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REGIÓN OCMURBANTH

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Demasiado Violeta

Templo del viento

Gritos en el pasillo

Soledad


A todos nos han dejado alguna vez, todos conocemos el desengaño, el pasar horas pensando el porqué... Todos conocemos esos momentos que, afortunadamente, siempre pasan y quedan como meras anecdotas del pasado

Te has ido,
y todo torna en un sueño infame,
en una rutina de soledad
en un amanecer solo cada mañana.

Ya no estás junto a mi,
tu perfume no te descubre
y mi piel extraña tus caricias
y tu risa, tu voz y tu llanto.

Solo el dolor duerme a mi lado,
el tacto frio de una cama demasiado grande,
el eco de mi respiración,
el goteo de mis lágrimas.

Ya no volverás,
y no podré besar tus labios,
ni miran tus ojos cansados,
ni rodearte con mis brazos.

Ha sido un destino impuesto,
un dolor aletargado,
un crujir de puertas cerrandose
tras el orgullo de tus pasos

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Una tarde de agosto


Creo que en la mente de todos hay un pequeño hueco reservado para aquella entrañable experiencia que vivimos en un verano. Aquel verano ha pasado a ocupar un lugar privilegiado en nuestros recuerdos y, cuando estamos en una tarde similar a la que vivimos antaño, en nuestros ojos aparece una lágrima o quizás una leve sonrisa en nuestros labios, pero ya nunca, ante una tarde similar, quedaremos indiferentes...

Tras los portalones de aquella casa antigua
cerrados para ahuyentar el calor de aquel agosto,
se encontraba ella. Sentada en las frescas losas del suelo
sonreía mientras leía su libro preferido
que e veces usaba de escondite para espiarme,
para buscarme en aquel salón oscuro
resguardado del fuego de la calle.
Su risa era lo único que rompía el silencio sepulcral
de esa casa guardada por su madre.

- unos pasos se acercan -

y ella huía tras su libro y me espiaba.
Al marcharse su madre,
contenta de su inspección, que era rutina,
volvían las miradas directas de nuestros ojos
hasta que la noche nos ahogaba.

- llega la hora de marcharme -

Con un adiós asomando en sus labios se despedía
con un adiós que era una triste bendición.
Nunca amaré a nadie como la amé a ella
En la calurosa tarde de aquel agosto.

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Canciones lejanas


A veces, si nos sentamos en algún lugar lo suficientemente aislado y agudizamos el oido, podremos escuchar como, trasportadas por el viento, se oyen canciones lejanas, muy lejanas, que nos recuerdan que en algun lugar del mundo, o quizás en muchos, alguien está cantando arias tristes por aquel que ya no está, por un ser querido que se encuentra de camino hacia lo desconocido.... a veces, solo a veces, si agudizas el oido podrás sentirlo.

Canciones lejanas
vuelan en el tiempo,
melodías de ayeres olvidados,
arias abatidas que ya no escuchamos
y sin embargo
sentimos temblar en nuestros corazones.

Paso a paso el tiempo
nos aleja, nos obliga poner rumbo
hacia el horizonte de la vida,
ineludible, impredecible, misterioso,

no evitamos mirar la huellas,
vestigios que vamos dejando,
marcas en el polvo, el edén y el alma,
candiles excitados
cuya llama jamás se debilita.

Seguimos ansiosos
de experiencias nuevas,
avanzando, desfilando distancias,
devorando con los sentidos
cuanto a nuestro paso germina.

Sin embargo cae la tarde,
crepúsculo de un sol herido,
y suaves susurros se deslizan
como palabras muertas,
parásitos que en nuestros cansados oídos
buscan vidas.

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Manos que lloran


Solo tenemos que encender la tele y ver, por ejemplo, un telediario, y nos encontraremos con tremendas dosis de violencia... y yo me pregunto: ¿En que estamos pensando?, jamás entenderé el empeño del ser humano en hacer de la única vida que tiene y de las de sus semejantes, su particular versión de Gehena.

-Tienen llantos en las manos-

Sus lágrimas se derraman
en esta noche austera
y rodean nuestra mente.

-Claman ayuda-

Muerte se respira en el aire,
charcos de sangre bajo mis pies,
holocausto humano.

-Puedo oírlos-

Mi sentir se vuelve ácido,
cientos de heridas abren mis carnes,
lo racional se esfuma.

-Ahora solo el silencio-

Caída inminente,
amor olvidado,
mucho dolor.

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¿Por que lloras?


Hay en estos momentos muchas personas de la llamada "tercera edad" que envejecen recluidas en asilos. Olvidados por sus seres queridos, que los desprecian, ven pasar las horas con el único aliciente de mirar hacia la puerta y pensar si algun dia aparecerán por ella sus, para ellos, aun queridos familiares. La realidad es que están condenados a esperar que la desepreracion y la soledad les adelanten la muerte. Este poema se los dedico a esas personas, a sus familiares, maldicones de los peores infiernos.

Sentada en tu butaca ves pasar los años,
se tiñen de amargura y soledades sonoras
que te golpean
en una habitación llena de gente.

Las épocas pasadas ya marcharon
en su vuelo migratorio hacia el olvido
dejando en su hueco vacío
esperanzas rotas, ilusiones frías.

Tu voz ya no la escuchan
los oídos que te amaron.
Tus ojos ansían comprensión
y no encuentran mirada en la que anclarse.

Ves pasar los años vestidos de incomprensión,
y tu mirada triste se apaga
y tu corazón yace ya lejos
y sigues sentada en tu butaca.

Eterno sillón en el que esperas
la llegada del ultimo día.
Ese en el que lloraremos al unísono
aquellos que no oímos
a unos ojos que clamaban.

A tu rincón
los años te amarran,
A tu soledad
el silencio...

¿Por que lloras,
si no hay
quien seque tus lágrimas?

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Decadencia


No somos conscientes de que vivimos en un mundo que se muere, un mundo donde el dolor está por doquier, un mundo que nos consume... Vivimos en sueños creados por nuestra cobardía, por nuestro temor a mirar ahí fuera, pero tarde o temprano sucumbiremos a la realidad que nos rodea.

Noche última,
aquí terminan nuestros senderos
y se abre una nueva era
de destrucción y muerte.

Nadie amanecerá ya mañana
y nuestra muerte no será rápida,
sino un lento devenir
de oscuros temores.

Nuestros anhelos se marchitarán
al son de melodias de lamentos
y en la torre mística nos consumiremos
lentamente

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Un dia cualquiera


Hay dias en los que es mejor no salir a la calle... es preferible quedarse tranquilamente en la cama y dejar pasar las horas, dejarlas pasar hasta el dia siguiente, con la esperanza de que el salir a la calle no sea un cumulo de expresiones tipo "Dios, ya no me pueda pasar nada peor", y, evidentemente, siempre pasa... este es uno de esos dias.

El otro día se levantó temprano (a las 9) y tras despertarme y obligarme a acompañarlo a dar un paseo, salió eufórico a la calle, optimista, me decía:

-¡Hoy seguro que si, hoy lo verás!...

Cuando el ascensor llegó al 0 se encontró con lo que cualquiera que viva en un familiar bloque de edificios impersonales desearía encontrarse... Algún peregrino marchoso del jueves noche debió tener un apretón y claro, no iba a estropear su fiesta yendo a un baño... pues si. ¡El señorito cagó al lado del ascensor!, así que imagínense: desayunas, sales, y... ¡Tachan!. Pero en fin, luego salimos provocados a la calle y el espectáculo era hermoso... arrojaduras, botellas rotas, papeles, y todo eso desprendiendo un rico olorcillo. Luego viene el suelo generoso, digo generoso porque es imposible caerse. Tus pies se adhieren a esa superficie pegajosa en la que te cuesta andar, te cansas, miras a tu alrededor y la escena se repite, otros transeúntes sufren al caminar y miran igualmente a todos lados buscando a esos hombrecillos verdes. No son extraterrestres no, sino los funcionarios del ayuntamiento, (esos currantes donde los haya), mal llamados equipo de limpieza. Como antes dije, se levantó eufórico diciendo que hoy lo vería, pues no fue así. Miró al cielo... y tampoco estaba.

- ya casi no me acuerdo como era – me dijo decepcionado - Me refiero a ese astro que allí conocemos tan bien, “EL SOL”. Aquí lo desconocen, les suena, pero no lo han visto, siempre esta ese manto de nubes que hace que esta ciudad tenga esa claridad y atmósfera tan características con la que es imposible deprimirse.

De repente alguien gritó:

-¡Cuidado!- giramos la cabeza, nos percatamos, y mientras yo me alejé corriendo, él saltó, pero claro, demasiado tarde, un hombrecillo verde del ayuntamiento, encargado de hacer habitable la zona donde vivíamos mi hermano y yo, ha perdido el control de la manguera a presión con la que barren y le alcanza, pero él ya estaba en el aire, así que, además de mojarle a él, mojan el suelo que se transforma, ya no es seguro, su película pegajosa ha desaparecido con el agua (en realidad agua con jabón y el ingrediente estrella... amoniaco, así que cuando está limpio ya se imaginarán como huele), entonces cayó y... ZAS! Resbaló. Pero no importa , aun no había tocado el suelo y ya estaba de pie, si si, ¿no les ha pasado?. A él si, constantemente, en esos momentos de tensión la vergüenza le aporta una energía sobrehumana que le hace hacer milagros. Pues bien, estaba de pie, me miró y frotándose la espalda me dijo que le dolía el cuerpo, pero le daba igual, simplemente miró a ver cuantos amables ciudadanos, que no te ayudarían ni siendo el ultimo hombre en la tierra, se ríen, murmuran, señalan y en definitiva, te hacen sentirte comprendido... 1,2... 6, 10... o sea, todos, Porque encima en ese momento todo el mundo encontró una buena razón para salir a la calle y ésta estaba con sus aceras abarrotadas a las 9.30 de la mañana.

Por fin logramos salir de esa zonas y nos aproximamos a la calle Sánchez, a demás, íbamos contentos porque todo estaba saliendo redondo. Nos dirigíamos a la farmacia a comprar... esto... bueno, aspirinas mismo, y nos encontramos sentado en la acera, que fue de un color ya olvidado y sustituido por el alegre y pulcro gris hollín, a uno de esos personajes característicos, bohemios, y cada ves mas numerosos. Me refiero a los pintorescos yonquis y demás, incansables cultivadores del carpe diem. Concretamente éste se levantó amablemente al vernos, se llamaba Cabrón, o así le llamó un colega, compañero de fatigas, su escudero en este mundo ingrato que les obliga a ser socialmente aceptables, es decir, trabajadores, ¡que crueldad!. Me miró y luego a mi hermano y... haciendo gala de un exquisito castellano le dijo a él...

-Shh, Chas pive, ven pa´ca (ya estaba en frente de él, no se a donde quería que fuera), Fash nota, déjame un loro pa echar un racin al cuerpo...

La cara de mi hermano era un poema, pupilas dilatadas, músculos faciales deformados, caos mental y dos preguntas pasaron por mi mente: primero, y debido a la distancia a la que se encontraba el susodicho de él, me pregunté cuantos años, por no decir décadas, hacía que nuestro querido Cabrón (repito, ese era su nombre, muy gráfico, lo se, pero merecido) no se lavaba los dientes... ¡Dios! ¡Olía a muerte!, recuerdo aun la cara de asco que puso mi hermano, la segunda pegunta era que le había dicho exactamente, tras largos estudios posteriores descubrí que un loro no era un ave, sino un euro y un racin, un bocadillo de lomo, ¡ahhh!, así si, pero lo entendí tarde. El “nota” ese se percató de la mirada perdida de él y le amenazó, desprendiendo ese dulce aroma bucal que antes comentaba, le dijo...

–Shhh ehhh ¡chas loco!, Fah que como no me des te echo al toro.

Si, se convirtió en un atraco, lo digo por si no lo han pillado. El tiempo de atracar con navajas pasó, ahora atracan con amigos, en vez de amenazarte con rajarte te dicen que te van a echar al toro.

Pues bien, el toro, aquel compañero de fatigas, o mas bien fatigado, era una terrorífica amenaza. Estaba tumbado a su lado, con una botella en su mano y algo, que no supe que era, en su boca. Había girado su cabeza, lo que le produjo un admirable esfuerzo, y miraba amenazante a mi hermano, hasta le habló, dijo:

-Ehhhhuuuuf... ¡chas loco!.

Aterrador, lo sé. Nunca nos había pasado algo así, y eso que nos pasan muchas cosas, sobre todo a él, si si, tiene un imán para se tipo de situaciones, o cara de: -¡soy rico vengan a desvalijarme, hay para todos!. El caso es que no le dió, obviamente, y lo encolerizó. Después de eructar (imaginaos ese universo de aromas celestiales) le dijo a mi hermano mientras me alejaba, porque yo había reanudado la marcha y huía, eso si, valientemente, y mi hermano también, que le iba a matar y mil cosas más, pero estaba mas débil que yo, y ahí, el suelo no había perdido su película pegajosa, así que no pudo luchar contra los elementos...

Cuando compramos lo que teníamos que comprar nos fuimos para la casa, y como cosa rara también en esta ciudad, empezó a llover. Corrimos hacia la casa para no mojarnos, o no mojarnos mucho, una calle, otra, y siempre lloviendo de frente, al ver la casa mi hermano acelera (recuerden lo que le pasa al suelo con el agua) y al tomar la esquina donde está la cafetería La Troa, llena de gente desayunando, ¡ZAS!... vuelve a resbalar, con lo que la humillante escena del principio se repite. Por fin llegamos a nuestra huidle morada, nos sentamos en el sofá del salón y mi hermano, mirándome con decepción me dijo:

-Yo tan solo quería ver el sol.

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Un instante


A veces un impulso cobarde nos puede arrebatar algo que amamos, a veces, el ser cobardes nos condena a un mundo de tinieblas mentales, y a veces, y solo aveces, siembra los cementerios de cruces sin honor y sin gloria.

Escuchaba música
y su grito desgarró mis oídos.

Era ella.

La estaban matando
y no hice nada.

Se me iba.

Subí el volumen
y hundí la cara entre mis manos.

Silencio.

Solo quedaba un tibio suspiro

y un sudor de muerte
que se impregnarán en mi piel
para siempre.

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CITA

“LA EMOCIÓN MÁS ANTIGUA Y MÁS INTENSA DE LA HUMANIDAD ES EL MIEDO, Y EL MÁS ANTIGUO Y MÁS INTENSO DE LOS MIEDOS ES EL MIEDO A LO DESCONOCIDO”

Howard Phillips Lovecraft

Paranoia

A veces tenemos sueños que nos confunden. Sueños que nos hacen creer que la verdadera realidad son los mundos oníricos. Sueños que nos hacen desconfiar del mundo cuando estamos despiertos o, simplemente, sueños que nos hacen cruzar la frontera entre la realidad y la locura. Y a veces, solo a veces, quedamos atrapados para siempre en esos mundos de paranoia absoluta...

A veces en tu ausencia
cuando el sol se oculta y mis sentidos se adormecen,
cuando el silencio me embriaga con su aroma
y la quietud me detiene en una laguna de ilusión,

oigo gritos,

ruidos estremecedores

que me devoran con calma,
lamentos de almas atormentadas
que intentan decirme algo a quizás nada,
es un sonido confuso, una extraña canción,
melodías de tierras lejanas y oscuras,
donde ningún mortal se adentra...

los oigo

y cada vez se apodera mas de mi realidad,
mi conciencia se nubla,
no hay lugar donde escabullirse,
poco a poco me desvanezco hasta que no veo nada,
caigo en un sueño de tinieblas,
donde camuflados entre gritos
escucho voces que me acechan,

me llaman,

anhelan que este ahí, con ellos,
intento huir,
pero solo veo caminos que caen en su dirección
como espirales, como agujeros negros...
de pronto resbalo,
me escurro por una ladera
y mis manos no hayan donde anclarse,
escurridizas me conducen a un pozo

profundo,

un hueco en medio de la nada,
parajes asolados, territorios de gehena,
desoladas planicies que se convierten en fosas comunes
para mis huesos,
mis recuerdos,
mis ánimos,
todo termina ya sin auxilio,
y mi voz clama al aire,
pero sus ácidos vientos
transforman mis plegarias
en palabras
calladas.

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TEXTOS OCULTOS

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