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Notas de la escribidora

Variaciones en Re Menor

GRITOS EN EL PASILLO

SINCRONICIDAD EN LA PÁGINA 67

Sincronicidad... Parece ser que ése es el término “científico” con el que se conocen esas “coincidencias” misteriosas y mágicas que tanto peso tienen en mi vida. Mi querida Ariadna me ha regalado un libro sobre el tema que promete ser interesante, pero aún no lo he abierto. Antes tengo que terminar la delicia llamada Encantamiento de Orson Scott Card que ha llegado a mis manos también gracias a Ari.

Y fue también anoche, en una conversación con Ari, cuando volví a darme cuenta de hasta que punto eso de creer en las “coincidencias” puede llegar a ser algo parecido a una religión, y hasta qué punto los que nos dejamos guiar por ella podemos convertirnos en locos a los ojos de los demás.

No obstante, algunas horas antes de tener esa conversación y desembocar en esas conclusiones, pensaba yo, a bordo de una guagua, en que no hago más que hablar y hablar de las coincidencias en este blog y sin embargo nunca he relatado aquí una de las más mágicas y bonitas que me han visitado.

Algunos de los lectores de esta página ya la conocen, así que tendrán que perdonarme si me pongo un poco pesado y la vuelvo a relatar aquí:

Madrid. Año 2002. Allí me encontraba yo, cursando mis estudios de “cuentacuentos” y trabajando en mi novela Mirella en la página 67.

Estaba bloqueado en la escritura de la novela debido a una causa ridícula pero muy habitual en mí: Había llegado a un punto de la historia en el que aparecía un nuevo personaje, y no sabía qué nombre ponerle. Es una de las cosas que más me cuestan a la hora de escribir una obra: Elegir los nombres de los personajes.

En este caso se trataba de un personaje femenino, y muy importante en la trama. Pero vayamos al grano...

Quedé con mi amigo Jaime y mi amiga Conchi para comer y ver una película en el cine (mi idolatrada Amélie). A Jaime le apetecía comer en el Fosters Hollywood de la plaza de los Cubos, así que fuimos allí. Nos sentamos en la mesa que está junto al poster de Cazafantasmas II, y percibí cómo la camarera se acercaba por mi espalda. En ese momento tuve una especie de impresión, lo que se suele denominar “una intuición”. Ya sabéis que en esos sitios las camareras y camareros suelen llevar en la solapa un cartelito con su nombre... Pues yo me dije a mí mismo en esa ocasión, guiado quién sabe por qué presentimiento: “Si esta camarera tiene en su cartelito un nombre que me guste para el personaje, lo tomaré prestado”.

La camarera llegó hasta nuestra vista... y leí el nombre del cartel: Andrea. ¡Era perfecto! Era el nombre que mejor se podía haber amoldado al personaje. Ahora no me puedo imaginar ese personaje de Mirella en la página 67 con otro nombre.

En otras palabras: Que le puse ese nombre al personaje, guiado por una sensación de magia y maravilla.

Pero la historia no termina ahí.

Pasaron los días (no recuerdo cuántos) y llegué a un capítulo de la novela en el que aparecía el otro personaje femenino importante en la trama. Sin embargo en esa ocasión no me costó encontrar el nombre. Me vino de improviso: Siempre había querido ponerle a alguno de mis personajes el nombre de Julieta. Hay algo que me atrae mucho en ese nombre, por asociación con la Julieta de William Shakespeare y la Julieta de Hoffmann.

Pero Mirella, aunque sea una novela sin referencias temporales, tiene un tono más contemporáneo, y el nombre de Julieta resultaba demasiado antiguo, así que decidí retocar el nombre y llamar al personaje Julia.

Al día siguiente de esa decisión, mi amigo Jaime me propuso que después de clase fuésemos a comer por ahí y luego a ver la película “No man’s land”. Fuimos. Jaime quería ir a comer otra vez al mismo Foster Hollywood. Entramos en el lugar, nos volvimos a sentar en la misma mesa de la otra vez, la del poster de Cazafantasmas. Llegó una camarera totalmente distinta a la de la otra vez... y me estremecí maravillosamente cuando vi el nombre escrito en el cartelito de su solapa: Julieta.

Fue precioso. Por eso Jaime es una de las personas que aparecen en la dedicatoria de Mirella en la página 67. Esas experiencias, y algunos otros detalles referentes a la novela, me convencieron de que, por alguna razón, estaba escribiendo algo mágico y especial. Que esa novela no era igual a otras, y que tenía el Destino conspirando a mi favor en la escritura de Mirella.

Hoy hace mucho tiempo que terminé de escribir Mirella, y he escrito otras dos novelas después de ella. A veces releo trozos de Mirella en la página 67 y me doy cuenta de que no es perfecta. En algunas cosas es incluso torpe, pero es especial. Mirella suele despertar en la gente un interés y un cariño que pocas obras mías han despertado. A fecha de hoy, es una de mis obras de más éxito, y una de mis obras más leídas.

O, dicho con otras palabras: Con un poco de suerte la habrán leído más de diez personas.

Mientras escribo esto, una araña está colgada en su hilo detrás de mí, espiando lo que escribo. Parece simpática.

LA POESÍA DEL VIERNES NUEVE

Tienes razón Rubén. Hoy es viernes. Aquí tienes la poesía de hoy. ¡Abrazos para todos!

Volaremos a la Luna.

Volaremos a la Luna en una noche estrellada

con las mágicas alas de un abrazo sin fin.

Volaremos a la Luna... ¡a la Luna lejana!

a recoger los sueños que plantamos allí.

Mi mirada abrasada como un mar incendiado

hará hervir la dulzura de tus ojos de miel.

Nacerá de mis labios la pasión del pecado,

y arderá por tus venas como un grito de fe.

Bogarán por el cielo nuestros dos corazones,

sin normas, sin cadenas, sin leyes, sin razones...

Bogarán por el cielo de la noche cuajada

de estrellas misteriosas, sigilosas, calladas...

Volaremos a la Luna... ¡a la Luna de plata!

donde el tiempo importuno no nos pueda encontrar.

Volaremos a la Luna... ¡a la Luna de nata!

Tú y yo solos, y ¡nadie! nos podrá separar.

Y besarnos... besarnos... como nadie lo ha hecho.

Y perdernos... perdernos... en tormentas de amor.

Y fundir nuestros cuerpos, y juntar nuestros pechos,

y enroscar nuestras lenguas, y aspirar nuestro olor...

Y todas mis moléculas murmurarán “Te quiero”.

Y todos mis suspiros sacarán a bailar

a los pobres suspiros que estarán prisioneros

en tu estómago inquieto, suplicando escapar.

Y un grito silencioso recorrerá el espacio,

y las flores nocturnas se abrirán a escuchar.

Y mi aliento inflamado cosquilleará despacio

las regiones salvajes de tu cuello lunar.

Dejaremos los llantos, el dolor, la tristeza...

para noches que sepan apreciarlas mejor,

y en mis hombros dormidos, soñará tu cabeza,

con la frente surcada por un pelo invasor.

Pasarán cien mil siglos entre cada latido,

y las cosas abajo girarán... girarán...

en su incierta locura, bajo el caos y el olvido...

y nosotros, amándonos, las veremos girar.

22 de Diciembre de 1999

¿ESTRATEGA?

¡Ya estoy de vuelta!

Conociendo mi torpeza informática y mi desidia, ya me veía despojado de ordenador durante meses, pero todo ha sido cuestión de un fin de semana, y como ¿recompensa? mi ave Fénix resurge con un windows más actualizado.

Dicho resurgir ha sido posible gracias a varias personas. En primer lugar, he de dar las gracias a mi amigo Kino, por indicarme la forma de instalar un windows nuevo en un ordenador autista. Gracias también a mi padre, por darme los CDs adecuados para volver a configurar el ordenador, y por compartir conmigo todo ese pequeño trauma. Gracias a Raúl, por ayudarnos a reestablecer la conexión a internet y, por último, otro merecidísimo agradecimiento a Rubén por ayudarme a resucitar al internet explorer con su “¡DNS: Levántate y anda!”

Año nuevo, sistema operativo nuevo. Y algo me dice que no será ése el único cambio significativo del 2004. Como le decía a Alby el otro día, ahora mismo no sé dónde ni cómo estaré en Marzo de este año.

Bueno, lo cierto es que tampoco sé dónde estaré mañana, pero para no quedarse uno paralizado en esta vida debe de cimentar sus actuaciones en la ilusión de que sí lo sabe. Un cálculo de probabilidades como cualquier otro. Un problema de matemáticas, pero con la sutil e inestimable diferencia de que en las matemáticas de la vida 2 + 2 a veces no son cuatro.

Pero no era eso lo que quería contar en esta entrada... Me apetecía hablar sobre una gilipollez en la que estaba pensando el otro día.

Leía ese libro que se ha convertido en uno de mis favoritos: EL JUEGO DE ENDER. En ese libro se habla mucho sobre cuestiones de “estrategia militar”, por llamarlas de alguna forma. Y eso desembocó en una coreografía de pensamientos.

Siempre he creído y asumido que no soy bueno para la estrategia. Cuando veo a mis amigos jugando a todos esos juegos de estrategia, mandando tropas de aquí para allá, atacando y defendiendo, conquistando y firmando pactos... me doy cuenta de que eso no es lo mío.

Y sin embargo sí pienso que, a estas alturas, si tengo algo de habilidad en esto de la escritura y, en general, en eso de contar historias.

Fue leyendo a Ender cuando me di cuenta de que en cierto modo, la mayor parte de las habilidades que se requieren para una estrategia militar son las mismas que se suelen requerir para contar bien una historia.

A saber:

Tener claros los objetivos: Saber cuáles son los más importantes y cuáles carecen de importancia. Saber a cuáles hay que dedicar más esfuerzos y a cuáles menos.

Saber engañar al otro bando: Normalmente el arte de contar bien una historia y sorprender al público con ella radica en saber cómo engañarle. Uno tiene unas intenciones, un plan... y tiene que desplegar ese plan sin que los demás se den cuenta de ello. Para eso se suele recurrir a cebos y pistas falsas. Se le ofrece al público una información destinada a desviar su atención del verdadero meollo de la cuestión, se le tiende una trampa, se le hechiza, se desvía su mirada hacia el señuelo para que las verdaderas tropas puedan moverse de forma inadvertida hacia el lugar desde el que tendrán que atacar en un futuro.

Dominar el arte de la empatía: Para derrotar a un enemigo conviene saber predecir sus reacciones y sus iniciativas. Para ello, hay que empatizar con él, hay que conocerle, casi amarle, hacerse uno con él... Para contar una historia también hay que desarrollar al máximo la empatía. La empatía con respecto a los personajes que hemos inventado para nuestra historia (o que ya estaban en nuestro interior suplicándonos que hiciésemos una historia para ellos) y la empatía hacia ese “enemigo”, ese público... Un buen cuentacuentos debe conocer bien lo que pasa por la cabeza del público. Debe saber qué hacer para que ría, para que llore, para que pase miedo, para que se sienta desorientado... Debe saber cuál es la forma de hacerle comprender algo complejo, debe saber tocar sus emociones como las teclas de un piano, manipular sus miedos e ilusiones como las cuerdas de una guitarra, y guiar sus razonamientos con un maquiavelismo de tablero de ajedrez.

Saber detectar los puntos fuertes y los puntos débiles: Los guerreros lo hacen con el enemigo. Los cuentacuentos lo hacemos con nuestras propias historias y las ajenas. Detectamos inmediatamente cuándo una historia funciona y cuándo no. Enseguida averiguamos si el problema está en nosotros o en la estructura de la trama, y desarrollamos una forma de examinar las tramas de las historias similar a la de los ingenieros y los arquitectos de puentes. Vemos enseguida dónde están los problemas. Vemos qué puntos hay que reforzar, cuáles son innecesarios para mantener la estructura y no hacen otra cosa que estorbar... Examinamos la trama como si fuera un cuerpo; examinamos su esqueleto, sus músculos, su ropa... y elaboramos diagnósticos medicinales.

Saber hacer planes y saber ser flexible: Sí... en la guerra siempre hay un plan, pero ese plan no puede ser demasiado rígido. Hay que partir de la base de que el enemigo siempre puede ser impredecible. El libro de la guerra de los chinos, de Sun Tzu, si no me equivoco, habla de la necesidad de ser flexible como los juncos en la guerra. Ocurre lo mismo en el arte de contar historias. Normalmente se parte con un plan preconcebido, con una idea de cómo va a ser la historia, de cómo empezará y cómo terminará; de qué personajes intervendrán, qué les ocurrirá y cómo reaccionarán a cada cosa. Pero luego nos encontramos con que los personajes parecen tener vida propia. Con que crecen de tal modo que algunas de las acciones que teníamos para ellos no casan con sus personalidades y se niegan a hacerlas o, por lo menos, se niegan a hacerlas de la forma en que las habíamos planeado. Y a veces durante la escritura surgen nuevas cosas, posibilidades nunca antes imaginadas, y si somos mínimamente sabios nos damos cuenta de que sólo un imbécil las desaprovecharía para mantener su plan intacto. Y muchas veces uno se mete en esa batalla literaria sin saber cómo demonios va a terminar la historia. En las guerras de verdad también ocurre. Por eso los cuentacuentos también tienen que manejar un plan flexible y amoldarse a las novedades y a los imprevistos.

Saber hacer que casi todos esos imprevistos estén previstos: Últimamente cada vez que leo un libro o veo una película suelo encontrar la historia total o parcialmente predecible. Y muchas veces ello no se debe a que esté la trama mal construida. Es simplemente que cuando uno se dedica a esto, automáticamente, de una manera casi subconsciente, conforme va recibiendo todos los datos de la ecuación, va contemplando todas las posibilidades, todas las formas de combinar todos esos datos. Y conforme la ecuación va cambiando y añadiendo más elementos en sus entrañas, el artista de la cuentacuentería también va modificando su resolución de la ecuación, para sacar más posibilidades. Por eso lo más probable es que cuando llega la resolución propuesta por el autor, uno no se sorprende demasiado, porque suele coincidir con una de las muchas soluciones que ya habíamos previsto nosotros.

Estoy seguro de que si siguiese pensando un rato más, se me ocurrirían más analogías entre el papel y el lápiz y el campo de batalla.

Pero entonces... ¿es lo mismo hacer la guerra que contar una buena historia? ¿Somos soldados? ¿Escribir significa mancharse las manos de sangre? ¡Claro que no!

Pero entonces, ¿dónde está la diferencia? Pues, por lo pronto, se me ocurren dos diferencias obvias:

1 - En la escritura uno puede permitirse el lujo de no depender de nadie. No hay que dar órdenes no hay que depositar ciegas confianzas en segundas y terceras personas. El control lo tenemos nosotros.

2 - Si en la guerra conspiramos contra el enemigo para destruirlo, someterlo, aniquilarlo... en el arte de contar historias conspiramos contra el enemigo con un inmenso cariño. No pretendemos destruirle, sino divertirle, o emocionarle, o sorprenderle, o hacerle pensar en cosas que no se había planteado... Podemos engañarle, podemos desarmarle, podemos incluso atacarle... pero siempre lo haremos con la mejor de las intenciones (o al menos casi siempre...)

Puede sonar un poco cursi, pero tal vez el arte de contar historias sea “la guerra del amor” o una de las muchísimas batallas en la interminable guerra del amor.

Sigamos haciéndonos preguntas. Ahora tendréis que perdonar mi egocentrismo, pero me voy a formular unas cuantas preguntas a mí mismo.

Si la estrategia funciona con las mismas claves que el arte de contar historias, ¿por qué no se me da bien la estrategia?. Siempre he sido pésimo jugando a los risk de turno, siempre he sido un mediocre jugador de ajedrez (deporte que me parece tan interesante como detestable)... ¿Cuál es la respuesta?

La primera respuesta que viene a mi mente es que tal vez me engañe a mí mismo y me engañen también los seres queridos que me rodean. Sí: Tal vez sea igual de malo contando historias que desarrollando estrategias. Aunque no estoy dispuesto a pensar eso, porque contar historias es mi vida, y reconocer que mi vida no vale nada es una concesión que no estoy dispuesto a hacer. Otro fallo mío como estratega: Nunca estoy dispuesto a aceptar la rendición como parte de la estrategia.

No me considero un gran genio de la escritura, pero un par de cosas sí tengo claras: Me gusta hacerlo, me siento cómo e infinitamente seguro haciéndolo, y dentro de ese mundo de la escritura y el contar historias siempre consigo todo lo que me propongo, cosa que no puedo asegurar en otras dimensiones de mi existencia. Así pues, pongámonos en el supuesto de que soy, cuando menos, mejor escritor que ajedrecista. (Alguno podrá argumentar que también tendrá algo que ver el hecho de que tengo en mi curriculum muchas más obras escritas que partidas de ajedrez jugadas, y la experiencia también hace lo suyo).

Pero yo me inclino más bien por la respuesta número dos. ¿Que cuál es la respuesta número dos? ¡Pues muy sencillo! Que contar historias me apasiona. Cuando lo hago vuelvo a ser el niño que se supone que todos fuimos alguna vez. Una chispa de PASIÓN brilla en algún lugar de mí. Un lugar que sirve de puente entre las cabeza y el estómago. A veces incluso siento como si una fuerza ajena a mí me guiase y me ayudase a encontrar las palabras y las ideas adecuadas (aunque sólo sean adecuadas para mí y algunos pocos más). Y sin embargo con los juegos de estrategia, o la guerra en general... pues qué queréis que os diga. No me interesa lo más mínimo. Me aburro bastante cuando veo a mis amigos jugar a sus juegos de estrategia y veo cómo todo depende de acciones más o menos mecanizadas o previsibles y del azar de los dados. Esos juegos no contemplan que pueda surgir de repente un soldado en un batallón que se porte como cien hombres, o que se disfrace con las ropas del enemigo y se cuele entre sus líneas para espiarlos, o que el Destino le lleve a tener a tiro al caudillo de todas las tropas enemigas, o a la cena de acción de gracias de todos los generales.

Y no puedo poner ilusión en una partida de ajedrez. Me bloqueo, mis capacidades no pueden rendir al cien por cien porque la motivación es nula. Porque no puedo entrar en las reglas del juego. Porque en el fondo me rebelo a aceptarlas. Porque sé que si yo quiero puedo mover el alfil en línea recta o la torre en diagonal. Porque sé que nada me impide mover los peones del mismo modo que la reina. Porque sé que la mejor forma de matar al rey es alargar el brazo treinta centímetros y darle un manotazo. Porque, ¿qué nos obliga a dejar las piezas dentro de un recuadro en lugar de dejarlas entre dos recuadros, o entre cuatro? Porque en el fondo sé que el mundo es más divertido, interesante y estimulante fuera del tablero de ajedrez. Porque el tablero de ajedrez no es más que una minúscula porción de universo de 64 casillas que, en términos comparativos, atendiendo a las dimensiones del universo conocido, podríamos decir que ni siquiera existe.

Lo más probable es que nada exista del universo. Todo consiste en una decodificación que nuestras humanas mentes hacen de la unidad indisoluble, pero... qué queréis que os diga... algo me dice que mi problema es un problema de rebeldía. No puedo aceptar que nadie me imponga reglas. Me gusta descubrir y asumir mis propias reglas, en la medida en que les encuentro un sentido.

Porque las reglas sólo sirven para eso: Para dar sentido al kaos y hacerlo transitable. Para construir un mundo. Pero está claro que no a todos nos gusta vivir en los mismos tipos de mundos, ni nadamos con la misma facilidad y la misma ilusión en los mismos mares.

Y otra cosa: Las reglas del mundo de los cuentacuentos siempre se pueden romper. Cada uno puede romperlas a su antojo y asumir las consecuencias, sean estas buenas o malas. Los juegos de estrategia no permiten que las reglas se rompan. Son reglas inamovibles y frías como la roca. Por eso me podréis encontrar jugando a una partida de rol hablada de Cthulhu o de vampiros o fantasías épicas, pero será raro el día en que me encontréis sentado en una mesa de Cartas Magic o Warhammer. Soy un inadaptado, un intransigente, un caso perdido, y eso hace que me tenga más cariño a mí mismo.

Bueno, creo que debería irme a recuperar el tiempo de trabajo perdido debido a mis desventuras informáticas, y tras eso, una noche de reyes en familia, con regalitos, roscón de reyes hecho en casa por mi madre y mi hermana y por la noche, para celebrarlo, es muy posible que tenga a mi disposición la película de Sam Raimi “El ejército de las tinieblas”, película que (seguro estoy de ello) me hará soltar esta vez las mismas carcajadas que en todos mis visionados anteriores.

Anoche me empecé a leer otro libro de Orson Scott Card. Se trata de Encantamiento, un libro que le regalé hace tiempo a Ari. Ella se enamoró del libro. Yo debo llevar leídas unas 50 ó 70 páginas, y de momento no me parece ni la mitad de bueno que Ender, pero Ari me advirtió de que el libro tarda un poco en ponerse realmente interesante. Así que tengo esperanzas. Además, de momento es, como mínimo, un libro interesante y bien escrito, que se empeña en darme, como casi todo últimamente, señales del Destino.

¡FELICES REYES A TODOS! Y que el carbón sea en vuestras bocas tan negro y tan dulce como suelen ser mis misterios preferidos.

EL POEMA DEL VIERNES DOSSSSS

Sigo demasiado liado y falto de inspiración para escribir poesía, así que recurro una vez más a mi archivo del pasado.

Normalmente es bueno que no tenga inspiración para la poesía, porque sólo me suele suceder cuando soy feliz (exceptuando honrosas excepciones, claro...)

Hoy os arrojo una poesía de hace unos años. Subconscientemente, le tomé prestado a Joaquín Sabina el término de “pálida dama” como referencia a la Muerte, y escribí esta cosa:

MI PÁLIDA DAMA

¡Ah, mi pálida dama

de los labios helados!

Sin sosiego te llaman

mis latidos cansados,

pero tú nunca acudes,

pero tú nunca vienes...

¿Tú tampoco me amas?

¿Tú tampoco me quieres?

¡Ah, mi pálida dama

de los besos de olvido!

En las noches sin Luna

mi incesante gemido

te llama... te llama...

y de esfera en esfera

tu consuelo reclama.

Mas es vana mi espera...

¡Tú tampoco me amas!

¡Ah, mi pálida dama

de los fúnebres ecos!

¡De los ojos profundos

como cántaros huecos!

¿Tú tampoco comprendes

la canción de mis quejas?

¿Tú tampoco me dejas

habitar tu regazo?

¿Tú también te me alejas

cuando extiendo los brazos?

¿Tú también te disuelves,

tú también te evaporas

cual la nube de humo,

cual la niebla incolora...?

¡Ah, mi pálida dama

de los sueños oscuros,

que no tienen presente,

pasado ni futuro!

¡Ah, mi pálida dama

del alivio infinito!

Con el pecho desierto

me derramo en un grito

por mis labios marchitos...

marchitos y entreabiertos...

“¡Llévame con los muertos!”

Pero tú no respondes...

no sé dónde te escondes...

pero sé que estás lejos...

más allá del camino

que mis pies ensangrentan...

más allá del espejo

que a mi mente atormenta

cada vez que lo miro.

Más allá de las noches,

más allá de los días,

más allá de mi alma

desnuda, sola, fría...

¡Ah, mi pálida dama!

¡Ah, mi triste agonía!

1999

ENDER

Acabo de terminar de leer El juego de Ender de Orson Scott Card, y ya puedo decir con conocimiento de causa que en mi opinión ese libro es lo que se suele llamar UNA PUTA OBRA MAESTRA

¡Qué maravilla de libro! Lo mejor que he leído en mucho tiempo. Me temo que voy a aficionarme bastante a Orson Scott Card, y sobre todo a su saga de Ender.

Os recomiendo muy encarecidamente a todos la lectura de El juego de Ender, y sobre todo a los que seáis amantes de la ciencia ficción y similares. En una entrada anterior decía que el libro era como una mezcla entre Harry Potter y Starship Troopers. Tal vez debería decir que es como una mezcla de Harry Potter, Starship Troopers y Ray Bradbury.

¡Leedla!

PISCIS ZURDOS, RODS Y DOSMILCUATROS

Antes que nada, un detalle curioso que se me olvidó comentar ayer. Nuestra amiga Valsay (ahora sé que es chica), la nueva visitante a la que me he referido en la entrada anterior y en los comments generales de la derecha, llegó a esta página buscando en google por las palabras “piscis zurdos”. Me gusta saber que escribiendo en google “piscis zurdos” aparece mi página en tercer lugar, y me gusta saber que existen personas en el mundo interesadas en buscar información sobre piscis zurdos.

Rubén, yo también me alegro de que entre gente nueva en Demasiado Violeta. Ojalá todas las visitas sean tan agradables como las de nuestra nueva amiga Valsay y nuestra nueva amiga Gyoconda, y tan misteriosas como las del amigo Duke, que no sé si sigue entrando por aquí (sí... también aparece mi página cuando alguien teclea “maxoarte”...) Sé que en otros blogs se meten a veces personas que dejan como testimonio comentarios insultantes y críticas destructivas. Supongo que podría aprender algo de ellos, pero me siento tremendamente afortunado de recibir visitas más amigables, alentadoras y cariñosas. ¿No es maravilloso cómo puede contribuir este universo de los blogs a crear una nueva dimensión de relaciones sociales?

No sé si alguno de vosotros ha tenido la iniciativa de cotillear el link sorpresa de estos últimos dos días. Habla de los RODS. Vaya... me temo que ya ha dejado de ser sorpresa hasta que lo vuelva a hablar de nuevo...

Creo que no había oído hablar en mi vida de los Rods, aunque es algo que no puedo asegurar al cien por cien. Es posible que lo haya oído y luego lo haya olvidado. Hasta que se demuestre lo contrario, los he conocido por primera vez gracias a una conversación con mi primo Fernando (bueno... con uno de mis primos Fernandos... En mi familia materna todos tienen un Fernando en la familia. De hecho, mi nombre completo es Juan José César Casimiro Fernando). El caso es que mi primo Fernando III (para ser rigurosos) a lo largo de una interesante conversación sobre asuntos paranormales, me dio a conocer la existencia de este fenómeno descubierto en el año 1994 (hace diez años).

Podéis mirarlo en el link sorpresa, pero de todos modos lo explicaré a grandes rasgos aquí, para los más perezosos:

Año 1994. Un productor de televisión mexicano (creo) está visionando un material grabado. De pronto, se da cuenta de que pululan por la pantalla unas cositas alargadas que se mueven con membranas similares a alas. No parecen pájaros, no parecen insectos... y lo más interesante: No estaban allí cuando se realizó la grabación de la imagen.

Debido a su forma alargada, terminan denominándolos rods (bastoncillo en inglés). Muchos expertos realizan pruebas a las imágenes y llegan a la conclusión de que son auténticas y constituyen un fenómeno digno de ser estudiado.

Ya alertados y sobre aviso, empiezan a examinar imágenes grabadas del pasado, y tras examinar muchíiiiisimas imágenes de archivo, descubren que el “fenómeno rod” había sido frecuente (aunque ignorado) en la historia de la grabación de imágenes. Aparecían rods en todas partes. No los podemos ver, pero están ahí.

¿Qué hay que hacer para captarlos? Pues simplemente activar la cámara con el obturador a velocidades altísimas y tener la suerte de que pasen por allí. El hecho de que sólo se registren con el obturador funcionando a bastante velocidad nos da una pista: Se trata de criaturas que vibran en una frecuencia superior a la de todas las criaturas vivientes que conocemos. Es como si estuviesen en otra dimensión. Hay algo excitantemente lovecraftniano en todo eso.

¿Nos hallamos ante una nueva especie de vida? ¿Ante una nueva manifestación del fenómeno OVNI? ¿Tal vez ante una ingeniosa falsificación puesta en pie por centenares o millares de cómplices? De un modo otro, biólogos y ufólogos no harían bien en ignorar los rods.

Estando en Granada, al día siguiente de oír hablar de los rods por primera vez, me vino el tema a la cabeza de nuevo, así, de repente. Mi curiosidad se volvió a despertar, y justo en ese momento, miré “casualmente” hacia el suelo y ¿qué me encontré? Un bastoncillo de los de limpiar las orejas. Rod = bastoncillo. Coincidencia = Destino. Juanjo = paranoico.

En otras palabras: Sentí la necesidad de compartir los rods con todos vosotros.

Os deseo un año 2004 repleto de magia. Ya lo hablaba anoche con Enrique y con Kino: La magia está por todos lados, rodeando nuestras vidas. Solamente hay que saber reconocerla.

Como suelen decir en la isla de Urliurnrlirie por estas fechas, esssiduuuurqiuuuuulïiiräaaaaaannn. Porque ellos este día, en lugar de celebrar el fin de año, se dedican a plantar las einöoooopliüuuureiliniszeeeïiiinnnn.

VALSAY, GRANADA Y UN LIBRO INTERESANTE

Quisiera empezar esta entrada saludando a Valsay. No sé quién es, pero ha dejado escondido un comentario en uno de esos rinconcitos de mi página que probablemente hace ya mucho tiempo que nadie lee. No sé si es chico o chica. Sólo sé que tiene 24 años, que guarda maravillas en un sobre, que le gusta el señor de los anillos, que vive en Nerja y que le encanta Granada.

Así pues, quizá a Valsay le agrade este post, porque voy a empezar hablando de mi viaje a Granada.

Granada... Garnata... Elvira... Ha cambiado bastante, pero sigue siendo la misma. Tal vez hay una lencería donde antes había una zapatería, o hay una caja de ahorros donde años atrás se encontraba una cafetería. Hay que fijarse en esa clase de detalles para darse cuenta de que el tiempo pasa por Granada. Porque la gente sigue siendo la misma; los hombres siguen teniendo las mismas caras, las bocas siguen emitiendo el mismo “acento granaino” con desgana, las mujeres siguen paseando la muerte sobre los hombros en forma de horrendos abrigos de piel...

La catedral sigue estando a medio construir desde hace siglos, y continúa teniendo las mismas piedras, igual de erosionadas que siempre, dando a entender que el tiempo no pasa por ellas, sino que se resbala en ellas, y que no hay mucha diferencia entre unas piedras con un millón de años de antigüedad y esas mismas piedras con un millón más un años de antigüedad.

Esa misma Granada de siempre, en la que si arrojásemos a una persona al azar desde un avión, habría un 99% de probabilidades de que aterrizase en un bar o en una tienda de ropa.

El frío se ha hecho notar, pero sin gritar demasiado alto... y en general la estancia habría sido realmente agradable de no ser por el hecho de que ha sido excesivamente larga. Y es que nueve días son demasiado tiempo cuando uno ama a su isla, y cuando dentro de esa amada isla se tiene una amada novia y una película en la que trabajar, quizá no tan amada como lo anterior, pero sin duda alguna una de mis principales metas a corto plazo.

¿Dónde hemos pasado esos nueve días? Pues en una casita alquilada en plena Plaza de Birrambla. Eso en lenguaje granadino quiere decir, “en el mejor sitio de toda la maldita ciudad”.

Vivir en plaza de Birrambla significa estar cerca de cualquier lugar al que uno quiera ir, siempre y cuando dicho lugar se encuentre cerca de la Plaza de Birrambla. Y como son incontables los lugares que cumplen esa condición, podemos llegar a la conclusión de que la casita en cuestión tiene una ubicación privilegiada.

Significa también asomarse a las ventanas (que no se podían cerrar bien) y contemplar un paisaje de tilos infestados de pajaritos, tiendecillas y puestecillos ambulantes, personitas pululando de un lado a otro como hormigas (con la excepción de que las hormigas no son tan aficionadas a llevar en el cuello la misma dichosa bufanda imitando los cuadraditos de Burberrys)...

... y significa despertarse todos los días a las diez de la mañana con un hilo musical de guitarra y violín. Dos músicos excelentes, en mi opinión, pero con un repertorio lo suficientemente limitado como para que uno termine conociendo todas las canciones de memoria: La danza húngara nº 5 de Brahms... recuerdos de la alambra (alguien debería legalizar la pena de muerte para ejecutar al publicista graciosillo que tuvo la idea de ponerle la letra de Oooooscaaar Maaaayeeeeer), el sempiterno Para Elisa de Beethoven, un par de piezas del ineludible Mozart, alguna jota, alguna joya perdida de Tchaicovsky, el Mediterráneo de Serrat, El gato Montés...

A todo ello debemos sumar un sol con más ganas de trabajar de lo que uno se podría esperar en un invierto. Un sol que acentuaba el dorado mortecino de las hojas de los tilos.

Os estoy pintando un panorama relativamente agradable, ¿verdad? Imaginad, pues, el brutal contraste si se lo compara con la entrada a la casa:

Empezamos con una puerta negra de proporciones desmesuradas, como si el arquitecto que la colocara esperase la visita de criaturas lovecraftnianas. Luego una escalera enorme, igual de antigua, con baldosas al estilo “tablero de ajedrez” y una penumbra crónica y sombría.

De entre los objetos colocados en los tramos de subida de las escaleras para acentuar la atmósfera de mal rollo, me gustaría destacar la inexplicable presencia de aquella antigua cuna de madera, que a pesar de estar pintada de colorines, le hacía a uno preguntarse (como bien decía mi tía Carmen) qué clase de niño muerto se aparecería por las noches en su interior. ¿Y qué decir de los dos recipientes de cristal llenos de pájaros disecados? Un par de decenas de pájaros exóticos, condenados a llevar una existencia hierática sobre las ramas de un arbolito de mentira, tiesos como sólo los cadáveres saben estar, con los ojos inexpresivos y los picos abiertos. Cada vez que subía hacia la casa, mi mirada se distraía durante unos segundos en la contemplación de un mirlo disecado en una postura bastante antinatural. “A veces Dios ensambla los esqueletos de sus criaturas con las manos torpes de un niño de tres años. Sobre todo cuando Dios se llama Pepe, o Juan, o Lolo... y tiene mala follá granaína”.

En fin... ¿En qué han consistido mis vacaciones granadinas? Pues en ver familiares, ir de tapas, ver familiares, ir de tapas, hacer compras navideñas, ir de tapas, ver familiares, hacer compras navideñas, más familiares, más tapas, ir de familiares, hacer tapas navideñas, ver tapas, hacer compras familiares... Uno acaba parcialmente harto de algunos familiares y totalmente harto de algunas tapas. Para alguien como yo no es demasiado agradable comer migajas en de pie en un lugar donde cada dos por tres tienes que apartarte para que pasen mil personas que respiran el mismo aire de tercera, cuarta o quinta mano que tú intentas en vano respirar.

También he tenido una reunión con mi amigo y a estas alturas también compañero de trabajo Rafa Linares. Lo bueno de las reuniones con Rafa es que terminan siendo al mismo tiempo “de negocios” y de placer. Además, me ha hecho descubrir la calle Elvira: Mi paraíso: Una calle repleta de teterías.

Pero no todas las bebidas de estos días fueron tan “inocentes” como el té. He bebido más de lo que yo suelo beber. Granada alcoholiza a la gente. Que si una caña por aquí, otra por allá... Aunque también he dado rienda suelta a otro vicio típicamente granadino al que soy bastante más aficionado: El chocolate con churros. Sobretodo el chocolate. Creo poder afirmar que en la Churrería Alhambra sirven el mejor chocolate a la taza que he probado.

Pasear por la ciudad sigue siendo bonito, a pesar de las gitanas que le asaltan a uno, violando el derecho inalienable de toda persona a que la dejen en paz. Sí recuerdo en cambio con cariño a una joven violinista que tocaba junto a una de las paredes de la catedral. Parecía extranjera, y tocaba realmente bien. Me entraron ganas de echarle alguna moneda, pero no andaba demasiado bien de dinero suelto, así que me limité a regalarle una sonrisa, que ella me devolvió. Eso me hizo sentirme todavía peor por no haberle dado dinero, pero conforme lo pensaba llegaba a la conclusión de que tal vez en algunas ocasiones (si no en todas) una sonrisa sincera es bastante más valiosa que cualquier moneda.

Otra reflexión interesante la tuve a raíz de asomarme a la ventana del apartamento en una mañana de mal tiempo. La plaza estaba vacía, despojada del hormiguero humano habitual. Cuando se lo comenté a mi padre, él me hizo notar que ese día no había sol. Entonces me di cuenta de una enorme diferencia entre la forma de vida de la gente de Granada y la gente de Madrid, por ejemplo. Creo que en Madrid el hecho de que un día haga peor tiempo no implica que vaya a salir a la calle menos gente, porque en sitios como Madrid, la gente tiene su vida planificada y prevista desde bastante tiempo antes. Por eso están donde tienen que estar, haya sol o lluvia. Pocas personas son las que en esa clase de ciudades piensan: “Hoy vamos a salir porque hace sol; hoy no vamos a salir porque está feo y nublado”. Y con respecto a nuestra querida isla de Fuerteventura, lo cierto es que allí los días suelen ser todos bastante parecidos en lo que a climatología se refiere...

Cambiemos de tema: Hablemos de libros.

Me llevé para el viaje Sandokán de Emilio Salgari. Me leí más de las tres cuartas partes del libro, aunque me habían bastado unas pocas páginas para entender que se trata de un libro pueril y no excesivamente original. Tengo tanto interés en saber cómo termina como interés tengo en quién habrá sido el último ganador de Gran Hermano.

Así pues, mandé a Salgari a paseo en cuanto encontré un buen sustituto. ¡Y vaya que si está siendo bueno el sustituto! Animado por varias recomendaciones, adquirí en la librería más cercana El viaje de Ender de Orson Scott Card.

Una prueba de lo buenísimo que es el libro es lo rápido que se lee. Entre los dos vuelos de avión de esta mañana he rebasado las 200 páginas y tengo la impresión de estar leyendo una mezcla entre Harry Potter y Starship Troopers, solo que más humana que la película de Verhoeven y mejor redactada que las novelas de Potter.

Si El juego de Ender sigue tan bien como empieza, tendré que incluirlo en mi lista de libros favoritos.

Ni siquiera podía dejar de leerlo mientras el avión empezaba a botar entre los baches aéreos en el momento del despegue, presagiando una muerte en accidente aéreo. Llegué a pensar que iba a convertirme en la parte pequeñita de una estadística... En el hilo musical del avión sonaba una versión operística de Greensleeves. Recuerdo que llegué a pensar: “Perfecto, voy a morir escuchando Greensleeves, y ni siquiera es la versión que me gusta, cantada por Lorena McKennitt”.

Bueno, amigos míos... tengo una barba que afeitar, una merienda/almuerzo que ingerir y una mujer amada a la que visitar, así que...

... hasta pronto...

LA POESÍA DEL VIERNES 26

Por capricho del Destino (como siempre)he venido a parar a un cyber café y me he dad cuenta de que es viernes. Eso quiere decir que el Destino me ha conducido hasta aquí para colgar la poesía de este viernes.

Como no confío en recordar de memoria mis poemas, voy a poner hoy uno de los más fáciles de recordar: Mi trabajadísimo:

CUARTETO DISCORDANTE

El primer verso ha rimado.

También el segundo ha rimado.

También el tercero, ¡qué agrado!

Pero el cuarto no rima ni a base de ostias

Granada sigue siendo preciosa, pero estoy hasta los cojones de ella. Ya seguiré informando cuando tenga un hueco.

PRÓXIMA PARADA: LA ANTIGUA ELVIRA

Me siento bastante äantwingkilniüreïiinaseeeeë, que es como denominan los habitantes de Urliurnrlirie el estado en el que se encuentra alguien que ha ido a cenar a un restaurante mexicano y ha ingerido un taco de chorizo, una flauta de pollo, un burrito de carne y una torta rellena de frijoles con queso. Se trata de un estado que puede remediarse con algunas infusiones y unas cuantas visitas al cuarto de baño.

No me encuentro en el mejor de los estados para escribir, pues la mayor parte de mi sangre se encuentra haciendo horas extras en el estómago, pero era necesario colgar aquí una entrada de “hasta pronto”.

Mañana vuelo hacia Granada, para pasar las navidades con la familia materna. Tomaré chocolate con churros en la Plaza de Birrambla, recordaré lo que significaba pasar frío y celebraré el nacimiento del niñito Jesús zampándome un buen plato alpujarreño, a saber: una fuente con papas, pimientos, carne, chorizo, morcilla, longaniza y huevo frito capaz de provocar en el aparato digestivo humano un estado muy similar al äantwingkilniüreïiinaseeeeë.

Estaré en Granada hasta el día 30 de diciembre. Así pues, cabe la posibilidad de que durante una semana este blog esté paralizado, inmóvil, muerto, inusitadamente quietecito... Exceptuando, claro está, todos los comentarios que me queráis dejar en las bandejitas de comentarios y que yo leeré con sumo placer a mi llegada.

No obstante, tampoco descarto la posibilidad de tener acceso a internet en alguna que otra ocasión y poder mandaros un saludito desde una de las más hermosas ciudades de España.

Hay otro tema que aprovecho para tratar en esta entrada. Se lo dedico a Rafa A.W:

¡Ya he visto “Willie Wonka y su fábrica de chocolate”!

¡Qué encantadora película! ¡Cómo se nota que el guión es del propio Roal Dahl! El resultado no es sólo una impresionante fidelidad con respecto al libro, sino el hecho, más importante todavía, de que la crueldad y la mala leche inherentes a todos los cuentos infantiles del señor Dahl permanece intacta. ¡Sí señor! Se trata de un cuento cien por cien Dahl, con todos esos ingredientes tan infalibles como los que el señor Wonka utiliza para hacer sus chocolates: Esa manera de tejer la historia como si sintiese por los niños el más perverso de los odios, esa forma de castigar a los niños malos con un cocktail de ley de Thalión, cuento de hadas tradicional y justicia poética “made in antiguo testamento...”

Gene Wilder está soberbio como señor Wonka. Habrá que ver quién le sucederá en el remake de Burton. Siempre y cuando Burton haga de verdad ese remake, porque si seguimos atentamente la trayectoria del señor Burton descubriremos que lo normal en él es que después de cada proyecto exitoso le toque un proyecto que no llega a buen fin. Ahora le toca no llegar a buen fin... De un modo u otro, los tres candidatos para interpretar al señor Wonka son: Johnny Depp, Cristopher Walken y Michael Keaton. Los tres figuran entre mis actores favoritos y bordarían el papel. Yo, basándome en mi recuerdo del libro, apostaba por Michael Keaton, pero después de ver la película pienso que tal vez el personaje se amoldaría mejor a las peculiaridades de Cristopher Walken.

Me hubiese gustado poder verla en versión original, pero la que conseguí tenía uno de esos grotescos doblajes sudamericanos, y lo cierto es que le daba su encanto. La escenografía ha quedado obsoleta, pero tenía buenísimas intenciones, y la realización, sin ser una maravilla, estaba bastante a la altura.

Al contrario de lo que sucedía en ese fallido proyecto del planeta de los simios, esta película sí agradecería un remake, pero si Burton fuese sabio, se limitaría a respetar lo máximo posible el guión de la versión antigua y mejorarla solamente en lo que se refiere a realización más espectacular, dirección artística de Bo Welch o Rich Heinrich, música de Elfman y el aprovechamiento de las técnicas y avances tecnológicos del siglo equis, equis, palito.

¿Algún defecto? Bueno... Para mi gusto algunas de las canciones necesitarían un buen repaso. Son anodinas y llegan a romper el ritmo de la película. No me extraña que en algunos cines de la isla de Urliurnrlirie suprimieran el 65% de las canciones.

Bueno, damas y caballeros, señores y señoritas, paramecios y mitocondrias... Les deseo unas felices navidades. El próspero año nuevo confío en poder desearlo en otra entrada, a mi regreso.

¡¡MILLONES DE ABRAZOS DE TURRÓN DE CHOCOLATE!!

AUWRLINIROIIIRELIESSICAIIINABIÖOONIII

Ése es el término que los habitantes del norte de la isla de Urliurnrlirie utilizan para describir a las personas que se hacen amigas de su Destino. Yo soy una de ellas.

Ayer un pájaro de plástico y metal depositó a mi querida Ariadna en la isla. Nuestro reencuentro fue mágico y agradable, e intentaremos que esta noche la magia se repita.

Por otra parte, todo ese amasijo de maquetas, maderas, miniaturas y dioramas que podemos denominar “fruto de varios meses trabajando de manera compulsiva en una película de animación protagonizada por frutos secos”, está ya depositado en la sala que tan amablemente nos ha cedido el centro de exposiciones Juan Ismael. Se trata de una pequeña sala sin ventanas en la que tendremos que pasar la mayor parte de nuestra vida durante los próximos dos meses. Todo sea por el arte. Ya lo dijo el gran Robert Zemekis: “El sufrimiento es transitorio, la película permanece”.

En otro orden de cosas... ¡sí! Precisamente voy a hablar del orden de las cosas. Veréis... El hecho de haber expoliado mi sala de trabajo; el hecho de haber trasladado todas esas cosas a la sala de rodaje, ha dejado mi habitación muchísimo más diáfana y acogedora. El primer fruto de ese orden fue recogido ayer: Con la habitación ordenada me resulta muchísimo más fácil inspirarme para practicar esa mezcla heterodoxa, casi blasfema de Aikido y Tai Chi a la que soy tan aficionado últimamente. Como no tengo tiempo de desplazarme hasta el gimnasio para practicar una sola de esas cosas, acabo practicando en casita, yo solo, por mi cuenta... Y mi naturaleza anárquica e indisciplinada acaba sucumbiendo a la mezcla de las dos disciplinas de manera espontánea y caprichosa. Cuando practico en mi habitación, Japón y China bailan un vals. Yo suelo llamarlo para mis adentros Tai Chi do, o Aiki Tao.

Supongo que en la filosofía paranoica de los chinos esto que yo hago equivaldría a la condenación eterna. Sólo Dios sabe cuántos crasos errores cometeré cada tarde de entrenamiento por el simple hecho de efectuar tres repeticiones de un movimiento, en lugar de cinco. Y sólo el demonio sabe hasta qué punto estaré desgraciando todos los recovecos de mi cuerpo y espíritu por levantar el brazo tres centímetros más de lo conveniente, u orientar mi cabeza demasiado hacia el nordeste.

Los japoneses, por otra parte, estarían deseosos de corregir mi falta de constancia y disciplina con sus estrictos remedios de campo de concentración.

Pero el Aiki Tao es fruto de mis impulsos más intuitivos y se alimenta con la energía de mis vísceras más profundas. Así pues, podrá ser incompleto, pero dudo muchísimo que llegue a ser del todo malo.

¿Cómo se practica el Aiki Tao (o Tai Chi Do)? Se empieza poniendo una música adecuada, entendiendo como adecuada lo que te pide la barriga. Puede ser música china lenta, o música china animada, o música japonesa, u ópera italiana, o un vals de Tchaicovsky, o el minimalismo de Philip Glass que suena por mis altavoces en este preciso instante.

Y a partir de ahí, lo único que hay que hacer es dejarse llevar por la música. Al principio empieza uno haciendo técnicas sueltas y torpes, o caminando rápido alrededor de la habitación. El cuerpo y la mente se van habituando al ritmo de la música, y de pronto, uno se encuentra haciendo los movimientos de manera espontánea. De pronto una técnica de Aikido, la técnica de Aikido enlaza con un movimiento de Tai Chi. Luego llega una técnica de Aikido, pero al estilo chino, o un patrón de Tai Chi teñido de japonesismo aikidoka. Y otras veces uno no sabe si lo que está haciendo es Aikido o Tai Chi. Las técnicas desaparecen, se rompen los patrones, y todo se reduce a un cuerpo y una mente que están en armonía, o que se encaminan hacia ello de forma natural, y los movimientos surgen como setas silvestres, al ritmo de la música, y desde muy dentro de uno mismo, como los ecos que habitan en las entrañas de las caracolas marinas.

Otra parte muy útil consiste en invocar a un compañero imaginario. No tiene nombre, ni cara, pero toma iniciativas, y tú tienes que amoldarte a él. Me ataca, y yo hago la técnica pertinente para reaccionar a ese a ataque. Me empuja, yo cedo. Tira de mí, voy hacia él. Se hace Yang, me hago ying. Se hace ying, me hago yang. Y lo bueno que tiene es que sus ataques son más caprichosos e imprevisibles que los sommen uchi o sudan suki cuadriculados, definidos, inflexibles, estrictos, japoneses hasta la médula... a los que uno tiene que hacer frente en una sesión normal de entrenamiento de aikido.

Si ese compañero no fuese imaginario, el Aiki Tao sería más efectivo y me ayudaría a aprender todavía más. Pero, por otra parte, dejaría de ser mi burbuja. No sé si estoy todavía preparado para practicar de esta manera con un acompañante. Las disciplinas que practico exigen, para el pleno desarrollo de sus posibilidades, de un componente místico que yo intento conseguir poco a poco. Cuando alcance ese grado de misticismo, estaré preparado para salir de la burbuja. Mientras tanto, permanezco encerrado en ella como esos ermitaños que se encierran en sus cuevas para alcanzar la iluminación.

La sesión de ayer fue casi mística. La atmósfera me invitó a cerrar los ojos y sentir la energía que entraba en mi cuerpo, fluía por mis autopistas de Chi y se proyectaba de nuevo hacia el exterior, regresando al universo que me la había prestado (ese universo que soy yo mismo, y que él es yo, y que se supone que algún día, en esta vida y en otra, no sólo lo sabré, sino que lo asimilaré en todos mis niveles de conciencia). Ayer no llegué a tanto, pero creo que me asomé por el umbral. Empecé haciendo Tai Chi, creo. Y ese Tai Chi, si mal no recuerdo, se fue transformando poco a poco en técnicas de Aikido. Estaba bailando ¡no! ¡flotando! Por toda la habitación. No dejé de flotar hasta que una de mis manos se chocó con la pared.

Lo siento, chinos paranoicos. Lo siento, disciplinadas hormigas japonesas. Yo soy lo que en la isla de Urliurnrlirie llaman un Estorquiöoonuuuli (un caso perdido).

EL POEMA DEL VIERNES 19

Sí... ya sé que hoy es jueves en lugar de viernes, y que con el salvaje despedazamiento del Retorno del Rey ya he escrito demasiado por hoy. Y encima escritura rápida y sin corregir, lo cuál dificulta su lectura.

El caso es que como mañana no tendré acceso a internet, dejaré ya colocada la poesía de esta semana.

Para romper el dramatismo de la poesía anterior, esta vez voy a colocar uno de mis poemas “de serie B” más humorísticos o, por decirlo de otra manera, absurdos.

Veréis... Ya unos años antes de que mi mente enfermiza pariese esa novelucha de serie-B titulada El ataque de los ninjas de Urano, tenía cierta obsesión por la idea del planera Urano como huésped de una civilización alienígena dispuesta a invadir la Tierra. En esos tiempos escribí el siguiente engendro:

URANO ATACARÁ.

Urano atacará tarde o temprano.

Derramará la muerte en nuestras tierras,

obligándonos a entrar en fiera guerra...

... y nuestras huestes lucharán en vano.

Sus flamígeros rayos de neutrinos

nuestros pétreos rascacielos fundirán,

y los cuervos, profetas del Destino,

un réquiem enlutado graznarán.

Fieras y veloces, cual Hermes fue en su tiempo

nos rodearán sus naves espaciales

tejiendo con sus ruidos en el viento

tormentas infernales.

Urano atacará.¡Nadie lo dude!

No existe la piedad en su planeta.

Por ayudaros hice cuanto pude.

La ignorancia es el destino del profeta,

que ruega en vano a Dios por que os ayude.

Mas será toda ayuda insuficiente.

Tienen poder, nosotros sólo miedo.

Las mujeres y niños inocentes

serán hormigas que aplasta con el dedo

un Dios omnipotente

que nada, mortales, por vosotros siente.

Freirán vuestros cerebros

raudales de energía

y en férvida agonía

al fin explotaréis.

Urano atacará. Poco nos queda.

¡Carpe díem!¡Esté Dios con vosotros!

Ésta es vuestra postrera Primavera.

La victoria... la esperanza...

¡Vasos rotos!

1998

YA NO SE HACEN TRILOGÍAS COMO LAS DE ANTES

Atención: Todo aquel que no haya visto EL RETORNO DEL REY y que no quiera que se la destripen, haría bien en no leer esto hasta haber visto la peli.

21:30 de la noche (no cualquier noche). El cine lleno de personas. Personas disfrazadas de personas. Cuando asistí en Madrid al estreno de “La comunidad del anillo” la gente aparecía disfrazada de nazgul, o de elfo, o incluso de Hobbit. Aquí nadie se disfraza. Tampoco yo lo hice. Simplemente elegí en el armario mi camiseta más friki, la de Pesadilla antes de navidad, con Jack Skelliton sonriendo delante de un delicioso fondo ocre rodeado de negrura...

Fila trece (buen comienzo). Un horrible trailer de Peter Pan a modo de felpudo; otro bastante más interesante de La Pasión de Mel Gibson... y empieza la película.

Si tuviese que condensar las tres horas de metraje en dos palabras, ¿qué palabras elegiría? Decepción y aburrimiento. Creo que esas dos palabras describen el tono general de mi impresión, aunque un buen número de pinceladas gratas intentasen en vano pintar el cuadro de otros colores.

Todas las opiniones que pretendo hacer en esta entrada son de carácter estrictamente personal. Y hubo dos clases de cosas que me desagradaron personalmente:

Cosas que me desagradaron como amante del libro de Tolkien (estas son las opiniones más personales y subjetivas).

Cosas que me desagradaron como cineasta, y que me hacen llegar a la conclusión (siempre personal) de que la película, como intento narrativo y ejercicio de realización, es una obra fallida.

Con respecto a esas cuestiones subjetivísimas de amante del libro, he echado de menos muchísimas cosas a las que tenía mucho cariño en el libro. De todos modos, por lo que acabo de leerle a Govinda en el blog de Pablo, muchas de esas cosas estarán en el DVD.

Una de las carencias más graves, en mi opinión, es la salvaje omisión del derrocamiento de Saruman por parte de Gandalf. Me parece que en la película estrenada en salas lo han solucionado de una forma muy chapucera, y habrían tenido tiempo de narrarlo si no lo hubiesen dilapidado regodeándose con asuntos que bajo mi punto de vista eran bastante más superfluos e innecesarios.

Y echo también de menos otros detalles entrañables, como las acogedoras conversaciones de Gandalf y Pippin a lomos de Sombragris, o el hecho de que los montaraces, dignos y encubiertos descendientes de los Dúnedain, acompañaran a Aragorn en su viaje hacia la montaña maldita.

Así mismo, el ejército de espectros me parece una nota bastante discordante. En parte por la elección de ese verde chillón para representarlos, a medio camino entre Flubber y Casper. Y, por otro lado, quizás sea ahora donde se eche de menos una parte omitida en la primera parte de la Trilogía. Algo a lo que en un primer momento no le di importancia (aparte del cariño de bibliófilo, claro) pero que ahora me parece mucho más relevante: El incidente de los hobbits en las quebradas de los túmulos.

En el libro ése era el primer encuentro que tenía el lector con el mundo sobrenatural de los fantasmas y los espíritus. De una manera preciosa, el lector comprendía que en ese mundo de la Tierra Media tenían cabida los espectros fantasmales como unas criaturas relativamente cotidianas.

Y como la otra gran secuencia anterior de espectros (la ciénaga de los muertos) fue también burdamente desaprovechada en su momento, a mí por lo menos la impresión que me dan los verdosos espectros de flubber son los de un torpe deus ex machina. Algo que surge de repente, sin ser explicado de la forma debida.

Con respecto a la polémica omisión del saneamiento de la Comarca, he creído entender por las palabras de Govinda (¡¡qué gran libro Siddhartha!!) que en la edición extendida tendremos algo de eso. Sería un adorable detalle añadir esa parte en el DVD, pero de todos modos comprendo perfectamente que hayan decidido prescindir de esa parte en el estreno en salas por razones de adaptación de la novela al ritmo cinematográfico.

Otra parte que también eché de menos, que al parecer está también rodada y que conforme iba viendo la peli asumí que no la iban a mostrar es la del romance entre Eowyn y Faramir en las casa de reposo. Aprovecho para decir que me parece muy poco sutil la forma en que nos muestran el amor de Eowyn hacia Aragorn. Creo que recordar que en el libro eso era muchíiiiiisimo más sutil, y personalmente me gustaba más el enfoque del libro. De nuevo subjetividad pura y dura.

Pero, ya que hablamos de eso, y aunque nos obligue a adentrarnos en los aspectos puramente cinematográficos de realización y guión, creo que en general todos los conflictos de la película son mostrados de una forma muy poco sutil, y la información es suministrada de una forma igual de carente de sutileza y bastante infantil para mi gusto. Me decía Alby ayer que esa viene siendo la tónica de toda la trilogía. No hasta este punto. Estoy de acuerdo en que una película tan épica y teñida de cuento como El Señor de los Anillos debe de jugar con un cierto grado de ingenuidad narrativa (entendida en el buen sentido). Es incluso necesario. Pero creo que ya se han pasado. En la primera entrega existía un cierto clima de ingenuidad y narración explícita, pero para mi gusto era mucho más sutil y mucho más acorde con el tono de la narración. A mí me da la impresión de que conforme han ido avanzando las entregas se han ido contando de manera más ingenua y torpe. O a lo mejor lo que ocurre es que el tono de ingenuidad le iba bien a la primera parte, por ser la más similar a un cuentecito de hadas, y que al avanzar la trama e ir adentrándonos en cuestiones más sublimes y, en cierto sentido adultas, ese tono vaya quedando cada vez más fuera de tono, si se me perdona la redundancia.

Pero yo me inclino a pensar que Peter Jackson y compañía han ido perdiendo cada vez más el norte o han ido estando cada vez más hartos de la trilogía o, siendo un poco más benevolentes, simplemente han ido perdiendo cada vez más el control en favor de los necios productores.

De un modo o de otro, no puedo decir que la película me haya gustado. Como dijo una vez mi amigo Mario sobre Camino a Perdición, “tiene grandes momentos, pero grandes momentos no bastan para hacer una gran película”.

¿Qué más nos queda por criticar salvajemente? Pues decir, por ejemplo, que el final me pareció excesivamente ñoño y lacrimoso. Creo que el amigo Peter ha perdido el sentido de la mesura a la hora de utilizar ciertos recursos sensibleros, como los primerísimos planos, las cámaras lentas o las músicas plagiadas a Enya.

El ritmo de la película es para mí uno de los mayores despropósitos. O quizás sea mejor utilizar la expresión “estrepitoso fracaso”. No me parecen en absoluto bien conseguidos los ritmos.

Y menos todavía en la batalla de Pelenor. Es uno de mis pasajes favoritos del libro, y en la peli me ha gustado incluso menos que la del abismo de Helm. No saben aprovechar el ritmo. La energía y la inercia de la batalla se dispersan constantemente. Es algo así como un cuádruple o quintuple coitus interruptus. Cada vez que la cosa empieza a animarse, viene otro bajón de ritmo y se corta el rollo. El resultado es una batalla deslabazada, inarticulada, donde todas las posibilidades de energía se difuminan por no ser debidamente canalizadas. No me parece que esté conseguida la agonía y el sufrimiento que se respiraban en la Minas Thirit asediada del libro. No me parece conseguido (aunque se intente con muy buenas intenciones) el ambiente de derrota inminente. Y creo que toda esa carencia de desolación y desesperanza le quitan fuerza a la resolución de la batalla. Resolución que, por otra parte, también me parece desaprovechadísima.

¿Dónde están esos barcos desplegando los estandartes de Gondor cuando todos los creían enemigos y la batalla perdida? ¿Dónde está la épica de victoria definitiva con el ejército del rey de Gondor trayendo la luz? Ya habían desperdiciado ese recurso poniendo un amanecer repollo con la aparición del ejército de Rohan (parte a la que se le dio un énfasis tal vez inmerecido en una narración cinematográfica que te va a brindar un clímax como Ilúvatar manda unos cuantos minutos después). ¿Ubi sunt los valientes y harapientos montaraces, en lugar de tanto fantasma de Flubber? ¿Dónde está la fuerza de esos conceptos tan Cristianos (lo queramos o no) de la lucha de la luz y la esperanza contra la oscuridad y la desesperación? Se intenta, pero o yo soy demasiado exigente, o no se consigue del todo. ¿Dónde está la furiosa carga de Eomer contra los ejércitos, desesperado por la caída de Théoden?

Quiero decir que había muchos elementos con los que jugar para crear la mejor batalla que jamás se haya visto en una pantalla de cine. Y todo se reduce a unos pocos chistes curiosos, a algún que otro plano espectacular y a un simpático homenaje (no sabemos si voluntario) a los ATAT de El imperio contraataca con esos lografísimos (aunque excesivamente infográficos) olifantes. ¡Y por favor! Que desde que se estrenaron Matrix y Salvar al Soldado Ryan parece que sólo pueden concebirse las escenas de batalla o en cámara lenta o en estilo documentaloide sin que uno se pueda enterar bien de lo que está pasando en muchas ocasiones. Eso está bien para un trocito o dos, pero no para utilizarlo por sistema. ¿Dónde está la maestría que demostró Jackson para la acción en Braindeath o en The Frighteners?

Otra decepción personal fue Ella Laraña. Me esperaba un monstruo mucho más carismático, y no una simple araña normal y corriente aumentada de tamaño.

Pero bueno, para no dejar un regusto tan negativo en el paladar, quisiera repasar algunas cosas que sí me gustaron:

Como los menage a trois de Frodo, Sam y Gollum por los alrededores de Mordor, que aunque no fuese perfecto ni absolutamente sutil, tenía su miga, sobre todo gracias a que Gollum sigue estando brutalmente soberbio.

También quisiera resaltar el hecho de que Eowyn sigue estando preciosa y adorable. Donde se ponga ella, que se quiten todas las doncellas élficas de la tierra media.

Denethor, aunque no fuese el Denethor que yo imaginaba, ni me guste tanto, me parece un Denethor bastante bien conseguido, y me recuerda en ocasiones a Terry Gilliam.

Aunque me pareció muy gratuito y fuera de tono, me encantó esa manía de Gandalf de ensañarse con Denethor pegándole palizas cada vez que se le presentaba la ocasión. ¿Qué trasfondo oscuro habrá en el pasado de estos dos personajes?

También dieron lugar a muchas risas y chistes entre nosotros algunos momentos estelares, como ese Denethor convertido en cóctail Molotov arrojándose por los precipicios de Minas Thirit, o ese momento en el que todos pensamos que la figura encapuchada que visita a Aragorn es Arwen y al darse la vuelta resulta ser Elrond. Las risas ahí fueron considerables. La frase de Efrén: “Coño, Arwen, cada día te pareces más a tu padre”. Y yo hoy a posteriori me pregunto si acaso no era en realidad Arwen, y que el agente Smith de Matrix, que se apropió de su cuerpo, con esa manía que tiene de ir autoclonándose por ahí.

Y buenos detalles había por todos lados, como esa mirada que el marido de Lobelia (creo que es el marido de Lobelia) les echa a los hobbits cuando regresan a la Comarca.

En fin... creo que me dejo muchas cosas en el tintero, pero ya he escrito demasiado. En resumen: De las tres partes de la trilogía salí del cine no del todo contento. Pero de todos modos cada una me ha gustado menos que la anterior.

En la primera parte simplemente salí con algunas pegas, pero con la impresión de haber visto una buena peli. Y esas pegas se solucionaron con la versión extendida.

En la segunda parte, salí con la impresión de haber visto una mala peli, pero me divertí mucho viéndola.

En la tercera parte, también he salido con la impresión de haber visto una mala película, pero además me aburrí durante más de la mitad del metraje.

Empecé con dos palabras: Decepción y aburrimiento. Voy a terminar la entrada con otra palabra. Esta película me ha parecido:

TORPE.

BURBUJITAS

Antes que nada, me gustaría darle la bienvenida a mi rincón a la señorita Gyoconda.

Es un placer verte por aquí. ¡Pasa y toma asiento! Por supuesto que puedes opinar aquí sobre todo lo que quieras y venir siempre que quieras. Será un placer recibirte.

La señorita Gyoconda ha llegado a través del blog del señor Hubmaster: Un blog al que me llevó el Destino con los ojos vendados, y que me he permitido la libertad de añadir en mis links, a la izquierda. Se trata de un blog de lectura muy recomendable.

De momento, como tributo a Hubmaster, voy a tomar prestadas dos citas que leí en su blog.

La primera es de mi estimadísimo Woody Allen, y dice así:

"En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire."

La segunda, de Albert Einstein, dice lo siguiente:

"Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz."

Grandes frases, cada una a su modo.

No tengo mucho más que contar hoy. Me he pasado toda la tarde embalando las miniaturas de nuestra película con ese plástico de burbujitas. Sí... Ese que a todos nos encanta coger para hacer explotar las burbujitas.

Hoy he descubierto que también sirve para embalar cosas.

Mañana es el gran estreno. “El retorno del rey” nos espera. Alby, Efrén y yo tenemos ya compradas nuestras entradas para las 21:30. Aguardo el visionado con una combinación de ganas, miedo, intriga... Pero sobre todo ganas.

Seguiremos informando...

... cuando podamos con nuestra propia alma.

VERHOEVEN ES UN DIOS

Esa es la conclusión a la que llego cada vez que veo una peli suya. Bueno, tal vez llamarlo Dios sea excesivo, pero está en algún escalón intermedio entre buen director y Dios.

Es algo que se me suele olvidar hasta que vuelvo a ver una película suya. Y hoy, siempre atento a las recomendaciones del señor Rafa A.W, he visto por fin Instinto Básico

¡Gran película señores! En ella podrán encontrar, entre otros muchos alicientes, esa forma tan interesante que tiene el señor Verhoeven de utilizar la cámara; una fotografía igual de interesante, una música del mejor Jerry Goldsmith (nada más sonar los primeros acordes en los títulos de crédito, uno deduce la mano de Goldsmith. Ningún otro podía haber hecho esa banda sonora).

Sharon Stone está impresionante, y la carga erótica del film consigue ser al mismo tiempo elegante y brutalmente primitiva.

Si bien la trama es bastante predecible, lo es en la manera en que lo suelen ser las películas buenas. Cuando una película está bien construida, es difícil ser impredecible, porque todo lo que sucede ocurre porque tiene que suceder así. Le da a uno la impresión de que no podría ser de otro modo. Por eso un espectador medianamente espabilado no encuentra demasiadas sorpresas.

Yo lo llamo predecibilidad aristotélica.

No me extenderé mucho más. No pretendo dedicar ninguna entrada a la noticia del día. Solamente le deseo al señor Sadam mucha suerte. Espero que haya tenido la suerte de aprender de sus errores, y espero que el resto del mundo le de la oportunidad de ejercitar lo que haya aprendido.

Ya sé que es un deseo inútil e infantil, pero son las manos de los niños las que construyen los castillos de arena. Los adultos sólo saben destruirlos.

TENGO CORTINAS

¡Sí! ¡Por fin! Desde que la estrené hace un trimestre, mi habitación de trabajo ha estado sin cortinas.

No os imagináis lo bien que siente tener colgados de las ventanas estos trozos de tela anaranjada. Para alguien tan amante de la intimidad y la oscuridad como yo, unas cortinas son un objeto realmente valioso.

Ahora el aspecto yin y el aspecto yang de mi habitación están en armonía. Ninguno tiene ventaja sobre el otro.

Otra buena noticia: Tras una larga cacería, por fin he conseguido una obra de Philip Glass a la que le había echado el ojo. Basada en el “Descenso al Maelstromm” de Edgar Allan Poe. Estoy escuchándolo en estos momentos: Es puro Philip Glass. Y eso... es bueno...

DARKO es VERY DARK

Pero es una oscuridad preciosa.

La acabo de ver. Después de tantos meses de expectación, por fin se han alineado los astros para colocarme delante de una pantalla con Donny Darko.

No me ha decepcionado. A pesar de las altas expectativas; a pesar de las advertencias de Alby y Pablo sobre la posibilidad de esa decepción... Donny Darko no me ha decepcionado. ¡Todo lo contrario! Me ha parecido una película maravillosa.

No he visto ninguna de las otras dos películas de Richard Kelly, pero si siguen la línea de Donnie Darko, creo que nos encontramos ante el David Lynch del género de terror de adolescentes.

Aunque calificar a D.Darko como película de terror es ser excesivamente reduccionista. La película tiene una atmósfera oscura e inquietante que sería la envidia de muchas pelis de terror. Flota constantemente alrededor de los personajes un clima de constante amenaza. Una amenaza intangible y sutil...

Y sin embargo Darko es algo más que una película de terror.

Es un cuento oscuro. Un cuento con hadas corruptas. Un cuento de “y fueron desdichados y comieron murciélagos”. Un espejo de la realidad, pero un espejo empañado de negro vaho que distorsiona las cosas hasta hacerlas más reconocibles todavía...

La trama es exquisitamente compleja, pero tremendamente asimilable al mismo tiempo. Le deja a uno pensando, y esos pensamientos no nos hacen llegar a la conclusión de que nos han tomado el pelo, sino conclusiones mucho más interesantes.

La realización no sólo es bonita y efectiva, sino también cargada de símbolos, continuamente dispuesta a dialogar con la historia que está contando.

Los diálogos son limpios, precisos y punzantes, como un corte de bisturí. Los personajes son originales pero muy humanos. Y es muy fácil cogerles cariño, desde ese entrañable Donny Darko (ole tus huevos, poner a un protagonista que padece esquizofrenia paranoide), pasando por su deliciosa novia y sus familiares, hasta llegar a ese pedazo de personaje interpretado por Drew Barrymore. ¡¡Es la profesora que siempre quise tener!! Y encima, resulta que Drew Barrymore es la productora de la película. Creo que eso dice muchísimo a su favor.

También fue una grata sorpresa encontrarme con Patrick Zwayze. No recordaba que salía.

En fin... que me uno a todos aquellos que rinden culto a esta siniestra y desapercibida joya en la que, por si fuera poco, el director hace un par de guiños a Zemekis y Sam Raimi respectivamente.

Y ya que hablamos de Zemekis, diré que lo hermoso de Donny Darko es que en cierto modo es una versión de Roger Rabbit en la que el conejo es producto de la imaginación de un esquizofrénico y viene para anunciarle que mucha gente va a morir.

En realidad no es tan simple como eso pero, ¿a que es una buena carta de presentación?

Y me quedan tantas otras películas por ver... De momento os diré que el Destino me ha sugerido últimamente que le eche un vistazo a una peli llamada Mercury Rising. Se trata de una película protagonizada por Bruce Willis, dirigida por George Armitage (el de “Un asesino algo especial”) y escrita por el tipo que está escribiendo junto al director de Donny Darko la que será la siguiente película de dicho director, y que llevará por título “Unknowed”.

Y esto es todo por el momento. Pórtense bien. No metan los dedos en el enchufe ni hagan vudú con la hijita del vecino.

LA DERROTA ESTÁ SERVIDA

Ya se han fallado los premios de Maxoarte, y no nos hemos llevado ningún premio. Resulta un poco irónico: Todos los años ganando y en esta ocasión, cuando presentamos el que a nuestro juicio es el mejor cortometraje que hemos hecho para ese certamen, no lo conseguimos.

La vida es así de caprichosa.

Estas cuestiones son muy subjetivas y muy politizadas, pero deprime un poco saber que nos ha quitado el premio un cortometraje con el prometedor título de ROLLO EN LA RED.

¿Quién sabe? A lo mejor resulta que a pesar del título es un pedazo de obra de arte. Esta noche lo veremos y lo sabremos. Ojalá lo sea. Ojalá se merezca ese premio de verdad.

Ahora no queda otra cosa que rememorar aquella frase de Truman Capote: Todo fracaso es condimento que da sabor al éxito. y presentar nuestro cortometraje en el interminable número de festivales que hay más allá de nuestra pequeña islita.

El poema que presenté al apartado de poesía tampoco ha gozado de la sonrisa de la suerte, aunque eso ya lo tenía muy asumido. De una manera o de otra, el fallo ya está dado y ello me autoriza a publicarla en este blog, para que puedan ustedes, si lo desean, disfrutar de ella.

Se titula:

TU AUSENCIA ESTÁ SERVIDA

Ya está puesta la mesa... la cena está servida...

El mantel tiene manchas de anteriores comidas,

como heridas de guerras que hace tiempo perdí.

Tengo un mantel más limpio, mucho más agradable...

doblado en ese armario que rara vez se abre...

Un mantel que, en resumen, es más digno de ti.

¿Que por qué he puesto el sucio? Muy sencillo, querida:

Porque sé que esta noche tú no vas a venir.

Los tenedores clavan su tridente en la nada,

las cucharas no aspiran a llenar cucharadas

en sus cuencas vacías de indolente metal.

Y las copas acunan en sus vientres de vidrio

a ese vino barato, condenado al delirio

de saber que no hay nada que me incite a brindar.

¿Por qué el vino está triste? Muy sencillo, mi amada:

Porque sabe que tú ya no vas a llegar.

La lasaña ha girado... ha girado... ha girado...

en ese microondas al que me he acostumbrado

(ya sabes que lo mío nunca fue cocinar)

y ahora grita en el plato, con señales de humo,

y mirando su idioma de espirales presumo

que en su lecho de muerte te pretende invocar.

La echaré a la basura cuando se haya enfriado,

porque sé que esta noche no la vas a probar.

El teléfono móvil (ese gris camarada)

se dedica a ser mudo junto al bol de ensalada

a pesar de que gana con tu voz de mujer.

Y aunque nada me impide descolgarlo y llamarte

y después de escuchar tu “¿Quién es?” recordarte

esta cita infeliz que concertamos ayer,

¿para qué molestarme yo en marcar tu teléfono

si ya sé que esta noche no lo vas a coger?

El candelabro esculpe lagrimones de cera,

tu silla está desnuda, y la negra champanera

resfría una botella de champán para dos.

Y en la parte más triste de la esquina más mustia

de la mesa, reposa con un nudo de angustia,

doblada cual un viejo en un ataque de tos,

la rancia servilleta de desgastada tela

similar a un pañuelo con vocación de esquela

que agitas en tu mano para decir adiós.

21 de octubre de 2003

Pues ése era el poema, y he decidido que va a ser el primero de una larga ristra en este blog. He decidido atormentaros con ellos *:P

He estado visitando el blog de Néstor el Nestoriano (Alfa y Omega) y me parece genial su idea de colgar “microcuentos”.

Confieso que yo tenía intenciones de hacer algo similar con este blog. Incluso acaricié la idea de ir haciendo una micro-novela por entregas de micro-capítulos. Pero ya conocéis mis problemas de constancia y disciplina... Vamos, que al final no lo hago... Y conocéis también mi dificultad para hacer cosas “micro”.

Así que he decidido que lo que pondré serán poesías. Hoy viernes día 12 han podido ¿disfrutar? de Tu ausencia está servida. A partir de ahora, cada viernes podrán leer en este rincón “la poesía de la semana”.

Ahora me despido no sin antes darle un consejo cinematográfico: No se pierdan “Master and Comander” aquellos que sean aficionados al género. ¡Es realmente buena! Protagonizada por mi presunto doble Russell Crowe, y dirigida por Peter Weir (El show de Truman, El club de los poetas muertos, La última Ola, El año que vivimos peligrosamente, La costa de los mosquitos, Único testigo, etc...).

La paz sea con ustedes, hermanos humanos.

LA PELI QUE ME ATACÓ POR LA ESPALDA

Yo no quería... de verdad. Yo no quería... Yo solamente pretendía comer cuanto antes. Todavía me queda bastante trabajo que hacer, y no estoy para perder horas de luz. Estaba solo en casa. Empecé a comer. Solamente encendí la televisión para hacer lo que hace mucha gente: Fabricar una falsa sensación de estar acompañado. Normalmente lo hago, me paseo por los laberintos del zapping y termino concluyendo que más vale solo que mal acompañado

Pero hoy no sucedió así...

Ver a John Cusack vestido de manera tan elegante produjo en mí el mismo efecto que la magdalena del Marcel Proust de los cojones: Sucedió hace un par de años o más. En aquellos tiempos pillé una película por la mitad. No sabía su título, ni el nombre de su director... Pero me enganchó, me encantó, me fascinó...

Era la misma película de hoy. Solo que hoy la pillé prácticamente desde el principio, y averigüé el nombre del director: George Armitage. Y el nombre de la película:

Groose Pointe Blank

A España no ha llegado con el título original, sino con otro un tanto más repulsivo: Un asesino muy especial

¡Pero no os dejéis engañar por el título! ¡Realmente merece la pena! ¡Es magnífica! Y muy acogedora. ¡Una comedia romántica protagonizada por un asesino a sueldo! Y, para colmo, ese asesino es interpretado por el genial John Cusack, uno de mis actores favoritos y que, como suele ocurrir con él, ¡está genial en su papel!

¿Los demás? Un Dan Akroyd hilarante. Minnie Driver encantadoríiiiiisima y con una increíble belleza etérea que no conseguí apreciarle cuando la vi por primera vez en el indomable Will Haunting.

Y la siempre agradecible presencia de Hank Azaria.

La realización es efectiva pero sin pretensiones. Y el guión es fabuloso, con las dosis adecuadas de risas, de ternura, de acción bastante bien llevada, y con unos diálogos que a veces parecen escritos por Woody Allen. Esto último puede ser sugestión: Ya sabéis... protagoniza John Cusack, y encima habla un par de veces con su psicoanalista... Lo que me extraña es que el guionista no ha escrito ningún otro guión. Parece ser que ese fue su primer guión, en el 97. Y no ha vuelto a regalarnos otro. ¿Habrá muerto? ¿No le habrán dejado? ¿Se habrá dado cuenta de que esto del cine es una mierda y que puede ser más feliz fabricando juguetes? Eso fue lo que hizo en sus tiempos Meliées... Y tal vez yo también lo haría si tuviese talento para fabricar cosas...

Pues eso, que si no habéis visto la peli, ¡ya estáis corriendo a por ella!

Me voy a trabajar. Me temo que esta noche también me tocará trabajar sin luz. En fin... Dios nos dio las dioctrías para quemarlas pintando pingüinitos...

Todo lo que acabáis de leer lo escribí ayer pero no pude colgarlo porque el ordenador no me dejaba acceder al administrador de pitas.

Desde entonces hay nuevas noticias: Alby y yo hemos estado viendo hoy la sala que nos van a conceder para rodar lo de los cacahuetes. Es perfecta; justo lo que necesitamos. Y podremos empezar a ocuparla a partir de la semana que viene.

En otro orden de cosas, volvimos a ver ayer Los ángeles de Charlie 2, y aunque me sigue pareciendo maaaaala, la disfruté muchísimo más que la primera vez. Abordándola con el sentido del humor adecuado, puede llegar a ser realmente divertida. De todos modos, no le llega a la primera parte ni a la altura de los talones.

Con respecto a La Comunidad, la vi el otro día y también me gustó más que la primera vez. No me parece perfecta, pero sí una buena película, y creo que a estas alturas ya podemos decir que Álex de la Iglesia es uno de los mejores directores de la historia del cine Español.

Me pondré ahora mismo a buscar la peli de Willie Wonka, Rafa. En cuanto la vea encontrarás aquí mi opinión.

PÓRTENSE BIEN. CLIPMAN LES VIGILA

UN PUENTE QUE NI PINTADO

Lo bueno de trabajar en una película de bajo o casi inexistente presupuesto es que cada día trabajas en un oficio distinto. Un día eres director, otro día eres tu propio ayudante, otro día eres productor, otro día eres carpintero, otro día eres pintor...

Estos días está tocando ser pintor. Llevo todo el puente encadenado a un pincel. Coloreando los dibujos de los decorados, emitiendo trazos a medio camino entre el zen y la esquizofrenia.

No es un trabajo desagradable, pero tampoco es mi trabajo ideal. Requiere a veces de una precisión quirúrgica que nunca anidó en las manos de los piscis zurdos hipertensos e indisciplinados. Hay que ser cirujano, hay que tener buen gusto, hay que tener paciencia...

Lo más cercano al buen gusto que yo tengo es, en todo caso, un gusto exótico. En cuanto a la cirugía, mis tres últimos pacientes pusieron una demanda escrita con sus manos muertas. Y en cuanto a la paciencia... siempre he sido de los que solucionan la angustia de la inminencia de la muerte corriendo hacia ella por la cuerda floja de la vida todo la rápido que puedo.

A pesar de ello, de momento estoy bastante satisfecho con los dibujos. Tengo la manía de quedarme fácilmente satisfecho con las cosas que hago. No sé si será narcisismo, o soberbia... O tal vez tenga la suerte de haber encontrado la forma de hacer las cosas tal y como me gustan, siguiendo los latidos de mi corazón en lugar del manual de instrucciones.

¿Películas vistas desde la última vez? Pues bastantes... Sigo con mi costumbre de trabajar mañanas y tardes y luego celebrarlo viendo pelis cuando la luz del sol ya se ha marchado.

Hagamos un repaso de la últimas novedades:

Zelig, de Woody Allen. Genial, como casi todo lo que hace Woody. Divertida y conmovedora al mismo tiempo, y realmente original. ¡Yo quiero tener el genio de Woody Allen! Todos queremos tenerlo... menos él.

Los 5.000 dedos del Dr T. ¡¡Sí Rafa!! ¡Por fin la he visto! ¿Recuerdas nuestras interminables pesquisas para conseguirla en la universidad? ¡Qué película más simpática y surrealista! La realización es de una mediocridad patética, y el guión quizá excesivamente pueril. El doblaje (tuve que verla doblada chirría como la puerta de esa cripta que sale en todas las pelis de la Hammer). Y a pesar de todo ello, la película engancha, atrapa, fascina... gracias a la retorcida y exquisita imaginación del Dr Seuss. La película está llena de detalles encantadores, de decorados extravagantes, combinaciones de colores imposibles... personajes a juego con esos decorados... Surrealismo onírico.

Los 5.000 dedos del Dr T es una película que pide a gritos un remake, y no me importaría nada escribir y dirigir yo ese remake...

Doble dosis de Al Pacino: Y además las vi las dos seguidas: Melodía de seducción y Sérpico, de Sydney Lumet. Presiento que voy a decir una blasfemia, pero me gustó más “Melodía de seducción”. En fin... lo curioso es ver una detrás de otra dos pelis de Al Pacino en las que hace de policía y se llama Frank.

Y con esto me despido. Esta noche me veré, si el Destino no me ofrece una alternativa mejor, La Comunidad, de Álex de la Iglesia.

¡Ah! ¡Se me olvidaba! También vi Réquiem for a Dream, de Darren Aronofky. Brutal, bestial, durísima, pero muy interesante y realizada de una forma casi magistral. Los actores geniales todos, sobre todo Ellen Burstin. Por cierto, Enrique: Comparar el final de La vida es bella con el de Réquiem por un sueño es más hilarante que la primera y más salvaje que la segunda.

Bueno, amigos. Espero que estéis exprimiendo toda la diversión y sabiduría que un puente pueda ofrecer.

¡Nos vemos!

LIBRE COMO UN TAXI

Simplemente dejaros por aquí una letra de una canción del genial cantautor Ricky López.

Se titula:

LIBRE COMO UN TAXI

Con una mano alante y la otra atrás,

a bordo de un interrogante,

bandera del país, errante y fugaz,

del que soy el único habitante.

Ando sin más mando que el de mi intuición

y aunque a contraviento, voy tirando.

Es de carne y hueso mi Constitución

y no tengo más Estado que el de ánimo

Y voy... ¡ Libre !

¡Yo soy libre, primita ! ( libre como un taxi ).

¡Libre, libre ! ( libre como un taxi );

que sí, que ¡ yo soy libre !,

(libre como un taxi )

Libre, libre;

(libre como un taxi ).

Libre pa' quererte a ti, preciosa,

libre para dejarlo de ser

y libre porque sólo me arrepiento de una cosa,

y es, de haberme arrepentido alguna vez.

¡Libre, libre, libre ! ( libre como un taxi )

¡Libre, libre, libre ! ( tú sabes que yo soy );

¡Libre, libre !.

EL AMOR ES UN DEPORTE MUY RARO

No. Hoy no voy a hablar de Amor. Es solamente el título de la canción de “La cabra mecánica” que estoy escuchando en estos momentos.

Hablaré, como otras veces, de lo que vaya surgiendo, y para empezar, nada mejor que hablar... DE CINE.

En la última entrada hablé de una película de chinos hecha por occidentales. Hoy voy a hacer tres cuartos de lo mismo (o three cuarters of the same, que dirían los sajones).

Sí, amigos... por fin he visto KILL BILL, la última película de Quentin Tarantino.

Me hubiese gustado verla por primera vez en pantalla grande, pero es que... me indignó tanto el hecho de no poder disfrutarla hasta febrero a causa de las disputas de las distribuidoras, que decidí descargármela y verla. No sé si debería decir en este blog (un sitio casi público) que utilizo el emule para descargarme pelis... ¿Dejarán escribir novelas en la cárcel?

Bueno, ¿qué me pareció la película? Alby y Jaime ya saben mi opinión. Os la voy a transcribir a los demás: Kill Bill no es la película que esperaba. Eso quiere decir que algunas de las cosas de la peli me decepcionaron bastante y otras en cambio, fueron gratísimas sorpresas.

Tal vez lo mejor de no ser la peli que yo esperaba es el hecho de que eso significa, que la peli que yo quería... ¡¡podré hacerla yo algún día!!

Me sorprendió sobre todo encontrarme con una película relativamente seria. No es que Kill Bill sea el paradigma de la seriedad... pero comprendedme... yo me esperaba una especie de mezcla entre los Ángeles de Charlie y la Serie-B. Y si bien es cierto que la influencia de esas cosas canta la traviata en la película, uno se encuentra con una historia bastante más sólida y provista de criterio (que conste que soy el más acérrimo defensor de Los Ángeles de Charlie 1).

¿Qué decir de la realización y de la estética? ¡Deliciosas! ¡Exquisitas! ¡Sublimes! La ambientación es preciosa y sorprendentemente variada, y la realización, además de ostentar esas dos cualidades, es muy efectiva y todo lo original que se puede ser a estas alturas de los umbrales del siglo exis exis palito.

Por otra parte, yo la esperaba más china que japonesa, y la peli de Tarantino ha resultado ser más japonesa que china. Aunque yo confieso tener más debilidad por lo chino que por lo japo, reconozco que en esta película tanto las influencias de unos como las de otros son igualmente de agradecer.

¿Y Uma Thurman? ¿Qué decir de Uma Thurman? Pues que está preciosa, y que da muy bien el tipo (tanto a nivel de actriz como a nivel de pretendida artista marcial). Y el mono amarillo de Bruce Lee manchado de sangre roja le queda de miedo.

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Y el detalle de la roja sangre me lleva a otro asunto: La película es considerablemente violenta, y me resultó curioso el detalle de que esa violencia en algunas ocasiones ha llegado incluso a molestarme. ¿Por qué será? Hasta hace no mucho los excesos de violencia no suscitaban en mí desagrado alguno. Los aceptaba con otra filosofía.

¿Qué me pasará? ¿Soy ahora más sensible? ¿Mis humor negro se ha hecho acaso más refinado y elegante?

Me temo que sí... A veces uno cambia sin darse cuenta, porque lo hace de forma tan lenta y gradual como el crecimiento de un árbol. En ocasiones, cuando tengo demasiado tiempo libre, me da por releer cosas que he escrito hace tiempo, y me doy cuenta de cómo en mis obras se reflejan los cambios de mi personalidad: ese amasijo de barro primigenio, que siempre es el mismo, pero que va adoptando formas distintas conforme lo van moldeando los años, los vientos, los golpes y caricias de la vida...

Pienso ahora, por ejemplo, en el terrible miedo a la oscuridad que tenía de pequeño. No podía dormir sin una luz encendida. Ahora adoro las tinieblas. Son mis hermanas... Y me cuesta trabajo dormir sin ellas.

Pienso también en aquél cuadro que había colgado en la pared de mi dormitorio, también cuando era yo pequeño. Era un cuadro de una niña. Bueno, más bien una muchacha, a medio camino entre niña y mujer... Y me aterrorizaba... me miraba... y producía en mí una sensación desagradable, que me daba miedo... Al final acabaron llevando ese cuadro al cuarto de mi hermana. Hoy día ese cuadro sigue estando en el dormitorio de mi hermana, y cada vez que lo veo en la actualidad, me doy cuenta de que se trata prácticamente de mi ideal de belleza. Todo lo que debe tener una mujer para que la considere preciosa, está en la muchacha de ese cuadro. Lo que en mi infancia me daba miedo, ahora me enamora...

Cambiamos, sí señor... cambiamos...

Pero sigamos hablando de Kill Bill. Lo que menos me gustó de la película fue el ritmo. No el ritmo de la realización, ni el ritmo de las secuencias por separado, sino el ritmo de la trama como organismo global, como totalidad... ¿Por qué? Pues porque han cometido el error de dividir en dos películas de hora y media una historia que está concebida para ser contada en tres horas. ¿Cuál es el resultado? Que Kill Bill volúmen uno podría funcionar rítmicamente como primera mitad de una peli de tres horas, pero no funciona como una película individual y semi-autónoma. No señor... Porque uno ve desarrollarse la trama, y se da cuenta de que la peli (por duración) está llegando a su final y, por lo tanto, a su clímax... y sin embargo uno no percibe que los elementos se vayan disponiendo y ordenando para conducir a dicho clímax. ¿Por qué? Pues porque no era ésa la finalidad original. En esta primera entrega de Kill Bill han querido poner como clímax una escena bastante climática, pero que no funciona como clímax final.

Conclusión: Partiste en dos una peli de tres horas, Quentin... craso error.

Como contrapunto a la violencia Tarantiniana, ayer vi también otra película totalmente distinta: Me refiero a la que casi podríamos considerar mi película favorita:

Aaaméelieeeee

Ayer la vi por octava vez. Anteriormente la había visto seis veces en el cine (cuatro de ellas en versión original) y una séptima vez en DVD, amenizada por los interesantísimos comentarios de su director, Jean Pierre Jeunet.

Pues bien... mi octavo visionado fue tan maravilloso como los siete anteriores. ¡Adoro esa película!

Será mejor que no me ponga a hablar de Amélie, porque entonces el exceso de longitud de esta entrada sería más flagrante todavía.

Me hastapronteo con un ABRAZO made in Amélie, y cerrando el ciclo con otra canción de la cabra mecánica en mi altavoz: “Terribles ochenta”.

GRAN GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA

¡La acabo de ver! No la veía desde que era pequeño, y me moría de ganas... Hace días que la tengo, y estaba esperando a tener un hueco libre para poder sentarme tranquilamente a disfrutarla.

Hablo de la película Golpe en la pequeña China (Big Trouble in little China). Una de las mejores películas que he visto de John Carpenter, junto con “La Cosa”.

Tenía un muy buen recuerdo de ella, y no era un recuerdo distorsionado. ¡Es tan buena y entrañable como la recordaba! Una historia repleta de todo aquello que me vuelve loco: Maldiciones chinas, coloridos exóticos, decorados míticos como los de las películas de antaño, magia, artes marciales, magníficos diálogos, mujeres de ojos verdes, bodisambas del submundo...

El ritmo es realmente acertado, y la duración de poco más de noventa minutos es la justa y necesaria. Es facilísimo cogerle cariño a Golpe en la pequeña China. Es el resultado de dejarle un presupuesto de superproducción a un puñado de locos curtidos en la serie-B. De hecho, los productores se llevaron las manos a la cabeza cuando vieron el montaje en su día.

Kurt Russell está soberbio. Claro que Kurt Russel siempre está soberbio, y más cuando trabaja con John Carpenter. Es quizá el personaje más carismático que le he visto interpretar al señor Russell: ¡Qué mítico ese Jack Burton! ¡Qué frases! ¡Qué forma de vestir! ¡Qué forma de actuar!

Kurt Russell, K. Catrall y unos cuantos chinos sin importancia

Y, por si fuera poco, ve uno esos chinos, jóvenes y viejos, que uno ya ha visto actuando en tantas pelis del género que son ya como amigos.

¿Conclusión? Que si os llamáis Juan José Ramírez Mascaró, esta película es imprescindible para vosotros.

ARE YOU MONKEY OR ARE YOU ALONE?

Sí... lo confieso... Hubo un tiempo en que fui uno de esos adolescentes obsesionados con los videojuegos. Ese pasado me parece ahora lejanísimo, y a veces teñido con el azul de la nostalgia.

No tengo absolutamente nada en contra de la gente que a mi edad sigue enganchada a los videojuegos. De hecho, muchos de mis mejores amigos pertenecen a ese grupo. Pero yo no soy capaz. Cada vez que veo los videojuegos actuales me siento como un viejo fósil... un dinosaurio cuyas garras y ojos no están hechos para los entretenimientos del siglo 21.

Pero no es exactamente de eso de lo que quería hablar... sino de dos juegos; dos en concreto. Dos que estuvieron de moda en mi época adolescente, y que sin duda alguna muchos de vosotros recordaréis con auténtico cariño:

Me refiero a “Monkey Island” y “Alone in the dark”.

Los dos eran aventuras gráficas, y de las buenas (ya saben... de las que hacían pensar a la gente, contaban una historia y divertían al mismo tiempo), pero eran al mismo tiempo totalmente diferentes. Y no sólo porque el Monkey derrochase simpatía y buen rollo y el Alone, en cambio, inspirase terror y verdadero mal rollo. Había algo más. Algo que también recordaréis los que los hayáis jugado:

En Monkey Island uno podía hacer cualquier cosa sin miedo a cometer un error, porque el juego estaba concebido de tal forma que uno no se podía quedar atascado. Si, por ejemplo, uno conseguía un aparato para recoger plátanos que más adelante va a ser necesario para resolver un problema, el juego transcurrirá de tal modo que cuando uno necesite resolver ese problema, no haya perdido su recogedor de plátanos.

En Alone in the Dark no sucedía lo mismo. Si hubiese una máquina de recoger plátanos en el Alone (cosa que desentonaría bastante) y cometiésemos el error de utilizarla de la manera inadecuada (tirarla por una ventana, por ejemplo), estaríamos perdidos. Porque habríamos quemado ese objeto de la forma inadecuada; habríamos cometido un error... Y finalmente llegaría el momento de resolver el problema y no podríamos hacerlo por habernos desprendido descabelladamente del utensilio.

Monkey Island restringe tu libertad y te lleva por un único camino. Pero ese camino siempre llega hasta el final, y no desemboca en callejones sin salida.

Alone in the dark te otorga la libertad de cometer errores, pero el precio de esa libertad son los malditos callejones sin salida, las consecuencias irremediables y, en última instancia, la desesperación o la muerte.

Ayer, mientras caminaba por Puerto del Rosario, intentaba dilucidar si nuestra vida es un “Monkey Island” o un “Alone in the Dark”.

Y yo diría que es una mezcla de las dos cosas. Tenemos la libertad de cometer errores. Y los cometemos... todos los días... Pero esos errores nunca llegan a callejones sin salida. Siempre hay un millón de salidas posibles para cualquier problema. Algunas más fáciles, algunas más difíciles... Pero siempre las hay. Tal vez porque Dios es mejor programador que los del Monkey y los del Alone, y sabe cómo combinar la libertad con una fuente inagotable de segundas, terceras y cuartas oportunidades. O quizá porque Dios menos vago que los programadores americanos y tiene menos mala leche que los programadores franceses.

Así que la próxima vez que os encontréis en un aparente callejón sin salida por culpa de un error, recordad que habéis llegado ahí gracias a la libertad del Alone in the Dark, pero que tendréis al Monkey Island velando por vosotros.

Ése es el consejo pretencioso de hoy.

Cambiando de tema:

Hoy hemos terminado Alby y yo el corto que hemos hecho para presentar en Maxoarte, que lleva por título: Vida y muerte de un bardino fiel a sus principios de bardino

No sé hasta qué punto es recomendable el ir a ver Looking for Nemo cuando está uno enfrascado en un cortometraje de animación. ¡Cielo santo! ¡Qué maravilla de película Nemo! ¡Qué bonita! ¡Qué entrañable! ¡Qué estética más conseguida! ¡Qué personajes más carismáticos! ¡Y ya iba echando de menos una película de animación de Disney en la que se puede destacar e incluso aplaudir de forma entusiasta la labor de los guionistas! Creo que eso último no lo hacía desde El emperador y sus locuras.

El caso es que nuestro corto no es gran cosa si se le compara con Nemo, y está a mil años luz de ser perfecto, pero me atrevería a decir que hemos conseguido hacer una peliculita muy simpática, y desde luego es la obra más completa que hemos presentado a maxoarte (o lo será cuando sea presentada mañana).

Y ahora tendréis que disculparme si aprovecho esta entrada para dirigirme a dos personas concretas.

Primera persona:

Rubén: Mi querida Ariadna ya te ha escrito una respuesta para tu duda existencial de “Clemátide o Wild Rose, eh ahí el dilema”. Podrás encontrar esa respuesta en El hilo de Ariadna
.

Así se llama el nuevo rinconcito que, por sugerencia de Rubén, le he creado a mi dama para que pueda responder a cualquiera de vuestras preguntas sobre flores de bach, naturopatías, homeopatías y demás cuestiones de salud (física y espiritual) alternativas.

Lo más probable es que ese rincón se inaugure y se clausure con la respuesta a la pregunta de Rubén, porque Ari, al igual que la mayoría de nosotros, no tiene demasiado tiempo para poder dedicar a un blog. Pero por lo pronto, yo os recomiendo que le echéis un vistazo a la entrada de hoy (aunque no os llaméis Rubén) porque está realmente interesante.

Yo he descubierto que tengo muchas cosas en común con los Clemátides. En un principio me pareció que debería estar preocupado, pero cuando terminé de leer llegué a la conclusión de que se puede conseguir que eso no sea tan malo.

Segunda persona a la que me quiero dirigir:

Enrique: ¿Qué es eso de ganador oficial del Nanowrimo? Yo pensé que ese concurso no tenía premios ni ganadores, exceptuando el placer de terminar habiendo escrito una novela. Bueno, de un modo u otro, ¡¡ENHORABUENA!!

Y ya sabes que querré leer esa novela por muy mierdosilla que a ti te parezca. Así que ya me la estás mandando.

Hago un inciso aquí para responder también a Rubén: No eh visto “Réquiem por un sueño”, pero el final de “La vida es bella” me parece tan precioso como triste, pero, en todo caso, me parece feliz. Con respecto al final de mi cuento, lo considero un como una flor alegre que crece en medio de un terreno desolado. Para mí ese final es como una pincelada verde en un lienzo negro; la esperanza y el consuelo brotando en un panorama casi apocalíptico en el que ese consuelo (acaso un consuelo un poco triste) es más necesario que nunca. Creo que “Gafas de sombra” puede ser casi una historia de amor.

Por otro lado, Enrique, te diré mi fórmula de poner imágenes. Lo hago del mismo modo en que lo harás tú, pero supongo que a mí me funciona y a ti no porque no pones el url de la imagen de la manera adecuada. Para empezar, hay que elegir una imagen que esté en una página web a la que pueda acceder todo el mundo. Yo lo que hago es seleccionar esa imagen y mirar cómo se llama. Acto seguido, me meto en el código fuente de la página, busco esa imagen cuyo nombre ya conozco y veo en qué “directorio” de la página está ubicada. Luego, lo único que hay que hacer es añadir eso a la dirección de la web.

Pongamos un ejemplo:

Si la imagen que quieres poner se llama “rata78.jpg” y está en la página www.traidores.com. Miras el código fuente y buscas “rata78.jpg” y ves esto: /imágenes/trujilas/rata78.jpg.

Pues tú tendrías que escribir como url: www.traidores.com/imágenes/trujilas/rata78.jpg

No sé si me habré saltado algo...

Pero mejor me callo ya, que bastante largas me salen ya las entradas sin necesidad de dar clases de un lenguaje de programación del cual soy un completo ignorante.

ABRAZOS DE PELUCHE PARA TODOS

IN LOVE WITH SILVIO

Llevo unos días escuchando bastante a Silvio Rodríguez. Hasta hace poco solamente conocía sus canciones más famosas. Estoy descubriendo en él (y en Aute) a un gran cantautor.

Hay una canción a la que he tomado bastante cariño.

Se titula:

¿QUÉ HAGO AHORA CONTIGO?

¿Dónde pongo lo hallado?

en las calles, los libros

la noche, los rostros

en que te he buscado.

¿Dónde pongo lo hallado?

en la tierra, en tu nombre

en la Biblia, en el día

que al fin te he encontrado.

¿Que le digo a la muerte

tantas veces llamada a mi lado

que al cabo

se ha vuelto mi hermana?

¿Que le digo a la gloria vacía

de estar solo

haciendo el triste

haciéndome el lobo?

¿Que le digo a la luna

que creí compañera

de noches y noches

sin ser verdadera?

¿Que hago ahora contigo?

las palomas que van

a dormir a los parques

ya no hablan conmigo.

¿Que hago ahora contigo?

Ahora que eres la luna

los perros, la noche

todos mis amigos.

UNA ÚLTIMA COSA:

Tan sólo decir que por fin he visto "Bowling fos Columbine". Acabo de terminar de verla y es todo lo que decían de ella. Maravillosa, tanto en contenido como en forma.

Yo diría que está un poquitín guiado y manipulado, aunque sea involuntariamente. Pero en general es muy muy honesto, y creo que Michael Moore se merece todo el éxito que ha tenido.

Yo incluso le concedería un merecido premio Nóbel de la Paz.

FE DE ENRIQUES... DIGO... FE DE EN-RATAS...

En mi antepenúltima entrada, el link con la página de la bella aurora estaba mal metido, y por eso no salían las imágenes de la página.

Creo que ya está corregido, así que si pinchas ahora en el link, Jaime, podrás ver a Maya con su vestido de "bella Aurora". Aunque en mi opinión a Maya le sientan mejor los vestidos de Maya que los de Aurora.

Yo también sé poner linternas

QUIERO CONTAROS UN CUENTO...

Sí, amigos míos... Aprovechando que he tenido hoy un hueco libre, he decidido escribir un cuentecito que tenía en mente desde hace ya algún tiempo.

Es muy, muy corto, así que he decidido también ponerlo aquí para que lo podáis leer, a ver qué os parece.

¡Espero que lo disfrutéis!

Se titula...

GAFAS DE SOMBRA.

Hace mucho, pero que muuuuuuucho tiempo... muchísimo antes de que los edificios crecieran tan altos que taparan el cielo, las gafas de sol hacían honor a su nombre.

Sí... En aquel entonces llegaban todavía a nuestro mundo los rayos mensajeros del astro rey, y la gente usaba las gafas de sol para protegerse de ellos... para no deslumbrarse... para no dañar sus delicadas retinas... para todas esas cosas en las que pensó aquel anciano inventor desconocido cuando decidió inventar las gafas de sol.

Sucedía sin embargo que la gente conservaba esas gafas en la cara hasta mucho después de que el sol se hubiera ido. Ya no había necesidad de proteger los ojos de los rayos solares, y a pesar de ello la gente seguía necesitando llevarlas.

¿Por qué?

Pues porque sin casi ellos saberlo empezaron a darse cuenta de que aquellos oscuros anteojos no sólo les protegían del sol. También les protegían de las miradas ajenas.

Porque los ojos son las ventanas abiertas de nuestra fortaleza interior; el puente levadizo del alma, bajado siempre involuntariamente; el felpudo de WELCOME para los que nunca fueron bienvenidos... Porque los ojos, si no los vigilamos de la forma adecuada, son capaces de revelar a los demás mil y un secretos sobre nosotros mismos. Si nos descuidamos, aunque sólo sea un segundo, pueden decirle a cualquier intruso, a cualquier desconocido... si estamos tristes o alegres, aburridos o enamorados, desesperados o llenos de esperanza... Y esos intrusos podrán asomarse a nuestro interior; podrán espiar a través de nuestros ojos como a través de la mirilla de una puerta... y si bien es cierto que no podrán verlo todo, sí cabe la posibilidad de que alcancen a vislumbrar todos esos trastos viejos que tenemos en el rincón del casi-olvido, o los impúdicos muñecos de peluche que asoman por el cajón de los “sueños imposibles”.

Sí señor... Las ciudades se hacían cada vez más grandes, y cuanto más grandes eran, mayor era el número de personas con las que uno se cruzaba cada día (en las aceras, en los pasos de peatones, en los parques, en el metro, en los centros comerciales...). Salir a la calle era cruzarse con mil, dos mil, tres mil, cien mil individuos que tenían acceso a tu mirada y, a través de ella, a todos tus secretos, a todas tus debilidades...

¡Por eso era necesario no bajar la guardia ni un segundo! El más mínimo descuido era un ariete contra las vulnerables puertas de la intimidad. No se podía dejar a los ojos sin vigilancia ni un solo momento, porque los ojos eran (y son) dos niños revoltosos que dicen demasiado... y a veces se lo dicen a la persona inadecuada.

¡Imaginaros la de atenciones y energías que debía invertir cada persona para tener controlados a esos dos niños traviesos durante la mayor parte del día! Todos llegaban agotados a sus casas, muchos sufrían dolores de cabeza. Salían sarpullidos en las pieles, los cabellos se marchitaban y caían... los resfriados aprovechaban las debilidades ajenas...

¡Imaginaros ahora lo bien que le sentó a toda esa gente el nacimiento de las gafas de sol! Se las pusieron al principio con la excusa de que el sol era molesto pero, como ya hemos dicho, no tardaron en descubrir que la molestia del sol no era la única que podían solucionar aquellas gafas milagrosas. Con aquella barrera entre sus propios ojos y los ojos de los demás, ya no era necesario vigilar lo que transmitían las miradas. Ya nadie podía acceder a lo que había al otro lado de la mirilla de la puerta, porque ahora el cristal de la mirilla estaba teñido de un impenetrable color negro. Podíamos estar alegres, y los demás no se enteraban; podíamos estar tristes, y los demás no lo sabían. Podíamos sorprendernos, enamorarnos, asustarnos, intrigarnos, irritarnos, deprimirnos, indignarnos... o dormirnos...

Era un asunto entre nosotros y nosotros mismos. Por unas pocas monedas fáciles de ganar podíamos comprar una muralla prefabricada, un biombo de ébano, una mampara de acogedoras tinieblas que permitía a nuestros dos niños traviesos jugar a su antojo. ¡Qué descanso! ¡Qué alivio! ¡Qué ahorro de energías!

Por eso el sol se iba, pero las gafas de sol continuaban en su sitio, haciendo equilibrios entre la nariz y las orejas. Por eso la muralla de cristal oscuro permanecía levantada, aunque las nubes más espesas confiscasen los rayos de sol.

Y aunque la gente continúa llamándolas gafas de sol, hace ya mucho tiempo que se convirtieron en gafas de sombra.

Hoy día todo el mundo las lleva puestas. No podréis encontrar por la calle a nadie que circule sin ellas. Toooooodos las llevan...Hombres y mujeres, niños y ancianos, ricos y pobres... El sol se fue a vivir por detrás de las nubes grises hace ya bastantes años, y no ha regresado. Pero a la gente no parece importarle. Ninguno sale de casa sin el paraguas y las gafas de sol.

Diana tampoco salía nunca sin ellas. Tenía unas gafas de sol preciosas, con unos cristales que parecían arrancados de las entrañas de la más des-estrellada de las noches. Eran cómodas, eran eficaces, no llamaban demasiado la atención... y podían ser adquiridas en cualquier tienda por el módico precio de cinco monedas de color gris.

Tal vez si hubiese pagado seis o siete monedas en lugar de cinco, ese tornillo no se abría desenroscado... esa patilla no se habría soltado... esas gafas de sol no se habrían caído... ese voraz sumidero de la acera no se las habría tragado... Tal vez si hubiese pagado seis o siete monedas ahora no estaría en medio de la calle... ¡sin gafas de sol!

Y si su cerebro hubiese estado más despierto, habría adoptado la conducta más lógica: acercarse a la tienda más cercana y pagar otras cinco monedas (o incluso seis o siete) en unas gafas nuevas. Pero el miedo le impedía pensar con claridad. La idea de comprar las gafas nuevas era lo último que podía pasar por su cabeza... ¿Con qué valor iba a meterse allí? ¿Con qué valor iba a acercarse al mostrador y sostener la mirada implacable del dependiente? ¿Con qué valor emanarían las palabras de su boca?

Se sentía desnuda... Más desnuda que nunca. Más desnuda de lo que se habría sentido si le faltara la ropa. De hecho, nuestra pobre Diana llegó a la conclusión de que habría preferido estar sin ropas pero con gafas. Se sentiría menos incómoda, y más segura...

Sólo había una solución: La única solución que estaba al alcance de sus aterrorizadas neuronas: ¡Huir! ¡Escapar! Refugiarse en el cualquier sitio en el que no hubiese otras personas... otras miradas...

Comenzó a andar. Inquieta, nerviosa, con paso torpe y apresurado. Desnuda... Pero no sabía hacia dónde dirigirse (... desnuda... desorientada...). ¿Dónde encontrar un lugar sin gente en una ciudad tan repletísima de gente? Y esa gente no tardó en reparar en ella. Un segundo antes de que sus rotas gafas chapoteasen en las aguas del profundo alcantarillado, ya tenía Diana todas las miradas de los demás ciudadanos encima. Todos la miraban mientras ella trataba de escapar en vano. La miraban con sus ojos artificiales y oscuros. Con esos ojos negros y fríos.

Diana intentaba huir hacia la izquierda, pero los demás habitantes de la urbe la flagelaban con sus alargados y opacos ojos de insecto.

Diana intentaba huir hacia la derecha, pero también allí se encontraba con decenas de gafas de sol que la censuraban. Los hombres murmuraban cosas a sus mujeres. Los niños la señalaban son sus dedos rechonchos, esbozando una sádica sonrisa, una luna creciente de dientes amarillos, haciendo juego con las dos lunas negras que les cubrían los ojos.

Diana corría hacia delante, sin detenerse. Pero continuamente se chocaba con todos esos hombres trajeados y todas esas mujeres sofisticadas. Con todas aquellas gafas grandes, pequeñas, ovaladas, redondas, cuadradas... Con todos aquellos cristales... algunos tan negros como la mismísima Nada... y otros peores, ¡muchísimo peores! Porque eran cristales de espejo, y la reflejaban a ella. Reflejaban el espectáculo que estaban viendo los propietarios de esas gafas. Reflejaban... su propia mirada, despojada de escudo, vulnerable, desamparada... transmitiendo todas sus inseguridades, todas sus flaquezas, todas las derrotas infringidas por un mundo en el que había mil razones para sentirse derrotado.

Diana corría... corría... corría... Intentaba ponerse la mano delante de los ojos, para protegerlos de las sentencias ajenas, pero entonces dejaba de ver lo que tenía delante... y se tropezaba... y se caía... y se volvía a levantar... y volvía a correr... Y las miradas implacables continuaban allí, al otro lado de las gafas tejedoras de pesadillas.

Diana llegó por fin a un ceniciento parque. No había demasiada gente. Los niños estaban demasiado ocupados peleándose en los columpios. Los paseantes estaban demasiado ocupados arrastrando a sus perros de un lado para otro.

¡Detrás de aquél árbol! Allí podría estar tranquila... al menos durante unos minutos... los minutos necesarios para saber qué demonios hacer con todo aquel descabellado asunto...

Pero la ilusión de estar a salvo duró muy poco. ¡Qué tonta había sido creyéndose al margen de las demás miradas! Alguien la había visto ocultarse allí... y no era un alguien cualquiera. Su uniforme gris y el carácter especialmente inaccesible de sus gafas lo identificaban como un agente de Policía... Y eso no era lo peor... ¡Lo peor era que se dirigía hacia ella! Caminaba hacia el árbol lentamente, haciendo crujir las briznas de hierba marchita bajo sus botas.

Ella sabía que no era correcto taparse los ojos con las manos. El agente se lo tomaría como una ofensa personal o, peor todavía... ¡como una ofensa oficial! ¿Qué hacer entonces? ¿Cerrarlos? ¿Bajar la mirada? ¡No! ¡Eso sería sospechoso! Estaba perdida... ¿Sería capaz de sostenerle al guardia la mirada? No... no sería capaz. No sin gafas de sol... no sin escudo... (...desorientada... desnuda...) .

El agente policial llegó hasta ella. Las flores muertas se desprendían de las ramas del árbol y se posaban sobre la gorra del policía, que la examinaba con esos dos pozos sin fondo que tenía a ambos lados de la nariz.

Se esforzó por mirar al guardia directamente a los ¿ojos?, sin bajar la mirada. Era algo que nadie había hecho desde hacía muchos, muchísimos años... Y era difícil. No pudo reprimir el llanto. No pudo evitar que las lágrimas escapasen de aquellos dos ojos temblorosos, desnudos... desamparados...

Entonces el guardia lo hizo: Lentamente, y con un temblor imperceptible en la mano, se quitó sus impecables gafas de sol. Miró a Diana con unos ojos estremecidos de cordero degollado y le dijo en voz muy baja, como quien pretende hacer a la persona adecuada la confesión inadecuada, cuatro únicas palabras: “Yo también tengo miedo”.

fin
27 de noviembre de 2003.

SILVIO, CACAHUETE, WONG SENSE Y TEATRO

“La angustia es el precio de ser uno mismo”.

Eso dice Silvio Rodríguez en su canción de invierno.

¿Tendrá razón? A veces es inevitable llegar a la conclusión de que ser uno mismo en esta sociedad puede llegar a convertirse en un estigma, como decía la condesa Mayweda.

Yo suelo usar siempre la misma metáfora: Somos como árboles... y nos podan. Los árboles crecen de formas salvajes, aparentemente caóticas y caprichosas, pero en el fondo crecen así atendiendo a unas razones, a unas circunstancias, a unas necesidades que ese árbol tiene y los demás no. Por eso es difícil encontrar un árbol igual a otro en una región salvaje.

Pero resulta que el hombre de la sociedad, amante de la regularidad, el orden y la geometría euclídea, se incomoda cuando ve a los árboles creciendo de formas así de caprichosas. De pronto le entra el miedo de no poder tenerlos controlados, de que las ramas se le puedan meter a uno en los ojos... y, sobre todo... piensan que los árboles, para ser “bonitos y elegantes”, han de tener formas regulares. Nada de que cada uno crezca según su naturaleza. ¡No! Todos tienen que se redonditos, o cilíndricos... Todos bien podaditos, esquilados cada semana, rasurados al viejo estilo militar...

Pues bien... las personas somos tres cuartos de lo mismo. Somos árboles... necesitamos crecer de una forma determinada... una forma propia, personal. Nuestras ramas han de seguir su propio camino, buscando un aire, un sol o un alimento que nosotros personalmente necesitamos.

Pero, ¿nos dejan seguir nuestro propio camino? No... ¡Nos podan! Nos podan a nosotros también... La sociedad ha creado un molde geométrico y redondito de lo que se supone que debe de ser una buena persona, una persona de éxito, una persona socialmente adaptada... Traza un camino preestablecido por el que todos tenemos que ir en fila india.

Crecemos escuchando continuamente en qué consiste ser una buena persona, en qué consiste tener una vida feliz, en qué consiste una conducta moralmente impecable. Y acabamos todos más o menos frustrados:

>/P> Frustrados algunos por ver que no son capaces de seguir ese camino, de adaptarse a ese molde...

Frustrados otros porque consiguen adaptarse a ese molde y descubren que en realidad han encajado ahí con calzador, que están llevando unos zapatos que no son de su talla; unos zapatos que les aprietan y flagelan por todos lados... Y que esa incomodidad les acompañará hasta la tumba.

Y esa frustración produce el miedo... la inseguridad... lo cual a su vez produce, directa o indirectamente, todos los males que asedian el planeta (o, al menos, todos los males que dependen del ser humano).

Por eso yo os invito a que sigáis vuestro propio camino, o al menos que intentéis seguirlo en la medida en que podáis hacerlo sin matar la felicidad de los demás. Os invito a que asumáis la angustia como precio de ser uno mismo, que llevéis el estigma con la frente bien alta... hasta que llegue el día en que el estigma se convierta en una bendición... hasta que llegue un día en que la angustia se convierta en la sabiduría del alma... Hasta que llegue, en dos palabras, el día en que vosotros, o la sociedad o ambos comprendáis que la única brújula que nunca se equivoca es la brújula interior de cada uno.

Lo que ocurre es que solemos tener esa brújula tan oxidada...

Preguntaros constantemente si estáis viviendo la vida que queréis vivir. Si no la estáis viviendo, nada os impide metafísicamente intentar cambiar de vida. Ni si quiera os impide nada pegaros un tiro, tiraros de un puente, colgaros de un árbol...

Pero si existen razones lo suficientemente poderosas... razones que os hagan decidir que es preferible no cambiar de vida, ni arrancársela de cuajo, sabréis que esas razones existen. Sabréis, en definitiva, que sois libres, y que todo lo que asumís lo asumís libremente. Y eso os dará ánimos y fuerzas para afrontar lo que sea.

PERO CAMBIEMOS DE TEMA

Ya empieza la gente a quejarse de que llevo mucho tiempo sin hablar de los cacahuetes en el blog. Pues bien... la última novedad es que:

Ya nos han concedido la sala para rodar de manera más o menos oficial. La tendremos desde el 10 de enero hasta finales de marzo. Hay dos salas disponibles. Una enorme y con una enooooooooooooorme claraboya y otra más pequeña pero que tiene la posibilidad de transformarse en cuarto oscuro. Obviamente, elegiremos esta segunda, pues se adecua a nuestra manera de trabajar. Es decir: Eliminar toda la luz, sumirnos en la más absoluta oscuridad y luego, a partir de ahí, construir nuestra propia luz, como hizo Dios...

Lo malo es que esas salas estarán sujetas a horarios, y son horarios de jornada partida que nos obligarán a partir nuestra propia jornada de rodaje (tendríamos la imposición de comer de 13:00 a 15:00). Pero bueno... tal vez consigamos sacar un buen partido de ese descanso obligado, y tampoco creo que nos venga mal tener un horario fijo e impuesto, porque ello nos obligará a su vez a auto-imponernos una disciplina de rodaje.

Hoy me debería estar dedicando a hacer más dibujos para la película, pero no me sentiré cómodo dibujando hasta que no me haya quitado de encima todos los trabajos de feo bricolaje, así que en lugar de dibujar me he puesto a seguir midiendo maderas. Ahora ha tocado las maderas de los suelos. Llevo toda la mañana con ello y es horrible. Tengo que pintar en las tablas de maderas que harán de suelos las líneas que delimitarán las baldosas. Eso es una verdadera pesadilla para alguien como yo... alguien que siempre detestó las matemáticas por la angustia inherente al hecho de que dos más dos siempre fuera igual a cuatro. Alguien que no es capaz de trazar una línea recta aunque le pongan una pistola en la nuca...

Y haciendo tantas baldositas iguales de centímetro y medio por centímetro y medio, me he acordado del “Sentido Wong” de mi apreciadísimo Jaime Vaca. En serio... está siendo una auténtica tortura, solamente aliviada por las olas del mar al otro lado de mi ventana y las voces de Silvio y Aute al otro lado del altavoz.

Y AHORA UNA NOTICIA TEATRAL PARA LOS CANARIONES

Ya es oficial: Ocurrirá en las Palmas los días 13, 14 y 15 de febrero.

En algún auditorio o teatro cuyo nombre aún desconozco, podrán ustedes disfrutar de la versión que Eduardo Vasco ha hecho de la obra de Lope de Vega titulada La Bella Aurora.

Esta exitosa obra, del señor Edu Vasco y su grupo Noviembre teatro fue estrenada con magnífica acogida en el festival de teatro clásico de Almagro, y confieso que la noticia no me interesaría demasiado de no ser por el hecho de que el personaje de la bella Aurora está interpretado por una de mis mejores amigas, y una de mis actrices predilectas:

Maya Reyes

Maya

Seguiremos informando sobre esa obra conforme se vaya acercando la fecha de su estreno. Simplemente les diré que yo, por ver actuar a la señorita Maya, sería capaz de tragarme una obra entero del (a mi juicio) ABURRIDÍIIIISIMO Lope de Vega.

ESCUCHANDO A LOREENA...

Me refiero, cómo no, a mi amadísima Loreena McKennit. Música repleta de misticismo, de ecos de pasados brumosos, lejanos... Música del color dorado de las hojas muertas... Instrumentos musicales con el barniz de lo remoto... Y esa voz que sólo Loreena sabe modular.

Acabo de llegar de Puerto del Rosario, ese pueblo que lucha a duras penas, y sin manual de instrucciones, por hacer honor a su título de capital de la isla.

Allí estuve en la consejería de juventud, donde, tras esperar unos diez minutos a que el tipo de la mesa terminase su conversación telefónica totalmente personal y extra-profesional, inscribí en el festival de maxoarte el último poema que escribí.

El tipo, mientras charlaba por teléfono, iba preparando los sobres con las cosas de los demás concursantes del certamen, y me llamó la atención lo en serio que se tomaba su trabajo: Terminaba de cerrar un sobre y lo arrojaba hacia atrás con sumo desprecio, para que cayese en la mesa que había a sus espaldas.

En una de las veces, el sobre no llegó a la mesa y cayó en el suelo, así que fui a recogerlo, para dejarlo encima del montón de obras ya presentadas (demasiadas obras para la moral de uno).

Cuando tuve el sobre en mi mano, leí la categoría a la que se presentaba: POESÍA.

Lo fui a colocar en la mesa y entonces pude leer las categorías a las que se presentaban el resto de los sobres que estaban a la vista: poesía... poesía... poesía... poesía... poesía...

En otras palabras: Que este año la cosa no va a ser tan fácil como otros años. La isla va creciendo, cada vez hay más competencia... Hay muchas piedras en Fuerteventura, y todo parece indicar que si les das una patada, salen cien poetas de debajo de cada una.

Eso, a su vez, quiere decir que mis posibilidades de ganar el premio este año quedan reducidas considerablemente. ¿Quién sabe? Quizá hoy he tenido en mis manos, mientras colocaba aquel sobre sobre la mesa, a la poesía ganadora del año 2003.

En fin... que al parecer Maxoarte ha crecido al mismo ritmo que la isla. Ya no es nuestro festival particular, nuestro coto privado de caza... Ahora hay más artistas en la isla. Eso podría ser desalentador, pero al mismo tiempo es un reto interesante, hace las cosas más emocionantes, y si tenemos la suerte de ganar los premios, los valoraremos más.

Y será un buen entrenamiento para el inmenso mundo exterior que se alza alrededor de esta pequeña burbujita que es la isla de Maxorata.

Dos reflexiones curiosas han visitado mi cabeza desde la última vez que escribí aquí. Bueno... en realidad han sido más de dos. Bastantes más... pero estas son las dos que recuerdo en este momento:

En primer lugar, llevo un par de días pensando que la palabra corazón también puede ser traducida como coraza de gran tamaño. ¿Qué clase de corazón tiene cada uno de vosotros, el que late o el que protege? Quizá lo más normal sea tener los dos, uno dentro de otro. El corazón que “siente”, encerrado en el corazón protector, encerrado en ese sarcófago de herrumbroso acero. Y si alguien pega el oído al sarcófago, podrá escuchar los apagados latidos pidiendo auxilio, como un niño atrapado entre los hierros de un coche accidentado.

Vaya... me gusta esa metáfora... Algún día la utilizaré en alguna de mis obras...

La otra reflexión me vino ayer mientras caminaba por Puerto. De pronto, fui consciente de un sonido que se suele oír constantemente por las calles, y que solemos ignorar, discriminar... Nos entra directamente por la puerta trasera del subconsciente... y no lo percibimos.

Se trata del sonido de las llaves. La mayor parte de las personas que caminan por la calle llevan un racimo de llaves, y ese racimo de llaves suena constantemente, ora encerrado en el bolsillo, clamando a cada paso de sus dueños, ora en unas manos que lo hacen tintinear para matar los nervios, la impaciencia, el hastío, el aburrimiento... Llaves... llaves... llaves... llaves... Todos tienen un llavero. Cada llavero es un racimo con varias llaves... ¿y os habéis parado a pensar en lo que significa cada una de esas llaves? Cada una de esas llaves es un lugar del mundo al que esa persona tiene acceso y las demás personas no. Eso puede llevar a otras muchas conclusiones. Algunas son más agradables que otras, pero todas son, cuando menos, interesantes. Os dejo que cada cual llegue a las conclusiones que le apetezca, y siempre y cuando le apetezca llegar a ellas... Detrás de mi ventana llueve...

... la música de Loreena también llueve...

NO HE PERDIDO EL TIEMPO
El otro día tuve que hacer uno de esos trámites engorrosos para los que quisiéramos vivir siempre sin otra cosa que viento en los bolsillo:

Actualizar mi Curriculum vitae

Se lo comentaba el otro día a Alby mientras volvíamos de degustar un gofre. Organizando ese curriculum me he dado cuenta de hasta qué punto han sido productivos los últimos cinco o seis años.

De pronto he sido consciente con más fuerza que nunca de que a día de hoy he escrito diez novelas, seis guiones de largometraje, dos guiones de mediometraje, diecisiete guiones de cortometraje, una miniserie de televisión, un par de recopilatorios de poesía, más cuentos de los que podría recordar ahora.

Y he realizado nueve cortometrajes (algunos todavía peores que otros), y he tenido dos gratificantes experiencias en el mundo de la dirección artística... y conservo en algún cajón dos carpetas repletas de dibujos.

Y lo más gratificante no es la frialdad de esas cuentas, sino el hecho de tener ya elaborado un mundo propio al que poder huir de vez en cuando, o el hecho de haber hecho la mitad de esas cosas con amigos cuya mayor parte continúan a mi lado, luchando, hombro con hombro...

Dicho en otras palabras: Hoy me he dado cuenta de que no he perdido el tiempo.

Y además me ha dado tiempo de reír, de amar, de ir al cine, de hacer el vago, de construir castillos en el aire con nubes de todas las formas y tamaños, de hacer este blog y vagabundear por sus entrañas hermeneúticas para ponerle un buen feng-shui, de acompañar a mi novia a comprarse esas ropas que le quedan tan bien, de tener conversaciones frikis, o filosóficas o surrealistas delante de una taza de té, o un tazón de chocolate, o una ocasional jarra de cerveza...

He tenido tiempo de destruir el mundo y de volver a construirlo en mi cabeza.

He tenido el tiempo... porque no lo he perdido... Y muchas de las cosas que en un pasado se me pudieron antojar como “perder el tiempo”, ahora se revelan como indispensables para que hoy yo sea quien soy, y esté donde estoy.

Para bien o para mal...

Posiblemente para bien, si tenemos en cuenta que soy eso que llaman “ser feliz”

¿Qué debéis sacar en claro de esto? Que si alguna vez pensáis que habéis perdido el tiempo... Si os dejáis atrapar por esa tentación de pensar “mira la edad que tengo y no he hecho nada”... ¡que no haga falta que actualicéis vuestro curriculum! Mirad hacia atrás. Haced un repaso... Un repaso de las cosas profesionales y no profesionales. De las cosas que terminasteis y las que dejasteis a medias, las que os obligaron a hacer y las que hicisteis por voluntad propia.

Os daréis cuenta de que no habéis perdido el tiempo.

Por cierto, espero que os haya gustado la canción de la entrada anterior. Supongo que muchos de vosotros ya la conocíais. Los que no la conozcáis, os recomiendo que intentéis escucharla. La música es igual de bonita que la letra (sí... ya lo sé. Algunos de vosotros estarán pensando que sólo un psicópata puede encontrar bonito algo tan macabro).

El caso es que desde que vi algunos trozos del vídeo musical, esa canción siempre me recuerda al cuadro de la Ofelia de Millais, que podéis visitar aquí:

La triste Ofelia...

En la ficha de la página pone que pertenece al “Romanticismo inglés”. Si mal no recuerdo, sería más correcto decir que pertenece al movimiento pre-rafaelista. Aunque, reconozcámoslo... los pre-rafaelistas, lo quieran ellos o no, eran románticos empedernidos.

WHERE WILD ROSES GROW

Estoy escuchando una de mis canciones preferidas. Se trata de “Where the wild roses grow” (“Donde crecen las rosas salvajes”). Una canción de Nick Cave, cantada por él mismo y por Kylie Minogue.

Hoy me ha entrado curiosidad y he empezado a traducirla. Me ha llamado la atención el hecho de que hasta ahora siempre la había escuchado sin fijarme demasiado en la letra, sin intentar traducirla... y sin embargo entendía exactamente la historia que la canción intenta contar. Tal vez se debe a una asociación de frases o palabras sueltas, imágenes sueltas del videoclip (precioso, por cierto)... y el propio dramatismo de la melodía... de las voces que cantan... Me parece increíble que una cosa tan trágica y triste pueda ser tan bonita. Es una canción dulce, pero con esa roja dulzura de la sangre.

Aquí os la dejo, para que la leáis por vosotros mismos y opinéis. Os dejo el texto en inglés y, acto seguido, la traducción. No sé si habré sido capaz de traducirla con absoluta fidelidad, pero creo que la historia se entiende.

Disfrutadla...

... o no...

WHERE THE WILD ROSES GROW

(KYLIE:)

They call me The Wild Rose

But my name was Elisa Day

Why they call me it, I do not know

For my name was Elisa Day

(NICK:)

From the first day I saw her I knew she was the one

She stared in my eyes and smiled

For her lips were the colour of the roses

That grew down the river, all bloody and wild

(KYLIE:)

When he knocked on my door and entered the room

My trembling subsided in his sure embrace

He would be my first man, and with a careful hand

He wiped out the tears that run down my face

(KYLIE:)

They call me The Wild Rose

But my name was Elisa Day

Why they call me that, I do not know

For my name was Elisa Day

(NICK:)

On the second day I brought her a flower

She's more beautiful than any woman I've seen

I said: "Do you know where the wild roses grow"

"So sweet and scarlet and free"

(KYLIE:)

On the second day he came with a single red rose

He said: "Give me your loss and your sorrow"

I nodded my head as I lay on the bed

"If I show you the roses will you follow?"

(KYLIE:)

They call me The Wild Rose

But my name was Elisa Day

Why they call me that, I do not know

For my name was Elisa Day

(KYLIE:)

On the third day he took me to the river

He showed me the roses and we kissed

And the last thing I heard was a muttered word

As he knelt above me with a rock in his fist

(NICK:)

On the last day I took her where the wild roses grow

She lay on the bank, the wind light as a thief

And I kissed her goodbye, said: "All beauty must die"

And I lent down and planted a rose between her teeth

(KYLIE:)

They call me The Wild Rose

But my name was Elisa Day

Why they call me it, I do not know

For my name was Elisa Day

My name was Elisa Day

For my name was Elisa Day

DONDE CRECEN LAS ROSAS SALVAJES

(KYLIE:)

Me llaman la Rosa Salvaje

Pero mi nombre era Elisa Day.

No sé por qué me llaman así,

Pues mi nombre era Elisa Day.

(NICK:)

Desde el primer día en que la vi sabía que era ella.

Ella me miró fijamente, y sonrió.

Sus labios eran del color de las rosas

Que crecían en el río, sangrientas... salvajes...

(KYLIE:)

Cuando llamó a mi puerta y entró en la habitación

Mis temblores menguaron en su abrazo seguro.

Iba a ser mi primer hombre, y con mano cuidadosa

Me limpió las lágrimas que me corrían por la cara.

(KYLIE:)

Me llaman la Rosa Salvaje

Pero mi nombre era Elisa Day.

No sé por qué me llaman así,

Pues mi nombre era Elisa Day.

(NICK:)

El segundo día le traje una flor.

Es más bella que cualquier mujer que yo haya visto.

Le dije: “Sabes dónde crecen las rosas salvajes”

“Tan dulces... y rojas... y libres...”

(KYLIE:)

El segundo día él vino con una simple rosa roja.

Me dijo: “Dame tus pérdidas. Dame tus cuitas”.

Yo incliné mi cabeza, como cuando yazco en la cama.

“¿Me seguirás si te enseño las rosas?”

(KYLIE:)

Me llaman la Rosa Salvaje

Pero mi nombre era Elisa Day

No sé por qué me llaman así

Pues mi nombre es Elisa Day.

(KYLIE:)

El tercer día me llevó hasta el río,

Me enseñó las rosas y nos besamos.

Y lo último que oí fue una palabra murmurada

Mientras él tocaba a muerto sobre mí con una roca en el puño.

(NICK:)

El último día la llevé a donde crecen las rosas salvajes.

Ella se dejó caer en la orilla, el viento, ligero como un ladrón...

Y le di un beso de despedida, le dije: “Toda belleza debe morir”

E hice algo que no sé traducir y planté una rosa entre sus dientes.

(KYLIE:)

Me llaman la Rosa Salvaje

Pero mi nombre era Elisa Day

No sé por qué me llaman así

Pues mi nombre era Elisa Day.

Mi nombre era Elisa Day.

Pues mi nombre era Elisa Day...

He intentado probar cosas nuevas de HTML en esta entrada, así que si la he cagado a lo mejor os sale algo excesivamente raro...

SZCHKARANOERELOIII...
O, como dirían los habitantes de la zona septentrional de Urliurnrlirie, “Esto del lenguaje HTML es un vicio”.

Creo que si tuviese más tiempo podría incluso aprender a programar en este sencillo idioma. De momento me conformo con intuir cómo se hacen algunas cosillas y usarlas sólo para lo que me interesa.

Hoy he aprendido a poner imágenes, solamente porque un comentario de Enrique en el blog de Rubén me ha hecho caer en la cuenta de que en pitas se pueden poner imágenes, y eso a su vez me ha hecho recordar que una vez leí en un manual de internet la forma de hacerlo y era sencillísima.

Así que lo he tenido que hacer en plan autodidacta, como cuando tuve que aprender a poner los comments o a poner los espacios entre párrafos, es decir: espiando los códigos fuente ajenos y analizándolos para dar con la fórmula. En este caso también me he servido de algún manualillo de la red.

Espero que el señor de la página web de Arthur Rahkman no se ofenda por haber destripado el código fuente de su página para averiguar dónde tenía metido el archivo.

Ya sé que estas cosas no son nada del otro mundo, pero para un analfabeto de la informática como yo no dejan de ser proezas. Minúsculas proezas, pero proezas al fin y al cabo.

“SBUUUUUUUUUURNINQUETSENINGEKURLUTULOMIII”
Se trata de una cita anónima transcrita en el lenguaje de la isla de Urliurnrlirie.

Que viene a querer decir:

“Son contadas las almas, grandes almas ellas, que comprenden el valor de ser pequeñas”

La verdad es que no se me ocurren demasiadas cosas que contar. Eso no significa que no las haya. Siempre las hay...

Empezaré diciendo que estoy un poco perdido (como Ismael Serrano). Me da la impresión de que el mundo está girando sin contar conmigo. Me miro en el espejo y la imagen reflejada en él me pregunta cuántos días llevo olvidando afeitarme. Yo no sé responderle la pregunta.

Experimento un malestar, me noto caliente como una roca al sol... y destemplado como un animal de sangre fría. Sé que tengo fiebre... Pero el termómetro marca 35,2. El mundo ha decidido poner los termómetros del revés sin consultarme. ¿Es eso democracia?

Me meto en la página web de los cines de Fuerteventura para ver qué están echando a mis espaldas... y resulta que ya han estrenado “Buscando a Nemo”. El estreno más esperado de este mes... y yo... ni me entero.

Y, bueno... por no enterarme ni siquiera me había enterado de que dos coches han hecho BOOOOOOMMM!! En Estambul. A veces tengo una imagen del mundo: Es un ser oscuro, hecho de sangre y seca y uno... y se clava a sí mismo continuamente la misma hoja de cuchillo, porque se odia a sí mismo. Sus brazos odian a sus piernas, sus ojos odian al ombligo, las entrañas odian al omóplato derecho...

Y la sangre de los muertos salpica las flores, pero las flores continúan riendo. Espero poder llegar un día a ser tan sabio como ellas. De momento, he de decir con un poco de rubor en la conciencia que, a pesar de que en el mundo exploten bombas, soy feliz.

Estoy contento, porque Alby me arregló ayer la tarjeta gráfica, tras varios meses de quemarme la vista ante un monitor de 16 colores (BUUUUUUUMMM!! Una bomba despedaza a unos cuantos diplomáticos que sólo pretendían comer caviar). No recordaba lo agradable que resulta ver la pantalla del ordenador con todos sus colores, y ver las fotos en condiciones (RATATATATA!!! Unos soldados de cualquier país disparan a las cabezas de los niños). Una de las primeras cosas que he hecho ha sido poner como fondo de pantalla el cuadro de Van Gogh que puse como link sorpresa el otro día (Lo siento, caballero. Tiene usted cáncer. Ése es su diagnóstico). En realidad pretendía poner en el enlace otro de mis cuadros favoritos: La Pesadilla, de Fussli. Pero vi el Van Gogh... y no pude resistir la tentación... con Van Gogh nunca puedo resistir la tentación. Me siento conectado a ese pintor por algún vínculo totalmente visceral. (lo siento, pero es que te prefiero como amigo...)

La pesadilla de Fussli

Ya saben a qué me refiero... Uno está aquí, escribiendo tranquilamente, preocupándose por los colores de su monitor e dándose de cabeza contra la programación HTML para cambiar el aspecto de su blog... mientras a su alrededor... No sólo en Irak, no sólo en Brazil, ni en Colombia, ni en todas las guerras anónimas del continente africano. También a la vuelta de la esquina, o en la casa de al lado, o en la mirada apagada de toda esa gente que uno se cruza por la calle... Todo el mundo tiene motivos para llorar. Todos tienen miedo de algo, o de alguien, o incluso de sí mismos...

Echamos la culpa a nuestra condición de hombres... Echamos la culpa a los últimos tiempos... Echamos la culpa a demasiadas cosas, y nos olvidamos de que tal vez el fallo consiste en echar culpas. Nos olvidamos de que descendemos de los animales, y de que los animales también se matan ente sí, con una frecuencia y una facilidad superior a la de los hombres. Los animales tienen nuestros mismos egoísmos y nuestras mismas solidaridades... Y si el leopardo tuviese bombas atómicas en lugar de zarpas probablemente las usaría del mismo modo que nosotros.

Quizá esas sean las leyes del mundo. Puede que el ser humano no estropease nada. El sufrimiento, el dolor, el miedo... todo estaba ya inventado antes que él. Nuestras células funcionan igual que nosotros... la vida siempre ha funcionado así: siempre ha sido lucha, siempre ha sido pisotear a los demás para poder sobrevivir. Siempre ha sido un lento y continuo “adáptate o muere”.

La actitud ante la vida de una ameba es la misma que la de la serpiente; la de la serpiente es la misma que la del tigre, la del tigre es la misma que la del hombre... La diferencia entre ellos es más cuantitativa que cualitativa. El veneno de la serpiente es más poderoso que la fagocitación de la ameba. Los dientes del tigre son más poderosos que el veneno de la serpiente, y la tecnología del hombre tiene más alcance y más poder de devastación que los dientes del tigre.

Somos tan cabrones como aquella ameba que se comía a las amebas más pequeñas... y somos tan solidarios como esa misma ameba, que decidió unirse a otras amebas semejantes para compartir una existencia.

Muchas veces criticamos a los budistas, o a los taoístas por ser inhumanos. Pero en el fondo su actitud resulta la mar de lógica. Puede que la existencia sea un error, puede que el placer y el dolor no puedan disociarse. Puede que una despiadada ley del equilibrio dicte que nadie podrá sonreír sin que otro llore, que nadie podrá ser feliz sin que otra persona, en otro rincón del mundo, se convierta en desdichada. Puede que haya mil razones para llegar a la conclusión de que las leyes de la vida no son sanas, de que no se cimientan en la buena voluntad.

Por eso no resulta tan descabellado que algunos hombres en el mundo decidan dar la espalda a esas leyes y vivir al margen de ellas. Que decidan no ser ni felices ni alegres, ni malvados ni santos, sino, simplemente, ser lo más parecido posible al “no ser”.

Puede que no sean inhumanos, sino extremadamente sabios.

Yo, al menos, no soy tan sabio. Una parte muy honda de mí se niega rotundamente a dar la espalda al resto del mundo. Le tengo miedo al nirvana, a la iluminación y a la llave de la felicidad vacía.

Soy de los que piensan que no hay nada más bonito que el hecho de poder elegir entre salvarte o condenarte a las llamas del Infierno y elegir el Infierno para no abandonar a los que allí se quedan.

Siempre pensé que si alguna vez llegase el Apocalipsis, tal y como lo describe San Juan, a mí me gustaría ser uno de los repudiados para poder echar una mano a los demás condenados, para ayudarles a luchar contra el Apolyon y las horribles plagas.

Pero si tenemos en cuenta que el Infierno es una actitud mental, sólo se me ocurre una forma de ir al Infierno por los demás.

Ir al Infierno por los demás consiste en no dar la espalda a esas leyes absurdas y crueles que nos rigen. Es muy difícil ser totalmente puro sin dar la espalda a todo eso pero, ¿quién quiere ser puro?

Ir al Infierno consiste en no ser capaz de afrontar el llanto, el dolor y la tristeza. El Infierno es el sansara de los budistas: el estado de conciencia equivalente a la confusión. Si el mundo fuese una película de cine, estar en el Infierno sería creerse demasiado esa película, sentir cómo las puñaladas del asesino son de verdad, y duelen, y se clavan en la carne... sentir la angustia de no saber cuál será el final de la película, vivir continuamente con la tensión de que la peli puede acabar mal, sin poder tranquilizarnos con eso de “¿qué más da? Si es sólo una película”.

Y se puede ir al Infierno en mayor o en menos escala, sufriendo más o menos, como si ese Infierno estuviese estructurado de modo similar a los círculos de Dante.

Porque todos nos vamos un poquito al Infierno cada vez que decidimos asumir reglas absurdas y otorgar importancia a cosas que no deberían ser importantes, pero que las hacemos importantes por el simple hecho de que sabemos que son importantes para nuestros demás compañeros de Infierno.

Todos estamos un poco en el Infierno cuando hacemos nuestras las lágrimas de otros. Incluso vamos un poquito al Infierno cada vez que decidimos vivir con prisas para no fallar a los demás.

¡En serio! ¡Pensad un poco en ello! Vivir con prisas y tensiones no es nada sano. Uno envejece más rápido, pone en peligro su salud... y lo pasa mal. Y sin embargo aceptamos ese “petit enfer” porque sabemos que hay gente esperando por nosotros, o gente que necesita que hagamos algo por ellos. Porque, en definitiva, asumimos el hecho de que somos engranajes de una máquina que funciona mal, y que precisamente por el hecho de funcionar mal, necesita que giremos a cierta velocidad para que los demás engranajes no se trastoquen y la máquina entera se desmorone.

¿No es eso, en cierta medida, ir al Infierno para ayudar a los demás?

Y como ése hay miles de ejemplos. Algunos de apariencia más trascendental que otros. Y con respecto al grado en el que está en el Infierno cada uno... ¿quién lo sabe?

Siempre recuerdo una frase que dijo una vez mi profesor de metafísica de la Universidad. Se me quedó grabada:

“No existe ningún aparato que mida el sufrimiento humano”.

Es una frase muy sencilla, pero muy ilustrativa. El sufrimiento es algo tan subjetivo, y depende tanto de la actitud que toma cada uno ante cada obstáculo... No podemos decir con total seguridad que un muchacho huérfano de Etiopía tenga más motivos para quejarse que una quinceañera que está deprimida porque nadie la entiende y porque el chico que le gusta prefiere a la chica más guapa de la clase. No sabemos si sufre más una persona que ha perdido a su padre que otra que simplemente descubre que lleva veinte años ejerciendo la abogacía y que odia ese trabajo.

Hay un chiste que siempre me hace mucha gracia. Uno de los más crueles que conozco:

“Joder, qué mierda de día. Tu madre se muere y a mí se me rompe la punta del lápiz...”

Pero es que en el fondo es un poco así.

Las cosas nos duelen más o menos según cómo nos hayan educado para afrontarlas, según la forma de ser de cada uno, según un millón de circunstancias... Dicen que hay culturas en las que la muerte se considera algo natural, y las personas ven morir a alguien como algo positivo. O, por poner otro ejemplo... puede existir una persona a la que se le hunda el mundo si la mujer (u hombre) de sus sueños le rechaza y puede existir otra que acoja la mala noticia con más tranquilidad.

Entonces, siguiendo esa línea de pensamiento, ¿no podemos llegar a la conclusión de que no existen problemas más o menos graves, sino formas de entenderlos? ¿Es posible llegar a aceptar las cosas que tanto nos duelen, en lugar de negarlas? ¿Es posible que la gacela, cuando está en las fauces del león, no sienta el sufrimiento que a nosotros nos parece leer en su mirada? ¿O a lo mejor esa gacela siente dolor y miedo, pero los experimenta como una sensación interesante? Y, ¿quién sabe si el león y la gacela están tan sincronizados y armonizados con la naturaleza que viven y sienten esa experiencia como un acto de la naturaleza dándose de comer a sí misma? ¿Es posible que el león sienta al mismo tiempo el placer de clavar los dientes y el dolor de los dientes clavándose en la carne? ¿Es posible que la gacela experimente a un tiempo cómo desgarran su carne y cómo esa carne la alimenta como parte integrante del Cosmos?

¿Podremos llegar algún día a ser devorados por un tiburón y sentir al mismo tiempo el dulce y delicioso sabor de la sangre en la boca del tiburón? ¿Podremos a la vez gritar de dolor y desear morder con más agonía, en una orgía de muerte y renacimiento?

¿Podremos ser a la vez la criatura que muere y el tiempo que la mata?

Todo esto es lo que alguien puede llegar a pensar mientras escucha a Rosana.

Hoy hablando con Enrique he dicho algo sin querer, y por hacer la gracia. Gracias a ese algo, a Enrique se le ha ocurrido una idea genial para hacer una historia de ciencia ficción en el espacio. Espero que la escriba, porque podría ser realmente buena.

Y eso, a su vez, ha resucitado mis ganas de trabajar en mi otra historia ambientada en el espacio. Como estos días me espera un trabajo relativamente mecánico, confío en poder realizarlo al mismo tiempo en que pienso en dicha historia.

No pensaba decir el 99% de lo que he dicho en esta entrada. Y al final, ya veis... En el fondo siempre hay cosas que decir...

STZSCHÄWWANIAAANNN LOOTTZSHKWII
Que en el idioma de la isla de Urliurnrlirie significa: “Parece que las cosas van bien”.

Amigos míos, el poder de los medios de comunicación es inmenso. ¡¡Arriba el cuarto poder!!

Anteayer tuvimos una entrevista en la radio en la que denunciábamos la falta de apoyo que estábamos teniendo y lo poco en serio que nos estaban tomando. Dijimos unas cuantas verdades, como que recibimos más apoyo de Madrid que de nuestra poca isla, o la forma en que está funcionando la página web, o las estrategia que tenemos para mover la película.

El caso es que al día siguiente nos llama directamente el consejero de cultura para decirnos que el se había comprometido en ayudarnos y que nos va a ayudar, que por supuesto que tenemos la sala para rodar, que nos van a dar 500.000 pesetas como mínimo, y que está intentando que sean un millón.

También dijo que para cualquier cosa que haga falta que nos dirijamos directamente a él, saltándonos todas las barreras burocráticas, que “la burocracia entorpece mucho y sería una pena que esto se pierda por cosas como ésas”.

Lo cierto es que yo soy escéptico y aplico mi sempiterna máxima de “Nunca confíes en la palabra de un político”, pero parece ser que este hombre está verdaderamente por la labor, y lo cierto es que cuando nos reunimos con él hace unos meses me dio bastante buena impresión y lo vi bastante interesado en el proyecto.

Ojalá sea verdad, porque nos vendría muy bien esa ayuda.

Estoy escuchando “Cántico espiritual”, de Amancio Prada.

... y esperando a Alby. Estamos trabajando en un guión de cortometraje que nos han encargado y que se va a mover bastante. Confiamos en poder terminarlo hoy mismo.

Pues bueno, como dicen en la isla de Urliurnrlirie...

Swiiiikieeerth Zsrkriwooooniaaaammmm...

que significa...

(a no ser que uno se olvide de pronunciar la última “m”)...

Hasta pronto...

LA PUERTA EN EL SUELO
Dedicado a Rubén y sus últimos pensamientos (cielos, parece un "in memoriam"...)

Es un mini-relato de John Irvin, incluído en su novela "Una mujer difícil" y atribuido a uno de los personajes de la novela (Ted Cole, mi favorito).

LA PUERTA EN EL SUELO:

"Había una vez un niño que sabía si deseaba nacer. Su mamá tampoco sabía si deseaba que naciera.

El motivo era que vivían en una choza, en el bosque de una isla situada en medio de un lago, y no había nadie más a su alrededor. Y, en el suelo de la choza, había una puerta.

Al niño le asustaba lo que había bajo la puerta en el suelo, y a su mamá también le asustaba. Una vez, mucho tiempo atrás, otros niños habían visitado la choza, en Navidad, pero esos niños abrieron la puerta en el suelo, desaparecieron en la cavidad que había debajo de la choza y todos sus regalso desaparecieron con ellos.

En cierta ocasión, la mamá intentó buscar a los niños, pero cuando abrió la puerta que había en el suelo, oyó un ruido tan espantoso que el cabello se le volvió completamente blanco, como el de un fantasma. Y notó un olor tan terrible que la piel se le arrugó como la de una uva pasa. Tuvo que transcurrir un año entero antes de que la piel de la mamá volviera a estar suave y las canas desaparecieran. Y, al abrir la puerta del suelo, la mamá también había visto cosas horribles que no quería volver a ver jamás, como, por ejemplo, una serpiente capaz de volverse tan pequeña como para poder deslizarse por la ranura entre la puerta y el suelo, incluso cuando la puerta estaba cerrada, y después volverse de nuevo tan grande que podría llevar la choza sobre el lomo, como si la serpiente fuese un caracol gigante y la choza su concha.

Las demás cosas que había debajo de esa puerta eran tan horribles que uno sólo podía imaginarlas.

Y por eso la mamá se preguntaba si quería tener un hijito en una cabaña que estaba en el bosque de una isla en medio de un lago, y sin nadie más a su alrededor, pero especialmente por todo lo que podría haber bajo la puerta del suelo. Entonces se dijo: "¿Por qué no? ¡Le diré que no abra la puerta que hay en el suelo!"

Bueno, decir eso es fácil para una mamá, pero ¿y el pequeño? Éste aún no sabía si quería nacer en un mundo donde había una puerta en el suelo y nadie más alrededor. No obstante, también había ciertas cosas hermosas en el bosque, en la isla y en el lago.

"¿Por qué no aventurarse?", pensó el niño. Y entonces nació y fue muy feliz. Su mamá también volvía a ser feliz, aunque decía a su pequeño por lo menos una vez al día: "¡No se te ocurra abrir nunca, jamás de los jamases, la puerta en el suelo!". Pero él, naturalmente, sólo era un chiquillo. Si tú fueses ese niño, ¿no querrías abrir aquella puerta en el suelo?

INGLÉS, CINE, RADIO Y LO QUE SURJA.
Ayer recorrí unos cuarenta kilómetros de transporte público para poder ver en el cine la película “Días de fútbol”.

Se trata de una película escrita y dirigida por David Serrano, el guionista de “El otro lado de la cama”, e interpretada, entre otros, por Ernesto Alterio, Alberto San Juan, Natalia Verbeke y María Esteve (que parece haber heredado alguna poca de la gracia de su mamá Marisol).

Sí. Ya os habéis dado cuenta: No sólo se trata del mismo guionista de “El otro lado de la cama”, sino también de los mismos actores. Por eso es inevitable comparar ambas películas, sobre todo si tenemos en cuenta que ambas tratan un poco los mismos temas.

No obstante, yo diría que no son del todo comparables. Para empezar, “El otro lado de la cama” intentaba ser un musical... y para continuar, no es lo mismo una película realizada por Martínez Lázaro (uno de los directores más buenos y curtidos del cine actual) que una película realizada por un guionista que se enfrenta a su primera dirección de largometraje. Como cabía esperar, Días de fútbol no está tan bien realizada ni tiene un ritmo tan bien conseguido como el de “El otro lado de la cama”, pero eso no quiere decir que sea peor.

Hay dos cosas que salvan a “Días de fútbol” y que incluso la ponen al mismo nivel que su antecesora. Esas dos cosas son el magnífico guión (con unos diálogos sublimes y unos personajes tremendamente atractivos). Y la otra cosa son los actores que interpretan ese guión. ¡Están todos fabulosos! Hay que dedicar una mención especial a Ernesto Alterio (SUBLIME!!) y a Alberto San Juan (GENIAL!!). Natalia Verbeke está también magnífica.

Sí... Sé lo que estáis pensando: “El otro lado de la cama” ya tenía un guión buenísimo y unas interpretaciones inmejorables. TENÉIS RAZÓN. Precisamente el acierto de esta segunda película consiste en no querer imitar a la anterior, sino en buscar una formula bastante diferente. Para empezar, los actores que repiten lo hacen con personajes totalmente opuestos a los que interpretaban en el otro lado de la cama.

Por otra parte, la historia es más descarnada, los diálogos más salvajes, los personajes bastante más patéticos... y, sin embargo, hecha de tal forma que acabas cogiéndole un cariño enorme a todos esos personajes... ¡y sales de la película muy contento y de muy buen rollo!

En definitiva: Que os la recomiendo encarecidamente, y que le déis con ella una pequeña oportunidad al cine español. Ya sé que por lo general el cine español no se merece demasiadas oportunidades. Cuando uno lo ve más desde dentro, como yo, sabe que el cine español se merece lo que le ocurre. Pero para unas pocas pelis que se hacen verdaderamente originales y talentosas... ¡¡debemos luchar por ellas!!

En la guagua que me llevaba hacia el cine mantuve una conversación con un Irlandés. Era un señor mayor, de entre 50 y 60 años. Se dedicó a elogiar continuamente la calidad de mi inglés y mi facilidad para entenderle. Ya le dije que mi inglés es más bien tirando a normalito, y que si podía entenderle así de bien era porque él hablaba de una forma bastante clara.

Terminamos hablando de los temas inevitables: Mis experiencias en Irlanda y lo que me había gustado aquél país, de la afirmación de mi padre de que en realidad son los ingleses los que “hablan mal el inglés” (eso le arrancó unas cuantas carcajadas), sobre la forma de hablar tan clara y correcta que tienen en Dublín, y la forma mucho menos clara que suele tener un irlandés de Cork o Dungarvan (yo los he sufrido en mis propias carnes, o en mis propios oídos)...

Supe también que él era aficionado a bucear, y que se había traído su equipo de buceo. Le recomendé sitios buenos de la isla para bucear, le aconsejé que no lo intentase en la peligrosísima costa del oeste... y en definitiva tuve que darle un curso acelerado de geografía majorera. Por no saber, el pobre no sabía ni que Puerto del Rosario era la capital de la isla, ni cómo se llamaba el sitio exacto en el que se estaba quedando (Nuevo Horizonte). Le expliqué por dónde están las cosas más bonitas de la isla, etc, etc...

También terminamos hablando sobre mi intento de hacer una película en estas tierras majoreras, y sobre otros temas.

Fue, en definitiva, una experiencia agradable que me hizo más agradable el trayecto güagüil. Hacía mucho tiempo que no me hallaba en una circunstancia que me obligase a manejar mi inglés, y me alegró descubrir que no lo tengo tan oxidado como pensaba. Si bien mi inglés continúa teniendo unas lagunas del tamaño Júpiter, sigo pudiéndolo hablar de manera semifluida y sigo siendo capaz de mantener conversaciones mínimamente coherentes con los extranjeros. Me he dado cuenta que mis principales lagunas en este idioma consisten en la carencia de ciertas expresiones coloquiales, frases hechas, giros recurrentes con los cuáles hilvanar las ideas... Y hecho de menos también un poco más de vocabulario específico para temas concretos.

Pero bueno... llegué a la conclusión de que mi inglés no está tampoco tan mal teniendo en cuenta que mi cabeza no parece haber nacido para los idiomas distintos del materno...

Con respecto al día de hoy, ha sido, una vez más, un día consagrado a GRITOS EN EL PASILLO. Esta mañana hemos tenido una entrevista radiofónica. Ha ido todo muy bien. Hemos hablado de bastantes temas (incluida la “denuncia social” sobre la poca ayuda que estamos obteniendo de las instituciones) y se nos ha tratado en todo momento (tanto a nosotros como al proyecto) con el cariño, el respeto y el interés que nos vienen ofreciendo desde hace meses los trabajadores de CRÓNICA 100.

Luego he estado leyendo unos papeles retorcidos y enrevesados que me han conseguido en la asesoría de mi padre, sobre el régimen especial de contratación y cotización en la seguridad social de los artistas y los toreros.

Los toreros no constituyen ningún problema para nosotros de momento, pero todo lo demás si es importante, y no sólo importante, sino también FEEEEOOOOO...

Ahora tengo que ponerme con cosas más artísticas. La redacción de unos textos para actualizar nuestra “maravillosa” página web de GRITOS EN EL PASILLO. Pero... ¿con qué estado de ánimo se pone uno ahora con una labor creativa cuando aún no se han espantado en mi cabeza los cuervos de la “legislación vigente///8435/mierda”??

A la hora de la verdad, Alby y yo estamos siendo en Fuerteventura los productores de la película. Nos habría venido bien contar con una persona que hiciese ese trabajo por nosotros... que nos permitiese dedicarnos a lo que debemos dedicarnos...

Estoy escuchando la banda sonora de otra fabulosa película española: “Los amantes del círculo polar”, de Julio Medem. Música compuesta por Alberto Iglesias.

Y he decidido despedirme con uno de mis poemas preferidos de Radbindranath Tagore:

“El pájaro manso moraba en la jaula, y el pájaro libre en el bosque.

Pero el destino había cruzado sus sendas.

El pájaro libre cantaba: “Amor, volemos al bosque”

El pájaro enjaulado decía suavemente: “Ven tú aquí; vivamos los dos en la jaula”.

Decía el pájaro libre: “Entre rejas no pueden tenderse las alas”.

¡Ay! – decía el pájaro preso -, ¿sabré yo posarme en el cielo?

El pájaro libre cantaba: “Amor mío, entona tus canciones al campo”.

El pájaro enjaulado decía: “Permanece a mi lado; te enseñaré la canción de los sabios”.

El pájaro libre cantaba: “No, no; nadie puede enseñar una canción”.

El pájaro enjaulado decía: “¡Ay! No puedo escapar. ¡Mis alas están muertas!”

EL KAMI DEL VIENTO
Esta mañana acompañé a Ari a su casa. Técnicamente, fue algo así como tirar piedras contra el propio tejado, porque se trataba de acompañarla a su casa para que ella pudiese coger un avión que la separa de mí. Pero bueno, el mismo avión que vuela hacia las Palmas luego hace también el viaje de vuelta cuando hace falta.

El caso es que saliendo de su casa en dirección a la mía vi a las gaviotas posadas en los tableros (enormes extensiones de terreno sin construir) del interior del pueblo.

En mi familia siempre hemos sabido que cuando las gaviotas se vienen tierra adentro es porque se avecina mal tiempo... muy mal tiempo...

Por eso ahora no me sorprende el viento que zarandea las palmeras de mi casa como si pretendiese arrancarlas. “Buenas tardes, señor viento. Le estaba esperando. Pase dentro. Le invito a un chocolate caliente”. “Muchas gracias por el ofrecimiento”, dijo el viento, “pero llevo un poco de prisa”.

Y yo le contesté:

“Puede usted llevar toda la prisa que quiera, siempre y cuando no se lleve también mis palmeras...”

“No son tuyas”, respondió el viento. “Son seres vivos, y además, ya estaban ahí cuando llegaste tú”.

“Cierto, muy cierto...”, tuve que reconocer. Y me bebí una taza de chocolate a la salud del viento...

UNA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS QUE NO TIENE FINAL
"Todo el mundo debe creer en algo, yo creo que voy a seguir bebiendo, discúlpenme." GROUCHO MARX

O, dicho de otra manera: No hay mejor terapia que la del sentido del humor.

AMOR y HUMOR. Es curioso que ambas palabras sean tan parecidas fonéticamente, porque a veces llego a la conclusión de que la combinación de ambos conceptos es la clave para conseguir llevar una vida feliz. FELICIDAD... El cuento de fantasmas más bonito que he conocido en mi casi cuarto de siglo de existencia. ¿Qué es la Felicidad? ¿Qué es ser feliz? Yo la mejor definición de Felicidad se la oí hace tiempo a mi amigo Efrén:

“Felicidad es no necesitarla”.

No sé si existirá alguna receta para ser feliz. Puede que si dicha receta existiese, “ser feliz” perdería la gracia.

En todo caso, yo creo que sí existe una receta para no ser feliz:

Pensar demasiado en la felicidad. Desear demasiado ser feliz.

Ya que cuando nos obsesionamos con ser felices, cuando aspiramos a la felicidad situándola en un altar quimérico... sin darnos cuenta la estamos desterrando de nuestras vidas.

Yo creo que ser feliz no consiste en espantar la tristeza, sino en disfrutar de ella.

Yo creo que ser feliz no consiste en derrotar a los viejos fantasmas, sino en dejarlos pasar y tomarnos una copita de vino con ellos mientras contamos chistes y recordamos anécdotas del pasado.

Yo creo que ser feliz no consiste en alcanzar la Luna, sino en vivir con la mágica gasolina que nos impulsa a vivir (siempre vivir) deseando alcanzarla.

Yo creo que ser feliz no consiste en esconder los cadáveres debajo de la alfombra, sino en regarlos para que se conviertan en abono para flores. Aunque los reguemos con nuestras propias lágrimas.

Yo creo que se feliz no consiste en tenerlo todo. En todo caso, consiste en soñarlo todo.

Yo creo que ser feliz no consiste en “ser feliz”, sino en ser feliz, sin esas comillas aprisionando a las dos palabras, e incluso sin las dos palabras.

Yo creo...

Yo creo que voy a seguir bebiendo, como Groucho. Y también creo en las hadas, y en los reinos neblinosos que aparecen y desaparecen, y en que todos los actos del hombre, incluso los más atroces, tienen en sus entrañas un pedacito de corazón. Y creo en el poder de la imaginación humana, y en el de la voluntad humana, y creo en una raza de ninfas de piel azul que se dedican a escribir poemas minúsculos en todas y cada una de las lágrimas que derramamos, y creo que nunca estaremos perdidos mientras tengamos un lápiz, un pincel, un bolígrafo, una guitarra... a donde agarrarnos. Y creo que el Infierno no es un lugar tan malo cuando se amolda a las curvas de una sonrisa o se refleja en unos ojos de mujer. Y creo en mí mismo, y en mi continua capacidad para defraudarme con una inmutable sonrisa de cariño.

Y creo en los símbolos y en (como dijo Tolkien) el enorme poder que adquirió el hombre cuando pudo fabricar la palabra “Sol”, la palabra “verde” y fabricar con ellas un “sol verde”. Y creo en el lado bueno de todos los pecados, y en el sublime romanticismo que nos eleva a la categoría de héroes cada vez que comemos ese bollo hiper-calórico que no deberíamos comer, esa cerveza improcedente que no deberíamos beber, esa película que vemos cuando deberíamos trabajar, ese cigarrillo que se fuman los que fuman, acelerando el taxímetro invertido de la vida, y que siempre es el último cigarro, o el penúltimo, o el antepenúltimo, o el primero que ha llegado después del último “último”.

Y siento el mayor de los cariños hacia esas declaraciones de principios que no cumplimos, esas cosas que si hiciéramos nos convertirían en seres humanos perfectos, pero que no las hacemos, lo cual nos convierte en seres humanos DE VERDAD, en los adorables héroes de las epopeyas escritas en minúsculas, las epopeyas de los fracasados que triunfan. Y también siento cariño hacia al Humfrey Bogart que arroja al vacío todas sus razones para vivir en “Casablanca”, y se queda con la única razón para vivir de “ser un tipo capaz de arrojar sus razones para vivir por el abismo”, o ese Joseph Cotten de “El Tercer Hombre”, apoyado en un árbol, esperando el amor de una mujer que le odia... O aquel soldado de “Cinema Paradiso”, al que una chica le dijo que demostrase su amor permaneciendo no recuerdo cuántos días al pie de su balcón; aquel soldado que permaneció allí todos esos días, bajo el sol, la nieve y la lluvia... y que, de buenas a primeras, cuando ya sólo quedaba un día, se levantó y largó por donde había venido, sin dar explicaciones... Y también siento cariño hacia todos aquellos que apuestan por el caballo perdedor la única moneda que les queda, y siento cariño por ese Don Quijote que cabalga a toda leche contra los molinos de viento, y que no lo habría hecho si el resto del mundo le hubiese dado la razón.

¿La razón de toda esta parrafada? Pues ninguna en concreto. Puse una cita de Groucho Marx, y lo demás salió solo.

En otro orden de cosas, creo que mi chi (ki para los japoneses, energía intenna para los españoles) está volviendo a recobrar poco a poco la salud perdida. Ayer, al ritmo de la música, empecé espontáneamente a hacer Aikido, y algunos movimientos de Tai Chi se mezclaron con los del Aikido y se fusionaron con ellos, y acabé haciendo mi Tai-Chi-do, o mi Ai-ki-tao (supongo que debería bautizarlo así). Mientras lo hacía noté (por primera vez en mucho tiempo) cómo mi energía volvía a fluir igual que un río cristalino, y no como un pantano espeso y cenagoso. Y sentí cómo mi HARA (Dan Tien para los chinos, “El intercambiador de Moncloa de la energía” para los madrileños, “El “hoyo” de la energía” para los de las Palmas) volvía a colocarse en su sitio. Cuando está uno en bajas condiciones de salud cósmica, llega a sentir cómo ese “dan tien” (situado a pocos centímetros por debajo del ombligo, donde los hindúes tienen uno de sus principales chakras)... pues decía... que llega uno a sentir cómo ese “dan tien” está “descolocado”, como fuera de lugar. Uno pierde el equilibrio con más facilidad. Se siente inestable como un junco, en lugar de sentirse asentado como una montaña milenaria. Llevo una temporada siendo junco. Todo parece indicar que ahora me toca ser montaña.

Lo acepto de buen grado.

DIBUJANDO NUBES
Estoy dedicando la tarde a dibujar nubes. Es un buen trabajo, os lo aseguro... Debería existir como empleo social. Debería incluso figurar en el DNI. Nombre: Juan José Ramírez Mascaró. Ocupación: Dibujante de nubes. No vamos a dejarle ese placer solamente a Dios y la mamá Naturaleza...

Eso es lo bueno que tiene trabajar en una película: Uno se puede pasar toda la tarde pintando nubecitas sin sentir ese odioso complejo de culpabilidad de “debería estar haciendo algo productivo”.

Confieso que me ha costado arrancar. Estaba tan falto de energías que incluso dibujar nubes constituía una enorme proeza para mí. Pero todo ha sido empezar... Me encanta dibujar nubes!! Podría pasarme horas y horas haciéndolo. No soy tan bueno como el tipo que diseña los atardeceres majoreros, pero se hace lo que se puede.

He descubierto también que encuentro un formidable placer en el hecho de deslizar el cutter por las curvas de las nubes cuando llega la hora de recortarlas.

Y no ha sido ése mi único descubrimiento. También me he dado cuenta de que la música que uno escucha mientras dibuja nubes influye de una manera decisiva. No es lo mismo una nube pintada bajo el influjo de Philip Glass, que una pintada escuchando a Morricone, o a Pasión Vega, o música de meditación Zen.

¿Cómo serán las nubes que nacen oyendo canciones de King África?

LUNA NARANJA
Según mi amiga Pino la luna naranja, como la que se ha visto hoy desde mi ventana, es buena para la inspiración, la creatividad y todas esas cosas en las que no creen los señores que llevan corbatas (ellos sólo creen en lunas grises).

Espero que esa inspiración me acompañe en lo que queda de noche. Llevo bastante tiempo queriendo escribir un guión de ciencia ficción ambientado en el espacio. Tenía algunos fragmentos inconexos, ideas, imágenes sueltas... pero nada que me motivase del todo...

Hasta ayer...

Ayer, mientras caminaba desde mi casa hasta la estación de guaguas, todo encajó, el principio de mi historia espacial se configuró en mi mente y... me encantó... Fue... casi místico... De pronto iba caminando, ligero como una pompa de jabón, y el mundo era maravilloso porque estaba trabajando en una historia maravillosa. Seguiré moldeándola poco a poco en mi mente hasta que llegue el día en que tenga tiempo para escribirla con tranquilidad.

Acabo de ver el programa “Canarias Rueda” dedicado a los cortos que se hicieron en Fuerteventura para ese concurso. Creo que puedo decir con una mezcla de lástima y orgullo que la competencia que tendremos para el próximo Maxoarte no es muy seria. Si el mundo funciona como tiene que funcionar, el corto que estamos preparando Alby y yo arrasará. Si el mundo no funcionase como tiene que funcionar, en ese caso somos gilipollas dedicándonos a esto, pero somos gilipollas que se dedican a lo que les gusta, y por lo tanto, somos los gilipollas menos gilipollas del planeta. El mundo es el gilipollas, ¿no?

El caso es que el corto de Alby me pareció el mejor (y sabemos de buena tinta que los organizadores del certamen opinaban igual). Quiero decir que Alby, incluso cuando hace las cosas “mal a posta” tiene una factura mejor y más cuidada y mucho mejor criterio que los demás.

Y me vuelve a deprimir el hecho de ver cómo lo que triunfa es coger a un viejecito, sacarle cuatro planos con cara triste y meter una voz en off nostalgicoide... En fin... una pena...

Me alegro de que te haya gustado el link sorpresa. Yo no conocía al señor Rackman, pero sí conocía esa ilustración en concreto. La vi por primera ver en la cubierta de un libro que tengo sobre cuentos victorianos (un libro de la editorial valdemar, colección club Diógenes. Nuestra favorita). Me gusta tanto esa ilustración, titulada “The fairies are exquisite dancers” (las hadas son unas exquisitas bailarinas) que la busque en internet para compartirla con vosotros. Los que no hayáis visto ese link sorpresa... lo siento por vosotros, pero el link sorpresa ha vuelto a cambiar. El pobre es un poco inquieto e inconstante, si no supiese que nació en tiempos de escorpio diría que es piscis...

Pero volvamos al tema de Alby y Juanjo: Dos gilipollas en un mundo gilipollas tratando de cometer la gilipollez de rodar una película sin contar con casi nadie.

Esta mañana hemos estado hablando y organizando cosas del proyecto mientras tomábamos un hirviente té rojo en el CAFÉ TIEMPO. Hemos llegado a la conclusión de que estábamos perdiendo el norte. Con tanto lío de producción, tanta búsqueda de financiación y tanta “seriedad” nos habíamos olvidado de la energía... del poder que ha mantenido vivos todas nuestras creaciones anteriores: El juego. Antes jugábamos; nos divertíamos haciendo lo que hacíamos, disfrutábamos, y esas buenas vibraciones se notaban luego en el resultado, aunque todo lo demás fuera una chapuza.

Así que hoy, al calor del té, hemos decidido reorientar nuestras brújulas y volver a nuestros orígenes: dejaremos de ser “serios empresarios” y volveremos a ser creadores juguetones que ponen todo el amor en lo que hacen. Nos hemos dado cuenta, una vez más, de que no necesitamos el dinero de nadie para sacar adelante la película. Podemos permitirnos el lujo de hacer con los cacahuetes un Lulú de más de una hora de duración. No, no tembléis... El acabado será mejor, el guión está incluso escrito... y esta vez jugamos más experiencia que antes.

He descubierto recientemente el maravilloso mundo del Emule que me permite descargar música de internet. Así que llevo un par de días bajándome música mientras hago otras cosas. Ya he bajado cosas de Lorena McKennith, Philip Glass, los Rolling Stones, la cabra mecánica, luz casal, bob dylan, música de feng-shui, ennio morricone, y un largo etcétera, en el que podemos incluir el starway to heaven y algunas canciones de un grupo muy simpático llamado Lagarto Amarillo que he descubierto de la siguiente manera: Son amigos del nuevo novio de mi amiga Laura.

Que tengáis dulces sueños, y que la Luna naranja los ilumine.

PERSIANAS DE ESCAPARATE
Persianas de escaparate. Eso son mis ojos en este momento: Dos pesadas persianas sin fuerzas para contrarrestar las leyes de Newton. Dicho de una manera más directa: Los ojos se me cierran; estoy cansado, agotado... mareado... posiblemente enfermo. Llevo días preguntándome si tal vez el hecho de llevar tanto tiempo sin hacer Tai Chi tendrá algo que ver. Creo que he descuidado el flujo y la calidad de mi Chi de manera desastrosa.

Incluso hoy, un par de veces, me he descubierto respirando de una manera realmente poco sana: haciéndolo de forma poco profunda y demasiado rápida. Tendré que volver a aprender a respirar. No puedo dejarme llevar. Antes de mi visita a Madrid estaba en una forma física estupenda.

¿Seguiré arrastrando el resfriado que pillé en los madriles? ¿Quedará todavía alguna secuela de la enfermedad en mi cuerpo, aunque ya no me moquee la nariz? O tal vez no me estoy alimentando de la manera adecuada... O quizás todo ello junto... O puede que el eclipse de Luna de anoche hiciera de las suyas... o tal vez la propia luna llena.

Sí... La Luna llena. Porque la Luna influye muchísimo en nuestro estado, y es lógico que lo haga. Si no lo creéis, mirad lo que hace la Luna con las mareas: Mueve las aguas de los mares, las revoluciona, tira de ellas con hilos invisibles, o bien las empuja con su plateado magnetismo. Si es capaz de hacer esas cosas con las aguas del mar, ¿no hará lo mismo con nosotros seres vivos, si tenemos en cuenta que más de la mitad del material que compone nuestro organismo es agua? Todas nuestras células están llenas de agua. Vienen a ser minúsculos saquitos de agua, mares esféricos en miniatura... Nuestra sangre no deja de ser una disolución acuosa, al igual que el contenido de todas nuestras glándulas y todas nuestras vísceras. El interior de nuestros ojos también es mar, y las lágrimas que los limpian son también agua salada.

El agua es el principio de la vida (ya lo dicen los taoístas), y si la Luna es capaz de cambiar el curso de las aguas, también será capaz de cambiar el curso de las vidas.

En cuanto al eclipse Lunar de anoche, puedo decir con una sonrisa en la boca que lo pasé abrazado a la mujer que amo. Ari ya está aquí, y está muy bien, en todos los sentidos.

Yo también quiero estar bien, y creo que para conseguirlo va a ser necesario un paseíto por los jardines de Lorien (el reino de los sueños, para los que no conocéis a Tolkien. Es un detallito friki para dar la bienvenida a Carmen, nuestra nueva lectora, que espero tener por aquí de vez en cuando a partir de ahora, y cuyo blog (añadido ya en los links del mío) es un lugar de recomendable visita).

Con todo esto sólo quería decir que BUENAS NOCHES. Me voy al país de los sueños, y saludaré con una cariñosa reverencia o incluso con un abrazo a todos aquellos de vosotros que me encuentre por allí.

EL DÍA ESTÁ TURBIO...
... pero Ari ha llegado a la isla, así que esta noche no estaré aquí para hacer más entradas.

Tampoco tengo demasiado que escribir. Ayer me pasé toda la tarde retocando guiones de la serie de televisión y por la noche me terminé de leer “El ser en el umbral” de Lovecraft. Me gustó mucho. Tal vez más que “La llamada de Ctulhu”. Tal vez se deba a esas influencias de Allan Poe que cantan a gritos desde el umbral...

He tenido un accidente en esta página y he tenido que recomponerla. Creo que aún no he conseguido resucitar los comments, pero dadme tiempo...

NOVEDADES EN ESTE BLOG:
Si lo he hecho bien, aparecerán ahora en esta página el enlace hacia la página web de GRITOS EN EL PASILLO (gracias por la idea, Enrique) y el Link Sorpresa (a mano derecha). ¿En qué consiste el Link sopresa? Pues consiste en un enlace que cada vez llevará a una página distinta. Iré cambiando la página sorpresa de vez en cuando (una vez cada dos días, una vez a la semana... y sin seguir ninguna clase de criterio a la hora de seleccionar dicha página, exceptuando el españolísimo criterio de "poner lo que me salva de los cojones".

Por cierto, en el rodaje de la serie de TV, un auxiliar de producción me sacó otro parecido con otro famoso. Me vino y me dijo: "Perdona, pero si no te lo digo reviento. ¿Te han dicho alguna vez que te pareces un huevo a Jason Connery, el hijo de Sean Connery?". Por su parte, Russell Crowe sigue recopilando votos... No sé qué verán de parecido entre nosotros, pero bueno, me gusta bastante como actor y se ligó a Meg Ryan y, según dicen, a Nicole Kidman. Así pues creo que salgo ganando con la comparación, aunque yo no tengo una novia como Meg Ryan y Nicole Kidman. TENGO UNA MEJOR.

MUCHAS COSAS QUE CONTAR (Incluye una crítica de Matrix 3 sin destripar la historia)
... sí... igual que el vampiro de Barrio Sésamo. Mucho que contar...

Había quedado en que relataría en esta entrada mi decisión de desertar de Hoffman y sus elixires del diablo. Ello sucedió de la siguiente manera:

Aeropuerto de Fuerteventura, dos horas antes de que saliera mi vuelo. Tenía dos horas y ningún sitio a donde ir. El momento adecuado para leer. Así que continué mi lectura de la novela de Hoffmann, no demasiado ilusionado, pues el estilo excesivamente decimonónico me había rechinado desde el principio (¡¡qué raro!! ¡¡Juanjo incapaz de asimilar un estilo decimonónico!!). El caso es que de pronto llegué a un párrafo en el que me dije a mí mismo: “Esto ya es el colmo”. Dicho párrafo era el siguiente:

“¡Ay, cómo atormentáis, mi buen Reinaldo! – exclamó con voz apagada -. ¡Me atormentáis de manera indecible! ¡Ay, cuanto más os esforzáis por tocar las cuerdas de mi alma, que antes sonaban tan armoniosas, más fuerte siento cómo el puño férreo del Destino me ha golpeado y abrumado de tal manera que, como en un laúd roto, sólo viven en mí discordancias”.

Ahora lo releo y no me parece tan insufrible, pero el caso es que en aquel momento, harto ya de haber leído más de cien páginas de lenguaje rococó y tópicos literarios cien mil veces trillados, decidí que no había ninguna razón para aguantar las 400 páginas que quedaban. Así que guardé el libro en la mochila y me dirigí hacia la tienda de libros del aeropuerto que tenía frente a mí. Allí miré el escaso surtido de libros para ver cuál de ellos había colocado el Destino en aquellos estantes para aqueste pobre lector desamparado. Dos libros me llamaron la atención: Uno fue “La niebla”, de Stephen King. El otro fue un libro que todos mis amigos han leído y que yo, paradójicamente, nunca había tenido ese placer. Me refiero a “La llamada de Cthulu”, de H.P Lovecraft. Decidí que ya era hora de leer esa piedra angular de la cosmogonía lovecraftniana para poder estar más integrado en mi sociedad de frikis.

Pero vayamos por partes. En aquel momento concreto de aquel concreto aeropuerto me apetecía empezar con la insustancialidad de Stephen King. Bueno, el libro de King no fue tan insustancial como pensaba, pero a pesar de ello, una vez más, Stephen King me decepcionó. Estoy harto de darle segundas oportunidades a Stephen King. Esta debe ser la cuarta o la quinta “segunda oportunidad” que le doy. Siempre que leo algo de él no me gusta (normalmente le dejo a medias sin ningún escrúpulo) y luego pasa el tiempo y me digo a mí mismo: “Si tanta gente le adora no puede ser tan malo. Seguramente he elegido una mala obra. Voy a probar con otra a ver qué tal”. Pero resulta que, o bien sólo sé escoger malas obras, o bien todas sus obras son malas. Creo que debe de ser más bien lo primero. La culpa puede ser en parte mía, que sólo elijo sus obras más extrañas. Hasta la fech