ORACIONES
No debo tener miedo.
El miedo mata la mente.
El miedo es la pequeña muerte que conduce a la
destrucción total.
Afrontare mi miedo.
Permitiré que pase sobre mi a través de mi.
Y cuando haya pasado, girare mi ojo interior para
escrutar su camino.
Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada solo
estaré yo.
Letanía Bene Gesserit Contra el Miedo
Anda, pasa.
Pasa, anda,
no tengo más remedio que admitirte.
Tú eres el que viene cuando todos se van.
El que se queda cuando todos se marchan.
El que cuando todo se apaga, se enciende.
El que nunca falta.
Mírame aquí,
sentado en una silla.
Todos se van, apenas se entretienen.
Haz que me acostumbre
a las cosas de abajo.
Dame la salvadora indiferencia,
haz un milagro más,
dame la risa,
¡hazme payaso, Dios, hazme payaso!
Gloria Fuertes
Dios es el más grande.
Dios es el más grande.
Dios es el más grande.
Dios es el más grande.
Yo atestiguo que no hay más divinidad que Dios.
Yo atestiguo que no hay más divinidad que Dios.
Yo atestiguo que Muhammad es Mensajero de Dios.
Yo atestiguo que Muhammad es Mensajero de Dios.
¡Venid a la oración! ¡Venid a la oración!
¡Venid a la felicidad [en esta vida y en el Más Allá]!
¡Venid a la felicidad!
Dios es el más grande.
Dios es el más grande.
No hay más divinidad que Dios.
SALAT - Oración Musulmana
El
Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran
Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta
gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad.
Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco
podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de
Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza
con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las
estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.
¿Cómo
podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece
extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua.
¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decidiremos oportunamente. Habéis de
saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja
resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada
claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia
de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta la memoria del hombre
de piel roja.
Los
muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar
por entre as estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra
porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y
ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas: el
venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las crestas
rocosas, las savias de las praderas, el calor corporal del potrillo y el
hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por
eso, cuando el Gran Jefe en Washington manda decir que desea comprar nuestras
tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservara un
lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre
y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideramos su oferta de comprar nuestras
tierras. Mas ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para
nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente
agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras,
tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros
hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas de los lagos habla
de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es
la voz del padre de mi padre.
Los
ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras
canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis
recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y
hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso
que daríais a cualquier hermano.
Sabemos
que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un
pedazo de tierra que el otro porque el es un extraño que llega en la noche a
sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo.
Cuando la ha conquistado, la abandona y sigue su camino. Deja detrás de el las
sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos
sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus
hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el cielo, como si fueran
cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fueran corderos y
cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorara la tierra y dejara tras de si
solo un desierto.
No
lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente de la vuestra. La vista de
vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizás sea
así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No
hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar
donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el rozar de
las alas de un insecto. Pero quizás sea así porque soy un salvaje y no puedo
comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué
clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de
la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un
hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido
del viento que acaricia la cara del lago y el olor del mismo viento, purificado
por la lluvia (...) por la fragancia de los pinos.
El
aire es precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten
el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no
sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se
ha convertido insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras,
deberéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte
su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras,
debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual puede
llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores
de la pradera.
Consideraremos
vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una
condición: que el hombre blanco deberá tratar los animales de estas tierras
como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto
miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre
blanco que les disparo desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo
como el humeante caballo de vapor puede ser mas importante que el búfalo al que
solo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los
animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de
espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir al
hombre. Todas las cosas están relacionadas entre si.
Vosotros
debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus
abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la
tierra esta plena de la vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros
hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra
madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando
los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.
Esto
lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la
tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es solo una hebra de ella.
Todo lo que haga a la red se lo ara a si mismo. Lo que ocurra a la tierra
ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están
relacionadas como la sangre que une a una familia.
Aun
el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con el y conversa con el de amigo a amigo,
no puede estar exento del destino común. Quizás seamos hermanos, después de
todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco tal vez descubra algún día:
que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizás que sois dueño de El
tal como deseáis ser dueños de nuestras tierras: pero no podréis serlo. El es
el Dios de la humanidad y su compasión es igual para el hombre de piel roja que
para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El, y causarle daño
significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también
pasaran, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama,
moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aun en
vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a
estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja
con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque
no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando
los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los
bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes
colinas este cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde esta el
espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde esta el águila? Desapareció. Así termina la
vida y comienza el sobrevivir.
Carta
del Jefe Seattle de la tribu Swannish al Presidente de los Estados Unidos de
América Franklin Pierce, 1854
Exaltado y santificado sea el gran Nombre
de Dios en este mundo de Su creación que creó conforme a Su voluntad; llegue su
reino pronto, germine la salvación y se aproxime el regreso del Mesías. En
vuestra vida, y en vuestros días y en vida de toda la casa de Israel, pronto en
tiempo cercano, Amén.
Bendito sea Su gran Nombre para siempre, por toda la eternidad; sea bendito,
elogiado, glorificado, exaltado, ensalzado, magnificado, enaltecido y alabado
Su santísimo Nombre, por encima de todas las bendiciones, de los cánticos, de
las alabanzas y consuelos que pueden expresarse en al mundo, Amén.
Por Israel, y por nuestros maestros y sus alumnos, y por todos los alumnos de los
alumnos, que se ocupan de las Sagradas Escrituras, tanto en esta tierra como en
cada nación y nación. Recibamos nosotros y todos ellos gracia, bondad y
misericordia del Amo del cielo y de la tierra, Amén.
Descienda del Cielo una paz grande, vida, abundancia, salvación, consuelo,
liberación, salud, redención, perdón, expiación, amplitud y libertad, para
nosotros y para todo Su pueblo Israel, Amén. El que establece la armonía en Sus
alturas, nos dé con sus piedades paz a nosotros y a todo el pueblo de Israel,
Amén.
KADISH – Bendición Judía
Pierdo el tiempo
pensando en lo esencial
que a veces dejo pasar
cuantos instantes he ignorado
ya
capaces de haberme cambiado
No hay oración
capaz de decidir por mi
oh señor no queda otra opción
y jamás me vuelvo a arrepentir
Siempre hay una disyuntiva ante la cual
siempre hay que elegir
no queda otra alternativa
y rápidamente hay que decidir
No hay oración
capaz de decidir por mi
oh señor no queda opción
y jamás me vuelvo a arrepentir.
Oración – Héroes del Silencio