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Paranoia
A veces tenemos sueños que nos confunden. Sueños que nos hacen creer que la verdadera realidad son los mundos oníricos. Sueños que nos hacen desconfiar del mundo cuando estamos despiertos o, simplemente, sueños que nos hacen cruzar la frontera entre la realidad y la locura. Y a veces, solo a veces, quedamos atrapados para siempre en esos mundos de paranoia absoluta...
A veces en tu ausencia
cuando el sol se oculta y mis sentidos se adormecen,
cuando el silencio me embriaga con su aroma
y la quietud me detiene en una laguna de ilusión,
oigo gritos,
ruidos estremecedores
que me devoran con calma,
lamentos de almas atormentadas
que intentan decirme algo a quizás nada,
es un sonido confuso, una extraña canción,
melodías de tierras lejanas y oscuras,
donde ningún mortal se adentra...
los oigo
y cada vez se apodera mas de mi realidad,
mi conciencia se nubla,
no hay lugar donde escabullirse,
poco a poco me desvanezco hasta que no veo nada,
caigo en un sueño de tinieblas,
donde camuflados entre gritos
escucho voces que me acechan,
me llaman,
anhelan que este ahí, con ellos,
intento huir,
pero solo veo caminos que caen en su dirección
como espirales, como agujeros negros...
de pronto resbalo,
me escurro por una ladera
y mis manos no hayan donde anclarse,
escurridizas me conducen a un pozo
profundo,
un hueco en medio de la nada,
parajes asolados, territorios de gehena,
desoladas planicies que se convierten en fosas comunes
para mis huesos,
mis recuerdos,
mis ánimos,
todo termina ya sin auxilio,
y mi voz clama al aire,
pero sus ácidos vientos
transforman mis plegarias
en palabras
calladas.
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Esto de internet es un mundo, y lo de hacer una página, simple como esta, también lo es. Por tonterías te puedes pegar horas sentado delante del ordenador. Menos mal que a veces hay gente que te echa un cable.Gracias Alby y Juanjo
| CITA>
“LA EMOCIÓN MÁS ANTIGUA Y MÁS INTENSA DE LA HUMANIDAD ES EL MIEDO, Y EL MÁS ANTIGUO Y MÁS INTENSO DE LOS MIEDOS ES EL MIEDO A LO DESCONOCIDO”
Howard Phillips Lovecraft
| Todo acaba
La noche engendraba dolor,
Cristalizando la oscuridad
sus huesos.
Sentía como el fuego interno
le quemaba
le extinguía,
quería beber de la vida,
esa copa vacía
que esfumaba sus ansias,
pero ya era tarde
suspiraba
lloraba
moría
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| Ausencia
No me atrería a pensarlo, ni siquiera en sueños, que sería de mi si fuera el del poema, si perdiese a aquella a quien amo más que a mi vida. Mejor no lo pieso, porque sería mejor morir con ella que vivir como un espectro una vida ya vacía. Aprovevho para decirle Te Quiero
Siento tu ausencia,
dolores sufridos que salen,
que se desprenden de mis pupilas,
deseos dilatados que buscan respuestas,
que tienen necesidades,
que consumen mi paciencia,
el cielo se nubla otra vez
y mis palabras se escarchan al ser expiradas,
llueve,
el aire me corta limpiamente al acariciar mi rostro,
¿es el fin o el principio?
estoy confuso,
veo destellos que me hacen temblar,
imaginar historias, reconstruir puzzles,
pero son resplandores veloces
que me devuelven pronto a la oscuridad,
tinieblas de un túnel por donde camino
a tientas...
A veces te extraño,
añoro caminar sin rumbo, sin obstáculos por tus manos,
te extraño,
huyo a veces del presente
y me refugio en tu última hora,
crepúsculo que me priva de la sangre de la vida
regalándome incoherencias,
susurros silenciosos que me detienen,
hacen que me vuelva y
llore
sobre el mármol negro
en el que se halla grabado tu nombre,
eternizado por siempre en una mente herida,
en un mundo implacable,
ladrón de ilusiones y sembrador de desengaños,
donde el optimismo se convierte en un discípulo
que aprende lecciones funestas.
| Olvidado
El miedo a la soledad siempre se encuentra presente en nosotros. Tememos morir, pero mas aún tememos envejecer solos, elvidados, sumergidos en la tristeza. Ese es uno de los lastres del ser humano
ya no sonríes al mirar por la ventana
ya no te pierdes en los jardines
ni sientes el cantar de los pájaros,
solo ves pasar las horas
sentado en tu mugriento sillón.
Las penas te ahogan,
las épocas doradas te abandonan
y miras desolado...
ya no hay niños que jueguen en el patio
ya no hay amaneceres hermosos
ni tertulias al atardecer,
solo tienes tu sillón olvidado
ni siquiera ilusión.
La vida te acaricia ingrata
y sabes que no te saluda.
La hueles venir y te entregas
al cambio.
La temes, pero no hay
un corazón por el que luchar.
Viviste para amar
amaste para ser olvidado
y ahora en tu triste rincón oscuro,
apenas suspirando,
esperas el último latir de tu corazón.
| EL VIAJE.
Dedico este relato a todas aquellas mujeres que sufren el maltrato de los cobardes de sus maridos, a todas aquellas que tienen coraje de denunciado y también, a todas aquellas que ya no están entre nosotros.
Aquella mañana, como cualquier otra, salió (a eso de las nueve) a dar un paseo antes de encerrarse durante seis horas para continuar su novela (Proyecto que había empezado hace tres meses y que ya llevaba bastante avanzado). Como todos los días, doblaba la esquina de su edificio y, tras pasar la panadería, se dirigía al paseo de las flores. Aquel hermoso paseo que atravesaba el parque mas grande y verde de la ciudad y al que dieron el nombre de parque de la República. El paseo tenía exactamente un kilómetro de largo y estaba custodiado por enormes eucaliptos y laureles que le daban un aire muy agradable y romántico. Todos los días lo recorría, ida y vuelta, aspirando el aire fresco y puro, cosa por otro lado de agradecer en una ciudad plagada de coches y humos nocivos para la salud. Ese paseo que duraba media hora, mas o menos, le volvía lo suficientemente receptivo como para ponerse a escribir y extraer de su cabeza lo poco que de ella era extraíble.
Pero aquella mañana fue distinta. Cuando llevaba recorridos unos cuatrocientos metros, se detuvo. A su derecha, tras los enormes eucaliptos, escuchó un extraño ruido. Eran como sollozos, y parecían de alguien de corta edad, como un niño o una niña. Se acercó, cruzó unos matos, y detrás de ellos encontró a un niñito de unos siete años, mas o menos, de cuclillas. Lloraba desconsoladamente sin separar la vista de una pequeña pelota que tenía delante de él, desinflada.
- ¿Qué haces aquí solo? -Le preguntó mientras le secaba las lágrimas con su pañuelo - ¿Dónde está tu mamá?
- No se – contestó sin separar la vista de la pelota
- ¿Es tuya la pelota?
- Si, me la regaló mi mamá
- ¿Y no sabes donde está? –insistió - ¿Viniste con ella al parque?
- Si, pero yo estaba jugando con la pelota y me perdí – respondió ahora mirándole
- ¿Por donde estaban?
- Al ladito de la fuente – dijo mientras se agachaba a coger su pelota
Levantó la vista y se puso de pie. Miró hacia la fuente pero allí no había nadie. Volvió a mirar al niño y lo vio intentando inflar la pelota con el poco aire que podían reunir sus menudos pulmones.
- ¿Hace mucho que te perdiste?
- No, hace un ratito –bajó la cabeza y dijo en voz baja –papá estaba enfadado otra vez
- ¿Enfadado?
- Si, papá se enfada mucho con mamá, dice que es mala, pero mama es buena.
Aquella confesión no le gustó nada. Volvió a ponerse de cuclillas para estar a la altura del pequeño personaje que seguía intentando, en vano, inflar su pelota.
- ¿Quieres que vayamos los dos a dar una vuelta a ver si encontramos a tus padres?
- Vale – dijo mientras cogía la pelota con una mano y la otra la agarraba a la suya
Empezaron a caminar juntos, atravesaron los matorrales y después de unos cuantos pasos estaban en el paseo de camino a la fuente.
- ¿Cómo te llamas?
- Carlitos
- ¿Y cuantos años tienes?
- Ayer fue mi cumpleaños y cumplí siete años
- ¿Y te dieron muchos regalos?
- Mi mama me regaló esta pelota –dijo mientras la levantaba como para que la viera bien.
- ¿Y tu papá?
- El nunca está en casa y cuando viene es para reñir a mama porque dice que es mala, pero mama no es mala
- Las mamás nunca son malas – le dijo para calmarlo y él asintió con la cabeza.
Aquello se iba poniendo crudo. Según las cosas que le decía aquel pequeño su madre estaba sufriendo malos tratos, y teniendo en cuenta que antes de desaparecer estaban discutiendo la cosa se iba poniendo fea. Decidió ir con el pequeño hasta la comisaría mas próxima, que estaba justamente al final del paseo, al otro lado de la rambla, y contar allí lo que pasaba.
- ¿Mi mamá está bien? – le preguntó tirándole del brazo.
- Seguro que si, no te preocupes.
- ¿A donde vamos?
- Te voy a llevar a un sitio donde te ayudaran a encontrar a tu mamá
- Vale –dijo el pequeño ajeno a lo que sucedía a su alrededor.
Siguieron caminando lentamente por el paseo camino a la comisaría. Iban en silencio y mientras en la mirada del niño todo era inocencia, en la de él había una creciente preocupación.
- Mi mama me dijo que nos íbamos a ir de viaje –dijo el niño rompiendo el silencio
- ¿Y a donde se iban a ir?
- No sé, pero mama dice que es muy bonito – hizo una pausa como si estuviese pensando y continuó –papá no viene... mamá dice que porque no puede y yo lo prefiero, porque papá es malo y riñe mucho a mamá. Le dice que es mala, pero mamá es buena.
- No te preocupes – le dijo –pronto encontraremos a mamá y te irás con ella de viaje a ese sitio tan bonito.
Cuando estaban a punto de llegar al final del paseo, una algarabía les sobresaltó. Se oían sirenas de ambulancias y el ruido de una muchedumbre de gente que gritaba encolerizada. Miró a su alrededor y encontró que el ruido venía de uno de los caminos pequeños que atravesaban el parque cortando al paseo perpendicularmente. Se acercaron un poco hasta que distinguieron una ambulancia y un coche de policía. Él empezaba a inquietarse porque se imaginaba lo peor.
- Siéntate un momentito en este banco que voy a acercarme allí a ver que pasa
- Vale – le dijo con una sonrisa – pero no tardes que tenemos que ir a buscar a mamá
- Tranquilo –le dijo con un nudo en la garganta –Ahora mismo vuelvo, pero tú no te muevas de aquí. ¿vale?
- Vale
Todavía no se había puesto a andar y ya aquel muchachito se distraía intentando inflar la pelota. Se acercó a la multitud y lo que vio le sobrecogió. Tendido en el suelo estaba el cuerpo de una mujer de unos treinta años. Por una brecha que tenía en la cabeza, de unos quince centímetros, salía sangre a borbotones. Los del SAMUR intentaban reanimar a la mujer que parecía estar muerta. A unos metros de la mujer, tendido boca a bajo había un hombre. Había sido reducido por dos policías y esposado, pero aun gritaba a la mujer. Le decía que jamás se podría librar de él e intentaba librarse de los policías que le impedían moverse. La gente gritaba asesino a aquel hombre, pero a este le daba igual, solo le gritaba a su mujer que jamás se libraría de él. La escena era grotesca. Los médicos que intentaban reanimar a la mujer soltaron el desfibrilador y mirándose decepcionados negaron con la cabeza. La mujer había muerto. La escena era tan intensa que lo tenía absorto, tanto, que no se percató de que el niño ya no estaba en el banco.
- ¡Mamá!, ¡Mamá! –gritó el niño mientras corría hacia su madre llorando.
Cuando se percató de la atrocidad de la escena, corrió él a buscar a la criatura que nunca llegó a donde estaba su madre muerta porque un enfermero del SAMUR se lo impidió. Antes de que él pudiese llegar al niño otro policía le cerró el paso
- Lo siento – dijo el policía cortándole el paso – no puedo pasar
- ¡Pero yo conozco al crío! – respondió alterado
- ¿Es usted familiar?
- No, pero se había perdido y yo le estaba ayudando a encontrar a su madre
- Lo siento, si no es un familiar no puede pasar.
- Pero...
- ¡He dicho que se aleje por favor!
El tono del policía le hizo desistir y se tuvo que conformar con ver la escena desde detrás de la cinta amarilla que habían puesto y que nadie, a no ser un familiar, podía cruzar. La madre yacía en el suelo cubierta ya con una manta, al padre se lo llevaban ya entre tres policías, aunque seguía insultando a la víctima, y la pobre criatura, en brazos del enfermero, lloraba desgarradamente mientras extendía sus brazos hacia su madre muerta como en un intento inútil por abrazarla. En ese instante el niño le miró y le hizo señales. El enfermero se percató y se acercó con el niño.
- ¿Es usted familiar? –dijo el enfermero
- No, le estaba ayudando a encontrar a su madre porque estaba perdido, pero por favor, déjeme hablar con él.
Estuvo unos segundos pensando y le dijo que le dejaba unos minutos hasta que llegaran los asistentes sociales. Se sentaron en un banco y el niño seguía llorando.
- ¿Qué le pasa a mamá? –preguntó con la voz entrecortada.
- Tu mamá se ha ido ha hacer un largo viaje
- Pero ¿Por qué no me ha llevado con ella? -dijo el niño mirándole
- Al sitio donde va tiene que ir sola
- ¿Esta muerta?
- No, está de viaje
- Yo quiero irme con ella – dijo el pequeño que ya no lloraba
- Todos nos iremos algún día, incluso tú, pero hasta ese momento tienes que ser fuerte.
- La culpa es de mi padre –dijo el niño apretando los labios – él no quería que me fuera de viaje con mi madre. Por eso se ha ido sola.
Estuvieron unos minutos en silencio, mirándose el uno al otro, hasta que llegaron los asistentes sociales. Dos encantadoras jóvenes cogieron al niño de la mano y se lo llevaron suavemente mientras lo calmaban con dulces palabras. . Cuando el pequeño estaba a punto de meterse en el coche de las asistentas sociales, se giró hacia él y con los ojos aun húmedos le gritó:
-¡Pronto me haré fuerte y me iré con mi mamá de viaje!
Estas fueron las ultimas palabras que escuchó decir a aquel niño. Nunca supo mas de él. Nunca lo volvió a ver, ni siquiera supo si logró su objetivo de irse de viaje con su madre. Pero no dejó de pensar en él. Y cada mañana, cuando se iba de paseo por el parque para despejarse y poder luego estar seis horas escribiendo, pensaba en aquel niño, en su historia y en si quizás ya estaba con su madre, de viaje. Los dos felices en algún lugar. Pensaba en si, por fin, lo había conseguido.
| Antártida
- ¿Qué tal te han ido las mediciones?
- ¡Dios!, hace un frío de muerte – dijo frotándose las manos
- Claro, estas en la Antártida – contesto - ¿Qué esperabas?
- Si, claro.
- ¿Las mediciones?
- Ah si, bueno, el termómetro marcaba –40 grados, pero el de subsuelo tan solo –10 grados, lo demás esta en el ordenador. Por cierto, el anemómetro se ha congelado.
- ¿Otra vez?
- Si.
- Bueno, en fin, mañana lo arreglaré...
El viento comenzó a soplar con fuerza y la pequeña estación meteorológica parecía desarmarse. Dentro, la suave luz de la bombilla y el ruido de la calefacción hacían que la habitación pareciese acogedora. En el centro había una mesa de madera y cuatro sillas y en ellas se sentaron mientras el café estaba en el fuego.
- Oye Miguel... ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Si claro, dime
- ¿Por que has venido a la Antártida?
- ¿Qué? –contestó sorprendido - ¿Cómo que por que?. Estudie climatología en la universidad, soy un científico, me surgió esta oportunidad y la aproveché
- No te entiendo – contestó – ¿Tu no te casaste?, en fin, tienes una esposa, una casa, has terminado la carrera, tienes un buen trabajo en medio ambiente... y decides venirte 2meses a la Antártida. ¿Estás Loco?
- ¡Que dices! –interrumpió Miguel sorprendido – ¿Y tú?
- Lo mío es distinto
- ¡Pero que dices Fran! –gritó –es lo mismo
- Soy Meteorólogo y científico, vale – hizo una pausa – pero yo no me he casado, ¡Ni siquiera tengo novia!
- Ya, bueno, supongo que no lo pensé bien, si no, no me habría marchado.
- A eso me refería
- Pero la Antártida... – dijo suspirando – llevo soñando con venir a este gigante blanco desde que era niño.
- Si... te entiendo, tiene algo... Bueno, espero que ella te espere
- ¿Dos meses?, pues claro. ¿qué clase de relación crees que tenemos?, estamos enamorados...
- ¿Le contaste que la ultima remesa de científicos no regresó jamás?
- ¡Estás loco! – dijo sorprendido – para que preocuparla.
- Si claro – dijo sonriendo – eres muy listo
- ¡Anda calla!, que eres un liante. Vete a traer el café que ya esta hecho.
El sol había salido hacía pocas horas, pero el viejo ya se había levantado y se había marchado a las cuadras, en cambio ella estaba en la cocina preparándole un suculento desayuno. En ese instante sonó el timbre de la puerta. Dejó las tostadas encima de la mesa y fue a abrir.
- ¿Hija? – dijo sin apartarse de la entrada – ¿Que haces aquí tan temprano?
- No he dormido casi nada – dijo mientras esquivaba a su madre para entrar – Desde que se marchó la casa se me hace enorme, y solo lleva quince días.
- Puedes quedarte en casa
- No, gracias mama, he de acostumbrarme.
- ¿Quieres desayunar?
- Si gracias
- Solo se ha ido dos meses, eso no es tanto tiempo – dijo mientras le servía una taza de café con leche.
- Ya, pero no se ha ido a otra ciudad, ¡se ha ido a la Antártida!
- Si, bueno, está un poco loco... pero era una oportunidad para él.
- Si, supongo, pero le hecho de menos – dijo mientras daba un sorbo al café – ese continente es muy peligroso.
- El sabe cuidarse solo – la animó la madre
- lo sé. ¿Donde esta papá?
- En las cuadras, pero no tardará en bajar a desayunar. Le alegrará verte tan temprano.
El frío comenzaba a hacerse insoportable. La calefacción no era suficiente para hacer frente a esas bajísimas temperaturas. Les mantenía vivos, pero no era un calor agradable, sino mas bien un frío soportable.
- Vaya, que frío hace – dijo Miguel mientras se frotaba las manos junto a la calefacción
- No te quejes –le contestó Fran con una sonrisa –el invierno antártico está cada vez mas cerca y, teniendo en cuenta que fuera hay –60º creo que aquí se está bastante bien
- Si, la verdad es que visto así
- ¿Que es ese ruido? –preguntó Miguel
- Parece que es el comunicador vía satélite, alguien llama.
Visiblemente emocionado corrieron al cuarto de las comunicaciones. Encendieron el ordenador y vieron la llamada.
- Aquí base Juan Carlos 1º -contesto Fran cumpliendo las normas de protocolo informativo.
- ¿Si?. ¿Oiga con quien hablo?
- Soy Fran Hernández, Meteorólogo de la estación.
- Hola Fran, soy Mery, la esposa de Miguel, ¿está él por ahí?
- Si, un momento – dijo mientras bajaba el volumen – es tú esposa. Está llamando desde Canarias, espero que no sea desde tu casa porque la factura te arruinará.
- ¿Si?, cariño, soy yo – contestó Miguel subiendo de nuevo el volumen
- Hola, te llamaba porque te echaba de menos
- Y yo a ti. ¿De donde llamas?
- Del I.N.M. Les pedí que me dejaran hablar contigo y Fernando, tu jefe, accedió de buena gana. Es muy majo, pero me dijo que no te podría llamar mas por los costos.
- Me alegro que me llamarás. Te extraño muchísimo.
- Y yo cariño. ¿Que es ese ruido? –preguntó Mery separándose un poco del altavoz
- No lo sé, espera un momento
- ¡Fran! –gritó –que es ese ruido
- No lo se – dijo Fran –voy a ver.
- ¿Qué sucede cariño? –preguntó Mery nerviosa - ¿Qué es ese ruido?
- No lo se, Fran ha ido a mirar.
- ¡Miguel!, no te lo vas a creer –dijo Fran nervioso – de repente el viento ha cesado por completo, y aunque el termómetro sigue marcando –60º fuera no hace frío
- ¿De que estas hablando?
- ¿Cariño que pasa?
- Un momento cielo – le dijo nervioso – está pasando algo extraño
- Y lo más raro no es eso – dijo Fran cada vez más alterado – ¡de la llanura sur, viene algo!
- ¿Qué?, ¿De que estás hablando?
- Es una claridad extraña, como una aurora boreal a ras de suelo, y viene hacia nosotros muy deprisa.
- Cariño espera...
- ¡Ya esta Aquí! –gritó Fran - ¡Dios mio!, ¡no puede ser!
A través del teléfono vía satélite se escuchó un enorme estruendo y luego silencio. Un silencio sepulcral.
- ¿Cariño? – preguntó Mery- ¿estas ahí? , ¿Oiga?, ¿Cariño va todo bien?
Dejó el comunicador encima de la mesa y fue corriendo a donde se encontraba Fernando. La gente estaba muy nerviosa y corrían de un lado a otro.
- ¿Qué sucede? – Preguntó Mery nerviosa
- Aun no lo sabemos – dijo Fernando poniéndose las manos en la cabeza – pero según el satélite algo proveniente del mismo polo sur a arrasado el sector noroeste de la Antártida.
- ¿Qué? – dijo Mery- ¿Y Mi marido?
- Lo siento mucho Mery –Dijo Frenando tomándole una mano – pero según el escáner de calor corporal no hay supervivientes. Lo siento mucho.
Incapaz de llorar por el shock, calló de rodillas al suelo, su mirada se perdía en el vacío mientras la gente seguía corriendo de un lado a otro. Sacó una foto de su marido de la cartera y colapsada por la emoción calló desmayada al suelo con la foto de su marido en su mano derecha. Todo había terminado.
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Por que ha desaparecido ahora el texo
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