéndoles que el viaje merecerá la pena, que tarde o temprano llegaremos al nuevo continente prometido, que allí encontraremos tierra firme, remedios para nuestras necesidades y la recompensa (sea cual sea) por haber recorrido tantas millas de inexplorado mar hostil.

Pero creo que hace semanas que dejaron de creerme. A veces me parece captar cierto escepticismo en sus miradas. Tal vez el mismo escepticismo que yo lucho por ocultar a mi propio reflejo en el espejo.

Es difícil creer en el nuevo continente. Según las primeras mediciones astrológicas, se suponía que llegaríamos a nuestro destino hace cuatro o cinco meses. Pero esos cuatro o cinco meses fueron apareciendo uno tras otro, como si hubiesen acechado escondidos entre los arrecifes de coral, para prolongar la navegación indefinidamente, hasta el punto de que ya no estamos seguros de nada. Hemos arrojado al mar todos nuestros relojes de arena. Ya no confiamos en el tiempo. Esos meses traicioneros, esos meses sorpresa, producen un efecto similar al de una muerte lenta. Pero es todavía peor: Es vida lenta. Es estar conectado indefinidamente a la máquina sin que la eutanasia de nuestro estimado barco se pueda plantear como una opción coherente.

Por eso es lógico que los navegantes ya no crean ninguna promesa acerca de la llegada al nuevo continente. Manejan los aparatos del barco como zombies, sin motivaciones, sin iluciones, sin vida, sin un rumbo demasiado definido... Pero no tienen intención de desertar. Al fin y al cabo, ingresaron en el barco por voluntad propia. Sabían el precio que se pagaba por ser tripulante de este barco. Es más, fue el navegante Alby quien me convenció para quitarle el polvo a este viejo navío que construí con mis propias manos hace ya dos o tres años... para luego abandonar pudriéndose en los muelles, por no encontrar a nadie entonces que me ayudase a deshacer los nudos de las maromas.

En las últimas dos semanas la navegación se ha hecho más lenta. Hay motivos para ello. Estamos atravesando el archipiélago que los indígenas conocen como ”Taller de cortometraje de la semana temática de cine del instituto Santo Tomás de Aquino”.

Tal vez llegaríamos antes a nuestro destino si hubiésemos virado a estribor y hubiésemos circunvalado ese archipiélago, pero teníamos razones para entrar en este cúmulo de islas: No solamente razones diplomáticas (habíamos prometido a los habitantes de las islas que pasaríamos por aquí en estas fechas, del mismo modo en que lo hicimos en otra expedición, el año pasado). No. No es sólo eso. También nos viene bien recalar en las islas para recolectar provisiones.

La tripulación agradece ese cambio. Yo mismo experimento cierto alivio al pisar de nuevo la tierra firme, de isla en isla, y probar frutos tropicales distintos de los sempiternos cacahuetes.

Es normal que todo eso nos tiente y nos incite a demorarnos más de lo previsto en estas islas, pero no deja de preocuparme el hecho de que estamos descuidando el mantenimiento del navío y de que no sabemos cuándo la corona dejará de financiar nuestra expedición.

En otras palabras: Es bueno repostar en este archipiélago, y es bueno también dejar sembradas en él semillas de árboles frutales para el camino de vuelta (todavía no sabemos si vamos a regresar del nuevo continente con las manos vacías; si vamos a descubrir que el nuevo continente no es otra cosa que un erial sombrío, un páramo estéril...). Es bueno repostar... pero no podemos descuidar el ritmo de la navegación. Y puede que lo estemos descuidando. Es cierto que tras la experiencia del pasado año navegamos con bastante soltura por estas líneas, pero a veces me asalta el temor de que a veces damos a sabiendas algunas vueltas innecesarias simplemente porque tenemos miedo de salir al mar abierto.

Porque sabemos que en cuanto abandonemos el archipiélago todo se volverá a reducir a una dieta rica en magnesio pero pobre en variedad; porque sabemos (los instrumentos de medición lo confirman) que la gran tormenta se avecina, y aunque los poderosos vientos de esa tormenta acelerarán nuestra marcha y nos llevarán con gran rapidez hacia nuestra meta, corremos el riesgo de que las olas kilométricas nos hundan en los abismos, o de que el huracán no haga llegar a tierra firme, pero con tanta violencia que acabaremos estallados como una pita contra las rocas, y el navío quedará convertido en un cascarón roto y vacío, como los cascarones de los cientos de manises que alberga en las entrañas.

No tiene por qué suceder eso. Somos pocos navegantes, y sabemos navegar por estos mares como nadie. Tal vez el círculo polar de los 35 mm nos venga demasiado grande, pero en estos mares, en estas latitudes... ni siquiera el almirante Welles o el pirata Hitchcock se atrevería a desafiarnos. Ni siquiera las olas y los vientos pueden vencernos, aunque seamos sólo tres, o dos... Pero es importante que seamos conscientes de ello como lo fuimos antaño... y es importante que estemos lo suficientemente despiertos, lo suficientemente atentos... y que no olvidemos cómo empezó esta expedición, de dónde partió, por qué partió y adónde queremos llegar.

El navegante Enrique Light Artisan tomó prestado un bote y nos abandonó temporalmente. Dice que escuchó el canto de una sirena en un islote lejano y no podía resistirse a su llamada. No sé si le habremos perdido. Aseguró que volvería mañana, pero es difícil estar seguro con alguien tan enamoradizo como el navegante Light Artisan. Queda al menos el consuelo de que sé de buena tinta que la sirena que le espera en el islote es de las que devoran a los marineros, pero no a mordiscos, sino a besos.

En fin... Si regresa lo castigaré a pegar las puertas de las bodegas y a seguir cultivando césped artificial. Y luego rezaré por poder contar con él y con el pleno uso de sus facultades cuando la tempestad se desate.

He aprovechado la estancia en las islas del taller de cine para pasar por la librería y localizar, tras meses y meses de pesquisas, un libro con el que espantar algunos de mis demonios. Ayer lo encontré al fin, escondido entre los estantes de Tagoror. Y lo compré. Se trata de “La voz de los muertos”, de Orson Scott Card. Segunda parte de su joya literaria titulada: “El juego de Ender”. Ya casi he terminado con esta segunda entrega, y no me está impactando tanto como la primera. Me parece peor escrita (y mucho peor traducida), todavía más predecible, planteando menos novedades y haciendo pensar menos (es posible que La voz de los Muertos me hubiese dado más en qué pensar si la hubiese descubierto en otro momento de mi vida, antes de que llegase a pensar por mi cuenta (o aprendiendo de otras fuentes) todo lo que propone el libro).

De un modo u otro, “La voz de los muertos” sigue siendo un buen libro, interesante, muy entretenido y bonito en sus planteamientos. Es simplemente que vive bajo la sombra de su primera parte. Si “La voz de los muertos” es interesante, “El juego de Ender” era revelador. Si “La voz de los muertos” es entretenido, “El juego de Ender” era adictivo. Si “La voz de los muertos” es bonito, “El juego de Ender” era PRECIOSO.

De todos modos no puedo emitir un juicio más completo y certero hasta que no lea las tres o cuatro decenas de páginas que me deben de quedar, y que pretendo consumir esta noche, acunado por la nana de las olas.

Saludos desde este navío que se cae a pedazos. Desde este navío en el que recomponemos los pedazos con plastilina...

EL POEMA DEL SÁBADO 17 (Cortesía del domingo 18)

Creo recordar que lo escribí durante una clase de Comunicación Política...

BAJO AQUEL ÁRBOL TRISTE

Han caído muchas hojas bajo aquel árbol triste.

Han caído muchas hojas... Demasiadas quizá.

De marchitos otoños el silencio se viste;

y la dorada alfombra crepita en soledad.

Ya han caído muchas hojas,

y han borrado tus huellas,

y con ellas las mías.

Como errantes estrellas

han pasado los días.

Han pasado los días

cual remotas estrellas

en el gris firmamento

de mi gris pensamiento.

¡No las pude atrapar!

Han caído muchas hojas, cada hoja un recuerdo.

Un recuerdo enfermizo que se quiebra al cogerlo,

que al rozarlo la brisa

se convierte en cenizas

que no pueden volar.

¡Han caído muchas hojas bajo aquel árbol triste!

Desde el último día en que allí te besé.

¡Se han secado tantas hojas en aquel árbol triste!

Porque saben que tú ya no vas a volver.

Han caído muchas hojas... ¡Tantas hojas!

Ya los pájaros no cantan en las ramas.

Están muertos en el nido. ¡Todos muertos!

Y se pudren semana tras semana.

Se han podrido muchos sueños. ¡Tantos sueños!

Se han podrido muchos sueños, en el árbol.

Mariposas con alas mutiladas

por el fango se arrastran,

humilladas.

Yo podría volver, y sin embargo

sé que no volveré.

¡Que en el letargo

viva mi corazón atormentado!

¡Que en el olvido

permanezcan tus ojos olvidados!

¡Adiós al árbol! ¡Adiós a los recuerdos

que dejamos allá entre las raíces!

¡Adiós mi triste amada! Que tu cuerpo

lo disfruten ahora las lombrices.

¡Adiós amada mía! Cuervos negros

arrancarán tus ojos, y con ellos

volarás sobre mí.

¡Al fin podrás volar!, y desde el cielo

acaso me verás.

Tal vez mi duelo

no podrás advertir,

mas si no lloro,

si no riego la tierra con mi llanto

no reniegues de mí.

¡Te he amado tanto!

Ya no me quedan lágrimas que darte.

Ya todas te las di. ¡Son todas tuyas!

Todas las derramé en la horrible tarde

(¡que los ángeles piadosos me destruyan!)

en que muerta te vi.

Por eso ya no lloro, amada mía.

¿Me podrás perdonar? Desde aquél día

mi espíritu se arrastra condenado

¡por siempre te perdí!

y en mi agonía,

juré sobre tus párpados cerrados

no volver a reír.

19 de Junio de 2000

LA SABIDURÍA DE LOS COCODRILOS

Hace unos años vi en el cine una interesante película titulada "La sabiduría de los cocodrilos". La protagonizaba Jude Law.

No era una película perfecta, pero tengo buen recuerdo de ella, y lo que más me impactó cuando la vi fue una simple anécdota que quiero compartir con vosotros:

Contaban que un día Confucio tuvo un sueño en el que le enseñaron cómo era el Infierno por dentro. Y ell Infierno era una larga mesa en la que los condenados estaban sentados eternamente, para comer los deliciosos manjares que había por doquier.

¿Dónde estaba la putada infernal? Pues en que estaban obligados a comerse la comida con unos palillos de dos metros de largo, con lo cual podían coger los alimentos, pero por más que lo intentaban, no podían llevársela a la boca. No llegaban... Y eso los hacía enloquecer de angustia.

Luego le enseñaron cómo era el Cielo. Y el Cielo era una habitación totalmente igual, con la misma mesa, con los mismos manjares... y con la misma obligación de usar los palillos de dos metros de largo. Pero allí los comensales...

... se daban de comer los unos a los otros.


El Destino tiene sentido del humor... Y cuece sus platos a fuego lento.

JUNGLA DE CRISTAL CUATRO

Antes que nada, me gustaría dar la bienvenida al amigo Jose Luis. Curiosamente llevo toda la mañana escuchando a Yan Tiersen.

Podría hablar de muchas cosas después de tanto tiempo.

Podría hablar de mi viaje a Granada, de la pesadilla de la boda, los pueblitos blancos colgados de las montañas de la alpujarra, el pulpo con alioli, la ensalada de espinacas, yogur, piñones, pasas, kiwi y naranja que probé...

Pero no voy a hablar de eso.

Podría hablar de los maravillosos días que he pasado en Corralejo con mi querida Ariadna. Pero... no... mejor me los guardo para mí...

Podría hablar de mis actuales patologías. Mi estómago pachuco, mis toses de pachucho, el dolor de cuello y brazo con el que me he levantado...

Pero tampoco voy a hablar de eso. Sería victimismo innecesario. No soy el único enfermo. Todos lo estamos un poco en estos días.

No... No voy a hablar de nada de eso...

Voy a hablar de Jungla de Cristal 4

Creo que soy una de las pocas personas que ha visto imágenes y parte de la historia de Jungla de Cristal Cuatro.

Y seguramente os preguntaréis: ¿Cómo demonios ha podido ver eso si esa película no se está haciendo y probablemente no se hará jamás?

La respuesta es muy sencilla: He soñado con ello. Hace un par de noches, en sueños, escribí, realicé y incluso a ratos interpreté un trozo de la maravillosa saga de John McClaine.

Los recuerdos son vagos, pero voy a intentar rescatarlos para vosotros:

Todo parecía indicar que había un complot montado contra un compañero del propio John McClaine. Un buen policía, ya veterano, como John. Me atrevería a decir que no era solamente un compañero. Parecían muy amigos. Eso ya empieza a ser raro. ¿Desde cuándo ha tenido John McClaine amigos íntimos? Quien haya seguido la saga sabe que McClaine tiene únicamente a una mujer de fuerte carácter, siempre más cerca del divorcio que de su marido, y un negro más o menos gracioso del que se hace amiguete a base de compartir alguna que otra bala.

Bueno... pues el caso es que quieren echar de la Policía a ese poli veterano amigo de McClaine, achacándole una serie de cosas... Pero que vamos... que huele a complot por todos lados. Un complot en el que seguramente están implicadas también entidades más poderosas que el cuerpo de Policía.

Todos hacen la vista gorda, por supuesto... Menos McClaine. Ya sabemos que él siempre escapa a los "por supuestos". Normalmente debido a su mala suerte. En esta peli no. He aquí otra novedad. En esta cuarta, apócrifa y onírica entrega, es el propio John McClaine el que se mete en el meollo del asunto, en lugar de encontrarse de pronto envuelto en toda la mierda sin haberselo buscado, murmurando: "Joder, creo que estoy teniendo otro de mis días malos. Estos terroristas me están jodiendo una resaca de puta madre".

Personalmente esa es una de las cosas que más me gustan de Jungla de Cristal, pero por alguna razón, mi inconsciente prefirió que fuese el propio McClaine el que empezase a investigar porque algo le había olido mal en todo el asunto.

No recuerdo cómo investigaba, pero no obtenía resultados. Lo típico de todas esas pelis de conspiraciones: Llega un momento en el que uno empieza a pensar que se está volviendo loco. Pero es precisamente en ese momento cuando alguien, en la comisaría, dice inocentemente una frase (no recuerdo cuál) que hace que McClaine piense en la posible solución del problema. El Bruce Willis pone una de sus caras de "ostias, cómo no me había dado cuenta antes" mientras suena la típica musiquilla subliminal de Michael Kamen (que en esta entrega tiene un mérito especial, porque Michael Kamen ya está muerto).

Lo que viene a continuación (y lo recuerdo realizado con un movimiento de grúa cenital), es a John McClaine con su típica camiseta blanca de tirillas y unos tirantes negros, que se ha puesto en acción. Está cavando un enorme agujero junto a la puerta de un sitio que parece el palacio de justicia o algo así. Solamente el puto John McClaine tiene cojones para coger un pico y una pala y ponerse a cavar una fosa junto a las escaleras del palacio de justicia (o el senado, o vete a saber... Un típico edificio imponente de construcción neoclásica).

Finalmente, el hoyo es enorme y en el fondo del mismo encuentra lo que busca: Una estanterías enterradas llenas de libros. Esos libros son las pruebas que estaba buscando McClaine (algún senador corrupto hijoputa las debía de haber enterrado ahí).

Pero cuando McClaine va a coger esos libros, se da cuenta de que son falsos. Ni siquiera son libros de verdad. Están tallados en madera. Alguien los ha puesto ahí para tenderle una trampa. ¿Cómo ha podido ser tan gilipollas? ¡Ha mordido el anzuelo! En la comisaría le han dado una pista falsa haciéndose los suecos, él ha ido, ha cavado sin saberlo su propia fosa y... y... De pronto lo ve con el rabillo del ojo. En una de las ventanas más altas del palacio de justicia puede divisar el brillo que delata la presencia de un francotirador.

Antes de que suene el disparo, tiene el tiempo justo para saltar del hoyo y aterrizar en el interior de una caseta o cobertizo que había cerca del hoyo. Cubre la puerta del cobertizo con una de las estanterías falsas que acaba de desenterrar (no me preguntéis cómo coño llegó la estantería hasta allí) y entonces, ya "a salvo" en la cabañita, una voz, la voz del malo maloso, que por lo que véis está resultando ser aún más retorcido que Alan Rickman y que Jeremy Iron (¿será el tercer hermano? ¿El hermano menor de los dos Grüber o como se llamasen? Siempre puteado por sus dos hermanitos, desarrollando desde pequeño el rencor y el pensamiendo retorcido. Uuyyyy... peor todavía... ¡Va a ser la hermana!). Pero no, es una voz de hombre lo que escucha John McClaine a través de una especie de Walkie Talkie que le han dejado en el covertizo.

La voz le viene a decir algo tal que así:

"Si intentas escapar de esta cabaña abriremos fuego sobre ti. Siéntate y espera. Dentro de un rato vendrá el hombre que te va a matar. Aquí tienes una foto de tu verdugo, por si quieres conocerle".

Y le pasan por debajo de la puerta una foto de carnet del asesino, que resulta ser, como todo el público (es decir, yo) reconoce al instante, uno de los policías más limpios e intachables del cuerpo (me recordaba a una mezcla entre Colin Firth y John C. Reilly). Por la decepción que se llevaba McClaine es posible incluso que fuese el propio amigo al que intentaba defender. Ya sabéis cuál es la forma en que McCLaine deja ver su decepción. Pone cara de sudársela absolutamente todo, entrecierra los ojos y asume con estoicismo que la vida es una mierda.

Menudo atolladero... A esas alturas del sueño yo estaba ya ejerciendo de guionista no sólo inconscientemente, sino también de forma consciente. Estaba mirando las posibles formas de escapar de allí, equipando a McClaine con todos los objetos que pudieran serle útiles dentro de la cabaña, ¡¡incluída una pastilla de jabón!! Aquello empezaba a parecer una mezcla entre el Equipo-A y el Monkey Island.

Pero se ve que mi inconsciente trabajaba más rápido que yo, y mientras yo estaba todavía pensando en cómo salir de aquélla, la peli continuó.

Cambiamos de escenario. Nos vamos a la habitación del palacio de justicia donde están apostados los terroristas. El francotirador vigila junto a la ventana. De pronto, tiene la impresión de haber descuidado un poco la vigilancia y dirige el ojo hacia la mirilla telescópica para atisbar.

Se tranquiliza, porque McClaine sigue ahí, sentado junto a la puerta, quietecito.

Entonces, de repente, McClaine irrumpe en la habitación con una pistola en cada mano, apuntando a todos los terroristas (dos o tres) ante la perpleja mirada de todos ellos.

El francotirador, como si estuviese viendo una visión, vuelve a llevar el ojo a la mirilla y se da cuenta de que lo que había visto junto a la puerta era una escultura de tamaño real del propio John McClaine.

¡El cabrón del McClaine había tallado con las maderas de la estantería una escultura de su propio cuerpo!

He de decir que se le veía un poco el plumero. En el plano anterior, cuando el francotirador comprobaba si McClaine seguía allí, el público se daba cuenta de que era una escultura, pero estaba lo suficientemente bien hecha para que un terrorista oligofrénico lo pasase por alto. Está bien que se notase la trampa, porque ello hace cómplice al público durante el par de segundo que tarde McClaine en echar la puerta abajo.

Y eso... Desarma a los terroristas y el francoirador creo que era Franco Nero. Un nombre muy apropiado (Franco) para hacer de FRANCOtirador, siempre y cuando no tengamos en cuenta que a Franco Nero se lo cargaron en Jungla de Cristal 2. Si hubiese sido lo suficientemente ágil en aquel sueño, ese detalle habría aumentado mi sensación de conspiración.

Y ya prácticamente no recuerdo nada más.

Para seguir hablando de cine y al mismo tiempo satisfacer la demanda de mi buen amigo R.A.W, os comunicaré que ya he visto BIG FISH, la última película de Tim Burton.

No me parece precisamente un gran película, pero es bonita, y eso ya es mucho. Tiene muchas deficiencias, entre las cuales es obligatorio destacar el ritmo enfermizo y cenagoso. Por otra parte, me falló un poco lo que suele ser el punto fuerte en las pelis de Burton: La ambientación. Si bien la película tiene momentos preciosos no solamente a nivel de historia, sino también visualmente, hay muchos otros momentos donde la estética se podría haber mejorado. En términos generales, creo que Tim Burton ha hecho un mal negocio cambiando de director de fotografía. Hasta hace poco Burton siempre se había sabido rodear de unos directores de fotografía espléndidos. Pero en sus dos últimas películas ha contratado a Philipe Rousselott, un operador que a mí personalmente nunca me ha hecho tilín, y que veo nocivo para el universo pictórico/visual de Tim.

Por lo demás, decir que McGregor y Fenny están espléndidos, que Helena Bonnam Carter está preciosa y que Danny Elfman, como era de esperar, se porta (aunque, una vez más le han nominado al oscar por una banda sonora que a mi juicio no es de las mejores que ha compuesto. De hecho en un par de partes creí detectar ciertas reminiscencias al Thoman Newman de American Beauty que casi me hicieron vomitar).

Y para cerrar esta entrada, voy a poner el poema de la semana, que hace tiempo que tengo olvidadilla esa costumbre:

Mi epitafio.

Aprovecho los últimos minutos

que me quedan de vida

(pues la vida

se compone de hileras de minutos)

para pedir perdón... y perdonaros...

a vosotros, mis tristes asesinos

que por un macabro chiste del Destino

me matasteis acaso sin quererlo.

Si mi cuerpo algún día se derrumba...

si se queda mi boca sin aliento...

¡grabad estas palabras en mi tumba!

porque ellas son mi último lamento.

No os pido que sintáis remordimientos...

No os pido nada, pues la nada sobra

en el sitio al que pronto he de llegar.

No os pido que entendáis mi sufrimiento...

el único sentido de esta obra

es tener un papel donde llorar.

Dejadme terminar este poema

que llevo escrito en mi cansada frente.

Dejad que la tristeza de mis venas

irrigue mi razón, y que mi mente

(que ha soportado ya tantas mentiras)

termine concluyendo que la vida

no merece la pena ser vivida.

Dejad que se derramen por mis ojos

los restos del estúpido que fui.

Dejad dormir en paz a mis despojos

en una alcantarilla de Madrid.

Pido perdón una vez más. ¡Lo siento!

No quise dimitir a sangre fría,

pero es que soy alérgico al cemento,

al pan, a la virtud y a la Gran Vía.

Y no pude encontrar en la farmacia

una pastilla contra el mal de amores,

y ese parche llamado democracia

no pudo extraditar a mis dolores.

Y los crueles efectos secundarios

de alimentar un corazón sensible

convierten mis latidos en calvarios.

Que no hay un sentimiento comestible.

Me queda poco tiempo, y ese tiempo,

a pesar de ser nada... ¡es demasiado!

Ayer, sin ir más lejos, mi mirada

me dijo en el espejo: “Estoy cansado”.

Y ya no me conmueven las desgracias,

y ya no me impresionan los suicidios,

y tú María, que “llena eres de Gracia”

te quemas en el fuego de tus cirios.

¡Dejadme en un rincón, con mi tortura!

Estoy harto de ver amanecer.

¡Dejadme en un rincón! ¡Dejadme a oscuras!

¡Dejadme en un rincón! Dejadme.

Amén.

20 de Enero de 2001

YA TENGO LA MALETA PREPARADA

Porque me voy de viaje. Casi una semana separado me mi querida Fuerteventura y de mi querida Ariadna, porque una de mis primas de Granada ha tenido la ocurrencia de casarse...

Muchas gracias, señorita Elbereth por desearme buen viaje. La verdad es que el viaje es lo que menos pereza me da :P

Rectificación de la entrada anterior: Ariadna estuvo leyendo sobre las auras con más detenimiento y parece ser que mi aura no es en realidad "ultravioleta", sino "violeta con matices verdes". De todos modos, pienso conservar´intacto el título de este blog. "Demasiado violeta con manchas verdosas" no me parece un título adecuado para un blog.

Lo cierto es que leí personalmente la descripción de las auras violetas y he de decir que vi ahí reflejado EXACTAMENTE todo aquello por lo que estoy pasando de un tiempo a esta parte.

Quien quiera leer más sobre las auras, que pinche en el link sorpresa, que hoy he tenido la decencia de cambiarlo.

MÁS VIOLETA QUE NEVER

Ayer mi querida Ariadna estaba leyendo un libro que le regalé hace tiempo, sobre las auras y su interpretación... y llegó a la conclusión de que, entre todos los tipos de auras que existen, la que más se adapta a mi forma de ser es el "aura ultra-violeta".

Así pues, es posible que el nombre de este blog esté mejor puesto de lo que pueda parecer a simple vista.

Una vez leí que en el mundo del bloggeo se considera un detalle de pretenciosa gilipollez eso de contar a los lectores la música que uno está escuchando mientras escribe.

Pues que se jodan los que sostienen esa tesis. Si dicen eso, es porque ellos nunca se han visto en la necesidad de compartir con el resto de los mortales el Monocrome de Yan Tiersen.

Sí... El compositor de Amélie no sólo se lució en Amélie. El resto de su obra parece tener la misma calidad o incluso más.

¿Qué más os puedo contar?

Muchas cosas, si tenemos en cuenta que hace una buena temporada que no paso por aquí.

Empecemos con Harry Potter. Ya leí su último y quinto libro. El clímax me dejó un poco indiferente, pero por lo demás me parece uno de los mejores libros de la saga.

Y adoro a un personaje nuevo: Luna Lovegood. Creo que me he enamorado de ella.

¿Qué más? ¿Qué más?

Pues que, como descubrí el otro día leyendo el blog de Rubén, creo que he "renacido" o, como apuntó Ari, he salido de una crisálida en la que he estado encerrado durante la última temporada. Una crisálida de incertidumbres y cataclismos interiores.

Llevo un par de semanas medio enfermo. Toses, mareos... Algunos expertos dicen que las enfermedades constituyen períodos de desintoxicación, reflexión, renovación... Y los cataclismos no han estado solamente en mi organismo. También he visto cómo las mareas se sublevaban en mi mente, derribando algunas construcciones de piedra, empantanando algunos suelos encerados, empañando las ventanas que dan directamente a mi futuro...

Supongo que todo eso era necesario y ahora, como bien indicaba el artesano de la luz, estoy en un lento proceso de recogida de escombros.

Lo bueno de ser artista es que los escombros siempre sirven luego para construir más monumentos.

Yo diría que este sábado, es decir, ayer, llegó el clímax de mi crisálida cataclismae. De pronto, me entraron unas ganas... una necesidad, mejor dicho de huir... escapar... desconectarme del mundo por algunas horas... Me fui a mi guarida de Corralejo un poco antes de lo previsto y, tras algunos momentos de angustia (últimamente no estoy acostumbrado a tener tiempo libre en intimidad, y cuando lo tengo tiendo a intentar aprovecharlo haciendo cosas útiles, escribiendo algo, por ejemplo...) llegué a la conclusión de que no... ¡tenía que desconectar del todo! Y la mejor terapia para mi repentina patología debía consistir necesariamente en hacer algo totalmente improductivo, algo al margen de las redes del utilitarismo; algo que no sirviese para nada más, que fuese un fin en sí mismo y no un medio para llegar a ningún otro sitio. En otras circunstancias me habría encerrado a ver una peli, pero eso no estaba a mi alcance aquel día, es decir, ayer, y finalmente me decanté por otra opción:

Algo que no simbolizaba únicamente la delicia metafísica de lo improductivo, sino también un retroceso a épocas pasadas, un reencuentro con mi región más infantil: Los videojuegos. Y cualquier clase de videojuegos, sino los videojuegos de antes, los que se hacían y jugaban cuando yo era joven cuando tenía edad para jugar a videojuegos y deseos de hacerlo. Ya no se hacenn videojuegos como aquellos...

Tal vez la maldita avería de mi ordenador era un naipe trucado en las mangas de la chaqueta del destino. La imposibilidad de ver en mi pantalla algo que tenga más de 16 colores me llevó hacia juegos de anticuario. Empecé con el Wolfenstein 3D, todo un clásico de Apogee Software al que estuve realmente enviciado en mis tiempos de acné juvenil. No recordaba lo divertido que era matar nazis, ni lo endiabladamente bueno que era yo matándolos. Donde esté el Wolf 3D que se quiten los DOOMS, DUKE NUKEM, o Battlefield del mundo. En ningún juego da tanto gusto matar y sobrevivir como en aquella reliquia a 16 colores.

Es más poético cuando tu ametralladora resuena al ritmo del acordeón de Yan Tiersen o la banda sonora de "No matarás al vecino", otra joya de Jerry Goldsmith a la que llevaba tiempo queriendo echar el guante.

Me agencié también la aventura gráfica Maniac Mansion, que siempre quise jugar en aquellos tiempos y sin embargo nunca pude. Es muy tosca y simplona, pero entrañable, simpatiquísima... Eso sí, cabrona como ella sola. También es recomendable jugarla con la banda sonora de No matarás al vecino, o con la de Marte Ataca, de Danny Elfman.

Por otra parte, comparto últimamente una afición con Alby: La alquimia. De hecho, me temo que he sido yo quien ha contagiado a Alby de esa obsesión al cometer la imprudencia de prestarle un libro de Jung. Como bien ha dicho él en su blog, eso en Alby es como echar una lata de gasolina en una hoguera.

He recopilado una gran cantidad de material que aún no he tenido tiempo de leer en su totalidad. Alquimia, cábala, masones, templerios, rosacruces, egipcios, paracelso, botánica prohibida... Todo está unido por redes oscuras y sutiles... Una tela de araña que nada tiene que envidiar a las que tejen las tres desdentadas parcas.

El interés por esos temas es al mismo tiempo personal y profesional. Creo que, tanto en un ámbito como en otro, nos conducirá a algo grande.

Y ahora, un ejemplo de cómo mis revelaciones de los últimos tiempos han cambiado mi forma de entender el mundo. El otro día fui a cambiar de lugar un "objeto mágico" que me regaló Ari hace tiempo: Una bolita de cristal estilo prisma que difracta los rayos de luz y los descompone en puntitos de colores que armonizan el fen shui del lugar. Lo colgué en un sitio donde tuviese más contacto con los rayos del sol, para que fuese más efectivo.

Y me asombró bastante descubrirme pensando que esa iba a ser sólo una ubicación provisional: Solamente mientras el sol siguiese pasando por ese lugar.

Ya véis... últimamente encuentro el mundo tangible tan ilusorio, los milagros tan concebibles, las leyes de causa y efecto tan vacías y carentes de fundamento, que mi inconsciente encontraba obvio el hecho de que el Sol no tiene por qué pasar siempre por el mismo sitio, que hoy puede entrar por esta ventana y mañana por aquella otra, que un día puede nacer por el este y al día siguiente por el suroeste...

No voy a poner poesía esta semana. No por falta de poemas. Todavía tengo muchísimos poemas esperando salir a la luz, pero hoy no me apetece poner ninguno. Creo que no encuentro ninguno apropiado para el día de hoy... o tal vez estoy demasiado vago para abrir mi poemario y ponerme a buscar entre la selva de versos algunos que se adecuen a este domingo misterioso.

Para redondear mi salida de la crisálida de ayer sábado, los dioses nos trajeron por la noche una de las tormentas más sublimes que recuerdo en los últimos tiempos. La lluvia barrió los escombros más grandes.

SIGO VIVO

Llevo tanto tiempo sin poder quitarle el polvo a este blog que ya ni siquiera sé si la gente lo sigue visitando.

Siento muichísimo tanta dejadez. La vida me ha arrastrado a ello, como suele arrastrar a casi todas las personas a hacer las cosas que hacen, o a dejar de hacer las cosas que no hacen.

La marcha de la película continúa igual que siempre: Con la lentitud de un potaje cociéndose a fuego lento. Tan sólo esperamos que, al igual que en el caso de los potajes, la coción lenta le dé un sabor a la película que merezca la pena.

El otro día nos sucedió algo curioso mientras trabajábamos en la sala.

Yo estaba colocando en el suelo unos papeles de periódico para no ensuciar, y de repente, en la hoja de periódico más cercana, divisé algo que llamó mi atención:

Era un anuncio. Un anuncio de una obra de teatro: La bella aurora. Y en el anuncio aparecía una fotografía de la bella aurora de la obra, es decir, mi amiga Maya.

Me hizo muchísima ilusión encontrarla ahí, de forma tan inesperada. Además, cuando Maya aparece, normalmente me trae señales del Destino.

Le enséñé a Alby mi afortunado hallazgo, y él dictaminó sabiamente que no podíamos dejar a Maya allí, en el suelo, bajo conglomerados de madera y pegotes de cola. Recortó la fotografía y, como la propia Maya me había recomendado hacía pocos días que le pusiésemos caramelos y ofrendas a la estatuilla del dios hindú Ganesha que tenemos en el improvisado altar de nuestro set de rodaje, pues allí pegamos a mi amiga Maya, debajo de Ganesha. Esa caprichosa deidad de cabeza elefantiana no tiene derecho a quejarse. Le hemos depositado una ofrenda realmente buena.

Lo más curioso fue ver cómo quedó la hoja de periódico en la que fue recortada la foto de Maya. La ausencia de dicha foto generío un hueco que subrayaba dos palabras al otro lado de la hoja de periódico. Esas dos palabras eran "los goya".

Así que ya sabes, Ganesha. Márcate el puntazo y te pondremos otro caramelito. De momento, a Alby se le ha ocurrido que, dado que Ganesha tiene cabeza de elefante y a los elefantes les encanta comer cacahuetes, convenía ponerle algunos cacahuetes en el altar. Tal vez así descarte la idea de comerse directamente al reparto de nuestra peli.

Con respecto al horror del 11 de marzo he llegado a la conclusión de que solamente se puede hacer algo sano con una tragedia semejante: perdonarla.

Me gustaría perdonar a los hombres que han hecho eso, y a los etarras que no hicieron estallar ésta pero sí otras muchas, y a los hombres del PP que a mi juicio tan mal han governado. Me gustaría que toda esa gente se pasase de vez en cuando por mi casa, de buen rollo, y poder invitarlos a una taza de té, y poder hablarles de cosas hermosas que suavicen las pesadillas que sin duda deben de tener algunas noches. Y me gustaría que pasasen también por mi casa los familiares y las víctimas de todos esos atentados, de todos esos errores gubernamentales... y tomasen el té junto a los verdugos de sus seres queridos. Me gustaría que los verdugos pidiesen perdón con esa inmensa sabiduría necesaria para pedir perdón, y que los afectados perdonasen, con esa inmensa sabiduría que hace falta para perdonar cuando los agravios se han sentido tan de cerca.

Me gustaría que los espíritus de todas esas personas muertas que cabalgaron hacia la otra vida a bordo de la metralla de una bomba entrasen también en mi morada, volando en espirales, como el humo de las teteras, y que con la inmensa sabiduría que se adquiere tras morir, susurrasen en los verdugos palabras de perdón... y susurrasen en sus amigos palabras de esperanza. Que guiasen a los unos y a los otros a través de los espinosos labberintos de la vida.

Me gustaría que ningún terrorista tenga que sufrir lo que sus víctimas han sufrido. Me gustaría que si el Destino les depara un sufrimiento comparable, aprendan a extraer toda la sabiduría posible del dolor y del calvario.

Me encantaría que todos los seres vivos del planeta fuesen capaces de perdonar y comprender al mismo tiempo. Que todos al mismo tiempo se despertasen o se durmiesen (según el meridiano)con la impresión de que ya se ha odiado demasiado, de que las ratas del rencor y del temor ya se han alimentado demasiado de las entrañas de todos nosotros; de los mártires y de los verdugos... y de los que han sido las dos cosas en una misma vida.

Me gustaría que la humanidad perdonase a Hitler por sus terribles errores, que perdonase a Julio César por sus ciegas masacres, que perdonase a Aznar, e incluso a Bush. Que perdonase a ese tendero de la esquina que alguna vez nos trató con cierta antipatía, o al profesor que acaso nos hizo la vida más imposible de lo que él mismo apreciaba o pretendía.

Me gustaría que el odio no alimente más odio, sino más bien compasión. Me gustaría que la respuesta a la violencia no sea la violencia, sino más bien una sonrisa paciente y comprensiva, como la que dicen que ofrecía Buda incluso a sus más peligrosos enemigos.

Me gustaría que todos nos diésemos cuenta de que cuando matamos a otro estamos matando un trozo de nosotros mismo. Un trozo de ese gigantesco ser del que todos nosotros somos células.

Y me gustaría que al mismo tiempo comprendiésemos que no hay en la muerte nada tan horrendo como nos han hecho creer. Que todos algún día la encontraremos, y que ni el más cruel y despiadado de los atentados terroristas, aunque mate cien, doscientas, mil personas, jamás conseguirá mancillar la tranquila serenidad de ese inmenso, armonioso, impenetrable universo en el que todo muere para volver a renacer. En el que todo regresa al seno del descanso eterno para volver a despertar con un bostezo de terciopelo tras una sienta de veinte mil eones.

Todos somos hermanos, más allá de las bombas y los partidos políticos, más allá de los idiomas y las religiones.

En estos días de incertidumbre tenemos todos tenemos cosas que celebrar y todos tenemos cosas que llorar. Yo celebro que el pueblo haya derrocado a un gobierno que no sabía hacer bien su trabajo y lloro de impotencia cuando compruebo que nada conseguirá cambiar las cosas. La rueda del sansara seguirá girando, y todos seguiremos teniendo motivos para llorar y llorar... y reír y reír... y llorar... llorar... Y confío en que aprendamos a encontrar un diamante en el interior de cada lágrima derramada.

Y ahora, sin más dilación, la poesía de esta semana (ya pierdo la cuenta de los días). Una de mis primeras obras, torpe, ingenua, inexperta... Espero que esas carencias le concedan algún poder.

<A OSCURAS

A pesar del Sol que nos alumbra

vivimos a oscuras,

sumergida nuestra mente en la penumbra

de un techo de dudas.

A pesar del brillar de las estrellas

vivimos a oscuras,

con el alma perdida en las tinieblas

de una noche desnuda.

A pesar del reflejo de la Luna

vivimos a oscuras,

como niños tumbados en la cuna

de la inmensa negrura.

A pesar del resplandor de las farolas

vivimos a oscuras,

como zombies de caja de Pandora

sin posible apertura.

A pesar de la chispa del amor

vivimos a oscuras,

rodeados de un paisaje de un color

de sotana de cura.

Mas, ¿qué se le va a hacer?

La vida es dura.

Poco a poco puede ser

que entre toda esta locura

yo te encuentre sin querer

y nos amemos a oscuras.

1996

CUARTO DE SIGLO

Ésa es la edad que cumplí el jueves pasado: Un cuarto de siglo. 25 añitos...

Últimamente voy por ahí haciendo la misma reflexión:

Si cogiésemos a 80 personas que tuviesen mi edad y sumásemos todas sus edades, llegaríamos a la época en que nació Jesucristo.

Y ochenta personas no son tantas. Seguro que tenéis el doble de personas o más en las agendas de vuestros teléfonos móviles...

EL POEMA DE AYER

SONETO MUTILADO

Voy a mutilar el soneto que escribo.

La métrica mutilo con un par de cojones.

Mutilo la rima que encadena mi ser,

y escribo con tinta mutilada

estos versos forjados con dolor.

Pues mutilado está mi corazón.

Desgajado del árbol del amor correspondido.

Desbrozado, rasgado, hecho jirones...

En este terceto no hay rima encadenada.

En este terceto no hallaréis perfección.

Ni siquiera he triplicado la anáfora. ¡No!

Porque ya hay bastantes cosas encadenadas.

Porque la perfección es la sombra de un fantasma.

Porque las anáforas no bastan.

1998

EL POEMA DE AYER SÁBADO 28

Una vez más, los ordenadores tienen la culpa de mi retraso. En esta ocasión, no contento el Destino con joder mi ordenador, jodió también el ordenador de mi madre y el de mi padre.

Así que, como viene siendo habitual, la poesía del sábado no hace honor a su nombre, pero tendrá la suerte de hacer algo que ninguna otra de mis poesías podrá hacer hasta dentro de al menos cuatro años: Difundirse un día 29 de febrero.

Antes de dar paso al poema, un breve resumen de mi vida: Tengo ganas de terminar la película porque estoy harto de trabajar en ella. Nos sentimos muy solos. Seguimos teniendo que abordar un centenar de tareas para las que no estamos cualificados, porque tampoco tenemos dinero para contratar a personal cualificado. Y por si fuera poco, hacer la película en el Centro de Arte Juan Ismael implica estar en continuo contacto con dos mundos que aborrezco: El mundo dela política y el mundo de los artistas vanguardistas de boina torcida y gafas de pasta dura, las exposiciones freeescaaas y minimalistas y las inauguraciones con canapés que combinan esos dos malos tragos: artistas y políticos.

¡Cielo santo! ¡Teníais que haber visto la exposición en la que estuvimos el otro día! ¿Vosotros creéis que... Bueno... mejor me cayo. Mi opinión sobre el tema es tan destructiva como subjetiva.

Demos paso,sin más dilación, al poema. Hoy toca uno bastante antiguo:

Las almas desgarradas

Voy a hablar de las almas desgarradas.

Esas que se sumergen en las noches

y no aguardan al sol de la mañana.

Dedicado a las almas desgarradas

que sufrieron los zarpazos del Destino.

Que encontraron ¡maldición! en su camino

un beso, una sonrisa, una mirada...

Mis hermanas, las almas desgarradas.

Son caracolas llenas de cenizas.

Son la lágrima gris que se desliza

por mejillas de dolor desencajadas.

Dedicado a las almas desgarradas,

que van del corazón a la cabeza,

errantes, sin hogar, desheredadas...

Eternos manantiales de tristeza.

Hay una noche muerta en su futuro,

sin estrellas que canten en el cielo

encapotado, cual un sudario oscuro.

Y su pasado acecha tras un velo.

¡Así viven las almas desgarradas!

Las que no se consuelan con la Luna.

Las que claman en vano por las aguas

de la Estigia laguna.

Las que sufren cual jamás sufrió ninguna.

Las que nunca descansan. Los juguetes

de la diosa Fortuna.

¡Dedicado a las almas desgarradas!

Lamentos de violines torturados.

Esa música triste, que recuerda

al maullido de un gato en los tejados.

¡Y la tocan las almas desgarradas!

Desgarrando del violín las tensas cuerdas.

Desgarradas... ¡Las almas desgarradas!

El olor de una flor las contamina

y dejan una estela ensangrentada

tras caminar por un jardín de espinas.

Amigas de la muerte cautelosa

que prefieren taciturnos crisantemos

a la efímera belleza de las rosas.

Dedicado a las almas desgarradas.

Esas que se derraman en suspiros,

que son amantes, pero nunca amadas

y se tragan la hiel de sus quejidos.

¿Qué más decir de ellas que aún asombre?

Dedicado a esas almas desgarradas...

esas hermanas mías, condenadas

día a día a pronunciar el mismo nombre.

1998

TOO MUCH VIOLET REBORNS

“Y veréis el resurgir poderoso del guerrero,

sin miedo a leyes ni a nostalgias.

Y caer mil veces más

y levantarse de nuevo

sin más bandera que sus güebos”.

Eso decía Extremoduro en su album Pedrá. Y aquí estoy yo, resurgido de la cabeza a los pies. Creo que he conseguido arreglar (por tercera o cuarta vez) mi ordenador. No sé cuándo volverá a dejar de funcionar, pero de momento funciona.

Hace bastantes días que actualicé por última vez. Han sucedido cosas desde entonces. Estuve en las Palmas, pasé momentos maravillosos con mi querida Ariadna, comí rico y sano, lo cual es costumbre en casa de Ari, también conocida como el paraíso de los productos biológicos, ecológicos, integrales... Siempre que llego a su casa hay algo nuevo que probar: Un potingue oriental, una extraña torta de pan, unas croquetas de mijo, una compota o una mermelada de casita de árbol de bosque de las hadas...

Vi también a mi apreciadísima Maya, y me quedé con las ganas de ver a algunas otras personas, pero el Destino decidió (supongo que sabiamente) que no era el momento.

También tuve tiempo para pasar una mañana perdido entre los laberintos de las librerías de las Palmas. El Destino me dejó, muy al alcance de la vista, un libro que por supuesto compré: Sincronicidad, de C.G Jung. Es el segundo libro que me leo de Jung en menos de una semana. El otro, que en realidad me lo he leído sólo al 90%, fue “Psicología y simbólica del arquetipo”. Muy interesante la filosofía de Jung. Da gusto ver que de vez en cuando el mundo pare a un científico con una mentalidad tan abierta y, al mismo tiempo, una amplitud de conocimientos inaudita.

Pero aquellos días paradisíacos de libros, comidas ecológicas y Ariadnas quedaron atrás y aquí estoy nuevamente, retomando la obligación de hacer una película protagonizada por frutos secos con una cuenta atrás de dos meses que acaba de empezar a desfilar hacia el abismo de lo incierto. Y toda esa mierda.

De todos modos el propósito de esta entrada era en realidad el de dedicar unas palabras a un tema que me preocupa especialmente:

Me enteré de ello gracias al blog de Rubén: ¡El gobierno ha prohibido el uso terapéutico de 200 plantas medicinales! Plantas que, según ellos, son potencialmente peligrosas para el ser humano.

Ari me lo confirmó y me enseñó la lista de las plantas prohibidas.

Resulta razonable que prohíban la cicuta, pero no sabe uno si reír o llorar cuando ojea la lista y descubre que pasan a ser ilegales no solamente algunos conocidos remedios de homeopatía, flores de Bach, etc, como la clematis o la nux vomica, sino también... CHAN CHANNN... el romero y el perejil salvaje.

Ya estoy viendo los titulares:

“Quince amas de casa detenidas por el uso ilegal de romero en sus infusiones”

Ya me imagino a los policías haciendo redadas por las casas, registrando los armarios de las especias y poniéndoles las esposas a las desorientadas marujas. Empujándolas al interior de los coches policiales presionando sus indefensas nucas superpobladas de rulos.

- Han cogido a la Mari – dijo la Trini a su vecina en la peluquería.

- ¿A la Trini?

- A la misma. La pillaron en el callejón de atrás comprando sesenta gramos de romero.

- Malditos traficantes de romero – añade el anciano que lee el periódico -. Esto con Franco no pasaba.

Y la presentadora del telediario recitará:

La Guardia Civil ha desarticulado otra cocina ilegal en el barrio de Lavapiés. Según los testigos del vecindario la cocinera, María del Pino Ibarra Contreras, llevaba más de cinco meses condimentando sus alimentos con perejil salvaje.

- ¡Yo no sabía que era perejil salvaje! ¡Pensaba que era perejil doméstico! ¡Se lo aseguro!

Pero eso no te librará de la cárcel, Mari.

Y las imágenes del telediario mostrarán un panorámica en una mesa con todos los condimentos requisados a la buena de Mari: La bolsa de perejil, un par de botitos de romero, y algunas bolsitas de tomillo y manzanilla, que a esas alturas estarán también prohibidas, porque abremos vuelto a dejar que el PP adquiera la mayoría absoluta.

Claro que... el perejil silvestre es abortivo... Sí... Claro. Nadie lo niega. Y claro que todas esas hierbas prohibidas tienen efectos secundarios. ¡Claro que no son inocuas! ¿Hay algo en este mundo que sea inocuo e inofensivo? ¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir la mantequilla porque puede producir exceso de colesterol? ¿O prohibiremos antes el azúcar para defender a los diabéticos?

¿A alguien se le ha ocurrido preguntar cuántos kilos de clematis o nux vomica o romero hay que tomarse para experimentar los efectos secundarios que los investigadores del estado se han esmerado tanto por encontrar?

Los productos de medicina alternativa utilizan esas sustancias en dosis ínfimas, y la gente que los prepara actúa, según pienso, con bastante más conocimiento y más rigor que las industrias farmacéuticas.

Pero son precisamente las industrias farmacéuticas las que salen beneficiadas con esta nueva ley. Los rancios “PePesianos” ordenan que la venta de esas 200 plantas sea prohibida, y que sólo puedan trabajar con ellas las organizaciones cualificadas para ello. Y esas organizaciones cualificadas son ¡¡qué casualidad!! Las industrias farmacéuticas que, por si alguien no lo sabe, llevan años tratando de boicotear a los herbolario, naturópatas y demás entidades promotoras de la medicina alternativa por la sencilla razón de que la gente se está hartando de los médicos tradicionales y las farmacias. Sí... la gente va perdiendo la fe en esos remedios “institucionales”, acude a las medicinas alternativas y... ¡¡se cura!!

¿Y eso qué provoca? ¡¡Que las industrias farmacéuticas pierdan dinero!!

¿Y qué sucede cuando se juntan unas empresas tan poderosas y carentes de escrúpulos (eso lo han demostrado ellas solitas) con un gobierno basado en la premisa de satisfacer a las empresas poderosas e incluso a participar de ellas?

Pues sucede lo siguiente: Que cuando esas poderosas empresas quieren librarse de un obstáculo, el hada madrina del PP agita su varita mágica y ¡¡aaabracadabra!! Las leyes y los sistemas judiciales abren el mar rojo y devoran el obstáculo.

Y los ciudadanos la mitad de las veces no nos enteramos, y la otra mitad de las veces nos tragamos el cuento.

¡Pues claro que es fácil tragarse el cuento! Los PePesianos llegan y le dicen a uno: Se han hecho estudios que han demostrado que esas 200 plantas pueden ser peligrosas, así que no podemos permitir que cualquiera tenga acceso a ellas. Solo los putos profesionales cualificados de la industria farmacéutica.

En ese caso, ¿por qué no prohíben también el tabaco? Me pregunto yo qué sustancia habrá arruinado más vidas, ¿el romero o el tabaco? ¿Y por qué no prohíben también los coches porque contaminan la atmósfera y porque existe el riesgo de morir y matar en accidentes de tráfico? ¿Por qué no dejan conducir solamente a taxistas y conductores de fórmula 1 cualificados?

Y, por otra parte, ¿quién estará más cualificado para manipular esas plantas, la gente de la medicina alternativa que lleva toda la vida estudiándolas y tratándolas, o las empresas farmacéuticas que son capaces de hacer mutar a su propia madre para ganar más dinero (sobre todo si “su propia madre” es el nombre de algún desconocido poblado de aborígenes del África profunda.

No faltará quien diga: “¿Herbolarios? ¿Naturópatas? ¿Esos irresponsables que venden esas sustancias extrañas sin siquiera informar al público de lo que se está metiendo dentro, y sin advertir las contraindicaciones?

¿Sabéis por qué los herbolarios, naturópatas, etc no informan sobre las propiedades buenas y malas de las sustancias que venden? ¡Porque lo tienen prohibido! ¡Sí señor! El gobierno prohíbe que los productos de medicina alternativa lleven cualquier tipo de información que informe sobre para qué sirve cada sustancia y cómo actúa. ¡Ni siquiera les dejan dar folletos informativos a la gente! ¡Si pillan al dueño de un herbolario suministrando a los clientes información sobre las sustancias que vende le cae un puro!

Si no lo creéis, comprobadlo.

Ésa fue una de las primeras estrategias del PP/industrias farmacéuticas para boicotear a los herbolarios y demás focos de medicina alternativa. Pero no funcionó del todo. La medicina alternativa siguió ganando terreno a las farmacias... y ahora llega una solución más drástica: Prohibir 200 plantas que dudo muchísimo puedan ser más peligrosas que el tabaco o las chucherías que venden en la tienda de la esquina. 200 plantas que llevan siglos o quizá milenios en muchos casos mejorando la calidad de vida de la gente.

Cada vez que sale algún remedio natural libre de patentes para mejorar la calidad de vida de la gente, las industrias farmacéuticas encuentran la forma de sabotear, prohibir... en esta sociedad parece ser que no está bien visto estar sano sin pagar previamente los altísimos impuestos para ser un ciudadano sano. Ha habido casos de medicamentos que han mejorado o incluso curado enfermedades como el cáncer y el SIDA, y el gobierno/farmacéuticos han sofocado esos medicamentos, a veces de formas violentamente drásticas para que el negocio no se vaya al garete. Son cosas de las que uno se entera cuando tiene una novia doctora honoris causa en medicinas alternativas.

¿Qué podemos hacer al respecto nosotros, ciudadanos de a pie? Yo, por lo pronto, estoy escribiendo esto, aunque lo vaya a leer muy poca gente. Ya sé que sois pocos pero, por favor, si esto os toca en el alma tanto como a mí, ocuparos también de que la gente se dé cuenta de todo esto.

La segunda cosa que yo haré al respecto será votar el próximo mes. Al igual que mi amigo Enrique, me debato entre el voto simbólico y el voto útil.

Dicen que en estas elecciones el PSOE se va a aliar con los verdes. Si eso es así, yo volveré a votar a los verdes, porque de esa manera, mi voto será simbólico (una declaración de intenciones, un apoyo hacia una filosofía de vida y obra en la que creo) y será al mismo tiempo un voto útil, porque estaré apoyando al grupo con el que el PSOE pactará. No me entusiasmaría tener al PSOE gobernando, pero si los verdes están ahí para meter baza en lo que puedan, me daré con un canto en los dientes.

Si los verdes no van con el PSOE, quizá incluso me plantee dar mi voto al PSOE. No me cae bien el PSOE, y Zapatero no me parece precisamente el líder que necesita España, pero sé que si en marzo el PSOE ganase las elecciones, me alegraría... lo celebraría... así que, ¿por qué no votarlos? No me parecen demasiado mejores que el PSOE, pero siempre queda la esperanza de que de vez en cuando se acuerden de que son socialistas y, sobre todo, creo que lo más importante es que un partido político no aguante tres legislaturas cuando está haciendo las barbaridades que está haciendo. ¡No debemos dejar que el PP se acostumbre a la situación! Tenemos que recordarles que estamos en una democracia, y que si hacen algo que no nos parece correcto, seguimos teniendo el poder de echarlos y cambiarlos por otro. Si no demostramos eso ahora, puede que dentro de cuatro años ni siquiera tengamos ese poder.

EL POEMA DEL SÁBADO 21

ADVERTENCIA: El poema de hoy puede ser considerado “de mal gusto”. Si es usted reacio a digerir manifestaciones artísticas calificadas “de mal gusto”, será mejor que no lea este poema y pase directamente a la siguiente entrada.

Porque el contenido de esta poesía es explícita y/o/u intencionadamente escatológico.

Todo empezó hace unos cinco años, cuando fui a visitar a mi amigo Alby a un trabajo nocturno de mala muerte que desempeñaba en la tele local Fuerteventura Televisión.

¿Fue la conversación? ¿Fue el ambiente de aquél cuartucho que pretendía imitar a una sala de edición? ¿Fue simplemente mi pueril deseo de “hacer la gracia”?

¿Quién sabe?

El caso es que de repente mi inspiración se desató y, sin comerlo ni beberlo, abrí mi libreta y me puse a componer un poema a la mierda. Por lo cual agradezco profundamente que fuese “sin comerlo ni beberlo”. El poema en cuestión fue titulado Coprología.

Pero la cosa no terminó ahí. Se ve que todavía me quedaba inspiración fecal en las entrañas, así que, pocos minutos después, compuse Coprología II.

Algunos días después, decidí que para redondear el asunto lo suyo era que Coprología fuese una trilogía. Amén. Dicho y hecho. Y no me quedé satisfecho con esos tres ejemplares en verso, porque ya en aquellos tiempos se estaba poniendo de moda eso de las precuelas gracias a George Lucas (que años más tarde demostró que también él tenía previsto basarse en la mierda) y compuse otros dos poemas fecales para la trilogía precuela. Nunca llegué a escribir la sexta y última, así que en estos momentos me hallo en la misma situación que George Lucas.

Hoy me dispongo a regalarles a ustedes la que para mí es una de las mejores entregas de la trilogía y su precuela. Se trata de:

COPROLOGÍA III (Apología a la mierda)

¿Por qué mortales ¡Oh! Descarrilados

renegáis de vuestros propios excrementos

y cuando los pisáis, en vez de disculparos

prorrompéis en cascadas de lamentos?

Siendo (cual son) cadáver de alimento...

¿Por qué, ¡decid!, si no es impertinencia

invertís en insultos la energía

que os da el comer, si dijo ya la Ciencia

que la caca que tratáis de forma impía

parte formó del bolo alimenticio

que, cual su nombre indica, os alimenta?

¿Cuál es la causa, humanos compañeros,

de que el olor fecal os descomponga,

no habiendo nadie ya que en duda ponga

que éste reside en vuestras propias tripas?

¿Por qué intentáis en vano protegeros

de tal fragancia, si sabéis que habita

en vuestro cuerpo, igual que la hormiguita

en la débil precariedad de un hormiguero?

¿Cómo es que renegáis ¡Mal diablo os pierda!

de la caca, si pasan los segundos

y en nuestro triste y arruinado mundo

es todo ¡Vive Dios! pastosa mierda?

1998

ENTRADA TELEGRÁFICA

Mi ordenador sigue jodido... STOP... Mañana vuelo a las Palmas... STOP... En el avión de las 18:10... STOP... Estaré allí hasta el lunes... CEDA EL PASO... Ojalá pueda veros a todos... STOP... O al mayor número posible... STOP... de los que vivís en las Palmas... PELIGRO. ARDILLAS SUELTAS EN LOS ALREDEDORES... La peli va bien... STOP... Pero desesperadamente lenta... NO PASAR DE LOS 20 POR HORA... Volaré en un viernes 13... STOP... Al dia siguiente es San Valentín... STOP... Simple coincidencia... STOP... Odio San Valentín... STOP... Pero amo a mi novia... ATENCIÓN, CURVAS PELIGROSAS... Abrazos para todos... CALLEJÓN SIN SALIDA

EL POEMA DEL SÁBADO QUE VIENE.

Como ya dije antes, pretendo estar el sábado que viene en las Palmas, siempre y cuando encuentre billete y no surja ningún funesto acontecimiento que me lo impida.

Como siempre conviene pensar en positivo, doy por hecho que conseguiré billete, que todo irá sobre ruedas y que el próximo sábado estaré, efectivamente, en Gran Canaria.

Si a eso añadimos que últimamente llevo varios retrasos y conviene compensar con un adelantamiento, debo poneros aquí el poema de la semana que viene.

Ésa es la excusa oficial. Si no os la tragáis, aquí tenéis la excusa número dos: Este poema es una chorrada que he escrito esta misma parte, y me apetece compartirla con vosotros.

Que ustedes la disfruten, o no... o yo qué sé...

HE ENCONTRADO A LAS MUSAS

He encontrado a las musas

ahorcadas en las cuerdas de mi lira.

Hieráticas, exánimes, sin vida...

sin una rima que termine en “usas”...

y sin más testamento ni legado

que un vestido rasgado por cabeza,

y por cada cabeza, un cuello roto,

y por cada gaznate que ha quebrado,

un manojo de pelos despeinados

meciéndose en los cráneos con tristeza.

¡He encontrado a las musas!

Los gusanos se comen sus ojitos,

para así convertirse en maripusas.

¡Mariposas! ¡Perdón! Tiene delito...

Y hablando de delito... el policía

que marcó con la tiza sus contornos,

sus curvas putrefactas...

repetía...

repetía... repetía... repetía...

la frase: “No ha sido un accidente”,

aumentando con ello mi trastorno.

¿Acaso les parezco un delincuente?

¡He encontrado a las musas!

O a lo que más o menos queda de ellas.

Sin notas de suicidio... sin excusas...

sin dar explicación, sin un “lo siento”,

sin dientes, sin entrañas sin aliento,

sin, “tiritan a lo lejos las estrellas”,

o los astros, o las nubes, o los vientos...

o cualquier otro verso, o sentimiento

que me ayude a terminar esta poesía

con cierta dignidad, cierto decoro,

sin trampas, sin traspiés, ni alevosía...

sin tener que repetir igual que un loro:

“¡He encontrado a las musas!”

Mas, ¿servirá de algo repetirlo...

repetirlo... repetirlo... repetirlo...

si, por más que lo grito,

no me escuchan?

¡He encontrado a las musas!

Quoth the loro.

¡He encontrado a las musas! Y en su muerte

me transmiten una última enseñanza:

“Cuelga la lira. Ya se te ha oxidado.

Está vieja y cansada, y ya no alcanza

la calidad de sus primeros días.

Cuelga la lira. Su tiempo ha terminado.

Tal vez los niños puedan reciclarla.

Ellos saben sacar de lo inservible

la diversión, el gozo, la alegría...

Déjales diez minutos y es posible

que aprendan de nosotras cómo usarla,

y también se columpien en las cuerdas”.

¡He encontrado a las musas!

¡Putas musas fanáticas de mierda!

Ahora queda enterrarlas en la fosa

de la parte trasera del jardín.

Me voy a por la pala y el rastrillo,

y pondré de epitafio el estribillo:

“¡He encontrado a las musas!”

pues (¿para qué mentir?) nunca he podido

idear epitafios ingeniosos

sin esas bellas musas y su hermoso

acento susurrándome al oído:

¡He encontrado a las musas!

También las he perdido para siempre,

pero ahora puedo follarme sus cadáveres.

8 de febrero de 2004.

LA EXTRADA

Como se trata de un "entrada extra", he decidido bautizarla como la "extrada".

La aprovecho para recomendaros a todos los residentes en la isla de Gran Canaria la obra de teatro que estará en cartel los días 13, 14 y 15 de febrero (uséase, el próximo fin de semana)en el teatro Cuyás, cerca de Triana.

La obra, de la que ya hablé aquí en su día, es "La bella Aurora". Una dirección del al parecer aclamado Eduardo Vasco de una de las dos trillones de obras de Lope de Vega.

En realidad yo no soy el más indicado para recomendar la obra, porque Lope de Vega nunca me ha hecho puta gracia, pero lo cierto es que la obra va por ahí cosechando un éxito arrollador.

Yo solamente la iré a ver porque en ella actúa Maya Reyes, una de mis mejores amigas. Ella es la que hace de "bella Aurora", y la que sale en el cartel de la obra.

Probablemente la última vez la mayoría de vosotros vio a esa actriz fue en la cabecera de Barrio Sésamo. Ella era la niñita rubia que salía al principio moviendo la cabecita al son del "Naaaaa, na, naaaa, na, na, na, naaaAAAAAA"

Precisamente hoy he tenido una equeña anécdota con Maya. Resulta que ayer pusieron a película "Regreso al futuro 2" en Antena 3. Yo me quedé un rato contemplando la peli, embelesado, como siempre, hasta que la pausa publicitaria de los cojones me cortó el rollo.

El caso es queesta mañana me llegó un mensaje de Maya preguntándome si veía algún tipo de señal en la película "Regreso al futuro". Ya sabéis, alguna de mis paranoicas señales del Destino...

Resulta que ayer a Maya le había dado por pensar en "Regreso al futuro", y cuando vio que la emitieron ese mismo día, se quedó intrigada sobre el significado del asunto.

Yo, por mi parte, me quedé reflexionando sobre el momento en que me llegó el mensaje de Maya. Justo en ese instante, estaba pensando en lo buena que es la peli "Donnie Darko". Entonces caí en la cuenta: Donnie Darko es también una película sobre viajes en el tiempo, en la que se habla de Regreso al futuro (de hecho, el protagonista, D. Darko, dice que le encanta esa película, que está magníficamente construida...)

Lo único que pude hacer fue recomendarle a Maya que vea Donnie Darko, por lo que pueda pasar.

No sé si será la recomndación más adecuada para una chica hippie new age de infancia relacionada con Barrio Sésamo. PEro, ¡qué demonios! Estoy seguro de que le encantará a peli. A pesar de todo, Donnie Darko es preciosa.

GUERRA FRÍA CON UNA CUCARACHA

No hay nada como abandonar el nido y tener el ordenador roto para convertir un diario en un semanario. Eso es lo que le ha ocurrido a este blog. Hasta que los vientos no tengan la feliz ideade cambiar las cosas, me temo que este rinconcito seguirá condenado a la rutina de permanecer inmutable de sábado a sábado.

Lo único que lucha para salvar el blog de esa condena son vuestros bienvenidísimos comentarios, que sigo leyendo siempre que puedo.

Así que, bienvenidos a la rutina de los sábados. Nuevo poema y nueva entrada.

Quiero empezar disculpándome por todos esos blogs que no tengo tiempo de leer. Supongo que cuando consiga sentarme con tranquilidad y me disponga a leerlos, me encontraré un montón de homework.

Para los que piensen que el título de esta entrada es una especie de metáfora sofisticada digna de una película de Bertolucci, lamento decepcionarles, porque voy a hablar exactamente de lo que cuento en el título:

Veréis... no soy la clase de persona que se apresure con eso de conseguir la absoluta paz espiritual, la salvación eterna, la pureza de corazón... Eso está hecho para los santos.

Eso no quiere decir que no me guste andar por el camino que conduce a esa pureza lentamente, pasito a pasito... sin apresurarme... sin pretender llegar hasta el final... obedeciendo, en la medida de mis fuerzas, a los impulsos más cándidos e iluminados de mi (por otra parte retorcido) corazón.

Entre las muchas cosas que se interponen entre mi Iluminación y yo hay una que me tiene especialmente traumatizado: La aversión que siento hacia ciertos insectos, entre los que podemos (¡es más: debemos!!) incluir a las cucarachas.

Esos malditos bichos me producen un asco sobrehumano. Constituyen la mejor manera de hacerme olvidar todo eso de la eterna belleza y la sublimidad de la creación divina y bla, bla, bla.

Y a veces, es superior a mis fuerzas matarlas, tiñendo las suelas de mis zapatos de “mal karma”.

Hace años lo hacía sin el más leve tipo de escrúpulo y/o/u contemplación, pero poco a poco uno se va haciendo sensible y acaba sintiendo empatía incluso hacia esos inmundos hexápodos invertebrados.

Por eso hace ya bastante tiempo que no las mato si lo puedo evitar. ¿A qué me refiero con eso? A que les perdono la vida si no se acercan demasiado. Si me encuentro una de esas enormes cucarachas andando por mi casa, intento convivir con ellas y les digo con el pensamiento: “Vamos, aléjate antes de que algún otro miembro de mi familia te vea y te destroce, o me quiera obligar a destrozarte con mis propias manos....”. Entonces la cucaracha sigue su camino y yo el mío. “Mucha suerte, señorita de antenas inquietas... Te deseo una feliz existencia en los más suculentos contenedores de basura y en las más confortables cañerías”.

En otras ocasiones, me encuentro uno de esos gigantescos bichos pululando por el cuarto de baño. Entonces pienso: “Vaya... El año está ocupado Tendré que irme al pequeño”.

Pero, ¿qué ocurre cuando las encuentro en mi propio dormitorio? ¡Ah! ¡No! Eso es superior a mis fuerzas... No puedo soportar la idea de acostarme a oscuras pensando que en cualquier momento esa criatura de peli de serie B puede escalar las patas de mi cama y ponerse a pasear por mi piel... Es me impediría dormir durante toda la noche... En esos momentos toda mi filantropía (o para hablar con más propiedad, toda mi filartrópía) se desvanece... y la cucaracha también se desvanece con un desagradable Czchrrrztrrujido.

Creo que el día que llegue no sólo a perdonar la vida de esas abominaciones, sino también a quererlas, me habré convertido en el mismísmo Buda (o en lo que sería Buda si le gustase el sexo, el chocolate y las películas de kung-fu).

Durante las últimas semanas he estado viviendo solo en la casa de Puerto del Rosario. Las cucarachas del lugar se han dado cuenta de que un servidor no es amigo de aplastarlas, así que celebrar todos los días sus fiestas nocturnas en mi cocina.

La mayor parte de ellas son de las pequeñitas. Esas no me molestan tanto. Pero de cuando en cuando se apunta también a la fiesta un ejemplar enorme, mastodóntico... El Hulk de las cucarachas asquerosas...

Desde entonces he estado aplicando con ella mi sistema de “si tú no te metes conmigo yo no me meteré contigo”. No difiere demasiado de la guerra fría. Bueno... alguna que otra diferencia sí que hay. La cucaracha es menos peligrosa que los rusos. Carece de kalashnicovs y de armamento nuclear, pero como contrapartida carece también de Prokofiev, de Tchaicovsky y de Eisenstein.

Le encanta pasarse horas y horas en el rinconcito del cuarto de baño. Ya saben... entrando a la derecha, entre el retrete y la escobilla del retrete... Y últimamente también frecuentaba las inmediaciones de la mesa del salón.

¿Cómo demonios sé que se trata todos los días de la misma cucaracha? En realidad no lo sé. Simple intuición, supongo. O tal vez influya el hecho de observar en ella siempre las mismas pautas de comportamiento...

Como ven, ya somos viejos amigos ella y yo, o viejos enemigos... Nos observamos el uno al otro, nos medimos mutuamente las reacciones, los movimientos... Sé que prefiere caminar con la luz apagada... y sé que posiblemente me tenga miedo. Tanto miedo como asco le tengo yo a ella. Pero, a pesar de ese asco, y a riesgo de resultar contradictorio, estoy empezando a pensar que le he cogido algo de cariño.

Anoche la señorita “antenas inquietas” estaba en el salón. Yo estaba sentado a unos cuantos metros de ella, degustando mi té de antes de acostarme. Los dos nos vigilábamos, aunque con algo más de tranquilidad que las primeras veces. Creo que los dos sabíamos ya que ninguno iba a sorprender al otro con un movimiento inesperado.

Espera, no... Cuando estaba en el salón fue hace ya varios días. Ayer me la encontré en la cocina, cando me disponía a preparar el té... Se interponía en mi camino, así que tuvimos que cruzarnos, con mucha precaución, midiendo cada uno los movimientos del otro, como de costumbre... Finalmente yo pude preparar mi té y me lo tomé mientras observaba cómo “antenas inquietas” caminaba lentamente hacia la salida de la cocina. Siempre camina lentamente. No sé si lo hará para no llamar mi atención en exceso, o si ya está vieja.

Mientras terminaba mi té, ella caminaba lentamente por el pasillo. Definitivamente, llegué a la conclusión de que caminaba con lentitud porque no podía hacerlo a mayor velocidad. Se acercaba poco a poco a mi habitación. “No. No te metas en mi habitación. No me obligues a hacerlo... No quiero matarte...”, pensaba yo.

Mientras me lavaba los dientes, comprobé con alivio cómo se perdía entre las sombras del dormitorio de mi hermana. Mi hermana nunca duerme allí, así que no hay problemas...

A la mañana siguiente fui al baño para ducharme. Estaba en su rincón favorito. Y poco a poco se dirigió hacia el hueco que hay junto a la bañera. Decidí que a esas alturas podía correr el riesgo de desnudarme y ducharme con ella en la habitación. Así lo hice.

Cuando salí de la bañera, me la encontré en el mismo sitio, pero ahora estaba tumbada bocaarriba, inmóvil... muerta...

Así que tendréis que coger todos los verbos que están conjugados en presente a lo largo de esta entrada y ponerlos en pasado. Esa cucaracha ya no existe en el mundo de los vivos.

Cuando vi su cadáver experimenté dos sentimientos muy distintos, pero tan entrelazados que no sabría decir cuál de ellos floreció primero en mis entrañas. Uno de ellos era el sentimiento de alivio, de saber que o volvería a tener que encontrármela por la casa. El otro sentimiento fue de pena... Me temo que en cierto modo sí que le había cogido algo de cariño a esa cabrona...

Y ahora sí creo saber por qué caminaba tan despacio... Porque sabía que caminaba hacia su propia muerte, y no tenía demasiada prisa por llegar.

Supongo que yo fui el último ser vivo que vieron sus ojos de insecto. Espero que en estas semanas ella también me haya cogido a mí algo de cariño, para que se haya podido llevar n recuerdo medianamente decente al mundo de los muertos.

Los preparativos de la película podrían ir mejor, pero no van mal.

Estamos inmersos en una rutina que consiste en trabajar hasta que nos echan de la sala, luego alimentarnos (generalmente de forma medianamente barata y no siempre demasiado saludable) y luego vernos alguna película.

El mejor de los ejercicios para tipos como nosotros: Dedicar los días a hacer un película y ver otras muchas.

¿Títulos interesantes en esos visionados? Pues por ejemplo, “Muerte entre las flores”, que es una auténtica maravilla, como todo lo que hacen los hermanos Coen. “Zoolander” y “Ejecutivo Agresivo”, dos pelis bastante cachondas y sin otra pretensión que la de hacer reír, o “El Pianista”, de Polansky, bastante dura pero muy recomendable, con un Adrien Brody que se ganó su oscar a pulso, un guión muy bien concebido, una fotografía magistral... Los snobs de mis amigos de aquí (sobre todo Alby) aprovechan la más mínima oportunidad para argumentar que El Pianista es mucho mejor película sobre el holocausto que “La lista de Schindler”, porque ahora está de moda eso de ir contra Spielberg. ¿Qué queréis que os diga? El pianista es un peliculón, pero Spielberg es Spielberg, y aunque sea cierto que La lista de Schindler es más sensiblera, probablente demasiado pro-semita y propagandística, pienso personalmente creo que está mejor rodada, mejor escrita y, en definitiva, mejor contada que El Pianista. Yo las juzgo a ambas como películas, como historias. Sinceramente, no me parece que ninguna de las dos sea totalmente imparcial, y no seré yo quien acuse a ninguna de ellas de falta de rigor cuando yo he tenido la suerte de no estar allí para ver el holocausto y, por lo tanto, carecer de la información necesaria para poder juzgar.

¿Qué más? Ah, sí... que no tengo tiempo estos días para preocuparme por cambiar el link sorpresa, así que hasta nuevo aviso, seguiremos teniendo ahí a la señorita Cristina Ricci, que humildemente considero merecedora de ejercer de ocupa de mi link sorpresa durante todo el tiempo que quiera.

Y hablando de mujeres bonitas: A no ser que no encuentre billete, iré a Las Palmas a visitar a mi adorada Ariadna del viernes que viene hasta el lunes. Tres días que necesito bastante.

Por cierto: Lo de “los snobs de mis amigos” lo decía en broma. Nada más lejos de mi intención que herir la sensibilidad de nadie...

Que el Destino se porte bien con vosotros.

EL POEMA DEL SÁBADO SIETE

Hola de nuevo amigos!!

He decidido que la única manera de no retrasarme todas las semanas es llamar al poema “poema del sábado” en lugar de llamarlo “poema del viernes”, porque los estrambóticos horarios a los que estamos sujetos hacen que nuestro fin de semana comience los sábados por la noche y termine los lunes.

Sin más comedura de tarro (que eso lo dejo para la siguiente entrada) suelto aquí el poema de esta semana:

CAIMANES EN LAS ALCANTARILLAS

¡Colosos grises!¡Lágrimas de asfalto!

¡Semáforos torcidos y escabrosos!

¡Pasos de cebra hundidos en tinieblas!

¡Torres de Babel!¡Lluvia de penas!

¡Autobuses y coches humeantes!

¡Arañas de hormigón! ¡Nubes de acero!

¡Hollín que llora en vano en los cristales!

¡Aceras rotas!¡Parques sin orilla!

¡Y caimanes en las alcantarillas!

¡Laberintos desteñidos!¡Negras flores!

¡Ventanas de mirada suplicante!

¡Niebla de luces!¡Nostalgia entre los cuervos!

¡Escaleras que descienden al olvido!

¡Hojas de otoño!¡Cielo de ladrillos!

¡Ladrillos grises, harto desteñidos!

¡Farolas negras!¡Gris melancolía!

¡Grises estornudos!¡Grises pesadillas!

¡Y caimanes en las alcantarillas!

¡Papeleras con hiel!¡Incertidumbre!

¡Tormentas de papeles en los metros!

¡Delirios de cristal!¡Sueños de látex!

¡Escombros de un mañana presuroso!

¡Antenas de ignominia!¡Pararrayos!

¡Llanto de cristales en desierto de bloques!

¡Vidrieras rotas!¡Bosques de hojalata!

¡Estrellas melancólicas que brillan!

¡Y caimanes en las alcantarillas!

¡Fuentes autistas!¡Buitres!¡Azoteas!

¡Océano de mármol!¡Mar de guantes!

¡Buscadores de miel!¡Exploradores

de un mañana mejor!¡Tenues pasados!

¡Almas enamoradas de la Luna!

¡Luna llena, que alimenta a los gatos!

¡Ceniceros pensativos con colillas!

¡Y caimanes en las alcantarillas!

¡¡Sí!!¡Caimanes en las alcantarillas!

¿Por qué no?

1998

MI PRIMERA BORRACHERA

Bien... bien... La deuda lírica ya está saldada. Ya tenéis aquí debajo el poema de esta semana. La próxima vez intentaré buscar alguno más alegre.

Hace mucho tiempo que no me paso por aquí, y no es por falta de ganas. Lógicamente, tengo mucho que contar, y más lógicamente todavía, me olvidaré de contar casi todo lo que tengo que contar.

Pero por algo hay que empezar, así que lo haré relatando MI PRIMERA BORRACHERA.

No sé si es una borrachera en toda regla, pero es, como mínimo, lo más cercano a una borrachera que he experimentado en mi vida. Como suele ocurrir con todo en mi vida, no sucedió como le suele suceder a las demás personas:

Todo empezó cuando Efrén y Alby me dejaron en mi casa aquel día. Estaba solo en casa. Miré el reloj: Las once y algo de la noche. Era demasiado pronto. En los últimos días me había acostumbrado a despedirme de los amigos sobre las dos de la madrugada. Sabía que no conseguiría dormirme hasta que llegara esa hora. Mi cuerpo y mi mente ya estaban programadas para ello. Tenía que hacer algo, pero, ¿qué?

No tuve que devanarme los sesos. La idea surgió espontáneamente en mi cabeza, como una chispa. En cierto modo creo que el Destino me había conducido a ello. Si tuviese más tiempo quizá me detendría a relatar aquí la clase de señales que fueron indicándome poco a poco, durante los días anteriores, que me convenía pasar por eso.

¿A qué me refiero con “pasar por eso”? Pues a eso: A emborracharme, a probar eso que la mayoría de la gente ha conocido alguna vez...

Yo nunca he sido bebedor. Son contadas las ocasiones en que ingiero alcohol. Alguna cerveza de vez en cuando, un par de copas de vino al año, alguna copa de champán o sidra en navidades o fin de año... Rara vez he pasado de ahí. Las poquísimas veces que he tomado un poco de ron, o algo de martini, o algún chupito de lo que sea, lo he hecho con bastante moderación. Así que nunca había sentido lo que se supone que uno siente cuando bebe hasta “cruzar la línea”.

Aunque lo que más me intrigaba no era la sensación que fuese a experimentar, sino algo relacionado con eso, pero distinto: ¿En qué clase de persona me convertiría?

Bien es sabido que el alcohol (al igual que otras muchas sustancias) funciona como un desinhibidor. Cuando estamos sobrios, tenemos funcionando un montón de mecanismos que nos ayudan a ocultar a los demás (y a ocultarnos a nosotros mismos) la clase de persona que somos en realidad. Esos mecanismos o máscaras nos ayudan a reprimirnos cuando deseamos hacer algo que pensamos que no deberíamos hacer, o a callarnos cuando deseamos decir algo que, por otra parte tenemos miedo de decir.

Ya sabéis a qué me refiero: La vida en sociedad es una jungla, y la gente suele funcionar con esas máscaras. Pero el alcohol es un de esas sustancias que, según dicen, debilita las máscaras y hace que aflore la verdadera forma de ser de una persona.

Recuerdo que mi padre siempre me lo decía de pequeño: Viendo a una persona borracha uno puede saber cómo es en realidad esa persona. El que es una buena persona será bueno sin reprimirse, y el que es agresivo, no se contendrá y pegará o insultará a los que le rodean...

Y yo tenía curiosidad por ver qué clase de persona soy. En mi vida suele encontrarme con dos tipos de personas: Los que piensan que soy muy buena persona y los que piensan que soy un auténtico cabrón. Me temo que no soy ni una cosa ni la otra, pero me apetecía comprobar hacia cuál de los dos extremos tiendo. Y como comprobarlo me parecía tremendamente difícil, pensé que una borrachera me podría dar, al menos, alguna pista importante.

Os doy mi palabra de que no sabía cómo iba a resultar el experimento. Por eso probablemente juzgué que debía hacerlo a solas, en mi propia casa, para que en caso de salir de mi interior un ser desagradable, ese ser no tuviese la oportunidad de molestar a nadie.

Me sentía como en un experimento decimonónico de Jeckyll y Hyde. Encerrado en mi laboratorio secreto, bebiéndome las pociones en aras de la ciencia (y de cosas que están por encima de ello).

¿Cuáles fueron esas pociones?

Las extraje de las botellas de variopintas bebidas que estaban abandonadas desde hace años en mi casa de Puerto del Rosario (el laboratorio del experimento).

Empecé con algo más de medio vaso de Jaguelmeister, un licor de hierbas alemán bastante fuerte. Y a continuación me metí entre pecho y espalda otro medio vaso, esta vez de Vodka (pues fue la primera botella abierta que encontré).

Aunque las bebidas eran fuertes, sin rebajar e ingeridas con cierta rapidez, las cantidades no fueron tampoco excesivas (el vaso era un vaso de beber agua normal y corriente) y no alcancé uno de esos colocones monumentales de los que suele presumir todo buen borracho que se precie. Obviamente, ni perdí la conciencia ni la capacidad de raciocinio. Y podía andar sin caerme al suelo, aunque con menos equilibrio del habitual y con una agradable sensación como de estar flotando por la casa.

La experiencia tuvo unas cualidades casi místicas. Me sentí como más integrado en el cosmos. Al mismo tiempo actor y espectador. Las ideas acudían a mi mente con más fluidez, sin barreras de ningún tipo, y los movimientos, en algunos casos, tres cuarto de lo mismo. Recuerdo que me puse a hacer movimientos de Aikido y de Tai Chi. Salían de forma más fluida y espontánea. Era maravilloso.

Y en cuanto a mi forma de ser, una vez debilitadas todas las barreras, preocupaciones y composturas, el resultado era un ser que me atrevería a tachar de buena persona. Mi mente estaba llena de pensamientos positivos. No podía acordarme de nadie ni de nada sin sentir hacia ello un amor casi jovial. La vida era como un juego. Incluso las cosas tristes tenían su belleza dentro de ese juego...

Eché mucho de menos a mi querida Ariadna. Me habría gustado mucho compartir con ella ese momento. Lo más cercano a ello que pude hacer, dada la hora y la distancia, fue mandarle unos cuantos mensajes de móvil.

Empecé a sentir hambre y me calenté un “cocido catalán” pre-cocinado. Me lo comí con una barrita de pan, y eso también fue toda una experiencia. Cada elemento del cocido era una unidad en sí misma, los sabores eran más reales...

En definitiva, fue una experienca maravillosa, aunque no la he vuelto a repetir. Sé que si me dejo llevar, soy la clase de persona que podría acabar alcoholizada, perdiendo el control. Tal vez por ello no me había decidido a hacer la prueba hasta la fecha.

Pero sin duda alguna volveré a repetir de vez en cuando la experiencia. Quizá la próxima vez lo haga junto a Ari para compartir con ella la experiencia, y puede que luego me anime a hacerlo una vez más rodeado de amigos.

Lo único que me quedará por hacer entonces antes de morirme será probar los hongos alucinógenos que toman los budistas y los chamanes para alcanzar la iluminación. Y eso me temo que lo dejaré para más adelante...

Bueno... Al final me he extendido tanto con esto que creo que lo mejor será dejar las demás cosas para otra ocasión. Estoy acaparando el ordenador de mi hermana...

Seguiré contando cosas lo antes posible... Pero últimamente “lo antes posible” se está configurando como un momento incierto.

Los preparativos para la película van obre ruedas. Estos dos últimos días nos hemos animado y deprimido al mismo tiempo viendo “Cristal Oscuro” de Jim Henson y Frank Oz. Eso le hace a uno pensar en lo pequeñita que va a ser Gritos en el Pasillo.

Estoy pensando en darme un salto a Las Palmas a mediados de este mes para visitar a Ari. Una vez que empiece la vorágine del rodaje, no sé cuándo volveré a tener tiempo para verla. Me apetece mucho ir a visitarla, como el caballero que va a ver a su princesa antes de la batalla, para que la princesa le regale un pañuelo a modo de amuleto. ¿Podré tejer yo con hilos de sueños algún pañuelo similar para que lo pueda llevar ella en su batalla de exámenes universitarios?

EL POEMA DEL VIERNES PASADO

Pido disculpas una vez más por este imperdonable retraso lírico. Cuestiones informáticas... De hecho, empiezo a sospechar que tal vez he perdido mi ordenador para siempre...

Pero de momento tomo prestado el ordenador de mi hermana para actualizar un poco esta página. No me gustan las páginas muertas.

Así que aquí tenéis el poema del viernes pasado. El último poema que solté por aquí era Cuervos Muertos. Lo escribí en clase, cuando estaba en Madrid, en la universidad. Y recuerdo incluso el nombre de la asignatura en la que lo hice: “Comunicación Política”.

Debía de ser una asignatura tremendamente creativa, porque poco después compuse otro poema en una clase de “Comunicación Política”. Se titula:

ME ARRANQUÉ EL CORAZÓN

Me arranqué el corazón... Me molestaba...

... y lo arrojé al abismo.

Me arranqué el corazón... envenenaba

con sus negros latidos mi organismo.

Me arranqué el corazón... no me arrepiento...

Lo habitaban insanos sentimientos.

Me arranqué el corazón... pues harto estaba

de escuchar sus latidos... que lloraban...

¡Me arranqué el corazón! ¡Con él la vida!

¡Consideradme muerto!

Me arranqué el corazón... Soy un suicida

que sembró telarañas en su huerto.

Me arranqué el corazón... ¡Dios lo maldiga!

Sobrevivió un pedazo...

Me arranqué el corazón... Puede que siga

unido a él por invisibles lazos.

Me arranqué el corazón... con agonía

lo engullirán los buitres.

Me arranqué el corazón, pues desprendía

un hedor a amargura de salitre.

Me arranqué el corazón... bajo el rocío

de una noche sin Luna.

Me arranqué el corazón... Estaba frío...

sin salvación alguna.

Me arranqué el corazón... ¡Pesaba tanto!

Lo hice en defensa propia.

Me arranqué el corazón, y en paz descanso.

¡Que alguien me cante un réquiem!

9 de Mayo de 2000

EL POEMA DEL VIERNES VEINTITANTOS

Es que no sé qué día del mes es exactamente, y estoy demasiado cansado para averiguarlo.

Espero que se trate del viernes “veintipoco”, porque tenemos una peli que rodar en febrero, y para que las cosas vayan sobre ruedas necesitamos todavía un trocito más de enero.

Pero bueno... no he venido aquí para hablar de la película. Solamente diré que todo parece ir sobre ruedas. Algo me dice que tenemos al amigo Destino trabajando de nuestro lado. Para lo que he venido en realidad es para endiñaros, entre bostezo y bostezo, el poema de este viernes:

Cuervos muertos.

¡Cuervos muertos!

Miro el cielo de mi alma,

y en mi alma sólo llueven...

¡Cuervos muertos!

Cuervos muertos...

Cruzo el suelo de mi vida,

y en mi vida sólo crujen...

¡Cuervos muertos!

Cuervos muertos,

alas amputadas, plumas negras...

¡Cuervos muertos! Sólo eso...

cuervos muertos, que se pudren...

... en mi mente...

¡Mente negra!

Y camino...

fatigado...

por senderos

desolados...

Y me paro, me detengo,

miro atrás... y mi pasado...

es un rastro ensangrentado

¡de cuervos muertos!

Voy andando, voy viviendo...

y mientras vivo... mientras ando...

voy pisando...

¡cuervos muertos!

Y delante, en mi futuro,

cuervos negros van surgiendo

de lo oscuro.

Van cayendo,

agonizantes

en las curvas del camino,

y los dioses se entretienen

tapizando mi destino...

¡de cuervos muertos!

Grito al fin. Cierro los ojos,

lloro, caigo de rodillas

en alguna pesadilla

que mis nervios acribilla,

y detengo mis oídos

atendiendo a los latidos

de mi negro corazón,

y sus latidos...

sus latidos sin sentido...

son graznidos... son lamentos...

¡de cuervos muertos!

Y de nuevo mi mirada

se sumerge en alboradas

que no nacen...

Y prosigo mi viaje,

enrollando la madeja

de mi muerte...

arrastrando mi organismo

entre el polvo y el abismo,

resignado...

hacia el desierto

donde aguarda mi sepulcro,

olvidado foso abierto...

Y mi espíritu maltrecho...

dormirá al fin en un lecho...

¡de cuervos muertos!

12 de Abril de 2000

MI CÁSCARA DE NUEZ VUELVE A ZARPAR

Anoche hice una lista de todas las cosas que tenía que hacer antes de partir, para no olvidar ninguna. Ya están tachadas todas las cosas de la lista, salvo la de organizar la ropa limpia adicional que me tengo que llevar.

Una cosa curiosa: Las entradas del blog las escribo en el word y luego las vuelco en la plantilla de DEMASIADO VIOLETA. Pues bien... hoy he llegado a la página 100. Un poco más, y el contenido de este blog tendrá la misma extensión que algunas de mis novelas.

Y uno no se da ni cuenta...

Ha sido un planer compartir esas 100 páginas con todos ustedes, y espero seguir compartiendo muchísimas más.

Para celebrar el centésimo paginario de DEMASIADO VIOLETA, aquí tienen el párrafo flashback, en el que aparecen, una tras otra, la primera palabra de cada entrada:

Seré quisiera apenas esta en me against amigos tras hoy hoy preparar he escuchando he en es sí sí casi hoy ése me desde ya el sí si pero persianas según estoy todo esta ayer dedicado que o estoy el me la sí en tan llevo sí la no simplemente lo yo ya pero sí esa antes atención sí ése me quisiera antes acabo sigo ya tienes sincronicidad sí ha sí tras bueno anoche.

Por cierto: No sé qué ocurre con los comments. Me aparecen los últimos en la página de haloscan pero no figuran en el blog... En cualquier caso, bienvenido a DEMASIADO VIOLETA, Néstor el Nestoriano.

PELICULASSIÓN, COINSIDENSSIASSIÓN Y UN ORÁCULO PASADO DE ROSCA

Bueno... el poema de este viernes ya está puesto, pero no pensaríais que me iba a ir sin escribir algo más... ¡Claro que no! He vuelto a casa, he vuelto a internet durante pocas horas, hasta que suenen las funestas campanadas y me tenga que volver a largar dejando una hilera de zapatitos de cristal por el camino.

Confieso que echaba de menos volver a escribir aquí. Vuestra compañía es agradable, y me alegra saber que también a vosotros os agrada la mía. Gracias Rubén, gracias Carmen, por los ánimos...

Tenéis razón, Carmen y Valsay... aquella sombra chinesca en el suelo, junto a mi cocina, era cosa de magia. Una de esas señales que pertenecen al vocabulario del Destino... Te alegrará saber, estimadísima Carmen, que el tema de las brujas y los cuentos de hadas está muy presente últimamente en los planes que Alby y yo tenemos para próximas obras artísticas. Posiblemente esa pasión por tales temas, que he desarrollado durante muchísimo tiempo, ha resurgido ahora con gran fuerza gracias al libro Encantamiento de Orson Scott Card. Un libro que recomiendo a todo aquél que quiera pasar un buen rato leyendo un libro interesante.

Aprovecho también, Carmen (con permiso de los demás) para contestar aquí a cosas de tu blog, ya que tus links de comentarios siguen sin aparecer. Sí... Carmen... A veces los periodistas opinan sobre cosas de las que no tienen ni idea. Tachan a Tolkien de fascista del mismo modo en que tacharon de fascista a Amélie, y en su día tacharon de lo mismo a 2013, rescate en los ángeles de Carpenter, cuando dicha película es el mayor alegato que se ha hecho en pro de la Anarquía. En fin... que si todos los periodistas siguiesen al pie de la letra los códigos éticos y laborales de los medios en que trabajan, otro gallo cantaría, y ningún plumilla obtuso malinterpretaría el canto del maldito gallo. Por cierto, Carmen... veo que entre nuestros innumerables gustos comunes se encuentra Joaquín Sabina. Yo también adoro esa canción. ¡Qué gran disco, el “Física y Química”!

Pero bueno, ¿qué más contar por aquí? Seguramente hay mucho que contar, pero no sé si seré capaz de acordarme de todo. Llevo arrastrando un molesto dolor de cabeza durante toda la tarde. Cuando uno trabaja con cierto tipo de pinturas y pegamentos, el olor de dichas sustancias químicas penetra en el cerebro. No es recomendable esnifar las mismas sustancias que utilizaron para envenenar a la duquesa de Alba. (¿Os podéis creer que la excesiva corrección política del diccionario del word llega hasta el punto de señalar como incorrecta la palabra “esnifar”? Putos moralistas fanáticos de mierda...)

¿Por dónde iba? Ah, sí... La pintura venenosa... Mi adorada Ari que tanto me cuida me regañó cariñosamente por no ventilar bien la habitación, pero en realidad la habitación sí estaba ventilada. Lo que ocurre es que cuando uno trabaja con cosas tan pequeñas, tiene que acercar mucho la cara hacia el objeta que se está pintando, y la fatalidad penetra por las fosas nasales.

Algún despistadillo se preguntará probablemente, ¿cuáles son esas cositas pequeñitas que está pintando? Pues más cositas para nuestro largometraje, por supuesto. Allí estamos Alby y yo, encerrados en una habitación cual enanitos de Santa Claus, trabajando en la primera película protagonizada por frutos secos de la historia del cine.

Nos lo estamos tomando con mucha tranquilidad. Realizamos nuestras labores mientras escuchamos música y hablamos de cien mil temas distintos. Hacemos como mínimo un par de pausas en nuestra jornada; una para almorzar y otra a media tarde, para escaparnos a tomar un té y un trocito de tarta de queso en una cafetería muy agradable llamada “Avenida 10”.

Aunque no son sólo los asuntos de ocio y distensión los que interrumpen nuestra jornada. También nos siguen robando mucho tiempo las cuestiones de producción y “relaciones públicas”, tanto en lo referente al proyecto “Gritos en el pasillo” como en lo que atañe a otros proyectos distintos que también parecen adornados por promesas de un futuro prometedor. Una vez más, tengo la sensación de que el 2004 va a ser nuestro año; un año de frutos, de buena suerte... Y será sólo el principio.

Aunque nuestro avance durante esta semana no ha sido espectacular, sí ha sido, cuando menos, alentador. Sobre todo si tenemos en cuenta que estamos trabajando sólo dos personas, y una de ellas (yo, me, myself, servidor, el menda) con las capacidades mermadas debido a la enfermedad. Dolor de garganta, falta de fuerzas, mareos, el ganglio inflamado, como un recuerdo de peores días en los que llegué a pensar lo peor... Afortunadamente, los síntomas descritos ya son prácticamente cosa del pasado. El dolor de garganta prácticamente ha desaparecido, la energía fluye por mis meridianos y el ganglio se va deshinchando poco a poco. Mucho habrán tenido que ver las atenciones de mi querida Ariadna, con sus flores de Bach (me estoy metiendo esencia de roble), sus comidas sanas, sus infusiones y sus batidos de soja.

Confío en que la próxima semana arrancará con más fuerza, pues mi enfermedad para entonces estará con creces mitigada y habremos pillado el ritmo.

De momento, aprovecharé esta vuelta al hogar para hacer las diez mil cosas que he venido a hacer relacionadas con el proyecto cacahuetes y con otros. Son tantas cosas que estoy casi seguro de que se me va a olvidar alguna. Debería usar agenda, pero hay veinte mil cosas que debería hacer y que no hago, y otras veinte mil que no debería hacer pero sí hago. Según la medicina china tradicional, ni siquiera debería eyacular... Pero bueno, también dicen los chinos que hay que armonizar siempre todos los extremos, así que debe ser sano introducir en la vida una cierta dosis de decadencia...

Otra vez me he vuelto a ir por las ramas... No tengo remedio, pero tengo los ojos azules *:P

Intentaré terminar esta entrada a una hora decente, para que no se me haga demasiado tarde solucionando todas las cuestiones pofesionales... Porque si considero que mi cuerpo y mi alma están en forma, me deleitaré esta noche visionando el DVD que me ha regalado Alejandro, ese tipo tan curioso y entrañable que conozco gracias a Ari. Me sorprendió haciéndome un exquisito regalo de reyes: Atrapado por su pasado (Carlito’s Way) de Brian de Palmas. Llevaba mucho tiempo queriendo ver esa película, y estoy seguro de que me va a gustar, porque:

a) Adoro a De Palma.

b) Adoro a Al Pacino.

Otro regalo afortunadísimo ha sido El misterio de las coincidencias, traído desde el lejano oriente por una reina maga denominada Ariadna.

El libro habla sobre muchas de mis pasiones. Budismo tibetano, el archi-comentado asunto de las coincidencias...

Leyendo el libro he aprendido que sincronicidad (término científico con el que se conocen esas mágicas y simbólicas coincidencias) fue acuñado por el archi-famoso e interesantísimo psicólogo C.S. Jung.

El asunto (como ocurre con cualquier tipo de fenómeno que se nos presenta total o parcialmente a través de la razón) tiene sus explicaciones científicas, cimentadas en los hallazgos de la física cuántica:

Al parecer, cuando dos partículas subatómicas han estado unidas alguna vez, quedarán vinculadas para siempre, aunque las separemos. Da igual la distancia de kilómetros o años luz que se imponga entre esas partículas... Da igual que una esté en China y la otra en Portugal... Cualquier cosa que hagamos a una de las partículas producirá un efecto en la otra. Una vez han estado unidas, permanecerán comunicadas para siempre, y se comunicarán de una forma totalmente instantánea, a una velocidad superior a la de la luz.

Y si tenemos en cuentas que en el huevo cósmico, antes del Big Bang, todas las partículas del universo estuvieron unidas, llegamos a la misma conclusión a la que llegó Buda en su Iluminación: Todas las partículas del universo están unidas, relacionadas... Lo que le ocurra a cada partícula del universo influirá de una forma totalmente inmediata en todas las demás partículas del universo.

La sincronicidad y la magia siguen manifestándose en mi vida. Ayer fue un día especialmente místico y extraño, aunque el suceso más destacable, en nuestra opinión, fue el del oráculo:

Alby y yo habíamos salido a la calle para recoger unas cosas en la sala Juan Ismael (el sitio en el que nos están preparando el espacio para rodar). Nos detuvimos un par de minutos en la contemplación de una glorieta en la que Amancio (un escultor) estaba colocando con una tropa de hombres unas preciosas estatuas de bronce. Cuando reanudamos el camino, se nos acerca, como surgido de la Nada, un hombre con una mirada extraña, que empieza a caminar junto a nosotros, llamando nuestra atención con una frase:

“De cualquier cosa hacen una idea, ¿verdad?”

Alby y yo pensamos en un primer momento que se estaba refiriendo a las estatuas, y asentimos sonriendo como dos imbéciles. Pero resulta que el tipo se refería a nosotros. “Ustedes van a ser buenos”, nos dijo. “Ustedes van a triunfar”. Lo dijo sin venir a cuento, con la solemnidad de un oráculo. “Yo les conozco a ustedes. Les tengo leídos”.

Era todo extrañísimo. El hombre hablaba y miraba de una manera que no era normal. De pronto, se detuvo junto a uno de los coches más sucios que recuerdo haber visto y abrió la puerta. “Yo tengo muchas ideas”, nos comentó. “¿Me aceptan una copa? ¿Un refresco?”.

Nos quedamos desorientados, sin saber qué contestar. Finalmente Alby le dijo que teníamos que ir a la sala Juan Ismael, y el buen hombre se ofreció a llevarnos. Por aquello de no ser descorteses, aceptamos la invitación y nos metimos en el coche. Al hacerlo sentí que me estaba subiendo en un carruaje guiado por los corceles del Destino. El interior del coche estaba igual de sucio que el exterior. Ensuciaba la propia ropa de uno...

“Soy ingeniero”, proclamó el desconocido. No lo parecía.

El coche se puso en marcha. Escudriñé el título de uno de los libros que llevaba el hombre en el interior del coche: Era sobre pintura decorativa, o algo así. Alby le preguntó al desconocido algo que no recuerdo. Como única respuesta, él le enseñó un reloj que llevaba en la muñeca, mientras decía: “Mira lo que me regaló un colega”. Esa frase fue seguida por una sonrisa loca, desquiciada, que nos hizo comprender a Alby y a mí que aquel tío estaba pasadísimo. Vete a saber si era su estado natural o (lo más probable) si llevaba en el cuerpo alguna sustancia extraña. Me temo que Alby y yo, pensamos al unísono: “bravo, fantástico, magnífico... Estamos encerrados dentro de un coche en marcha con un hombre pasado de rosca, que está como una cabra y al que no conocemos de nada. ¿Será tal vez nuestro último viaje en coche?”

Pero el hombre cumplió su promesa de llevarnos a la sala Juan Ismael, durante un trayecto de conversación surrealista. “¿Y qué ideas tiene usted?”, le preguntaba Alby. “Yo tengo montones de ideas”, contestaba él, con su expresión desquiciada, y agregaba: “Pero las malas son las que funcionan”. Y yo respondía a eso con algunas palabras que ahora mismo no recuerdo. Fue todo así. Soltaba la información de forma rápida, fragmentada, psicotrópica... Decía que conocía al padre de Alby, y decía que mi madre le había dado clase... En otras palabras... sabía quiénes éramos... Decía que él tenía contactos para nuestra película... Todo entre sonrisas y risas de demente... Pero cada cierto tiempo, cual si de un estribillo se tratase, la sonrisa se la iba, se ponía serio, solemne... y nos volvía a repetir eso de “Ustedes van a ser buenos. Ustedes van a llegar lejos. Ustedes van a triunfar en la cinematografía”.

Y tanto Alby como yo lo interpretamos como una manifestación post-moderna de los antiguos oráculos. Una señal del Destino... enviada por alguna fuerza superior a nuestro entendimiento.

Porque cuando un hombre se coloca con alguna droga de esa manera, abandona su razón, disuelve las barreras que lo separan de su subconsciente, su parte animal... y ese hombre, en cierto modo, pasa a estar controlado por el propio Cosmos. ¿Sería, por tanto, un instrumento del propio Cosmos para hacernos llegar un mensaje? ¿Cuál sería ese mensaje? ¿Qué, en efecto, vamos a llegar lejos? ¿O tal vez el mensaje consiste en: “No se metan en un coche con un desconocido de mirada loca”?

Cuando se lo conté a Ari y le expliqué que nos metimos en ese coche por cortesía, por no ofender a aquél buen hombre, me dijo: “Entonces ustedes van a morir como murió Buda: por gilipollas”.

Para quien no lo sepa, Buda murió porque un hombre humilde le ofreció un plato de carne en mal estado y, aunque Buda sabía que la carne estaba mal y era peligroso comerla, se la comió por aquello de no ser descortés con el pobre hombre. La disentería acabó con su vida.

Nosotros estamos a años luz de la perfección espiritual de Buda, pero a este ritmo también alcanzaremos la sabiduría necesaria para morir “por gilipollas”. Es malo para la supervivencia, pero es bueno para el karma....

LA POESÍA DEL VIERNES DIECISÉIS DE ENERO

Tras cinco largos días de ausencia, el Destino hace navegar nuevamente mi cáscara de nuez hacia este rinconcito mío para dejar en él la poesía de este viernes, para los que quieran leerla.

A veces se habla de “falsa modestia”. Pues bien... la poesía de hoy es un ejemplo de lo contrario: “falsa soberbia”.

Y se titula:

ME SIENTO MUY SOLO DESDE QUE SOY PERFECTO

Me siento muy solo desde que soy perfecto.

Sin que nadie me comprenda.

Sin que nadie me iguale.

Me siento demasiado solo,

como un patito de goma flotando en una bañera.

Y me dais pena.

Me dais pena porque nunca seréis como yo,

porque jamás probaréis qué es ser divino,

porque no podréis ver las cosas a mi manera,

porque no podéis asomaros al espejo

y ver mi cara,

porque nacéis imperfectos

e imperfectos moriréis...

... y sé que es duro...

... muy duro...

Por eso me dais pena.

Y lamento la existencia de toda esa gente

que no tendrá la oportunidad de conocerme.

¡Oh! ¡Cuánto la lamento, vive Dios!

¡Lamento su existencia!

Una existencia tan inútil como una rueda pinchada.

Tan inútil como el sistema educativo.

Tan inútil como el bolsillo trasero de un pantalón.

Esa gente, que no tendrá el sagrado privilegio

de recibir de mi voz los buenos días,

de conversar conmigo una mañana perezosa,

o en una tarde muerta,

sobre Metafísica, cocina o siderurgia...

... o acaso sobre el tiempo.

Me siento muy solo desde que soy perfecto

(tan solo como Dios, nadando en el vacío)

sin nada en que apoyarme,

sin nadie de quien aprender,

sin nadie a quien admirar, salvo yo mismo...

... y me siento muy solo...

... como una margarita en una escombrera,

como un consolador en una guardería,

como el “Huevo Cósmico”

doce segundos antes del “Big-Bang”.

¡Yo también explotaré!

No sé si de rabia, compasión o pena.

Pero explotaré,

como un globo con demasiado aire,

en el momento inapropiado,

en el lugar inadecuado...

deshecho por la pena

(la insoportable pena)

de con suma impotencia

comprobar cómo algunos

buscan un Dios remoto

en confines lejanos,

sin saber que aquí el menda,

ese chico anónimo con el que se cruzan en la acera,

ES LA OSTIA.

1998

ME LAAAARRRGO!
Sí... Acabo de llenar una maleta con ropa, porque dentro de unos minutos bajo a la capital de la isla, Puerto del Rosario, sin saber cuánto tiempo pasaré allí. Tenemos mucho trabajo que hacer antes del rodaje, así que me temo que prácticamente me tocará vivir allí.

Así pues, supongo que actualizaré con bastante menos frecuencia de lo habitual, lo cual, supongo, será una buena noticia para algunos *:P

No obstante, intentaré seguir escribiendo algo por aquí como mínimo una vez a la semana, y si el Destino lo permite, intentaré mantener la costumbre de "la poesía de los viernes".

¡Que la magia siga con vosotros!

SOMBRAS CHINESCAS
¡Ha sido maravilloso! No podía dejar de ponerlo aquí, porque me ha impresionado...

En el mostrador de mi cocina hay una pata de jamón, un macetero con flores de pascua, uno de esos barómetros super-hiper-tecnológicos que le dicen a uno hasta la marca de calzoncillos que lleva puestos... y muchas cosas más...

Hoy he descubierto que cuando se encienden las luces de la cocina, todos esos objetos proyectan en el suelo la sombra de un carruaje tirado por un caballo y guiado por una bruja (o cualquier otra persona con un sombrero similar).

¡Y no me refiero a una aproximación! ¡Era perfecta! Como si de veras estuviese provocada por un carruaje...

EL NUEVO CUARTO DE LOS TRASTOS VIEJOS
Sí... creo que ya va siendo hora de guardar el pasado en los archivos.

Año nuevo, archivos nuevos... y como en la isla de Urliurnrlirie se suele celebrar el fin de año en día 11 de enero, empezamos aquí una nueva etapa.

Los que no hayáis leído alguna de las últimas entradas, o los nostálgicos crónicos que quieran indagar en los recuerdos del pasado, podréis cumplir vuestros deseos internándoos en los ARCHIVOS VIOLETAS que encontraréis, si mi analfabetismo informático lo permite, en la columna de la izquierda (la mano con la que escribimos los zurdos), justo debajo del link sorpresa.

Si mi disciplina lo permite, intentaré ir archivando más a menudo.

Me duele la garganta... y no es agradable...

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