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YO HABÍA ESCRITO UNA ENTRADA

Que nunca llegó a materializarse por culpa del Messenger de los cojones. Era un pequeño cuento que se me instaló en la cabeza al acostarme, provocado por texto de Kafka que me mandó mi apreciada Susana M. (Y que, como casi todos sus correos, acabó en la lista de Spam y pornografía variada) y a la canción de REVOLVER titulada La Fortuna, cuya letra paso a copipastear aquí abajo:

Una noche cualquiera a mi puerta llamó la Fortuna, y una noche cualquiera es normal que yo estuviera allí. Me dejó en la ventana un mensaje escrito con lluvia: "Esta noche he venido y no estabas, lo siento por ti." No podía creer que la niña gastara estas bromas, por más que me dijeran amigos que sí, hombre, que sí. Yo que siempre fui un desafinado me rasgué las ropas. Seguiré mi camino con calma seré un tipo gris.

Pero la vida me puso en las manos esta guitarra y un poco de voz, y hoy me encuentro feliz en mi banda y en una canción: Mi vida en una canción, mi vida en una canción.

Estampé el cigarrillo en charco que había en el suelo y se fue como un barco velero buscando alta mar. Calle abajo corrieron de un golpe todos mis sueños. La Fortuna le da a cada hombre una oportunidad.

Pero la vida me puso en las manos esta guitarra y un poco de voz, y hoy me encuentro feliz en mi banda y en una canción: Mi vida en una canción, mi vida en una canción.

El cuento lo escribiré otro día, ahora mismo no tengo muchas ganas.

Y ahí va un enlace gonito gonito de verdad de la buena. No os arrepentireis: http://www.gregoryferdinandsen.com/MUC2001/MUC_Images/Neuschwanstein,%20Down%20(2).jpg

La Linterna, Castillosa y Falkensteiniana

Light Artisan - Miércoles, 19 del Gélido Noviembre


ESCRIBIENDO, QUE ES GERUNDIO

Bueno, de nuevo por aquí. Como es mi elegante costumbre, no comentaré las noticias de actualidad. Ni las Frikis ni las otras. Hablaré de mí, que me lo merezco.

Primero, nací el Día del Cármen de hace ya sus buenos 22 añitos, y me libré por un pelo de llamarme Carmelo. No es que sea malo, pero me gusta mi nombre, es nombre de reyes. Lo malo de nacer en verano es que tienes pocos regalos, porque tus amigos están de vacaciones y no tienes una fiesta de cumpleaños decente.

Lo siguiente interesante es que eso no me quitaba mucho el sueño. Mi madre se acordaba religiosamente de mis cumpleaños, cosa que incluso yo llegué a olvidar una vez. Lo bueno de mi madre es que le gustaba mucho leer. Rectifico: Le sigue gustando mucho. Lo que pasa es que, primero con cuatro hijos y luego con un cargo en política, no le quedaba ni le queda mucho tiempo para leer.

Así que yo decidir leer por ella. Creo que decidí leer por todo el resto de mi familia: No recuerdo haber visto a ningún otro miembro de mi clan leer un libro por propia voluntad. Aprendí a leer tarde, por lo visto, pero cuando supe, me lancé. En un principio la lectura me llevó por el camino de la naturaleza. Me encantaba la naturaleza, todo lo relacionado con la naturaleza en todas sus amplias vertientes y variedades. Mi camino era la biología, y un poco más adelante, cuando mis miedos tomaron forma concreta (Ya hablaré de eso más adelante), decidí las Ciencias del Mar.

Luego todo se torció, perdí mis convicciones religiosas y me sentí tremendamente defraudado por el ser humano como especie. Durante mucho tiempo, mi mayor ilusión era presenciar nuestro propio y bien merecido final desde algún lugar elevado con un paquete de palomitas. No quería salvarme, no vayamos a creer que me consideraba mejor que los demás. Para nada: Si toda la especie eramos un montón de fango rastrero, mi deber era ser fango rastrero con ellos. Digamos que era comunista, por decirlo así...

Las crisis religiosas son interesantes. Yo me volví animista/shamánico. Creía firmemente en la identidad de las fuerzas de la naturaleza y de las cosas naturales. Eran seres que existían. El evento que me llevó a este camino fue bastante traumático (Lo es si tienes quince años y has decidido tirar por la borda la pasión de tu primera infancia): Escuché el viento silbar en los cables de alta tensión que se elevaban a la salida de la capital de Terrabruma (A los que conozcais la zona, los que estaban en la carretera que lleva a la Mansión Mascaró por Montaña Roja. ahora ya no hay tantos.). Escuché el viento silbando y me pareció que gritaba, atrapàdo por los cables. Aún el recuerdo me ensombrece el ánimo como aquella vez. Fue algo que me hizo pensar si realmente el viento sentía el dolor de los cables. Y decidí que sí.

Era una buena forma de rellenar un hueco doloroso sin alejarme de la naturaleza: Dejar de estudiarla, de tratar de aprender de ella para adorarla directamente. Ahora que lo pienso, me parece un cambio bastante lógico, visto lo visto.

El vacío de orientación lo rellenaron cosas con las que núnca me había sentido cómodo: Las palabras escritas.

Es decir, las escritas por mi. De nuevo, todo fruto de simples casualidades y de Alby y JJ. Creo realmente que poca gente conocen en persona a las personas a lsa que quieren parecerse. Es decir, la gente quiere escribir como Poe, estar tan bueno como el Clooney o tener tanta pasta como Rockefeller. Algunos incluso quieren ser como Gandhi o como Bush Jr...

Tiene que haber de todo...

Yo realmente tengo la suerte de que conozco a esas personas, y algunos hasta me llaman amigo... La verdad es que me llaman "RATA", pero eso a mi me gusta, así que se lo perdono. Y aunque la lista sería larga, creo que Alby es obviamente mi imagen idealizada de yo mismo: Negro, Masho y todas mis novias le prefieren a él antes que a mí... Vamos, que Clooney es un mierdecilla comparado con el GRAN ALBYNUBIO.

Lo de Juanjo... Eso no tiene explicación posible, lo lamento.

Y llegamos ante una de las revelaciones más inesperadas en mi devenir histórico: Pablo. El Gurú del Karma.

Digamos que me ofreció la religión perfecta a mis inclinaciones humanistas (No lo he contado, pero es bastante fácil saber que cuando uno abandona el Animismo, se convierte en humanista. Por cierto que abandoné el animismo por un hecho también traumático: Me di cuenta de que los elementos eran insensibles a mi dolor. La Luna no compartía mis lágrimas, por más veces que yo hubiese saludado su aparición en el cielo con alegría. Decidí dejar a esa perra traidora ya que no podía dejar ala otra perra traidora que me atormentaba).

La religión que me ofreció no tiene nombre. Digamos que no en occidente, porque seguro que algúnos seguidores de Confucio o del Tao tieen nombre para este rollo místico, pero yo no. La verdad es que me gusta un término que está sacado de Gibson: Karma Riders, Jinetes del Karma. La idea es simple como el mecanismo de un chupete:

Las cosas pasan porque hay un plan. Tú puedes cambiar las cosas a tu alrededor, sólo con desear que cambien, con poner tu voluntad en ello. Si piensas en positivo, las cosas mejoran. Si piensas en negativo, empeoran. Y si no piensas, la correinte te arrastra, como a todos menos al Dalai Lama, que es la polla de bueno en eso del Karma.

¿Fácil, no? Piensa que sale bien y sale bien. Podría parecer una paja mental, no lo niego, peeeeeeeeero tiene un pequeño añadido interesante:

FUNCIONA

Pablo me dijo: "Hazlo. Piensa que va a salir bien", y desde entonces TODO me ha salido muy bien. Nada de sacrificarme para una vida futura, nada de esperar un paraiso, nada de mantras y de meditación. Pura Energía Positiva. Es sectario, pero el bueno de Pablo núnca me pidió que le traspasase todos mis fondos a una cuenta en Suiza, pero lo hubiera hecho con gusto. En fin, es un poco complicado predicar a los incrédulos, pero es mi forma de vida ahora. La Armonía con el Cosmos está muy bien y todo eso, pero esto es como decirte que la magia funciona, y que además funcione.

¿Qué más? La elección es lo importante, como decía el otro.

Aabndoné las ciencias puras, no sin antes demostrarles que podía con ellas. Mucha gente me pregunta por qué elegí Filología Hispánica después de haberme machacado con ciencias. La verdad es que fue un error grave, pero también es cierto que lo mío no eran las ciencias desde un principio... Y ahora me tengo que ir, dejando esta historia a medias, como a mi me gusta.

La Linterna, Protocolaria y Neoptolémica

Light Artisan - Domingo 9 de Noviembre. 13000 palabras.


CUANDO LAS CALLES SE CONVIERTEN EN GARGANTAS

La cita es del penúltimo disco de Revolver, que a mi personalmente me gusta mucho (Y si a tí no, pues me da igual.) y me recuerda un poco lo que tengo que pasar para descubrir un trabajo en esta ciudad de lluvia y frío. Las calles se hacen largas y estrechas, interminables mientras reuno lo poco de cara dura que tengo y entro en todos los sitios con libros en el escaparate para dejarles un currículum de dos míseras páginas...

Por cierto, dejé un comentario en la página de la Coleccionista de Venenos que me recordó una cosa curiosa: Una vez me quedé atrapado en Playanegra, mi pueblo natal en Terrabruma. Y me quedé atrapado por la Calima, por el polvo rojo que no dejaba ver las casas desde el campo de fútbol. Hacía mucho que no pensaba en la Calima, y creo que el comentario resume mis sentimientos ahora. el mundo cambia, y a veces creo que no cambio lo bastante rápido.

Otra cosa: Ya está disponible en enlace a Gritos en el Pasillo, disfrutadlo los que no lo hayais hecho aún.

Mi nanowrimo de este año va viento en popa. Mi plan es terminarlo el día 29 para poder validarlo con tiempo, tenerlo corregido y no estar con apreturas ni saturaciones. Abajo teneis el adelanto, si no os habeis molestado en comentarlo. La verdad es que me voy a ceñir a Crichton, Lincoln y Child. No serán los mejores escritores del mundo, pero por lo menos creo que teniendolos en mente podré escribir algo potable, o por lo menos facilón. Lo cierto es que estoy tratando de pulir mi estilo y quería meterme con una novela de detectives, pero eso es un poco difícil si te estás leyendo la Trilogía de Nueva York de Paul Auster... Mi comentario sobre ese título se retrasará, porque me va a costar decidir qué me parece...

Y fin. Recordad, el Gran Hermano nos vigila.

Y se aburre soberanamente.

¡Inglaterra por Siempre!

La Linterna, Plural y Agotadora

Light Artisan -La Batalla ha Comenzado... y es 3 de Noviembre.


NANOWRIMO

En exclusiva, para ustedes solamente, las primeras dosmil palabras de mi Nanowrimo, con el que pienso ganar este año:

1

El lugar era frío y extraño, una roca pelada, batida por el viento en ningún lugar del Mar del Norte. A lo mejor los Vikingos o los Sajones la habían incluido en sus mapas en algún momento, pero actualmente no aparecía en ninguna parte. La demostración, pensó Prometeo, era el enorme pecio oxidado que se levantaba como un muro de hierro frente a ellos. Excepto por el frío, el viento y la tormenta, la roca estaba desierta. Prometeo volvió a la tienda de campaña y se acostó en el saco de dormir. El resto del equipo llegaría en cuanto el tiempo lo permitiese. Podrían pasar de dos a tres semanas.

2

- Bien, tenemos un trabajo complicado aquí

Alexander encendió un cigarro y contempló los restos del barco. La proa se levantaba sobre las rocas negras, rodeada por un enjambre de helicópteros de carga. El campo base estaba siendo transportado hasta los picos más altos de la isla, pero Alexander había preferido acercarse hasta el barco antes que nada. Allí le esperaba Prometeo, junto con los datos reunidos en su primera inspección.

- Las fotos nunca les hacen justicia.

- No...

Prometeo descargó las predicciones del satélite meteorológico en el ordenador. Una borrasca se acercaba por el norte como un tren de mercancías cargado de lluvia y viento. Con un poco de suerte, tenían diez días para desmontar el reactor del barco y llevarlo al continente. No sería fácil: la popa del petrolero estaba bajo el nivel del mar, empujada continuamente por las corrientes, mientras que el resto se levantaba sobre las rocas hasta una altura de treinta metros. Diez días para partir el casco por la mita, y arrastrar la popa tierra adentro, desmontar el reactor nuclear y cargarlo en otro barco. “Es muy poco tiempo” pensó Prometeo. La borrasca formaba un dibujo espiral en la pantalla del ordenador portátil mientras, frente a los hombres, las ráfagas de agua pulverizada saltaban sobre el nombre del barco.

- Vale, vamos a por un café.

Alexander abrió la marcha por el paisaje lunar de la isla. Prometeo se retrasó para tomar más fotografías del barco bajo las cascadas de espuma salada. Luego, siguió la corpulenta figura de Alexander mientras desaparecía tras las rocas.

El campamento base había crecido de un día para otro, al socaire de los riscos centrales de la isla. Un amontonamiento de módulos prefabricados naranja destacaban como una erupción sobre el negro de las rocas. Los técnicos y operarios se afanaban en montar la maquinaria y el equipo de comunicaciones, llevando cables y soportes de un sitio a otro. Alexander y Prometeo entraron en el módulo comedor. Quince o veinte personas se encontraban comiendo o conversando al calor de los radiadores mientras la cafetera industrial no dejaba de funcionar. Se sirvieron dos tazas antes de quitarse los pesados abrigos y se sentaron junto a dos técnicos vestidos de azul pálido.

- ¿Y bien, jefe?

Alexander tiró los guantes sobre la mesa y sorbió el café hirviendo. Miró un momento al joven. Lo recordaba vagamente de una operación de trasvase de crudo en alta mar, cerca de Holanda. Recordaba también que había llegado a la compañía desde un puesto en el ejército. Volvió al café. De momento, no había necesidad de decir nada. Prometeo dejó el ordenador abierto para que todos pudieran ver las imágenes de la borrasca. Se calentó las manos con la taza mientras pensaba. Ira Rakovik, el joven que hablaba con Alexander, dirigiría el primer grupo de corte, por el lado del barco que daba al mar. El segundo grupo estaría al mando de Helenne Matheson, que de momento no había dicho nada. Esta gente estaría en el peor lugar en el peor momento, subidos a la estructura del petrolero cuando las olas de diez metros llegasen por el norte. Ambos miraron atentamente el ordenador. Ira fue el primero en expresarlo en voz alta:

- Vaya, menuda mierda se nos viene encima, jefe...

Helenne se revolvió incómoda en el duro banco de la mesa. Clavó sus ojos de gato en Alexander, que miraba sin ninguna expresión los rostros de sus jefes de equipo. Luego tecleó una orden en el ordenador. Las nubes comenzaron a moverse por la pantalla, barriendo el pequeño punto rojo que representaba aquella isla perdida en medio de ninguna parte.

- Parece que el centro de la tormenta no nos alcanzará de lleno, señor Kolashov. Tendríamos que comenzar las labores de despiece antes de veinticuatro horas.

- Antes de doce, señorita Matheson. La borrasca pasará demasiado cerca y traerá mucho oleaje. Preferiría tener al equipo de corte fuera de la isla antes de que llegue el frente del temporal. Cuanta menos gente haya alrededor de ese barco cuando golpee la tormenta, menos riesgos habrá para nadie.

Alexander clavó sus ojos negros en sus jefes de grupo. Llevaban trabajando con Alexander Kolashov el tiempo suficiente para saber que no arriesgaría la vida de ningún hombre de la compañía, por alto que fuese el beneficio. La política siempre había sido de mantener en las zonas peligrosas al menor número de operarios posible, y siempre lo sería mientras Alexander siguiese el frente del departamento de rescates. A sus cincuenta años, Alexander pensaba a veces en retirarse antes de que ocurriese alguna catástrofe. En ese momento, mientras veía la tormenta virtual moverse sobre el azul de la pantalla, tenía la impresión de que debería haberse retirado ya.

3

Las olas golpeaban la estructura cada doce segundos. Helenne miró hacia abajo, al abismo que se abría bajo sus pies. Colgada del arnés, colocaba las cargas explosivas en las vigas maestras del buque, sobre un abismo de diez metros de altura. Al otro lado de la maraña de acero y cables, del lado del mar, Ira estaba haciendo lo mismo, descolgándose por la pared exterior del gigante de acero. El barco había sido seccionado por partes, haciendo que la estructura se curvase y la proa se fuese acercando lentamente al suelo por su propio peso. Ahora, la proa del barco descansaba en la isla mientras la popa continuaba colgando sobre un abismo de casi dos kilómetros de profundidad, sujeta por unas pocas vigas maestras de acero. Y ahora, en el momento final, tenían que cortar esas vigas, todas a la vez. Bajo el agua, el grupo de enganche había estado trabajando durante veinticuatro horas para instalar los cables de tracción. Una vez cortada la conexión entre las dos secciones, los tractores y los helicópteros arrastrarían las miles de toneladas de metal y agua de la popa sobre una rampa de hormigón prefabricado en tierra firme.

Otra ola se abrió paso por el corte, haciendo que el barco gimiese y se doblase. El acero se calentaba por la tensión, siseando como una serpiente enfurecida. Helenne contó mentalmente dos segundos, y entonces el rugido del agua la alcanzó. Una corriente de espuma blanca se formó a sus pies, subiendo rápidamente de nivel hasta quedar a pocos metros de ella. Cada vez, las olas alcanzaban más altura. La tormenta había seguido su curso, pero había resultado ser más fuerte de lo que habían previsto los satélites. Les quedaba poco tiempo, y no terminarían la colocación de las cargas hasta pasada la media noche. Con suerte.

Helenne se concentró en lo que estaba haciendo: Colocar dos kilos y medio de explosivo en la marca pintada el día anterior. Clavar los detonadores. Conectarlos a la petaca de radiotransmisión. Codificar la frecuencia. Hacer la prueba de recepción y desconectar todo otra vez. Otra ola alcanzó el barco de improviso. Esta vez, todo pareció chillar al retorcerse el metal. Helenne notó como la cuerda que la sujetaba se balanceaba. Esta vez había sido fuerte. El rugido del metal desgarrado recorrió el interior hueco del barco. Súbitamente, la cuerda cedió y Helenne se encontró cayendo entre los afilados bordes del interior mutilado del casco. Con un golpe seco, se detuvo, balanceándose contra las paredes. Trató de agarrarse a algo, antes de que la cuerda se enganchase o el balanceo la cortase con los rebordes oxidados de las cubiertas. Se orientó de nuevo y tuvo el tiempo justo de mirar hacia el costado exterior y ver la corriente blanca de la ola abalanzarse sobre ella. La masa de agua enfurecida la golpeó, la aplastó contra las paredes y le dislocó los miembros. Durante un interminable segundo, quedó suspendida en medio de la ola, sujeta por la cuerda del arnés, mientras toda la fuerza de la ola trataba de arrancarla de su asidero. Entonces la cuerda se rompió, y su cuerpo dejó de oponer resistencia a la corriente. Fue arrastrada sin control hasta salir del barco. Fue arrojada sobre las rocas con la fuerza de un accidente de tráfico. Su pierna derecha se enganchó en uno de los innumerables cables que rodeaban y sujetaban la proa del barco mientras la corriente retrocedía, buscando de nuevo el mar. Helenne trató de ponerse en pié, pero sus brazos y piernas no reaccionaban como ella quería. Cayó bocabajo, apoyándose en el soporte metálico del cable. Se dio la vuelta y escupió el agua salada que le llenaba los pulmones. Miro alrededor. Cortinas de lluvia azotaban las rocas negras, mientras los poderosos focos de los tractores intentaban abrirse paso en la oscuridad creciente. Los cables de acero que sujetaban las distintas partes del barco silbaban al cortar el aire. Se agarró a uno de los cables y se levantó penosamente, arrastrándose metro a metro hasta las luces. No fue hasta llegar a las cercanías de uno de los tractores de servicio que se dio cuenta de las heridas de su cuerpo. Los bordes de las placas metálicas del barco le habían cortado todo el cuerpo, largos tajos de bordes irregulares. El frío del agua la había insensibilizado, y Helenne dio gracias a Dios con los dientes apretados y las lágrimas corriéndole por el rostro, mezcladas con la lluvia y el salitre. El rugido bajo de un helicóptero despertó a su alrededor. Instantes después, los potentes focos la deslumbraban. La habían localizado. Helenne se dejó caer sobre la dura superficie de roca desnuda, agarrándose las heridas y rezando porque llegasen antes de que fuera demasiado tarde.

4

Los médicos tardaron dieciséis horas en estabilizar a Helenne. A pesar de las heridas y la pérdida de sangre, la habían encontrado con rapidez y la habían tratado con los mejores medios que el dinero podía comprar. Alexander esperó a la salida del módulo quirófano durante las dieciséis horas, fumando un cigarro tras otro, bajo el temporal. Prometeo coordinó los trabajos de búsqueda de Ira, que al parecer había sido arrastrado por la misma ola que había destrozado a Helenne. Los trabajos debían continuar. Se esperó diez horas antes de mandar un nuevo equipo de explosivos a terminar de colocar las cargas, cuando las olas remitieron su fuerza. La tormenta aun no había pasado, y el estado del mar era cada vez peor. Sin embargo, Alexander no permitiría que se detuviesen las actividades, pero tampoco se apartaría de la puerta del quirófano. Prometeo lo observaba desde lo alto de la loma rocosa que partía en dos la isla. Observaba el brillo rojo del cigarro, apareciendo y desapareciendo intermitentemente en la lluvia. Conocía poco a aquel hombre, apenas dos años, pero sabía muy bien que cosas como esa eran las paradojas que podía esperar de Alexander. “Al fin y al cabo, lo normal es que las personas seamos paradójicas” pensó. Miró en la dirección contraria, hacia el barco. Un entramado de cables de acero se desplegaba poco a poco alrededor del casco. Prometeo recordó el momento en el que la proa tocó el suelo por primera vez desde que había encallado. Recordó la impresión de una bestia titánica vencida, de un gigante derrotado, agotado por la lucha contra los pequeños seres que horadaban sus entrañas y a los que no podía quitarse de encima. El ruido del metal al retorcerse, que podía oír incluso desde esa distancia, le sonaba a la respiración agónica de la bestia cautiva. Los brillantes hilos de acero la sujetaban, impidiendo que el mar la arrastrase por fin a su tumba salada. Prometeo recordó con una sonrisa la obra de Swift, al incrédulo Gulliver atado a la playa de Lilliput. Secó la lluvia que empapaba la funda transparente del ordenador y comprobó los datos meteorológicos. Las cosas iban a cambiar poco en los próximos días, la tormenta giraría al oeste y volvería a golpearles, esta vez desde el sur. Ese sería el momento para trasladar el reactor nuclear. El equipo de arrastre estaba preparado, esperando a que se terminase de cortar la proa, de “Decapitar a la Bestia”, como decía él. Pero el accidente había retrasado la operación.

- ¿Aun no ha comenzado la voladura?

Prometeo dio un respingo. Alexander se había acercado hasta su posición en silencio, aunque la tormenta habría tapado cualquier ruido que hubiese podido hacer. Se sentó en la roca junto a Prometeo, sacudiéndose el agua del chubasquero. Los focos se iban encendiendo poco a poco, mientras cientos de tractores amarillos se colocaban en posición, enganchándose a las redes de cables que se perdían en el mar. Los helicópteros esperaban en la plataforma de hormigón a que se diese la señal.

- Aún no, Alexander. ¿Han salido ya?

- Sí. Está crítica, pero estable. Todo depende de las próximas treinta horas. Tengo a los cirujanos en guardias rotatorias, veinticuatro horas. ¿Se sabe algo de Ira?

Prometeo comprobó en su ordenador. Ningún nuevo mensaje de las patrullas de búsqueda.

- Nada aún. Siguen buscando, pero el viento está arreciando. Dentro de media hora volverán los helicópteros para repostar.

- Bien.

FIN

Y hasta aquí teneis. hala, id acelerando, que pienso seguir este ritmo por lo menos hasta que encuentre trabajo!!!

La Linterna, Escritora y Estresada Mil

Light Artisan - Esribiendo a destajo, no veas que frio hace aquí...


LA NEGRA NUBE DE TORMENTA PERPETUA

Bueno, de nuevo por aquí... Cosillas que contar, por ejemplo:

Me he apuntado a la autoescuela. Eso significa que dentro de poco tendré poderes otorgados por el Estado Español (Ese que queda a dosmil kilómetros) para lanzar varias toneladas de acero y tecnología alemana por nuestro deplorable sistema de carreteras... Y además, en Terrabruma NO hay arcenes...

Lo segundo, y como hablamos de segundo, lo pongo aquí: Me he comprado el segundo tomo de RED STAR, titulado RED STAR: NOKGORKA. He de decir que es mejor que el primero, por fin desolación urbana, por fin edificios en ruinas y francotiradores, por fin un poco de acción de combate, aunque aún no termina de ser del todo lo que quería (creo que hasta que los cadáveres no llegan hasta las rodillas, no me conformo, oye...). La historia avanza, y algunas fumadas regresan con más fuerza, pero bueno, creo que la historia se desarrolla a veces atrompicones. Por lo demás, la técnica me sigue pareciendo exquisita y segiré comprandome el resto de números hasta que sea o demasiado mala, o demasiado cara.

Dos películas: "Atrápame si Puedes" y "Lilo y Stich".

Atrápame si puedes

No tengo nada malo que decir de esta película. La verdad es qe es bastante entretenida y me pasé gran parte del tiempo diciendo Este tío es un máquinaaaaaaaaa. Divertida, bien rodada, sin aspavientos. Si no te gustan Leo Dicaprio ni Tom Hanks, no la veas, la verdad es que los dos están en su papel, bastante servidos. Lo mejor, sin duda alguna, Christofer Walken y su historia personal. Pero como no era cosa de hacer un dramón, se quedaron con lo otro.

Lilo Y Stich

Desternillante. Alucinante. Inclasificable. Una de esas películas que le hacen preguntarse a uno si es que tenía a todos esos guionistas dibujando ojos de zorros y perros o qué. Es una película atípica, desde el principio básico de "Familia destrozada con el departamento de Bienestar Social acechando" hasta el jodio monstruito. En serio, si no se te llenan los ojos de lagrimosnes por la risa y por el final tierno/blandorro, es que deberías dedicarte a ver cosas con más contenido emocional, como la filmografía completa de Jean Claude Van Damme o Chuck Norrys. No perderse al Ex agente de Magestic-12 ni desde luego, a Stich. Es una de esas películas que se estrenaron en silencio, que resultaron llenas de buenas escenas y que además, en vez de mierdas musicales tenían banda sonora de ¡¡¡ELVIS!!! En serio, si quieres pasar un día riéndote a mandíbula batiente, consíguete Lilo y Stich y El Emperador y sus locuras. Risas garantizadas. Si no, ponte a ver "The Order".

Me he apuntado al NaNoWriMo de este més. Sí, ya lo sé, pero no pude evitarlo... Algo hay que me impulsa a hacer cosas imposibles...

Y sacabó por hoy, ya está bien de hablar de mí. Os cedo el resto de los comentarios para que vosotros y ustedes hablen de mí. Hala, hala, explayense...

La Linterna, Magnésica y Fluorada

Light Artisan - TOY MALITOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!